Instrumentos e instituciones para el financiamiento del desarrollo y la industria: avances y retrocesos en la Argentina reciente

Instrumentos e instituciones para el financiamiento del desarrollo y la industria: avances y retrocesos en la Argentina reciente

Por Pablo J. López

El artículo trabaja el tema del financiamiento a través del rol de la banca de desarrollo, entendiéndola no solo como instrumento contracíclico sino también como un agente central en la propia estrategia de cambio estructural. Pasa revista a la historia que las funciones de banca de desarrollo tuvieron en nuestro país, incluyendo herramientas recientes como la creación del fondo de garantía de sustentabilidad de anses o la modificación de la carta orgánica del BCRA, los retrocesos que se han dado desde el triunfo de cambiemos y la necesidad de retomar y ampliar el tema hacia delante.
 
UNPAZ - UBA. Licenciado en Econom√≠a Universidad de Buenos Aires, Magister en Historia Econ√≥mica y de las Pol√≠ticas Econ√≥micas (UBA) y especialista en Mercado de Capitales (MERVAL - UBA). Actualmente se desempe√Īa como director del Departamento de Econom√≠a, Producci√≥n e Innovaci√≥n Tecnol√≥gica en la Universidad Nacional de Jos√© C. Paz. Adem√°s es profesor adjunto regular de Macroeconom√≠a y profesor adjunto regular de Microeconom√≠a en la Universidad de Buenos Aires y profesor titular de Introducci√≥n a la Econom√≠a en la Universidad Nacional de Jos√© C. Paz. Fue profesor en diversas universidades p√ļblicas y privadas en cursos de grado y de posgrado. Ha publicado art√≠culos en revistas especializadas y cap√≠tulos de libros en temas vinculados a la problem√°tica del desarrollo econ√≥mico en Argentina y Am√©rica latina, especialmente en temas de financiamiento y endeudamiento. En el sector p√ļblico se desempe√Ī√≥ como director nacional de Pol√≠tica Macroecon√≥mica (Ministerio de Econom√≠a), como director del BCRA y fue secretario de Finanzas de la Naci√≥n entre 2013 y 2015.


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1. Introducción

Es una historia conocida que el proceso de industrialización comenzó a desarrollarse con intensidad en nuestro país en la década de los treinta del siglo pasado, como consecuencia de las políticas económicas defensivas aplicadas en respuesta a la Gran Depresión. Antes, había habido ciertos brotes de crecimiento de la producción manufacturera, pero en forma discontinua y en el marco de una economía organizada sobre bases agroexportadoras. Durante la Segunda Guerra Mundial, la restricción a la entrada de importaciones le dio continuidad al proceso.

Promediando la década de los cuarenta, la estrategia de industrialización implicó la utilización más decidida de instrumentos de promoción a los sectores productores de bienes manufacturados. Esas medidas incluyeron instrumentos e instituciones para brindar al sector privado la posibilidad de acceder a fuentes de financiamiento a largo plazo, ya que la ausencia de fuentes de recursos se erigió como una limitante clave para dichos procesos.

Todo proceso de desarrollo requiere de fuentes de financiamiento y mecanismos para canalizarlo hacia los sectores considerados prioritarios desde el punto de vista del crecimiento y el desarrollo. Los instrumentos e instituciones p√ļblicas para impulsar el cr√©dito productivo pueden considerarse espec√≠ficos de los procesos de industrializaci√≥n y desarrollo del siglo XX, cuando el Estado se erigi√≥ como el gran promotor de esos procesos en los pa√≠ses en desarrollo. En los pa√≠ses del Sudeste Asi√°tico abundaron las instituciones p√ļblicas al estilo de bancos de desarrollo (como es el caso del Banco de Desarrollo de Jap√≥n de 1951 o el Banco de Desarrollo de Corea, creado en 1954). Un caso m√°s reciente es el de China, cuyo Banco de Desarrollo (Banco de Desarrollo de China), creado promediando la d√©cada de los noventa, es hoy en d√≠a el banco de desarrollo m√°s grande del mundo, incluso comparando con los bancos regionales y multilaterales. Am√©rica latina no fue la excepci√≥n: bancos de desarrollo p√ļblicos se expandieron por toda la regi√≥n, en muchos casos combinados con otros instrumentos de impulso al cr√©dito productivo.
Este tipo de instituciones sufrieron un enorme descr√©dito desde la d√©cada de los setenta, junto con el desmantelamiento de los Estados de bienestar. Sin embargo, en el √ļltimo tiempo, especialmente luego de la crisis de 2007-08, parecen haber adquirido nuevos br√≠os, incluso en algunos pa√≠ses desarrollados.

