Sonidos que desafían formas de vida. Reflexiones y experiencias de economía social y solidaria en medios de comunicación comunitaria

Sonidos que desafían formas de vida. Reflexiones y experiencias de economía social y solidaria en medios de comunicación comunitaria

Por Colectivo La Tribu

Las grandes empresas de medios toman a la noticia como mercancía. La propuesta de los medios de comunicación comunitaria busca ampliar el lugar de emisión. Es una práctica que no está exenta de tensiones, pero la intención es construir desde la autonomía, del compromiso de compartir y no competir, del fomento al diálogo. Distintas maneras de apostar por el cambio social.
 



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¿Cómo tejer nudos que abracen la economía social y solidaria con los medios de comunicación comunitarios? Creemos que es un desafío nombrar aquello que en la práctica parece estar implícito. Fue en un número anterior de Voces en el Fénix que leímos un artículo de José Luis Coraggio en el que decía: “...la Teoría de la Acción Racional afirma que todas las actividades humanas que pueden generar negocios privados deben organizarse como mercados, así sean la educación, la salud, la vivienda, la seguridad, las artes, los afectos, la protección...”. Y supimos que teníamos un punto de partida.

¿Por qué? Porque la comunicación social también fue entendida en estos términos y así se consolidaron los monopolios mediáticos que hoy conocemos. La empresa de medios tomó la noticia como mercancía, le puso precio a la audiencia en busca de más pauta publicitaria, se organizó jerárquicamente desde los dueños, o accionistas del medio, hasta quienes dejan creatividad y palabras en aquella construcción de la realidad.

Así como se le agregó el adjetivo “social” a la economía que busca crecer, desarrollarse y cooperar por fuera de la lógica de la acumulación capitalista, en paralelo a aquellas empresas de comunicación llamadas “medios”, se fueron generando otras prácticas de comunicación social que según el contexto geográfico o histórico se autodenominaron como “comunitarias”, “alternativas”, “populares”, “sociales”, “ciudadanas”, “libres”. Este “otro” tipo de medios nació con el objetivo de generar un cambio social desde la disputa de sentidos. Es comunicación gestionada por personas de la sociedad civil o por agrupaciones, movimientos sociales, que se caracteriza por tener formas asamblearias u horizontales de organización y por estimular la participación tanto en la programación como en la construcción de decisiones al interior de los colectivos.

AIRE: Nos reúnen objetivos políticos, placeres comunes, hartazgos del funcionamiento del mundo, la radio como soporte plausible de bellas artes y transformaciones. Nos reúne la búsqueda del buen vivir y la experimentación de formas de estar juntos sin verticalismos, órdenes y patronales. El motor de nuestras acciones son los acuerdos colectivos y no el temor a ser castigados o despedidos. Un modo formal de decirlo es “sin fines de lucro”. ¿Acaso hay un valor hora asignado para la tarea de hacer espacio en una parte de nuestra casa donde recibiremos donaciones que luego se enviarán a un barrio inundado por la falta de obras públicas?

Laboratorio de formas de hacer

La propiedad de este tipo de medios es colectiva. La propuesta a nivel comunicacional busca ampliar el lugar de emisión, quebrar la lógica del star system donde se presentan figuras que convocan tanto audiencia como anunciantes. La pluralidad, la democratización de la comunicación no son palabras nuevas, ni figuritas intercambiables: la voz que se escucha por los parlantes, los cuerpos que se proyectan, las manos que redactan en los medios comunitarios, alternativos, populares, están ejerciendo ese derecho a la comunicación que levantan los medios sociales como bandera. Como parte del proceso comunicativo, este tipo de medios rompe con la lógica del receptor pasivo y propone un diálogo. Si existe un diálogo es también un reconocimiento de la palabra de quien quiera participar y no es considerada un/a espectador/a susceptible de ser vendido/a a un anunciante.

Algo así como un “hacer responsable” que iguala al otro en su invitación a ser parte. Pero también lo compromete a hacerse cargo, a ser acción, a tomar su lugar en el diálogo. Porque el consumo responsable de los medios también se vive activamente, con pensamiento crítico y participación. Y en su hacer los medios comunitarios deben provocar y escuchar para transformarse.

La autogestión colectiva imprime una lógica al interior de los colectivos de comunicación comunitarios que escapa a la organización por el mercado y permite vincularla con las experiencias de economía social y solidaria.

En ellas, las decisiones no suben ni bajan, se construyen y se hacen cuerpo. No hay jefes ni dueños. El diálogo se reproduce hacia el interior de las organizaciones que caminan hacia la horizontalidad. Las normas se crean colectivamente. El camino así planteado se transforma en un aprender constante. La organización se convierte en un laboratorio de modos de vida cuya primera herramienta de experimentación es la propia forma de relacionarse.

