Del Plan Fénix (2001-2002) al Plan Fénix 2 (2019-2020)

Del Plan Fénix (2001-2002) al Plan Fénix 2 (2019-2020)

Por Alejandro Vanoli

La introducción repasa las condiciones en que se conformó el plan fénix en nuestro País, proyectando hacia adelante tanto sus avances como desafíos, a partir de una presentación somera de los distintos artículos que conforman este número.
 
Economista. Director de Synthesis Argentina. Profesor universitario. Ex Presidente del Banco Central de la República Argentina y de la Comisión Nacional de Valores


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Nuestro país está en condiciones de clausurar una etapa de su historia, signada por el profundo deterioro de la economía y calidad de vida de sus habitantes, e inaugurar un proceso de crecimiento con equidad.
Síntesis del Plan Fénix 2002

Introducción

Cuando se relee la introducción que abre la Síntesis del Plan Fénix puede pensarse que es una cita contemporánea. Pero este texto de 2002 escrito en el final del segundo neoliberalismo trágico describe cabalmente la situación actual.

En 2001 fue muy importante que actores de una universidad pública decidiesen trabajar en forma conjunta, buscando elaborar propuestas concretas, en forma de un plan consistente, y difundirlas en forma accesible a la sociedad, lo que constituyó un importante salto cualitativo en el final de la convertibilidad para sentar bases de ideas que madurasen socialmente los años posteriores.

Ello permitió forjar propuestas económicas necesarias en un momento en que la sociedad salía de la anomia de 12 años de hiperinflación y convertibilidad con hiperdesempleo. Una época donde pocos economistas en soledad enfrentaban la lógica trágica del pensamiento único que hundió a la Argentina en la peor crisis institucional en 70 años de historia en 2001.

A fines de 2018, cuando Leonardo Gak pidió sugerencias al Grupo Fénix para elegir temáticas para “Voces en el Fénix” durante 2019, sugerí “Hacia el Plan Fénix 2” para que hubiera un número en que, retomando el espíritu y revisando críticamente el contenido de los aportes del Plan Fénix original, se avanzase en el germen de un Plan Fénix 2.

2019 constituía un año electoral donde se jugaba decisivamente el destino del país. Y con el resultado del 27 de octubre, el pueblo argentino cerró en las urnas la profundización del tercer neoliberalismo, un gobierno de Cambiemos que empeoró absolutamente todas las variables económicas y sociales y nos dejó en un colapso económico, que nos arrastró al default productivo, social y financiero. Y que de perpetuarse hubiese puesto en grave riesgo la soberanía nacional generando tanto una grave involución reprimarizadora en el aparato productivo como un severo retroceso en los derechos individuales y sociales.
Es absolutamente necesario que la sociedad pueda contar con espacios de pensamiento crítico, que se alejen del pensamiento convencional, funcional a los sectores más poderosos y que en tal carácter no podía haber dado respuestas a las necesidades del país.

Resulta vital la construcción de un marco de ideas, propuestas y acciones de gobierno que alimenten las bases de un proceso de crecimiento con equidad.
Así es urgente actualizar las ideas liminares del Plan Fénix que como señalaba en mi libro Patria o Dólar, de 2016, “nos saque de la circularidad del trágico eterno retorno al punto inicial, que implica una Argentina cual reencarnación del mítico Sísifo que cuando cree que llega a su destino, librándose de su lastre, está condenada a volver a empezar. Retroceso que es una involución económica y social y un padecimiento para millones de personas”.

Hay circunstancias en las que hemos avanzado, en estos cuatro años. Hubo decenas de economistas que en diversos espacios han formulado críticas consistentes y anticipatorias de la debacle del gobierno. Se han multiplicado los centros de investigaciones y ámbitos académicos críticos en universidades de todo el país.

