Oralidad de los procesos civiles y sus mitos

Oralidad de los procesos civiles y sus mitos

Por Ángela E. Ledesma

El debate acerca de la oralidad de los procesos civiles está abierto. Las posturas a favor y en contra son claras y contundentes. A continuación, la autora desarticula los mitos en torno a esta práctica y propone alternativas para lograr una nueva concepción de la gestión judicial.
 
Abogada UBA. Presidenta de la Asociaci├│n Argentina de Derecho Procesal. Profesora de Posgrado de la Facultad de Derecho de la UBA


-A A +A

El proceso por audiencias como instrumento de cambio

La Rep├║blica Argentina, en 2012, fue condenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un caso judicial, ÔÇťFurlanÔÇŁ. Esta decisi├│n puso al desnudo la realidad del proceso civil, de la falta de inmediaci├│n del juez con los conflictos que se le presentan para su soluci├│n y resoluci├│n. En este caso un proceso por da├▒os y perjuicios tard├│ 9 a├▒os, 11 meses y 5 d├şas hasta la sentencia definitiva, y el mismo estuvo seguido de la etapa de ejecuci├│n de la sentencia con el fin de obtener la indemnizaci├│n ordenada que dur├│ un a├▒o y nueve meses. Adem├ís se encontraban en juego los derechos de una persona vulnerable por su discapacidad y la necesidad de acceder de inmediato a diversos tratamientos, los que no llegaron. Esta decisi├│n reflot├│ despu├ęs de m├ís de medio siglo la necesidad de repensar el sistema de justicia civil en el orden nacional y federal.

Cuando abordamos la agenda p├║blica en materia de reformas de justicia y procesales en particular, un desaf├şo esencial es el de la transparencia y publicidad de las decisiones judiciales. En ese derrotero el juicio oral y p├║blico constituye un eje esencial.

Se ha dicho que no todos los procesos pueden tramitar por audiencia, que la oralidad no es para todos los casos; a pesar de ello cada vez m├ís sectores acad├ęmicos nos expedimos a favor de la oralidad. Sin embargo hay que destacar dos cuestiones; la primera es que no todos los operadores del sistema judicial la defienden, el rol que cumplen algunos jueces (dentro o fuera de la experiencia piloto de la C├ímara Nacional en lo Civil de la Ciudad Aut├│noma de Buenos Aires) no representa la generalidad de la justicia civil. La segunda cuesti├│n incluye tanto a los que la defienden como a los que la defenestran. Es que se mira la oralidad desde una concepci├│n eminentemente escriturista. Desde esa concepci├│n no siempre se comprende acabadamente qu├ę es la oralidad y no se la practica en su integralidad, por lo que desde esa perspectiva no implica en s├ş misma tantos cambios.

Por ello me voy a referir primero a lo que denomino mitos de la oralidad.
Estos mitos se cimientan en sospechas de quienes no saben de qu├ę se trata pero se oponen y para ello utilizan diversos argumentos. As├ş, hay mitos que podr├şamos denominar de realizaci├│n, ┬┐para qu├ę sirve? ┬┐Cu├íles son sus l├şmites y problemas que presenta?
En este sentido lo primero que hay que aclarar es que las ventajas de la oralidad no son ciertas en solitario y sin una visión sistemática.

En este modelo la oralidad juega un papel relativamente discreto, lo importante es la inmediaci├│n.

Mitos en torno a la oralidad

Existen diversos mitos en torno a su posibilidad de realizaci├│n, a saber: imposibilidad por los costos, por la gran cantidad de casos, congestionamiento judicial, cantidad de infraestructura que hace falta, el tiempo que pierde cada juez en una audiencia en detrimento de la redacci├│n de sus sentencias, las dificultades que plantea la registraci├│n y el valor del acta, las dificultades para revisar lo decidido, riesgos que en t├ęrminos de garant├şas correr├şa un justiciable con decisiones tomadas en audiencia, imposibilidad de pensar en una gesti├│n procesal y administrativa diferente y a cargo de distintos actores.