En este art√≠culo nos centraremos en la evoluci√≥n reciente de la banca de desarrollo a nivel global y sus especificidades en esta etapa, para avanzar luego a analizar el caso argentino, donde los instrumentos de fomento al cr√©dito productivo han tenido un avance importante hasta 2015, aunque sin que se creara una instituci√≥n espec√≠fica que cumpla las funciones de banca de desarrollo. En los √ļltimos a√Īos ha habido un retroceso importante. Hacia el final del art√≠culo planteamos la necesidad de contar con un banco de desarrollo en nuestro pa√≠s.

2. Algunas definiciones y la evolución reciente de la banca de desarrollo en el mundo

La banca de desarrollo puede entenderse en un sentido amplio, englobando al conjunto de pol√≠ticas destinadas a direccionar el cr√©dito hacia actividades ligadas a los objetivos del desarrollo productivo e industrial. Esta b√ļsqueda puede llevarse adelante a trav√©s de mecanismos directos con entidades p√ļblicas (como un Banco de Desarrollo propiamente dicho) o a trav√©s de mecanismos indirectos que buscan inducir u obligar al sistema financiero a generar fuentes de financiamiento para proyectos productivos en determinadas condiciones ventajosas.

Lo cierto es que las motivaciones para desarrollar este tipo de instrumentos han variado en el tiempo y seg√ļn las estrategias de diferentes gobiernos. La banca de desarrollo puede llevar adelante un papel contrac√≠clico ligado a la existencia de fallas de mercado e intentando generar efectos multiplicadores en el producto y el empleo, o puede desempe√Īar un papel m√°s amplio ligada a la coordinaci√≥n de una estrategia de desarrollo. Esto √ļltimo implica no solo ofrecer bienes p√ļblicos, infraestructura y generar externalidades positivas, sino tambi√©n planificar, desarrollar estrategias comerciales, seleccionar sectores, impulsar la inclusi√≥n social y la integraci√≥n regional y fomentar el cambio t√©cnico. Para los autores, en los √ļltimos a√Īos, las funciones de la banca de desarrollo fueron incluso m√°s all√°, a partir de un papel de apoyo al capital de riesgo, llevando adelante un rol emprendedor y de desarrollo de sectores innovadores (desempe√Īando una funci√≥n de desarrollo en un plano microecon√≥mico). Tambi√©n, los bancos de desarrollo han organizado y creado mercados.

En su nacimiento en las d√©cadas de los cuarenta y cincuenta, los bancos nacionales de desarrollo se caracterizaron por tener misiones asociadas al financiamiento de infraestructura y de los sectores industriales, en un claro papel desarrollista. Ya desde las d√©cadas de los sesenta y setenta, algunos bancos comenzaron a ampliar sus funciones, poniendo el foco en el financiamiento de peque√Īas y medianas empresas, en la promoci√≥n de la innovaci√≥n tecnol√≥gica e incluso desarrollando algunos proyectos de riesgo. El Banco de Desarrollo de Corea, el de Jap√≥n y el KfW de Alemania fueron quiz√° los pioneros en ese sentido. El BNDES de Brasil inici√≥ su transformaci√≥n en esa direcci√≥n en forma algo posterior, en la d√©cada de los ochenta.

Especialmente notorio fue que durante la crisis de 2007-2008 pr√°cticamente todos los bancos de desarrollo acentuaron su papel contrac√≠clico, acompa√Īando la pol√≠tica monetaria expansiva de los bancos centrales. El Banco de Desarrollo de China jug√≥ un papel importante para seguir apuntalando la expansi√≥n de las empresas chinas por el globo, aun en el contexto internacional adverso. El BNDES en Brasil fue tambi√©n muy agresivo expandiendo el cr√©dito para sostener la inversi√≥n, ante la fuerte ca√≠da del cr√©dito de los bancos privados. El KfW de Alemania puso en marcha programas especiales de financiamiento con el objetivo de contrarrestar los bajos niveles de inversi√≥n y la alta capacidad ociosa. Trabajos recientes muestran que desde la crisis de 2007-08 los bancos nacionales de desarrollo est√°n siendo ampliamente aceptados a partir de experiencias de pa√≠ses en desarrollo como Brasil, China o India, pero tambi√©n en pa√≠ses desarrollados cuyos bancos de desarrollo son vistos como positivos (como es el caso de KfW en Alemania) o que incluso han creado recientemente instituciones de este tipo (Francia e Irlanda).
Si bien algunas de estas instituciones obtienen sus recursos de fondos fiscales (como es el caso, en parte, del BNDES de Brasil), en general el financiamiento proviene del mercado de capitales. Al ser instituciones p√ļblicas, sus condiciones est√°n atadas a las del soberano, por lo cual resulta crucial bajar el riesgo soberano para fondear a este tipo de instituciones.