Queda no obstante el desafío de desarrollar estos espacios, como pudo hacerlo el Grupo Fénix, para profundizar y enriquecer el debate sobre el rol y la formación de los profesionales, discutir los objetivos y contenidos de los planes de estudio, recuperar espacios de investigación y docencia, además de reforzar los ámbitos de pensamiento y comunicacionales de las políticas económicas. Tanto en oposición en el neoliberalismo como ahora en los albores de una nueva esperanza.

Más allá de un pacto social que atienda a las lacerantes urgencias de la coyuntura, es absolutamente necesario recuperar el valor de la planificación de mediano y largo plazo y de la necesidad de formular planes integrales y consistentes para avanzar en un cambio del perfil productivo del país y evitar recaer en la restricción externa, avanzando en una estrategia de desarrollo sustentable con equidad.

Renaciendo de las cenizas (2002)

Como dijimos. el Plan Fénix surgió en 2000 e hizo su presentación el 6 de septiembre de 2001 a partir de 18 documentos que incluían renegociación de la deuda, políticas productivas, políticas laborales, sector industrial, política monetaria y crediticia, régimen cambiario, política fiscal, política comercial argentina, concentración económica y regulación de los servicios públicos, producción tecnológica, etcétera.

Quisiera recordar esos comienzos del Grupo Fénix y mi incorporación al mismo.

Era el año 2000. El querido maestro del aula y de la vida Benjamín Hopenhayn, con quien colaboraba en su cátedra desde 1994, me citó en su estudio de la calle Juncal, absolutamente entusiasmado pero sin adelantarme nada por teléfono.

Al encontrarnos me dijo: “Estamos haciendo algo absolutamente ‘subversivo’. Estamos armando un programa económico integral. No solamente un diagnóstico de la crisis irreversible de la convertibilidad. Sino también propuestas concretas y alternativas: un plan de gobierno. Sistemático coherente. Estoy trabajando en el tema deuda externa. El trabajo tiene que ser 20% diagnóstico y 80% propuestas. ¿Te animás a ayudarme?”.

Benjamín dijo: “Se me ocurren dos cosas: la primera es que hay que salir de la convertibilidad. ¿Cuál te imaginás que es la segunda?”. Me quedé mirándolo y le contesté: “Una reprogramación con quita de la deuda”. Efectivamente, me comentó que esa iniciativa en la que había empezado a trabajar se llamaba Plan Fénix.

Me comentó que participaban del núcleo del Grupo Fénix los mejores economistas del país como Julio Olivera y Aldo Ferrer, además de Arturo O’Connell, Héctor Valle, Mercedes Marcó del Pont, Jorge Schvarzer, Eduardo Basualdo, Alejandro Rofman, Carlos García Tudero, Marta Bekerman, Saúl Keifman, Alberto Müller, entre tantos otros, profesores de distintas tradiciones: había radicales, peronistas, socialistas, comunistas, de izquierda independiente; todos críticos de la convertibilidad que se reunían todos los jueves (ahora miércoles por medio) en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, para debatir las distintas iniciativas.
Trabajamos todo el primer semestre del 2001 en absoluta reserva en distintas alternativas para resolver esa cadena asfixiante que era el tema de la deuda, proponiendo una moratoria de la deuda externa y una renegociación con quita, además de un control de cambios que limitara la colosal fuga de capitales que se vivía.

Finalmente, el 6 septiembre de 2001 fue la presentación del Plan Fénix con un documento con propuestas concretas y sistemáticas de corto, mediano y largo plazo para salir de la grave crisis que vivía el país. Resulta interesante la cobertura que le dio el propio diario Clarín, que por entonces se estaba despegando del gobierno y de la convertibilidad.

Era muy difícil estar en contra de la convertibilidad, más allá de las claras evidencias de la crisis terminal del modelo. Particularmente, a partir de la crisis internacional de 1997-1998, que cerró definitivamente el financiamiento externo voluntario el país, y de la megadevaluación brasileña de enero de 1999, que provocó una seria crisis adicional a la Argentina, especialmente al aparato productivo que ya venía sufriendo las consecuencias de la convertibilidad y la apertura importadora.