Desde una visión sistemática, lo organizacional y la gestión aparecen como esenciales a la hora de diseñar un modelo distinto.
Abordemos rápidamente algunas de estas cuestiones:

Costo y dificultades de implementaci├│n que ello implica.

Es lo primero que se alega, la gran cantidad de jueces que precisaremos para abordar el quantum de casos que existen apilados tapando o ahogando al juez tradicional.

No se mide cuánto gasta la Justicia en la cantidad de empleados que tiene cada juzgado, en la cantidad de funcionarios en los que delega su función el juez del sistema escrito.

La cantidad de casos no ser├í la misma. A principios de los noventa, cuando se introdujo la reforma, recuerdo haber preguntado al respecto a jueces civiles de primera instancia que desde la puesta en vigencia realizaron la denominada audiencia preliminar del art├şculo 360 conforme lo prescribe el C├│digo Procesal Civil y Comercial de la Naci├│n.

La conclusi├│n fue convincente: lo que se pierde en la audiencia se gana en el tr├ímite del expediente. Otro dato relevante del que dan cuenta los que practican acabadamente este m├ętodo es la relaci├│n entre las audiencias preliminares y la de prueba, cu├íntos casos quedan en el camino, gracias a un rol activo del juez en la primera audiencia. Cu├íntos casos quedan en el camino si las partes saben que no es posible recurrir a argucias dilatorias propias de la escritura, cuando el juzgador en persona tomar├í la audiencia de prueba, es decir el car├ícter disuasivo que la simple presencia del juez tiene. Es decir que la presencia del magistrado impide que el debate sea meramente formal, no se perseguir├í una verdad procesal como se sol├şa llamar, sino una verdad que se corresponda lo m├ís posible con la forma como han acontecidos los hechos en la realidad. Esto tambi├ęn hay que medirlo en t├ęrminos de calidad de la decisi├│n que surgir├í como consecuencia de la o las audiencias.

La necesidad de salas de audiencias adecuadas suele plantearse como otro obst├ículo. ÔÇťNo hay salas hoy para lo penalÔÇŁ, nos dijo un alto juez de la Naci├│n hace unos d├şas.

La falta de infraestructura y los costos que su creación genera se ven como la barrera esencial para pensar en oralidad. Esta creencia está directamente asociada a la lógica del procedimiento escrito, a la acumulación de papeles. Sin advertir que al suprimir los expedientes sobran espacios para hacer audiencias.

Los que hemos litigado en materia civil sabemos que en muy pocos casos intervienen gran cantidad de sujetos en calidad de partes. No existen estad├şsticas que demuestren lo contrario, tampoco en lo que hace a la cantidad de p├║blico que asiste a las audiencias, salvo los procesos colectivos y las quiebras. En la mayor├şa de los casos puede ventilarse y producirse la prueba en un despacho del tama├▒o del que ocupa hoy un juez. Para estos supuestos excepcionales cada edificio deber├şa contar con una sala de audiencias m├ís amplia, lo que de hecho ya sucede en la mayor├şa de ellos, aunque en la pr├íctica suelen transformarse en archivos.

Congestionamiento judicial y necesidad de crear más juzgados.

Es otra dificultad que se alega para detener cualquier cambio. Este razonamiento tambi├ęn parte de una concepci├│n registral o escriturista del proceso, que no advierte c├│mo funciona la l├│gica de la oralidad, seguramente porque no la conoce y muy probablemente tampoco la quiera conocer. Pero aun en los casos en que exista un alto grado de congestionamiento no podemos negar que es posible promover soluciones alternativas y que existen cambios de organizaci├│n que con los mismos costos pueden superar dicho escollo. Ejemplo de ello es la figura de un funcionario especialmente capacitado en t├ęcnicas de conciliaci├│n, como lo preve├şa el proyecto de C├│digo Nacional de 1993, cuya redacci├│n encabezara el profesor Morello.