Estas experiencias consideradas exitosas, junto con una serie de trabajos que analizan sus pol√≠ticas y resultados, nos permiten volver sobre el debate acerca de la necesidad de estos instrumentos para el desarrollo y de sus formas institucionales. En el caso de Argentina, si bien el banco de desarrollo (BANADE) fue desmantelado en la d√©cada de los ochenta y liquidado a principios de los noventa, el Estado fue recuperando instrumentos de banca de desarrollo en los √ļltimos a√Īos, especialmente desde 2008 hasta 2015. Al igual que en otros pa√≠ses, el Estado argentino desempe√Ī√≥ un decidido papel contrac√≠clico luego de la crisis internacional. Tanto el Tesoro Nacional como el Banco Central llevaron adelante pol√≠ticas fiscales y monetarias expansivas, respectivamente. Estas pol√≠ticas se combinaron con instrumentos para el financiamiento productivo, como analizaremos en la secci√≥n siguiente.

3. Instrumentos para el financiamiento del desarrollo: avances y retrocesos en la Argentina reciente

Durante que el per√≠odo que se abri√≥ en 2003 y se extendi√≥ hasta 2015, el Estado argentino recuper√≥ un papel importante en la econom√≠a y diversos sectores productivos recobraron impulso de la mano del renacimiento del mercado interno y de ciertas pol√≠ticas destinadas al fomento de la producci√≥n. Si bien existe un debate inconcluso acerca de la coordinaci√≥n y correcta planificaci√≥n de la pol√≠tica industrial durante los gobiernos kirchneristas, lo cierto es que se fueron poniendo en pr√°ctica una serie de instrumentos que hacia al final del segundo mandato de Cristina Fern√°ndez permitieron sostener el entramado productivo especialmente de peque√Īas y medianas empresas. En el fomento del financiamiento productivo esto fue especialmente notorio.

A partir de 2008, con un sistema financiero ya saneado luego de las fuertes consecuencias de la crisis económica y financiera de 2001, el gobierno argentino impulsó una serie de políticas y regulaciones que tuvieron la intención de generar disponibilidad de financiamiento para proyectos de infraestructura y sectores productivos que el sistema financiero privado no contemplaba. A pesar de la recuperación económica y de la reconstitución de cierto entramado industrial (aunque todavía incipiente), la ausencia de mecanismos para el financiamiento productivo era notoria. La crisis internacional vino a exacerbar ese hecho, ya que el crédito bancario se desplomó como consecuencia de la incertidumbre y la caída en la actividad.

La primera iniciativa importante en esta direcci√≥n fue la creaci√≥n del Fondo de Garant√≠a de Sustentabilidad al reestatizarse el sistema de jubilaciones y pensiones en 2008. A esta acci√≥n le siguieron el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario (2010) impulsado por el Banco Central, la reforma de la Carta Org√°nica del BCRA (2012), el Plan estrat√©gico del Seguro 2012-2020 y la Reforma de la Ley de Mercado de capitales (2013). Adem√°s, estas grandes medidas se sumaron a programas ya existentes que tuvieron otro impulso a partir de este per√≠odo, como son los casos del Fondo Nacional para el Desarrollo para Micro, Peque√Īa y Mediana Empresa (dependiente de la SEPyME), el R√©gimen de Bonificaci√≥n de Tasas o las Sociedades de Garant√≠a Rec√≠procas.