En un curso de grado de la carrera de Economía que tuvimos en el segundo semestre de 2001 con Benjamín, el 100% de los 30 alumnos decía que la convertibilidad era inviable. Pero menos del 10% recomendaba devaluar. Hasta el propio Chacho Álvarez, a fines de los años noventa, había dicho que se arrepentía de haber votado en contra de la convertibilidad.

Había un enorme blindaje social dado por el horror de la experiencia hiperinflacionaria de los ochenta. Más allá de que se había triplicado el desempleo y de la grave crisis social, como en décadas no se veía en el país. Todos creían que era una trampa, pero una trampa de la que no se podía salir. Finalmente, el Plan Fénix abordó esa cuestión con mucho debate interno y el temor al impacto de una eventual devaluación en los salarios hizo que la propuesta de mejorar el tipo de cambio real fuera genérica. Pero sin hablar de la palabra tabú “devaluación”. En todos los otros temas, las propuestas fueron claras, profundas, de nítido corte con el modelo neoliberal.

El trabajo del grupo Fénix tuvo un gran impacto. Era la primera vez que había una alternativa sistémica emanada de la universidad pública. No solo los distintos sectores sociales y productivos se interesaron en la propuesta; la sociedad en general tomó esta alternativa y la hizo suya. El grupo se nutrió de aportes de más de 40 universidades nacionales que ampliaron la realidad nacional desde el interior profundo.

En ese 2002 el Plan Fénix publicó en 2002 un documento, “Propuestas para el Desarrollo con Equidad” que incluye una sección con las “Condiciones básicas para el desarrollo económico-social. El caso argentino”. Un documento cuyas bases están absolutamente vigentes hoy en día.
“El proceso de desarrollo de los países dista de seguir una receta única. Antes bien, se trata de una construcción colectiva que responde a las especificidades de cada sociedad y al contexto externo en el cual la misma se desenvuelve.
En consecuencia, refleja las particulares condiciones territoriales, demográficas, socioeconómicas y culturales que se han plasmado a lo largo del curso histórico de cada nación.

No obstante, tanto la teoría como la experiencia histórica y contemporánea de las economías mundial y argentina permiten constatar que debe cumplirse un conjunto de condiciones para lograr el crecimiento económico y la elevación de la calidad de vida.

Tales condiciones pueden sintetizarse en la enumeración siguiente:

1.Estabilidad institucional y política.

2.Presencia activa de las fuerzas organizadas del trabajo y el empresariado nacional y los agentes del conocimiento en el proceso de crecimiento con equidad como requisito de integración del tejido social, lo que implica asegurar un rol central –y no subsidiario– a los mercados internos.

3.Presencia de un Estado que promueva el desarrollo nacional con equidad en la distribución del ingreso, de manera de lograr el bienestar y la integración social.

4.Funcionamiento eficiente de los mercados de bienes y servicios, en todos aquellos ámbitos en que se justifique su acción.

5.Fundamentos macroeconómicos sólidos, sobre la base de altas tasas de ahorro interno e inversión, financiamiento genuino del sector público, alta productividad, competitividad internacional, posición sustentable en la cuenta corriente del balance de pagos.

6.Permanente incremento de la competitividad de la producción nacional, que permita una inserción internacional ventajosa, y establecimiento de límites al endeudamiento externo y a las inversiones privadas directas en función de la capacidad de generación de divisas.

7.Incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico en todo el sistema económico y social, participando de las corrientes dinámicas del comercio internacional compuestas por bienes y servicios altamente diferenciados.

8.Autonomía de la gestión monetaria, cambiaria y fiscal, fundada sobre la promoción del interés del país y su inserción viable en la economía internacional.

9.Mercados de capitales que promuevan la formación del ahorro y su canalización –a adecuado costo– a la inversión y la incorporación de tecnología.