Supuestas dificultades para revisar lo decidido en la instancia anterior.

Esta apreciaci├│n se vincula al mito de la ÔÇťimpresi├│nÔÇŁ causada en el juzgador, toda vez que como todos sabemos revisi├│n y motivaci├│n transitan el mismo carril. Algunos pretenden reemplazar la audiencia en la etapa recursiva a trav├ęs del soporte digital, que a mi modo de ver, ello s├│lo alcanza para decidir acerca de la regularidad del acto de la audiencia del juicio, de recepci├│n de prueba o de vista de causa como quiera llamarse. En este punto deber├şamos entrar en aspectos muy t├ęcnicos que exceden la propuesta de estas modestas notas, pero lo cierto es que el juez del recurso debe revisar en primer lugar las premisas sobre las que se basa la conclusi├│n, es decir, hacer el cotejo de la relaci├│n que esas premisas detentan con la conclusi├│n. En tanto que si la discusi├│n se sienta en torno a la declaraci├│n de un testigo o explicaciones que dio un perito, la revisi├│n amplia que permite el recurso de apelaci├│n autoriza producir prueba ante el tribunal de recurso, para colocarlo en paridad de condiciones con el sentenciador y conmover los considerandos de la sentencia que hayan sido materia de agravios.

Otros mitos.

Est├ín vinculados al valor del soporte papel y a la cultura del tr├ímite judicial. As├ş el acta y el enorme valor que en la jerga tribunalicia se les da a las actas han reemplazado los actos del proceso. A tal punto que ya no se sabe qu├ę es m├ís importante.

El proceso por audiencias como instrumento de cambio

La recolecci├│n de la informaci├│n en el contradictorio y con inmediaci├│n, cara a cara, frente a frente, ante el tribunal sentenciador, es la mejor forma de obtener informaci├│n de calidad, que sin lugar a dudas se proyecta en decisiones de calidad. La afirmaci├│n precedente es hecha desde la experiencia, pues como juez, durante nueve a├▒os, dict├ę sentencias despu├ęs de tomar nota pacientemente, en aquellos tiempos no hab├şa videograbaci├│n como hoy. De igual modo recuerdo que una vez, en cumplimiento de la funci├│n de revisar sentencias, le├ş un recurso contra una condena y en forma paralela revis├ę la sentencia. No entend├şa c├│mo los jueces daban por probados determinados hechos, algo no cerraba entre las premisas y la conclusi├│n. Me pregunt├ę entonces si ello era posible despu├ęs de un debate oral. Hurgu├ę en el expediente y entonces comprob├ę que esa sentencia hab├şa sido producto de un proceso escrito, porque se hab├şa abreviado el tr├ímite y omitido el juicio oral y p├║blico. En ese caso, era claro que el resultado de la primera instancia no hubiera sido el mismo si se hubiera realizado el debate oral.

El m├ętodo de debate que proponemos permite tambi├ęn la toma de decisiones en forma oral. As├ş, resulta indiscutible que en las peque├▒as causas la decisi├│n inmediata es posible, en cambio en los casos m├ís complejos la sentencia requiere de un tiempo para su elaboraci├│n. Sin embargo s├│lo el juez puede escribir su sentencia, nadie m├ís lo puede sustituir, esa tarea es indelegable y su funci├│n irremplazable; adem├ís esta tarea se debe hacer de inmediato, en lo posible en el d├şa, simplemente porque de lo contrario se pierde la inmediaci├│n. Podr├í eventualmente un relator adelantar los antecedentes del caso o resultandos, pero los considerandos, razones, motivos y fundamentos necesariamente habr├ín de ser factura de propia mano del juez. En el proceso de construcci├│n de la decisi├│n la audiencia es esencial y es lo mejor que nos puede pasar para entender qu├ę sucedi├│ en la realidad y qu├ę dio origen al conflicto.