La creación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) en 2008, en el marco de la reforma y reestatización del sistema de pensión y jubilaciones, dispuso que el Fondo debía invertir como mínimo un 5% y como máximo un 20% de sus activos totales a financiar proyectos productivos y de infraestructura. Hacia 2015, tenía un stock de inversiones productivas y de infraestructura de más de $70.000 M, que representaban cerca del 13% de la cartera total del FGS (ver ANSES, Informes mensuales, bimestrales y trimestrales, 2008-2015). Estas inversiones estaban principalmente destinadas al desarrollo de infraestructura (energética y vial en su mayor parte) y viviendas (a través de los programas nacionales como Pro.Cre.Ar y el Programa Federal para la Construcción de Viviendas).

En 2010, el BCRA impulsó el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario mediante el cual otorgaba adelantos a los bancos para que estos dispusieran de fondos para prestar a actividades productivas. La normativa establecía a su vez las tasas que los bancos debían cobrar a las empresas beneficiadas, que se ubicaban por debajo de las tasas de mercado, y los plazos, que eran mayores a los que usualmente prestaba la banca comercial.

En 2012 se produjo la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. De esta manera, quedó establecido desde su marco regulatorio un mayor grado de involucramiento de la autoridad monetaria con la economía real. El nuevo ordenamiento legal facultó al Banco a llevar adelante acciones vinculadas a aquello que actualmente se consideran funciones de banca de desarrollo.

El Banco Central deb√≠a, bajo el nuevo esquema, comprometerse con la orientaci√≥n del cr√©dito, establecer pol√≠ticas diferenciadas orientadas a las peque√Īas y medianas empresas y a las econom√≠as regionales y fomentar la inclusi√≥n financiera. De esta forma, se le daba a la autoridad monetaria facultades para promover medidas asociadas a la banca de desarrollo. Por las propias caracter√≠sticas de la autoridad monetaria, para llevar adelante estas funciones el BCRA deb√≠a valerse del sistema bancario y de los bancos comerciales. Es decir que, a trav√©s de regulaciones y esquemas de incentivos, pod√≠a generar las condiciones para que los bancos del sistema pudieran impulsar diferentes tipos de cr√©dito. Se trat√≥, entonces, de un modelo de banca de desarrollo de alguna manera descentralizado en los bancos del sistema, sin una instituci√≥n espec√≠fica que ejerciera esa funci√≥n.

De hecho, a partir de este marco legal, en julio de 2012 se puso en marcha la Línea de Créditos para la Inversión Productiva (LiCIP). Esta línea dispuso que las 20 entidades financieras con mayores depósitos del sistema debían destinar una parte de esos depósitos al financiamiento de empresas productivas. Además, inicialmente se estableció que al menos la mitad de esos fondos debían estar destinados a mipymes, disposición que fue variando con el tiempo para finalmente requerir que la totalidad de dicho financiamiento se destinara a ese segmento de empresas.

Otra de las iniciativas importantes apunt√≥ a generar un mayor compromiso con la econom√≠a real de las compa√Ī√≠as de seguros en tanto inversores instituciones. A finales de 2012 se introdujo un inciso en el Reglamento General de la Actividad Aseguradora, para fomentar una mayor participaci√≥n de estas compa√Ī√≠as en el financiamiento de la econom√≠a real. El inciso ‚Äúk‚ÄĚ del art√≠culo 38 de dicho reglamento estableci√≥ que las empresas de seguros deb√≠an destinar aproximadamente el 15% de sus recursos al financiamiento de proyectos productivos y de infraestructura.

Estas medidas le dieron mayor coordinaci√≥n, profundidad y alcance a las propias acciones que bancos oficiales como el Banco Naci√≥n y el BICE ven√≠an desarrollando a trav√©s de determinadas l√≠neas de cr√©dito que se fueron ampliando, destinadas espec√≠ficamente a pymes (como la l√≠nea 400 del BNA con bonificaci√≥n de la tasa de inter√©s de la Subsecretar√≠a de la Peque√Īa y Mediana Empresa) o a inversiones productivas (como las l√≠neas del BICE para el financiamiento de adquisici√≥n de bienes de capital tanto para pymes como para grandes empresas) (Goldstein, 2012). El r√©gimen de bonificaci√≥n de tasas, por ejemplo, que hab√≠a sido creado en el a√Īo 2000, fue ampliado y mejorado primero en 2005 y luego en 2012. El Programa de Sociedades de Garant√≠a Rec√≠proca es otro ejemplo, que les permite a peque√Īas y medianas empresas obtener avales financieros para acceder a financiamiento en el mercado de capitales.