10.Desarrollo de concepciones fundadas en la realidad nacional y orientadas a dar respuestas a los desafíos y oportunidades de la economía mundial”.

Hacia el Plan Fénix 2. Bases para un programa económico de reconstrucción nacional

Como en las publicaciones de 2001 y 2002 este número de “Voces en el Fénix” incluye contribuciones de miembros permanentes del grupo y de destacados economistas.
Los artículos de este número son:

Alberto Müller: El Plan Fénix y un proyecto para la Argentina

Donde analiza las circunstancias históricas en las que nació el Plan Fénix en la UBA, las luces y sombras que sus ideas fundantes han tenido a través del tiempo y los enormes desafíos que nuestro país tiene de aquí en adelante.

Ricardo Aronskind: La Argentina en la globalización

Discute los avances y desafíos del Plan Fénix a la luz del proceso de globalización, planteando una serie de acciones que logren recuperar la capacidad del Estado para conducir el rumbo de la economía, canalizando parte de los excedentes económicos hacia la producción y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

Roberto Lampa y Nicolás Hernán Zeolla: Argentina 2015-18: un ciclo corto de crecimiento impulsado por las finanzas

El artículo tiene por objetivo comprender la especificidad del corto ciclo de crecimiento entre febrero de 2017 y marzo de 2018, partiendo de la hipótesis de que durante este período se desarrolló un modelo de financierización típico de la periferia.

Sebastián Soler: El endeudamiento durante la presidencia de Mauricio Macri

Caracteriza el proceso de endeudamiento por parte de Cambiemos no solo en términos macroeconómicos y financieros sino también legales, desnudando el desapego institucional que el gobierno tuvo desde sus inicios.

Carlos Weitz: Una propuesta de cambio en el modelo regulatorio financiero argentino

En el marco de la proliferación de distintos modelos de regulación y supervisión financiera, el artículo presenta una propuesta de cambio para el esquema en la Argentina, que logre no solo mayor protección a los usuarios sino también una mayor eficiencia del mercado.

María Delfina Rossi: Pactos sociales para distribuir y crecer

El artículo busca enmarcar la necesidad de construir un nuevo pacto social en la Argentina dado el contexto internacional y su relevancia histórica. Concluye con una serie de recomendaciones.

Sergio Woyecheszen: Aportes para la planificación del cambio estructural en la Argentina

Analiza las rupturas y continuidades que en materia productiva se han venido dando desde el lanzamiento del Plan Fénix original, previo a la crisis de 2001. Sobre esta base presenta una serie de elementos para la planificación del cambio estructural en la Argentina.

Demian Panigo, Leandro Bona y Pablo Wahren: Contexto internacional, modos de desarrollo comparados y enseñanzas para el diseño de la política industrial argentina

El trabajo analiza el contexto de financierización, proteccionismo y reubicación global de la producción y expone los lineamientos necesarios para una política de desarrollo industrial.

Martín Navarro, Pablo Chena: Trabajo, desarrollo y economía popular

El artículo caracteriza a la economía popular en la Argentina, detallando una serie de acciones de política que permitan superar la visión social que se tiene sobre la misma, permitiendo el escalamiento económico y productivo de aquellos que la conforman.

Juan Ignacio Balasini: ¿Es necesaria una reforma jubilatoria en la Argentina?

Explora distintas opciones de reforma jubilatoria, incluyendo las formas en que el sistema se administra (régimen público o privado), tipos de requisitos mínimos para acceder al derecho y maneras en que se determina el haber inicial y la regla de actualización, para identificar sus límites frente a las características estructurales de la sociedad y la economía argentina.

Horacio Rovelli: Estado en el kirchnerismo y durante el gobierno de Cambiemos

Compara la política fiscal del kirchnerismo y el gobierno de Cambiemos, tanto por el lado del gasto como de los ingresos, finalizando con una serie de propuestas para realzar el rol del Estado de cara al desarrollo.