Sin intermediarios, sin un papel como mediador que traduce ÔÇôa trav├ęs del escribienteÔÇô, que cambia el lenguaje y que se esmera para decir lo que ├ęl entendi├│, tal sucede con el acta de un secretario, lo acontecido en la audiencia ser├í valorado de un modo diferente. En la pr├íctica hemos visto c├│mo en los expedientes los testigos de actuaci├│n, las actas, hablan el mismo lenguaje, en tanto que si los escuchamos en el juicio esto cambia, cada uno se expresa con su propio lenguaje. Y no necesariamente coinciden sus relatos.

El juez va construyendo la decisión en la audiencia, deducirá del testigo y del perito, para resolver el tema de la responsabilidad, para trabajar la relación de causalidad del hecho dañoso. Incluso hay quienes van escribiendo al mismo tiempo que oyen y dirigen la audiencia.

En materia penal en el orden nacional desde hace cinco a├▒os, se instaur├│ el tr├ímite oral, audiencia y decisi├│n, para las apelaciones (cabe aclarar que all├ş no se revisan sentencias definitivas), en una ocasi├│n un camarista me dijo: ÔÇť┬┐Sab├ęs cu├íl es la diferencia? Antes el fin de semana me iba a casa pensando en los expedientes que quedaban por resolver, ahora cuando salgo no tengo m├ís trabajoÔÇŁ.

La propuesta en cuesti├│n tiene como eje un cambio copernicano en la forma de concebir el proceso judicial. Lamentablemente entre nosotros a├║n no se termina de entender c├│mo funciona este modelo. Hace poco escuch├ę a un juez de C├ímara Civil referirse a la experiencia piloto de la Justicia Nacional de la CABA que dec├şa que felizmente en Buenos Aires hay digitalizaci├│n de la audiencia, porque el juez no pod├şa estar en todo, en cambio podr├şa ver el video y as├ş no perder├í el mismo tiempo. Esta afirmaci├│n me dej├│ perpleja, significa que no se entiende el cambio de paradigma que la pr├íctica de la oralidad lleva impl├şcito. No es igual la inmediaci├│n y direcci├│n de la audiencia por el juez que ver un video cuando no se estuvo en el acto. Esta es otra se├▒al del desconocimiento del significado de este m├ętodo de debate.

De all├ş que tambi├ęn se advierta con raz├│n la necesidad de una adecuada capacitaci├│n de los operadores. Capacitaci├│n para la litigaci├│n oral y para la construcci├│n de la sentencia a partir de la oralidad.

Propuestas: modernas formas de gesti├│n y de organizaci├│n

A la hora de pensar un modelo de proceso que posibilite el acortamiento de los tiempos y la inmediación del juez con el caso, otro tema trascendente es su rol en la audiencia. En este aspecto participamos de la concepción de un juez muy activo en el trámite, pero que garantice un proceso adversarial con fuerte participación de los contendientes, sin que se convierta en un inquisidor.

Los mitos referidos sint├ęticamente tambi├ęn son el producto de reformas fragmentarias, de la incapacidad que hemos tenido hasta ahora de pensar en una reforma integral que ponga en marcha un sistema de resoluci├│n de conflictos m├ís din├ímico, menos formal, sencillo y simplificado.

Desde el punto de vista procedimental, con la estructura de nuestros códigos, es probable que podamos oralizar el proceso civil con pocos cambios. Cuando se puso en marcha la audiencia preliminar se creyó que era el primer paso para ello y en 2003, en la Mesa del Diálogo Argentino, hemos trabajado con el Dr. Gerónimo Sansó y otros jueces a partir de la idea de realizar el debate oral con el código vigente.

Sin embargo, a la hora de analizar las objeciones que se hacen a este modelo, advertimos la necesidad de una nueva estructura organizacional. La organizaci├│n horizontal ha sido definida como paradigma del siglo XXI seg├║n Frank Ostroff. El fracaso de las formas verticales de organizaci├│n originadas en la Edad Media y la eficacia de las formas horizontales, que permitan otra din├ímica, m├ís flexibles en todas las categor├şas de organizaciones, aparecen como una opci├│n que se amolda a los problemas actuales.

