Un acuerdo social que incluya a mujeres, lesbianas, travestis y trans

Un acuerdo social que incluya a mujeres, lesbianas, travestis y trans

Por *Sol Prieto, **Luc├şa Guti├ęrrez y ***Florencia Lucione

Plantea la necesidad de impulsar el pacto social a partir de una ├│ptica feminista que permita reconocer, denunciar y alterar las l├│gicas de funcionamiento inequitativas entre g├ęneros.
 
*Dra. en Ciencias Sociales (UBA). Docente (UBA, UdeSA). Directora de Usina de Estudios Pol├şticos, Laborales y Sociales (UEPLaS)

**Maestranda en Pol├şticas P├║blicas (UNSAM), Docente (UBA, UNSAM, UNM). Integrante de Usina de Estudios Pol├şticos, Laborales y Sociales (UEPLaS)

***Estudiante de Derecho y Comunicaci├│n Social (UBA). Integrante de Usina de Estudios Pol├şticos, Laborales y Sociales (UEPLaS)

Agradecemos a Martina Sol Garbarz los datos sobre participaci├│n de las mujeres en espacios de toma de decisi├│n.




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El gobierno de Macri deja un pa├şs con 5 millones de nuevos pobres, 10,6 por ciento de desocupaci├│n, m├ís de un 50 por ciento de inflaci├│n y 46,8 por ciento de las ni├▒as y ni├▒os menores de 14 a├▒os en situaci├│n de pobreza. El proyecto pol├ştico que llev├│ a la Argentina a estos resultados rompi├│ importantes consensos pol├şticos respecto de las instituciones, los derechos humanos, los derechos sociales y los sentidos compartidos sobre lo p├║blico. Estas nuevas din├ímicas socioecon├│micas instauradas por el gobierno de Mauricio Macri ponen al gobierno entrante y a todos los actores de la sociedad civil ante la necesidad imperiosa de generar un acuerdo social plural y de nuevo tipo en el que se pongan de manifiesto los intereses de todos los emergentes y actores sociales relevantes. A lo largo de los ├║ltimos cuatro a├▒os, las mujeres, lesbianas, travestis y trans se incorporaron por derecho propio al conjunto de actores que forman parte de la discusi├│n de este nuevo acuerdo.

Los motivos que legitiman al feminismo como parte de este acuerdo, desde el punto de vista del an├ílisis de los movimientos sociales, son muy concretos: los movimientos feministas se han constituido como uno de los principales actores sociales de los ├║ltimos a├▒os en la Argentina. Su irrupci├│n definitiva en el espacio p├║blico como movimiento de masas, su solidez y su capacidad de organizaci├│n de sus demandas, junto a la construcci├│n de un entramado de pactos entre sus integrantes, posicionaron a los feminismos como uno de los sujetos pol├şticos que ofrecieron resistencia a las recientes pol├şticas de ajuste. Al mismo tiempo, supo organizar sus reclamos de forma concreta y lograr que los mismos se tradujeran en conquistas tendientes a eliminar las desigualdades en funci├│n del g├ęnero.

Conquistas presentes y agendas futuras

Las potencias y los logros de estos movimientos no se explican en un sentido amplio sin tener en cuenta que la ampliaci├│n de derechos a la cual los feminismos aspiran forma parte del coraz├│n de los gobiernos nacionales y populares, especialmente durante las primeras d├ęcadas del siglo XXI. Estos gobiernos tendieron a achicar la brecha de la desigualdad de g├ęnero en sus diversas dimensiones. En la Argentina podemos mencionar la sanci├│n de la Ley de Identidad de G├ęnero, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Protecci├│n Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, la creaci├│n del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreaci├│n Responsable, el R├ęgimen Previsional para Amas de Casa y el R├ęgimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, entre otras normas. Estas ├║ltimas significaron, adem├ís, el reconocimiento y la visibilizaci├│n de las tareas dom├ęsticas y de cuidados, y su asimilaci├│n al trabajo formal, respectivamente. Estas pol├şticas implicaron rechazar la tradicional distribuci├│n de roles, ÔÇťdonesÔÇŁ y tareas que ubica a las mujeres en la esfera privada de la vida cotidiana y a los varones en el ├ímbito p├║blico. De acuerdo con esta diferenciaci├│n, las tareas de producci├│n de bienes y servicios que se mercantilizan, que en general se da fuera de las paredes del hogar, son consideradas trabajo; mientras que aquellas no mercantilizadas que ocurren dentro del circuito dom├ęstico (cocinar, cuidar, ba├▒ar, vestir, etc├ętera) no son consideradas trabajo. Revertir esta desigualdad requiere de pol├şticas p├║blicas espec├şficas relativas a la agenda de cuidados, la cual ser├í una parte central de la pol├ştica del pr├│ximo gobierno.
Afortunadamente, esta tradicional distinci├│n de roles es cuestionada por amplios sectores de la sociedad. Por ello, los movimientos feministas fueron y son los encargados de advertir las desigualdades a├║n presentes en los ├ímbitos en los que se desarrollan las relaciones interpersonales, as├ş como de sostener en el ├ímbito p├║blico las demandas necesarias para que las legislaciones se modifiquen en pos de conseguir una situaci├│n de mayor equidad para mujeres y diversidades. La complejidad de esta tarea se concentra en que los espacios en los que hay que disputar el sentido de igualdad mencionado son tan heterog├ęneos como din├ímicos. Incluyen los imaginarios y horizontes culturales reservados para los cuerpos femeninos y diversos, as├ş como el reconocimiento y la institucionalizaci├│n formal de las reivindicaciones p├║blicas de los feminismos. La ley de paridad, sancionada a fines de 2018, es crucial, en tanto y en cuanto funcione como primer puntapi├ę para discutir la necesidad urgente de formar un gabinete paritario como herramienta para revertir la obscena desigualdad que padecen las mujeres, lesbianas, travestis y trans en el ├ímbito de la pol├ştica, en una arena que les abre lentamente las puertas de las instituciones pero les cierra las puertas de las decisiones.