Es hora de propuestas

Quiero plantear, para complementar los notables artículos de mis colegas, aportes concretos para un Plan Fénix 2. Retomo un artículo mío de febrero de 2019 que entiendo necesario rescatar como aporte a esta discusión colectiva.

Es evidente que es absolutamente necesario un giro de 180° en la política económica para poder salir de la crisis.

La gravedad de la situación que heredará el nuevo gobierno no permite improvisaciones, sino que requerirá de una estrategia integral a ser implementada en los primeros días de gobierno y en el marco de un plan que incluya diversas iniciativas de corto, mediano y largo plazo.

El nuevo gobierno va a tener que llegar a diciembre de 2019 con un conjunto de proyectos de ley, decretos, resoluciones y normas de distintos organismos en el marco de un plan consistente, coherente y sistemático, teniendo en cuenta la pesada herencia, el contexto global (proteccionismo, riesgo de suba de tasas, etc.) y regional y las potencialidades de recursos que se pueden desplegar en otras condiciones de políticas para los sectores productivos.
Para llevar esto a cabo es necesario un gobierno que exprese una amplia coalición política y social encabezada por los distintos sectores del peronismo y que formule un plan nacional de desarrollo de cuatro años incluyendo un pacto social entre los sectores del capital y el trabajo.

La gravedad de la pesada herencia que recibirá el próximo gobierno impone implementar una serie de puntos mínimos para poder a lo largo de cuatro años revertir la destrucción del aparato productivo y del tejido social, además de la desarticulación del Estado en todos sus niveles.

Un programa claro diferenciado del tercer neoliberalismo de Macri y que entronque en la mejor tradición nacional y popular adaptada a los tiempos y a las relaciones de fuerza. Así, tenemos que pensar una estrategia distinta a la del pasado, no en el espíritu pero sí en sus formas y modalidades de instrumentación.

Pacto Social y Plan Nacional Cuatrienal de Desarrollo

Un Pacto Social permitirá dar previsibilidad a las políticas públicas tanto en términos cambiarios, tarifarios, tasa de interés, precios relativos y política de ingresos, lo que permitirá incrementar la productividad y mejorar la equidad distributiva, para así lograr el crecimiento del consumo y la inversión.
Un Pacto Social con un programa permite una estrategia de corto plazo para generar crecimiento, reducir los desequilibrios económicos y atender la crisis social y ser el puente al desarrollo con las iniciativas de mediano y largo plazo.

Paso a detallar cuáles son los 16 elementos liminares de un programa económico de un gobierno de reconstrucción nacional y sobre los que ahora enuncio el concepto y un breve detalle que incluye razón y efectos sobre la economía.

Queda claro que un programa de desarrollo con equidad supone poner en práctica los tres principios enunciados por el general Perón, no hay salida sin promover la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Soberanía política

La soberanía política implica una concepción nacional y regional que suponga defender el interés de la Nación y maximizar los grados de libertad de las distintas políticas, esto implica:

1) Renegociar con el Fondo Monetario Internacional un programa de crecimiento.

2) Una estrategia productiva, comercial, financiera e inversiones de base multipolar sin dependencia a ninguna potencia hegemónica. Promover sólo acuerdos económicos regionales y globales que no impliquen ni déficit externo, ni mayor primarización ni desempleo.

Independencia económica

3) Protección del aparato productivo nacional: revisar aranceles y licencias de importación (genera crecimiento y mejora de sector externo).

4) Política cambiaria y monetaria para el desarrollo productivo y no para la especulación (para lograr crecimiento y bajar la inflación).

5) Regulaciones sobre operaciones financieras especulativas.

6) Política monetaria y crediticia que fomente el ahorro en pesos y favorezca el crédito a la producción en adecuadas condiciones de acceso (más crecimiento y desinflación).