AIRE: No somos medios privados ni públicos. Somos comunidad ejerciendo el derecho universal a la comunicación. Nos pensamos en cuatro dimensiones: política, organizacional, comunicacional y económica. Buscamos que las cuatro caminen en coherencia y armonía. ¿O acaso se puede pretender revolución y depender económicamente de, por ejemplo, la pauta oficial? Las fuentes diversas de financiar el proyecto son la herramienta para la independencia y la autogestión. Puede ser mediante publicidad, hacer una fiesta, gestionar un bar o editar libros y discos. A su vez, estas son formas de comunicar una política, un modo de estar en el mundo. Intentamos que cada idea que nace pueda responder a las preguntas abiertas por las dimensiones: ¿Por qué lo hacemos? ¿Cómo nos organizamos para su realización? ¿Cuál es el soporte más efectivo? ¿Cómo lo vamos a financiar? Por ejemplo: a partir del asesinato del militante Mariano Ferreyra, decidimos hacer un disco convocando a artistas a reflexionar sobre lo sucedido. Articulamos el proyecto con la familia del militante, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (a quien se donó lo recaudado), los músicos y un artista plástico. Entendimos que en este caso las canciones podían más que mil panfletos, a la vez que abrían una discusión con el propio público de cada artista convocado. Se financió mediante la colaboración anticipada de las personas que confiaron en el proyecto, incluidas organizaciones sociales que lo comprendieron como una herramienta para difundir la lucha contra las burocracias sindicales, la represión policial y el trabajo precario. ¿Cuánto se supone que debe costar el disco, eslabón último de una cadena de producción solidaria, voluntaria, afectiva? ¿Cuánto vale la noche desvelada de un artista buscando la letra para esta obra?

Leyes hechas y por hacer

Mientras las legislaciones locales avanzan en algunas provincias por una Ley de Economía Social y Solidaria, distintas agrupaciones, organizaciones y colectivos comenzaron a trabajar en la generación de una propuesta que pudiera abarcar estas prácticas a nivel nacional y que fuera abordada desde una perspectiva que avanzara en la construcción de una nueva institucionalidad, no ya enmarcada dentro de la economía dominante sino aquella que “exprese los valores y las prácticas de esta nueva economía” que se vienen desarrollando desde cooperativas de trabajo, emprendimientos asociativos, fábricas recuperadas, medios comunitarios de comunicación, redes de comercio justo, movimientos campesinos, entre otros.

Desde el plano de la regulación formal, se tomaron los principios de la economía social y solidaria para entender los puntos pendientes de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Fue así que la campaña 365D –www.365d.org– entre sus cuatro exigencias hacia la ley expuso: que los medios comunitarios, alternativos y populares sean reconocidos en sus condiciones de gestión social y solidaria. De esta manera se propuso que estos medios sean eximidos de la obligación de contar con personal profesionalizado y/o matriculado, para respetar el derecho a la libertad de expresión de cualquier persona, sin importar su formación; se instó a avanzar en la distribución de la pauta publicitaria oficial, y se reclamó que las asociaciones de hecho que no cuenten con personería jurídica pero que garanticen el derecho humano a la comunicación en proyectos comunitarios, alternativos y populares tengan reconocimiento, entre otros puntos.

Es que, necesariamente, toda ley les pone un marco de acción a nuestras prácticas y dependiendo del contexto y la división de fuerzas a la hora del debate ese marco se puede acercar en mayor o menor medida a lo que previamente hacemos. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede servir de ejemplo a la hora de los debates que buscan acordar mecanismos relativos a una Ley de Economía Social y Solidaria. Con todos sus aciertos, los reclamos parten de la concepción y realización de una práctica que nació, se desarrolló y consolidó por fuera de cualquier marco legal y que una vez reconocida pretende sostenerse sobre sus principios.

AIRE: Una casa de puertas abiertas cambia la dimensión de la ciudad y la lógica mercantil que suele regir la circulación urbana. Se puede estar sin consumir. Es un espacio donde ocio y trabajo se reúnen, las horas laborales se confunden con las libres y el locutor de un programa de radio puede estar barriendo el piso. La combinación de trabajo, placer y militancia también puede ser tensa: ¿cuándo termina la participación diaria de un proyecto que atraviesa la vida? ¿Hay algo de autoprecarización en la cantidad de cosas que hacemos? ¿Hasta dónde nos damos la propia forma y hasta dónde nos forman las legislaciones vigentes para la actividad?