El valor de la organizaci├│n judicial horizontal se puede ejemplificar frente al temor de parcialidad, como causal objetiva que pone en crisis el principio de imparcialidad. As├ş, para evitarlo, podr├şa intervenir un juez en la audiencia preliminar, intentar la conciliaci├│n, definir el objeto litigioso y proveer la prueba, aun m├ís dictar las medidas cautelares que soliciten las partes ÔÇôtengamos en cuenta que muchas veces coinciden con el fondo de la cuesti├│n o se acercan a ├ęlÔÇô y otro juez ser el que tome la audiencia de prueba y dicte la sentencia definitiva.

Quitarle el valor que hoy tiene el registro, que puede ayudar a la memoria inmediata pero no suple la presencia del juez. En este esquema desaparece el valor y la necesidad de un secretario. En los sistemas m├ís modernos la oficina com├║n remplaza el antiguo rol de las secretar├şas.
Sobre la base de estas ideas desaparece o pierde trascendencia el clásico despacho. Lo importante ahora será convertirlo en una sala de audiencias.

Finalmente cabe reiterar que una visi├│n sistem├ítica de la problem├ítica que desnuda la condena a la Rep├║blica Argentina en el caso Furlan requiere no s├│lo de cambios procesales, sino de la organizaci├│n de nuestros tribunales y de una nueva concepci├│n de la gesti├│n judicial, que deber├í estar a cargo de expertos y dejar de ser el juez el gerente de su despacho, porque el juez est├í para decidir, despu├ęs de haber tomado un acabado conocimiento del caso, gracias a la inmediaci├│n que permite el m├ętodo oral.

<
>


DESCARGAR - VER
N┬║ 79: PACTO SOCIAL


DESCARGAR - VER
N┬║ 78: voces en el fenix


DESCARGAR - VER
N┬║ 77: CONURBANO


DESCARGAR - VER
N┬║ 76: INDUSTRIA Y DESARROLLO


DESCARGAR - VER
N┬║ 75: Formaci├│n Docente


DESCARGAR - VER
Nº 74: PODER Y COMUNICACIÓN


DESCARGAR - VER
N┬║ 73: ELITES


DESCARGAR - VER
N┬║ 72: Pueblos Originarios


DESCARGAR - VER
N┬║ 71: El derecho a la ciudad


DESCARGAR - VER
N┬║ 70: Salud


DESCARGAR - VER
N┬║ 68: Derechos Humanos


DESCARGAR - VER
N┬║ 69: MERCOSUR


DESCARGAR - VER
N┬║ 67: Relaciones Internacionales


DESCARGAR - VER
N┬║ 66: La Educaci├│n de la Primera Infancia


DESCARGAR - VER
N┬║ 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
N┬║ 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
N┬║ 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
N┬║ 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
N┬║ 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
N┬║ 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
N┬║ 59: La Responsabilizaci├│n en la gesti├│n p├║blica


DESCARGAR - VER
N┬║ 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
Nº 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
N┬║ 56: ASIA


DESCARGAR - VER
N┬║ 55: Econom├şa Internacional


DESCARGAR - VER
N┬║ 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
N┬║ 53: N┬║ 53


DESCARGAR - VER
N┬║ 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
N┬║ 51: Juventud


DESCARGAR - VER
N┬║ 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
N┬║ 49: Libertad de expresi├│n


DESCARGAR - VER
N┬║ 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
N┬║ 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
N┬║ 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
N┬║ 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
N┬║ 44: EE.UU. y Am├ęrica Latina


DESCARGAR - VER
N┬║ 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
N┬║ 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
N┬║ 41: Salud


DESCARGAR - VER
N┬║ 40: Internet y Nuevas Tecnolog├şas


DESCARGAR - VER
N┬║ 39: Internet y Nuevas Tecnolog├şas


DESCARGAR - VER
N┬║ 38: Econom├Ča Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
N┬║ 37: econom├şa social