Sin embargo, la pol├ştica feminista avanza. Por estos d├şas, durante el ocaso de la gesti├│n macrista a nivel nacional, los movimientos feministas lograron que la C├ímara de Diputados de la Naci├│n aprobara el proyecto de Ley de Talles, que busca establecer un ÔÇťSistema ├Ünico Normalizado de Identificaci├│n de Talles de IndumentariaÔÇŁ (SUNITI), buscando alterar la hegemon├şa de figuras corporales femeninas estereotipadas y estandarizadas a las que son expuestos los cuerpos reales y diversos, lo cual se traduce ÔÇôcomo cualquier rigidizaci├│n de est├índares constitutivamente m├║ltiplesÔÇô en discriminaci├│n social. Tambi├ęn, la aprobaci├│n de un proyecto de reforma del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnolog├şa e Innovaci├│n, que busca incorporar perspectiva, paridad e identidad de g├ęnero en el ├ímbito cient├şfico-tecnol├│gico, el cual tradicionalmente ha estado signado por la hegemon├şa de las identidades masculinas. La importancia de disputar el sentido identitario y profesional en un ├ímbito como el cient├şfico se evidencia con a├║n mayor potencia al considerar que en la Argentina el 52% de las y los cient├şficos son mujeres. Estas mujeres, sin embargo, ocupan los cargos m├ís bajos y peor pagos del sistema cient├şfico y tecnol├│gico de la Naci├│n. A grandes rasgos, las exigencias y pautas centrales de este sistema a├║n no contemplan las particularidades de las vidas cotidianas de aquellas mujeres que deciden maternar al mismo tiempo que desarrollar su carrera cient├şfica tradicional.

Cabe agregar que seg├║n el censo realizado en 2010 en la Argentina, cuatro millones de mujeres son jefas de hogar y en el 70% de estos casos los hogares son monoparentales. Esto expresa que existe una brecha salarial significativa en detrimento de dichos hogares respecto de los que tienen a un hombre como jefe de hogar o responsabilidad econ├│mica compartida. Esta tendencia refuerza, por lo tanto, la inequidad a la que est├ín expuestas las mujeres que desean avanzar en ├ímbitos profesionales estructurados a partir de l├│gicas de g├ęnero excluyentes tales como la penalizaci├│n por maternidad, la cual puede revertirse solamente a partir de una pol├ştica de convenios colectivos de trabajo que promueva una crianza democr├ítica.

Tambi├ęn a fines de 2019 los feminismos lograron avances hacia la equidad de g├ęnero en el ├ímbito de la cultura: la Ley de Cupo Femenino en los Escenarios exige un piso de participaci├│n del 30% de mujeres en los festivales culturales, entendiendo a la cultura en sentido amplio. Hoy, el porcentaje de representaci├│n femenina en esos eventos no alcanza el 15% y muestra, nuevamente, el retraso en la legitimidad p├║blica de la voz y la capacidad expresiva y creativa de las mujeres y disidencias.
Este breve recorrido por las conquistas alcanzadas por los movimientos feministas durante las primeras d├ęcadas del siglo XXI pone de manifiesto algunas cuestiones. La primera, el reconocimiento del feminismo como sujeto pol├ştico con capacidad para identificar, exponer y encauzar demandas hasta convertirlas en conquistas concretas que achiquen la brecha de la desigualdad de g├ęnero. La segunda, la visibilizaci├│n del nuevo esquema de roles que ocupan y protagonizan las mujeres en el entramado social. En este marco, entonces, el Estado y los actores sociales en su conjunto deben estar a la altura del crecimiento y la consolidaci├│n de las mencionadas cuestiones, con el objetivo de reconfigurar un entramado social que exprese la nueva distribuci├│n de posiciones y tareas entre g├ęneros. Y con ello, genere una nueva concepci├│n no solo de lo p├║blico y lo privado sino tambi├ęn del v├şnculo ÔÇôsiempre din├ímico y complejoÔÇô entre ambas esferas.