Estas medidas muestran un avance en la b√ļsqueda de generar financiamiento productivo para ciertos segmentos, especialmente el de las peque√Īas y medianas empresas. Como mostramos en un trabajo reciente, a partir de la LiCIP la participaci√≥n de las pymes en el cr√©dito total a empresas del sistema mejor√≥ entre 2011 y 2015 (Adelardi y L√≥pez, 2018). Esta medida gener√≥ dificultades asociadas a las caracter√≠sticas propias del instrumento: el proceso de selecci√≥n, m√°s all√° del requisito del tama√Īo de empresas, descans√≥ exclusivamente en las decisiones de las entidades. De esta forma hubo una tendencia a beneficiar a empresas m√°s grandes (en el l√≠mite superior de las consideradas pymes) y ya insertas en el sistema financiero (Fundaci√≥n Observatorio PyME, 2016). Tampoco hubo una estrategia selectiva en cuanto a sectores o vinculada a la innovaci√≥n tecnol√≥gica. Aun as√≠, estas medidas permitieron en el per√≠odo apuntalar la actividad econ√≥mica y el empleo. Butler et al (2017), al partir del an√°lisis de un conjunto de programas p√ļblicos para facilitar el financiamiento productivo, muestran resultados positivos, por un lado, en cuanto a las posibilidades de acceso al cr√©dito y, por el otro, en cuanto al incremento del empleo, la productividad y las exportaciones de las empresas beneficiadas.

Si bien estas iniciativas requer√≠an ser mejoradas y ampliadas, en los √ļltimos a√Īos se han sufrido retrocesos significativos en la materia. En primer lugar, las condiciones macroecon√≥micas no solo no favorecen el acceso al cr√©dito, sino que lo dificultan enormemente. Alcanza con mencionar el derrotero de la tasa de inter√©s y el desempe√Īo de la econom√≠a real en los √ļltimos trimestres para notar este aspecto. La tasa de inter√©s de pr√©stamos por adelanto de cuenta corriente, por ejemplo, pas√≥ de 25% a comienzos de 2016 a 67% en junio de 2019. Tambi√©n afectan la volatilidad del tipo de cambio y los saltos en el riesgo soberano, ya que dificultan el fondeo de las instituciones p√ļblicas capaces de impulsar el cr√©dito. Este √ļltimo pas√≥ de niveles cercanos a los 400 puntos en enero de 2016 a los actuales 850 puntos, habiendo alcanzado el pico de 1.000 puntos a principios de junio. Este contexto macroecon√≥mico tiene como tel√≥n de fondo, a su vez, un mercado interno absolutamente deprimido que no garantiza las m√≠nimas ventas necesarias para invertir en la econom√≠a real. Despu√©s de una ca√≠da de 2,5% del PIB en 2018, en el primer trimestre de 2019 la actividad econ√≥mica cay√≥ 5,8%. Las ventas en supermercados cayeron en el mismo per√≠odo m√°s de 12% en t√©rminos reales y el desempleo se ubic√≥ en niveles de dos d√≠gitos.

En segundo lugar, la situaci√≥n del cr√©dito se agrava a partir del desmantelamiento de algunos de las medidas que hab√≠an tenido un impacto positivo en la etapa anterior. Las principales son la derogaci√≥n del inciso ‚Äúk‚ÄĚ de aseguradoras en enero de 2016 y la eliminaci√≥n de la LiCIP a lo largo de 2018. El inciso ‚Äúk‚ÄĚ, que implicaba que las empresas aseguradoras deb√≠an invertir una parte de su cartera en activos de la econom√≠a real, se convirti√≥ en optativo a los pocos d√≠as de asumido el gobierno de Macri (ver Resoluci√≥n 39.645 de la Superintendencia de Seguros de la Naci√≥n, del 19 de enero de 2016). El contexto macroecon√≥mico posterior hizo que las compa√Ī√≠as aseguradoras invirtieran la mayor parte de sus fondos en instrumentos del Banco Central (LEBACS), a tal punto que a finales de 2017 fueron obligadas a desarmar dichas inversiones.