7) Reprogramación voluntaria de la deuda pública con reducción de valor presente para aliviar los próximos años y mejorar las relaciones de deuda e intereses en relación a PBI y exportaciones (mejora fiscal, externa y pro crecimiento).

8) Políticas de Compre Argentino (como hicieron para EE.UU. Obama y Trump).

9) Promoción científico tecnológica y desarrollo de cadenas de valor para generar empleo y exportaciones con mayor valor agregado.

10) Plan cuatrienal de inversiones públicas.
(Las medidas 8, 9 y 10 generan empleo, crecimiento y mejoran el sector externo.)

Justicia social

Implantar la justicia social no es solo un imperativo ético irrenunciable sino también una necesidad para poder tener una recuperación y un crecimiento alto y sostenido.

11) Aumento de salarios, pensiones y asignaciones para recuperar salarios reales y políticas de estímulo a la oferta (créditos productivos, reembolsos, subsidios) para que la demanda se vea acompañada por una mayor oferta. Fortalecimiento de Precios Cuidados en el marco del Pacto Social.

12) Incremento inmediato en el presupuesto de salud y educación.

13) Reversión de los tarifazos a niveles adecuados a costos razonables y revisión de los marcos regulatorios para generar inversiones y mejorar el servicio (contribuye a bajar la inflación y alivia brechas fiscal y externa).

14) Reforma tributaria con sesgo progresivo y aliento a producción con alivio a pymes, economías regionales, productos con valor agregado y trabajadores y mayor esfuerzo de altas rentas y patrimonios (mejora la situación fiscal y orienta el sistema impositivo al crecimiento con equidad).

15) Fortalecer y mantener el carácter público del sistema de la seguridad social.

16) Regulación laboral que promueva y proteja el empleo y los derechos laborales.

Estos son los principios y bases para provocar una discusión amplia para generar entre todos un programa, que incluye soluciones necesarias posibles y consistentes para lograr gradualmente crecer, bajar la inflación, recuperar ingresos, recuperar el aparato productivo, reducir el déficit externo, tener margen fiscal y mejorar la distribución del ingreso.
Así, con el pacto social y el plan de desarrollo, sobre la base de las tres banderas históricas, pero con modalidades adecuadas al contexto y aprendiendo de aciertos y errores, será posible conciliar el crecimiento, la estabilidad y la equidad.

A modo de conclusión. Renaciendo de las cenizas (2019-2020). Cerrando las 4 brechas para el desarrollo económico con equidad

No existe mejor descripción para el espíritu del Plan Fénix que es imprescindible rescatar que el discurso de apertura del Dr. Julio H. Olivera en el lanzamiento del Plan.

“Desde el ángulo técnico debe subrayarse especialmente la base conceptual del Plan Fénix, según es posible percibirla en la nota introductoria y en los diversos capítulos que lo integran. El cuadro de las actuales dificultades económicas incluye tres grandes desequilibrios: el déficit fiscal, el balance de pagos negativo y la oferta excedente en los mercados de productos y factores de producción.

