Todos aquí todo el tiempo: posiciones a favor y en contra de la irrupción de Internet en nuestras vidas

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Todos aquí todo el tiempo: posiciones a favor y en contra de la irrupción de Internet en nuestras vidas

Por Giancarlo Morales Sandoval

La Internet puede ser vista como fuente de oportunidades o como una forma de manipular la vida de las personas. Sea cual fuere la posición que adoptemos, es fundamental meditar acerca de cuánta importancia le queremos asignar. A continuación, los principales argumentos a favor y en contra de la red de redes.

“Este revolucionario digital aún cree en la mayoría de los profundos y lindos ideales que energizaron nuestro trabajo hace ya muchos años. En el núcleo estaba una dulce fe en la naturaleza humana. Si le dábamos poder al individuo, creíamos, el resultado serían más cosas buenas que malas. La manera en que Internet ha decaído desde ese momento es verdaderamente perversa. La fe central en el temprano diseño de la web ha sido superada por una fe diferente en la centralidad de entidades imaginarias epitomizadas por la idea de que Internet en su totalidad se está volviendo un ser vivo y se está convirtiendo en una criatura superhumana. Los diseños guiados por esta nueva y perversa fe ponen a la gente de nuevo en las sombras. La moda de la anonimidad ha deshecho la gran apertura de las ventanas de todos de los ’90. Mientras que esa reversión ha empoderado a los sádicos hasta cierto punto, el peor efecto es la degradación de la gente común”.

Jaron Lanier, You are not a Gadget

 
Redactor de Wazzabi y Asistente de Investigación en IDIC: Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima.


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La irrupción de Internet en la vida de las personas plantea tanto problemas serios como banales entre las personas. Sin embargo, es difícil no remitirnos a las cabezas de opinión sobre el tema y tratar de entender sus puntos de vista con la seriedad merecida.

Para muchas personas, Internet no presenta ninguna clase de irrupción en sus vidas. Es algo común que, como el periódico o la televisión previamente, presenta una novedad que tiene muchas oportunidades para ser explotada. Dejada sola, esta idea no-crítica de la tecnología naturaliza a Internet y la hace suya. Es sólo natural que Internet esté aquí.

Para otro conjunto de personas, Internet presenta una serie de complejos problemas que deben ser resueltos antes de que pensemos en Internet como una clase de herramienta venida de los cielos. Bajo este enfoque no sólo Internet y la tecnología en sí son sospechosos número uno. Cada una de estas cosas puede ser manipulada.

La primera posición esbozada aquí puede ser definida como tolerante, pero tendremos en cuenta una variante exagerada de esta posición. Hablaremos de la posición tecno-utópica, la que sólo ve a Internet como fuente de oportunidades y cosas dignas de ser explotadas.

La segunda posición, por otra parte, puede ser denominada como crítica y tiene antecedentes de mucha vigencia en la academia. Podemos encasillar a la Escuela de Frankfurt por aquí. Las teorías críticas siempre han estado atentas a cualquier clase de ideología subyacente.

Ambas posiciones tienen representantes que vale la pena rescatar. Sin embargo, elegiremos sólo dos teóricos que esgriman una posición representativa de ambos bandos. Por el lado tecno-utópico, tolerante o simplemente optimista, tenemos a Steven Johnson. Por el lado crítico tenemos a Evgevy Morozov.

Por supuesto, estamos dejando atrás a una larga lista de teóricos de los nuevos (viejos) medios. Polemistas y optimistas como Jaron Lanier, Nicholas Carr, Jeff Jarvis, entre otros. Pero rescatamos a las figuras de Johnson y Morozov porque ambos presentan dos tendencias que creemos son dignas de salvar en cualquier confrontación de posiciones.

La activa y la reactiva. Por su parte, en la lectura de Futuro Perfecto se logra discernir algunas de las características que hacen de Johnson una fuerza activa, tales como la creación de una clase política interconectada que él llama el progresismo de pares (peer-progressivism). Por otra parte, vemos en Morozov algunas de las tendencias críticas que tienden a diagnosticar en vez de proponer. En su The Net Delusion es Morozov el que propone el término para designar a los optimistas de Internet: ciberutopianismo (cyberutopianism) fue el nombre que les obsequió.

Las posiciones descritas aquí son fuertes debido a que constituyen tanto un ataque como una defensa de Internet como un nuevo medio. Aunque el mismo Morozov le pondría comillas a este último para denotar su capacidad de significar todo y nada al mismo tiempo, Internet debe ser aprehendida mediante ambas posiciones para obtener una visión que abarque tanto los aspectos negativos como positivos de la red. En muchas instancias, los teóricos aquí presentados proponen, más que un plan, maneras de pensar sobre la tecnología que ahora está en nuestras vidas.