La Comunicaci√≥n A 6462 del Banco Central de la Rep√ļblica Argentina, publicada en marzo de 2018, estableci√≥ que el cupo m√≠nimo que los bancos comerciales deb√≠an destinar a la LiCIP se reducir√≠a mes a mes hasta llegar a cero en diciembre de ese a√Īo. Es decir que actualmente la LiCIP ha sido completamente desmantelada. A su vez, si bien la carta org√°nica del BCRA no fue reformada, la actual gesti√≥n no cumple con los mandatos asociados al fomento del cr√©dito productivo, el mayor apoyo a las econom√≠as regionales o a las peque√Īas y medianas empresas. De hecho, se ha enviado un proyecto de reforma del marco normativo para su tratamiento por el Congreso Nacional que elimina la facultad de orientar el cr√©dito, y de establecer pol√≠ticas de financiamiento diferenciadas para pymes y econom√≠as regionales. De esta manera, se le quita al BCRA las facultades para darle al sistema financiero cierta orientaci√≥n hacia el desarrollo (ver proyecto de ley n√ļmero: INLEG-2019-19522714-APN-PTE).

De esta manera, la combinaci√≥n de un contexto macroecon√≥mico caracterizado por las altas tasas de inflaci√≥n y altas tasas de inter√©s, sumada la volatilidad del tipo de cambio, y el desmantelamiento de regulaciones espec√≠ficas que apuntaban a fomentar el cr√©dito productivo a segmentos espec√≠ficos, como el de las pymes, no crea los incentivos adecuados para generar cr√©dito para el desarrollo productivo, sino todo lo contrario. Si bien es cierto que se ha sancionado la llamada Ley Pyme (ley 27.264) en julio de 2016, que plantea beneficios impositivos y de otro tipo para dicho segmento de empresas, dicha normativa no ha derivado en medidas concretas para ampliar el cr√©dito productivo. De hecho, en t√©rminos reales, el cr√©dito se desplom√≥ en los √ļltimos tres a√Īos: mientras que la inflaci√≥n acumul√≥ un 200% en el per√≠odo, el cr√©dito total aument√≥ un 165% y el cr√©dito a pymes solo un 135%.1

4. Conclusiones: la necesidad de un banco de desarrollo

Las medidas tendientes a fomentar el cr√©dito productivo como las aplicadas en la Argentina entre 2008 y 2015 son sin duda un avance en la b√ļsqueda de generar financiamiento para el desarrollo. Mejorar el acceso al financiamiento por parte de ciertas empresas y sectores es crucial para generar un entramado productivo que permita sortear los d√©ficits estructurales de la econom√≠a argentina y avanzar hacia el desarrollo. En igual sentido, el desmantelamiento de los principales instrumentos en los √ļltimos a√Īos, combinado con un contexto macroecon√≥mico altamente vol√°til y que no genera incentivos al cr√©dito y las inversiones reales, implic√≥ un retroceso enorme en los esfuerzos por generar financiamiento productivo para un proceso de desarrollo.

Para una nueva etapa, la experiencia reciente del desempe√Īo de las instituciones nacionales para el financiamiento del desarrollo en el mundo muestra que es crucial avanzar hacia un modelo de banca de desarrollo tradicional, pero que incorpore funciones de las nuevas estrategias de desarrollo. El papel contrac√≠clico que estos bancos han desempe√Īado en pa√≠ses en desarrollo y en pa√≠ses desarrollados, as√≠ como el financiamiento a ciertos sectores y segmentos de empresas, han tenido resultados positivos que revitalizan a estas instituciones como instrumentos para el desarrollo econ√≥mico.

El financiamiento de grandes proyectos de infraestructura es necesario para la econom√≠a argentina, pero tambi√©n es necesario elegir sectores, empresas, invertir en proyectos de riesgo, impulsar la innovaci√≥n en ciertos nichos productivos, impulsar las exportaciones de alto contenido tecnol√≥gico y valor agregado, etc. Concentrar en una instituci√≥n p√ļblica el dise√Īo, la selecci√≥n de empresas y sectores, y el aprendizaje para impulsar dichas inversiones en la econom√≠a real, posee econom√≠as de escala y ventajas en la asignaci√≥n del cr√©dito que resulta dif√≠cil de reemplazar con otro tipo de instrumentos que operan descentralizadamente. Las experiencias de China, Corea del Sur, Jap√≥n, Alemania y Brasil, entre otros, presentan evidencia suficiente para aprender de sus diferentes estrategias y avanzar en esa direcci√≥n.

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1 Los datos de inflación para 2016 corresponden al Instituto de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires. Para 2017, 2018 y 2019 se utilizó el IPC. Los datos de crédito provienen de las estadísticas del BCRA.

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Art√≠culos de este n√ļmero

Marcelo Rougier
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