A├║n existen deudas que el Estado debe saldar mediante su intervenci├│n a trav├ęs de distintos mecanismos. No solo la exigencia del efectivo cumplimiento de las leyes de equidad enumeradas ÔÇôy la consecuente penalizaci├│n en los casos en los que no se implementenÔÇô sino tambi├ęn el financiamiento, de manera sostenida y responsable, de programas estatales tendientes a lograr dicha equidad entre g├ęneros. A su vez, la presencia de mujeres en espacios de representaci├│n significativos resulta una exigencia que debe ser atendida de manera urgente, con el objetivo de aplicar una gram├ítica de g├ęnero para la formulaci├│n, implementaci├│n y evaluaci├│n de pol├şticas p├║blicas.

Una institucionalidad tendiente a reducir la desigualdad

Finalmente, es urgente destacar que la desigualdad de g├ęnero no acaba con los logros expuestos en materia legislativa y es por ello necesario advertir el lugar central que tiene la disputa de sentido hacia la igualdad en los diferentes campos de la vida en lo que se desarrolla la vida en com├║n. Esta disputa debe impulsarse a partir de una ├│ptica feminista que permita reconocer, denunciar y alterar las l├│gicas de funcionamiento inequitativas entre g├ęneros.

Ahora bien, esto no puede llevarse adelante sin mujeres, lesbianas, travestis y trans que no solo denuncien las desigualdades sino que formen parte del debate y piensen, por lo tanto, las pol├şticas futuras. Es clave que la institucionalidad del nuevo acuerdo social tenga en cuenta que las probabilidades de que una mujer acceda a un espacio jer├írquico de toma de decisi├│n son pr├ícticamente insignificantes. Desarrollaremos este punto con algunos datos. Para 2018, apenas el 34% de las y los diputados nacionales eran mujeres; el mismo porcentaje rige para las juezas y jueces federales. En el mismo sentido, solo el 17% de las y los gobernadores; el 4% de las y los presidentes de partidos pol├şticos; el 14% de las y los ministros; el 25% de las y los investigadores superiores del CONICET (donde hay una sola mujer en un directorio de ocho miembros). Si analizamos el sector de los medios de comunicaci├│n, nos encontramos con que apenas el 15% de las y los columnistas en diarios nacionales son mujeres, y entre las y los directores de diarios, este porcentaje baja al 11%; solo el 30% de las y los conductores radiales son mujeres. En la jerarqu├şa cat├│lica se observa que a pesar de que el 54% de las y los especialistas religiosos (sacerdotes, religiosas y di├íconos) son mujeres, en la Conferencia Episcopal Argentina no hay ninguna mujer. Este porcentaje (0%) coincide con el porcentaje de mujeres que integran el comit├ę ejecutivo de la Uni├│n Industrial Argentina (UIA), lo cual es comprensible si se tiene en cuenta que apenas el 4% de las y los CEOs de empresas grandes son mujeres y solo el 9% de las y los integrantes de las c├ímaras empresariales son mujeres. Este porcentaje coincide con el de mujeres que integran la comisi├│n directiva de la Sociedad Rural. Los datos no son mucho m├ís alentadores en los sindicatos, donde apenas el 20% de los miembros de las comisiones directivas son mujeres. Tampoco en las universidades nacionales, donde las rectoras son apenas el 9 por ciento.

Un acuerdo social que no contemple esta disparidad real en el acceso al poder estará omitiendo los intereses y silenciando las voces de más la mitad de la sociedad, y por lo tanto resulta urgente pensar mecanismos de participación y agendas sensibles a esta desigualdad estructural.

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HACIA UN NUEVO ACUERDO SOCIAL

PACTO SOCIAL

Art├şculos de este n├║mero

Santiago Cafiero y Nahuel Sosa
Hacia un nuevo acuerdo social
Arsenio Chaparro Zalazar y Guillermo J. Burckwardt
Los ciudadanos en camino del deseo hacia un Acuerdo Social
Ram├│n Prades y Fabi├ín Lavall├ęn Ranea
Hacia un nuevo pacto social: la revalorizaci├│n de la pol├ştica y el cuidado de la casa com├║n, como resguardo ante la crisis
Julio C├ęsar Neffa
Pacto Social, Acuerdo Social, Diálogo Social: la experiencia europea
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Organismos de planificaci├│n y Estado desarrollista en la Argentina (1943-1975)
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