Esta tríada de desequilibrios mutuamente relacionados caracteriza e impulsa la crisis económica y social imperante. Sobre ese punto no hay margen para discrepancias, pero las ideas divergen respecto de la influencia causal de cada uno de los tres desequilibrios en la gestación y propagación de la crisis. La doctrina prevaleciente, que predomina de hecho como racionalización de la política económica adoptada, asigna al déficit fiscal el carácter primario. Los gastos excesivos del sector público originan el desequilibrio externo y este, a su vez, por vía del mecanismo de ajuste del balance de pagos, induce la caída de la producción interna y del nivel de ocupación. De acuerdo con otra línea de análisis, extensamente difundida en los círculos académicos y en el mundo de los negocios, el desequilibrio primario es el de las cuentas externas. La causa del desequilibrio es la vigencia de una paridad cambiaria inadecuada y artificial, que implica una fuerte sobrevaluación del peso. La brecha deflacionaria consiguiente determina la reducción de la actividad económica interna y, con ella, la merma de las recaudaciones tributarias. El déficit fiscal es la consecuencia inevitable. El Plan Fénix se aparta de una y otra versión de la etiología de la crisis. Su premisa mayor consiste en que el desequilibrio primario es el concerniente a la producción y la ocupación. Este desequilibrio nace directa o indirectamente de la insuficiencia en la provisión de bienes públicos, desde la seguridad jurídica hasta la salud, la educación y la paz social. El deterioro así ocasionado en el proceso de producción afecta negativamente los ingresos públicos. El déficit fiscal resultante se traduce a su turno por el saldo adverso de las cuentas con el exterior. Los bienes públicos no son sustitutos sino complementos insustituibles de los bienes privados: esta es la idea directriz que se refleja en el Plan Fénix. Por lo tanto, la actual recesión no es un retroceso coyuntural, que en virtud de la ley inherente a las oscilaciones cíclicas haya de ser seguido de manera indefectible por una fase ascendente de la actividad económica interna. No es una alteración transitoria del equilibrio sino una deficiencia crónica, una debilidad estructural, destinada a persistir mientras no alcance la oferta de bienes públicos el nivel indispensable para la plena utilización de los recursos productivos.

La existencia de varias hipótesis capaces de explicar los hechos plantea lo que en Econometría se conoce como ‘problema de identificación’, similar al suscitado hace algunas décadas por la teoría de la inflación estructural.
Hoy, como entonces, lo que está en debate no es una postura ideológica –estatismo contra liberalismo, planificación central versus economía de mercado– sino una cuestión científica susceptible de ser tratada objetivamente. Su análisis contribuirá a la dilucidación de la realidad económica argentina y de las posibles opciones a las políticas económicas convencionales”.

Debemos entonces hoy preguntarnos cómo formular una teoría que se aplique a nuestra realidad y nos permita avanzar con éxito en la senda del desarrollo con equidad.

Es vital contar con nuevos paradigmas teóricos que recojan aspectos necesarios de las tradiciones clásicas incluyendo la marxiana y el keynesianismo y los nuevos desarrollos, además de lo mejor del pensamiento estructuralista latinoamericano incluyendo el cepalino y dependentista.
Pensamiento que debe forjar en una nueva corriente de pensamiento que pueda acompañar sino anticipar a la política económica. El “New Deal” de Roosevelt fue previo al keynesianismo; la praxis del primer peronismo, anterior a los desarrollos estructuralistas de Raúl Prebisch.

En un contexto internacional complejo, donde las tendencias de globalización y desglobalización son inciertas, tiempos de proteccionismo y crisis financieras no resueltas, un Mercosur en crisis, es indispensable la creatividad; como decía Simón Rodríguez, maestro de Bolívar: “O inventamos o erramos”.
Son tiempos donde es necesaria una economía con rostro y alma humana al servicio de los pueblos. La situación actual en nuestra región es elocuente acerca de la inviabilidad política y social de políticas de ajuste que solo generan inestabilidad e inequidad. Un toque de atención para los gobiernos neoconservadores, pero también para los progresistas.

Existe una gran tentación de copiar y pegar escritos y citas memorables de una actualidad impactante. Pero sin duda, para poder dar la batalla cultural que haga que los argentinos podamos pensar por nosotros mismos, y exigir de sus gobernantes un proyecto nacional de crecimiento con equidad, es necesario no solo recordar estos trabajos sino honrar su legado profundizándolos y actualizándolos en forma permanente, además de trabajar en su necesaria difusión por todos los medios de la universidad a la sociedad.

Como anticipe en Patria o Dólar, “la sociedad argentina por ahora no convalida un retroceso mayor de derechos como ocurrió en los ’90, con la sociedad anestesiada por la hiperinflación. Hay una parte de la sociedad politizada y que se moviliza que reacciona frente a ciertas barbaries”. Hacia adelante, como decía Franklin Roosevelt, “de lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo”, y exigir así a la clase dirigente que se ponga a la cabeza de un reclamo popular. Al terminar estas líneas, América del Sur parece reaccionar a políticas antipopulares por las urnas (Argentina), reaccionando a la traición (Ecuador) o despertando luego de décadas de anomia post-pinochetistas (Chile).