DESCARGAR - VER
N┬║ 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
N┬║ 35: C├│rdoba


DESCARGAR - VER
N┬║ 34: Control Social


DESCARGAR - VER
N┬║ 33: Educaci├│n Superior


DESCARGAR - VER
N┬║ 32: G├ęnero


DESCARGAR - VER
N┬║ 31: 30 a├▒os de democracia


DESCARGAR - VER
N┬║ 30: Justicia


DESCARGAR - VER
N┬║ 29: Desaf├şos culturales


DESCARGAR - VER
N┬║ 28: Econom├şas Regionales


DESCARGAR - VER
N┬║ 27: Econom├şas Regionales


DESCARGAR - VER
N┬║ 26: N┬║ 26


DESCARGAR - VER
N┬║ 25: pueblos ind├şgenas


DESCARGAR - VER
N┬║ 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
N┬║ 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
N┬║ 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
N┬║ 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
N┬║ 20: AGUA


DESCARGAR - VER
N┬║ 19: Integraci├│n Regional


DESCARGAR - VER
N┬║ 18: Estado II


DESCARGAR - VER
N┬║ 17: Estado I


DESCARGAR - VER
N┬║ 16: Industria


DESCARGAR - VER
Nº 15: Seguridad democrática


DESCARGAR - VER
N┬║ 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
N┬║ 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
N┬║ 12: Agroganader├şa


DESCARGAR - VER
N┬║ 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
N┬║ 10: Energ├şa


DESCARGAR - VER
N┬║ 9: Transporte


DESCARGAR - VER
N┬║ 8: Ciencia y tecnolog├şa


DESCARGAR - VER
N┬║ 7: Salud


DESCARGAR - VER
N┬║ 6: Empleo


DESCARGAR - VER
Nº 5: Hábitat y vivienda


DESCARGAR - VER
N┬║ 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
N┬║ 3: Educaci├│n


DESCARGAR - VER
N┬║ 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
N┬║ 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix N┬║ 30
El Secreto de sus ojos

Justicia

Art├şculos de este n├║mero

Daniel Parise
Acceso a la Justicia
Vanina Almeida
El juicio por jurados como respuesta al reclamo social por una justicia leg├ştima
Silvia N. Alonso
Reforma del Consejo de la Magistratura nacional y la experiencia de Chubut
M. Victoria Mosmann
Requerimientos que llegan a la justicia civil. Los procesos judiciales a casi 20 a├▒os de la ├║ltima reforma constitucional
Ángela E. Ledesma
Oralidad de los procesos civiles y sus mitos
Leandro J. Giannini
Los fines de la reforma a la justicia civil. ┬┐Para qu├ę debemos cambiar la forma de hacer justicia?
Santiago Romay
La administraci├│n de justicia en la provincia de Buenos Aires y un cambio que resulta ineludible
Jos├ę Mar├şa Salgado
Eficacia de las decisiones judiciales
Miguel Ángel Salim
Proceso/poder. Efectividad de las sentencias
Patricia Bermejo
El proceso de familia
Francisco Verbic
Los procesos colectivos en la Rep├║blica Argentina
Sebastián Basualdo
Empleo en la Argentina: informalidad laboral. Trabajo eventual: la formalidad y registraci├│n laboral
Santiago Mart├şnez
La v├şctima y el sistema de justicia penal
Diego Garc├şa Yomha
El nuevo rol de los fiscales
Carolina Ahumada
Prisi├│n preventiva, estado de derecho y ejes para la reforma del proceso penal
Alfredo P├ęrez Galimberti
Proceso penal patag├│nico
Paula Mariana Imbrogno
Los procesos civiles y las experiencias en materias de gesti├│n
Claudia Sbdar
El programa de gestión de calidad del Poder Judicial de Tucumán y su propuesta de ejecución por procesos

Newsletter