Internet no salvará nada: Evgevy Morozov

“Dado a que la tecnología, como el gas, llenará cualquier espacio conceptual que se le provea, Leo Marx, profesor emérito en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), lo describe como un ‘concepto peligroso’ que puede ‘parar y ofuscar el pensamiento analítico’. Él nota, ‘debido a su peculiar susceptibilidad a la reificación, hasta ser dotada con el poder mágico de ser una entidad autónoma, la tecnología es una gran contribuidora al sentir impotencia política. La popularidad de la creencia de que la tecnología es la fuerza primaria que forma el mundo posmoderno es una medida de nuestra negligencia moral y estándares políticos, al momento de tomar decisiones sobre la dirección de la sociedad”.

Evgevy Morozov, The Net Delusion

¿Qué hacemos cuando algo nuevo entra a nuestras vidas? Es lógico que algunos adopten este algo y otros lo rechacen. Otros lo mirarán con indiferencia. Sin embargo, en cuanto a discursos sobre Internet, nos encontramos con que, frecuentemente, estamos frente a un exceso de entusiasmo que inevitablemente lleva a cierta ingenuidad por parte de los que han adoptado lo nuevo.

Con respecto a Internet, nadie esgrime una posición más agresiva que Evgevy Morozov. El teórico ruso que se ha ganado el apodo de enfant terrible no tiene nada más que malas cosas que decir sobre la red. Esto es tanto algo bueno como malo para nosotros. Gracias a su potente y acerba prosa, Morozov se ha ganado el respeto de sitios como The Baffler y The New York Times, llegando a ser editor de The New Republic sin muchos problemas. Morozov es el favorito de la nueva ola de contestatarios gracias a su directa, y hasta ofensiva, manera de decir “La retórica de la red es inservible”.

Esto, a su vez, hace que Morozov defienda una posición que no está libre de bagaje retórico. Sus posiciones tienden a ser exageradas y sus opiniones tienden a ser increíblemente detalladas. No hay ninguna clase de duda de que es el crítico de la red por excelencia.

Sin embargo, la posición retórica que Morozov defiende sirve en el campo discursivo dado que lo balancea. Mientras que muchas personas –entre ellos Tim O’Reilly, al que Morozov ha criticado muchas veces– alaban el poder de la red, personas como Morozov declaran, con igual exageración, que la red, efectivamente, tiene poder, pero hay actantes que tienen más poder sobre esta.

La desmitificación de la red es uno de los trabajos que Morozov ha tenido en su plato en los últimos años. La red da esperanza y da soluciones que no están. La ingenuidad del discurso pro-Internet es que, según Morozov, trabaja como un polvo de hadas que arregla todo. ¿Puede la red, verdaderamente, salvar lo que no hace falta salvar?
Morozov se preocupa por el campo discursivo y el rol que tienen los medios en crear representaciones erradas de la red. Tomemos, por ejemplo, el caso que plantea en The Net Delusion relacionado con la Primavera Árabe.

De acuerdo con Morozov, los órganos de opinión exageraron el poder de convocatoria de plataformas como Twitter y la declararon como un factor importante, y esencial, en que la gente haya ido a las manifestaciones.

Esta imagen que tiene Internet de ser un “poder de cambio” es lo que Morozov quiere criticar con severidad. Esta clase de representación obvia factores (como la convocatoria boca a boca, entre otros) a favor de una exageración de las facultades de la red. No es difícil ver su punto. Día tras día la tecnología parece arreglar las cosas con un poder maravilloso y fuera de este mundo. El trabajo de Morozov es hacernos pisar tierra.

La representación mediática de Internet, promovida por varios teóricos previamente mencionados, tiene un efecto de bola de nieve. Esencialmente, estamos creyendo un cuento que tiene como fundamentos las palabras del último gurú de Silicon Valley. La rimbombancia retórica de estas personas, las cuales marcan tendencias de opinión, es la que Morozov quiere atacar.

Frases como “cambiar el mundo” o “disrupción tecnológica” deben ser vistas como las figuras retóricas que son. En bocas de personas con suficiente empuje, estas oraciones obtienen un significado cuasi-religioso. Pero según Morozov, “Internet” no salvará nada.

En términos generales, podemos emplear una perspectiva morozoveana para criticar un objeto discursivo relacionado con la red. Tomemos como ejemplo el discurso alrededor de los MOOCS (Massive Open Online Courses) No trataremos de averiguar su viabilidad como reemplazo de una educación universitaria. En cambio, vale la pena analizar cómo se habla de estos. ¿Cambiarán el mundo? ¿Revolucionarán la academia? ¿La academia se hará obsoleta?

Desde una perspectiva morozoveana, estas preguntas están jugando desde un lado que sólo escoge ver los aspectos positivos de algún objeto. El fracaso como elemento discursivo está dejado a un lado y el eterno optimismo toma su lugar.

Estas preguntas carecen de una correcta evaluación de los elementos alabados. Lo que Morozov trata de hacer es tomar el plano discursivo y hacerlo aterrizar. A veces es injusto; la gran mayoría de las veces, sin embargo, está en lo correcto.