Se dispone de cuadros técnicos, muchos de ellos jóvenes, que hicieron una experiencia de gobierno. Cuando lanzamos el Plan Fénix en 2000, no había ni ese piso. Ese es el futuro. Muchos de los referentes del Fénix ya no están. Qué necesarios serían hoy Julio Olivera, Aldo Ferrer, Jorge Schvarzer, Héctor Valle, Daniel Azpiazu, Hugo Nochteff, Carlos García Tudero, Norberto González, Benjamín Hopenhayn, tantos otros. Los mayores de la generación intermedia los perdimos en el genocidio de la dictadura cívico militar. Hay algunos de nosotros para ayudar. Quedan los jóvenes. Hay que asegurar el recambio.

Un modelo de desarrollo con equidad implicaría poder lograr sustentabilidad económica y social que permita salir de los péndulos políticos y los ciclos económicos de crecimiento y recesión. Permitiría lograr que Sísifo pueda liberarse de su castigo y dejar la terrible roca del atraso, para llegar a un punto más alto, acorde con nuestras posibilidades y así lograr una sociedad mejor.
Para ello, tenemos que llevar un tiempo más desde abajo la piedra y transmutarla en materiales de una construcción sólida. Para ello, el pueblo debe sacar la inteligencia y la fuerza, para resignificar el sueño de Bolívar y arar en el mar para que la Patria, en el marco de la construcción de una Patria Grande, “alcance un nuevo amanecer”.

Esa sustentabilidad económica y social implica entender que el desarrollo y el crecimiento sustentable van de la mano de la equidad, como ahora reconocen hasta el propio FMI y el Banco Mundial. Así la brecha fiscal y la brecha externa solo se pueden cerrar en un modelo que incorpore, siguiendo a Olivera, que atienda virtuosamente la brecha productiva y la brecha social, que incluya también los nuevos derechos de todos los sectores vulnerables. No hay política exitosa de desarrollo con equidad que no contemple cómo atender adecuadamente las cuatro brechas.

Es imperioso que el nuevo gobierno pueda recuperar lo mejor de las tradiciones nacionales populares y progresistas, corregir lo que se hizo mal, avanzar en lo que faltó, adaptarse armoniosamente a las circunstancias actuales para hacer los cambios profundos que nos permitan un país más integrado y más justo. Sin dudas construir un Plan Fénix 2 será una valiosa contribución en esa epopeya necesaria.

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Artículos de este número

Alejandro Vanoli
Del Plan Fénix (2001-2002) al Plan Fénix 2 (2019-2020)
Alberto Müller
El Plan Fénix y un proyecto para la Argentina
Roberto Lampa y Nicolás Hernán Zeolla
Argentina 2015-18: un ciclo corto de crecimiento impulsado por las finanzas
Ricardo Aronskid
La Argentina en la globalización
Carlos Weitz
Una propuesta de cambio en el modelo regulatorio financiero argentino
Martín Navarro
Trabajo, desarrollo y economía popular
Sebastián Soler
El endeudamiento durante la presidencia de Mauricio Macri
Sergio Woyecheszen
Aportes para la planificación del cambio estructural en Argentina
Juan Ignacio Balasini
¿Es necesaria una reforma jubilatoria en la Argentina?
Horacio Rovelli
El Estado en el kirchnerismo y en el gobierno de Cambiemos
Delfina Rossi
Pactos sociales para distribuir y crecer
Demian Panigo, Leandro Bona y Pablo Wahren
Contexto internacional, modos de desarrollo comparados y sus enseñanzas para el diseño de la nueva política industrial argentina

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