La desmitificación como herramienta se ve claramente en el artículo que Morozov escribió sobre Tim O’Reilly, gurú de las nuevas tecnologías. Un ataque concentrado en una persona que ha tomado el plano discursivo como su punto de partida para esperanzarnos sobre la red. Es por este tipo de trabajos que Morozov es conocido. Se pueden apuntar instancias en que su trabajo ha logrado aportar una nueva perspectiva a los temas relacionados con la tecnología. Si bien la prosa directa a veces puede desentonar, las críticas de Morozov –que van desde el yo cuantificado hasta la cultura maker– consisten en cuestionar lo que damos por sentado gracias al plano discursivo.

Morozov es el crítico de la red por excelencia.

El poder de la red: Steven Johnson

“Ser un par progresivo, entonces, es creer que la clave para el progreso continuo está en la creación de redes de pares en tantas regiones de la vida moderna como sea posible: en educación, sistemas de salud, vecindarios de ciudades, corporaciones privadas y agencias gubernamentales.
Lo que los pares progresivos quieren ver es un cambio fundamental en la arquitectura social de estas instituciones, no solo una estrategia web”.

Steven Johnson, Future Perfect

Si bien las controversias por el lado discursivo emergen rápidamente gracias a la perspectiva de Morozov, elegimos resaltar también a una de las personas que más ha sistematizado sus posiciones con respecto a la red. Steven Johnson, ex estudiante de Semiótica convertido en teórico sobre la red, es esta figura.

Johnson no es propiamente un tecno-utópico como los que Morozov señala con desdén, pero Johnson opta mayormente por un enfoque que resalta los aspectos positivos de la red en lugar de denunciar sus falencias. La posición de Johnson está bien presentada en su libro Futuro Perfecto. Este es un libro que el mismo Morozov ha discutido y destruido, pero a diferencia de la simple retórica que caracteriza al bando tecno-utópico, la clara exposición de Johnson ofrece una alternativa política, algo de lo que carecen otras posiciones.

Al tomar en serio a la red, Johnson esboza una clase de colaborativismo que sólo se ha logrado gracias a Internet. La interconexión y nuestra manera de resolver los problemas han sido revolucionadas por las nuevas tecnologías. Esto es claro en un ejemplo como el crowdsourcing, algo que no tarda en resaltar mediante el ejemplo de Kickstarter. Este es un lugar donde las películas pueden ser financiadas mediante el mismo público que las quiere ver.

La idea de colaboración entre actores nos lleva a las ideas de Bruno Latour y Laszlo Barabasi sin mucha presión. Sin embargo, lo que aporta Johnson son antecedentes de que esta manera de vivir verdaderamente funciona. Su lúcida exposición de un sistema rizomático aplicado a la vida real busca extrapolar cómo la red ha funcionado en el mundo desde antes de su invención.

Esta clase de ideas lleva a Johnson a formular una nueva posición política, la cual él llama los pares progresivos (peer progressives) derivados de redes de pares (peer networks). Bajo esta posición política, las estructuras jerárquicas son dejadas a un lado a favor de una organización del tipo enjambre o rizomática. No hemos mencionado a Deleuze hasta ahora, pero las ideas de Johnson tienen precedentes en el filósofo francés, algo que dejará a cualquier foucaultiano riendo.

La posición positiva de Johnson tiene una dosis de tecno-utopía, pero a su favor, Johnson trata con todas sus fuerzas de declinar entrar a modo de porrista. Su discurso quiere estar en el medio y tratar de complacer a críticos como Morozov y a los tecno-utópicos. Sin embargo, la virtud de Johnson es que rescata el rol emancipatorio y colaborativo de la red en tanto sea utilizada como una fuerza colaborativa y no pueda ser manipulada por terceros.

Un panorama desde dos puntos (y un tercero presente)

El campo discursivo, abordado gracias a la presencia de estas dos posiciones, puede ser rescatado o mutilado dependiendo de nuestras preocupaciones. Lo cierto es que la gravedad de la irrupción de Internet en nuestras vidas nos llama a tener una perspectiva que evalúe bien los pros y los contras. No sabemos con seguridad el poder de la red, pero tampoco hemos de quitarle todo rastro de significado. Algo que es cada vez más cierto, tanto en la perspectiva de Morozov como en la de Johnson, es que a fin de cuentas partimos de la emancipación de la persona como base para cualquier uso de la red. Es aquí donde debemos insertar un momento a Jaron Lanier y extrapolar algunos de sus pensamientos en relación con el tema de la libre circulación de información.

En un Q&A sobre su libro You are not a Gadget, Lanier explica su posición con respecto a la libertad de información:

“[El problema con la frase ‘la información quiere ser libre’] es que antropomorfiza a la información. La información no merece ser libre. Es una herramienta abstracta; una fantasía útil, una nada. Es no-existente hasta que, y si es que, una persona la experimenta de una manera útil”.

Internet, como la información, es útil en tanto esté controlada y mediada por nosotros. Como Lanier lo pone, le hemos dado demasiado privilegio a Internet, la hemos exagerado a tal punto que cualquier señal de que sea otro medio más se ha evaporado. Estemos en contra o a favor de la red en nuestras vidas y cómo las afecta, debemos meditar primero sobre el poder de escoger qué tanta importancia le damos.

Internet, al igual que la tecnología, sólo se convierte en una preocupación o una alegría si se la deja.

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