Desafíos y debates

Si bien uno de los desafíos actuales de las radios comunitarias tiene que ver con las condiciones que le reclama la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual a la hora de acceder y sostener una licencia para transmitir, también la lucha de estas radios apunta a que esas condiciones se parezcan lo más posible a lo que han sido sus prácticas históricas. Las condiciones laborales, la relación con los sindicatos, la profesionalización de sus integrantes son algunas de las cuestiones a dirimir.

Al mismo tiempo, otro de los ejes a tener en cuenta es la problematización misma del concepto de “trabajo” que estos medios llevan adelante. El hecho de entender su organización a través de otras lógicas, distintas de las del mercado capitalista, nos plantea el desafío conjunto de generar nuevas herramientas para su abordaje, sin que estas devenguen en condiciones laborales flexibilizadas. En organizaciones donde prima el trabajo voluntario y la realización de labores tiene más de participación que de trabajo, más de militancia que de producción, la complejidad que adquiere el debate es grande.

Más allá de la impronta que se encuentra en el origen de estos medios, actualmente, la proliferación de organizaciones de este tipo que eligen conformarse como cooperativas nos plantea, entre otras cosas, la necesidad de actualizar al interior del movimiento el debate acerca de la cuestión del trabajo. Además, la búsqueda de ampliar los círculos de radioparticipantes genera la discusión acerca de las condiciones y la duración de la participación en este tipo de medios. La predisposición a realizar voluntariamente gran parte de las labores muchas veces atenta contra la necesidad de sostener y profundizar la continuidad de quienes mantienen tanto el aire como la gestión de estas organizaciones.

AIRE: Solemos cubrir al aire los conflictos laborales y las luchas de los trabajadores por mejores condiciones. A su vez, quienes participamos de este espacio decidimos escapar lo más posible a las lógicas del mercado laboral. El trabajo en relación de dependencia no dignifica. El consumo tampoco. Sin embargo, acompañamos los reclamos que muchas veces exigen mayor capacidad de adquisición de productos y servicios. ¿Existe en espacios sindicales la pregunta acerca de cómo se quiere vivir, cómo se quiere habitar tiempo y espacio? Desde ya que primero deben estar las necesidades básicas cubiertas, pero quizás esto sea sólo un objetivo específico dentro de una aspiración vital que debe ser mayor a la supervivencia material.

Cada nuevo emisor…

Talleres para construir antenas, transmisores caseros, encuentros para debatir la situación actual ante la ley, capacitaciones colectivas, intercambio de archivos, producciones conjuntas… Un mapa cotidiano de intercambios en redes de comunicación alternativa, comunitaria, popular. Si uno de los anclajes del sistema capitalista es el de la competencia y el éxito individual, será el trabajo colectivo, la cooperación, la lógica de la complementariedad, lo que dé cuenta de esta “otra economía” y “otra comunicación” posibles. Cuando los medios comunitarios, alternativos, populares, trabajan en red están apoyando la formación, desarrollo y crecimiento de más medios que puedan dar una disputa en la construcción mediática de subjetividades.

Si la propiedad privada es el sustento del capitalismo, es la propiedad colectiva la que rige en estas experiencias. Propiedad colectiva tanto de los medios de producción como de las producciones simbólicas que genera cada intervención. Compartimos notas, entrevistas, audios, imágenes, podcast, contactos, agendas, producciones, fotografías. Hacemos circular aquello que emitimos al aire, escribimos en nuestros portales o editamos en videos. Entendemos la información y la producción cultural como bienes comunes, por eso tenemos la certeza de que compartir no es delito.

Si creemos que es fundamental organizar nuestro mundo desde otras lógicas y que todo lo que engloba la economía social y solidaria puede ser un buen puntapié inicial, dentro de los medios de comunicación, hay muchas organizaciones que están construyendo una larga historia sobre sus principios. A partir de la autogestión colectiva, de la intención de construirse desde la autonomía, del compromiso a compartir y no competir, del fomento al diálogo y de las puertas abiertas, ellas también apuestan por el cambio social.

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Voces en el Fénix Nº 38
Historias Extraordinarias

Economìa Social y Solidaria

Artículos de este número

Jeannette Sánchez
Políticas públicas para la economía social y solidaria en un contexto de transformación productiva: el caso ecuatoriano
Paul Singer
La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo en Brasil
Alberto Gandulfo
Finanzas solidarias en la profundización del proyecto nacional y popular
Andrés Ruggeri
Una aproximación a las empresas recuperadas por sus trabajadores
Mirta Vuotto
La economía social y las cooperativas en la Argentina
Pablo Imen
El cooperativismo transformador y la batalla cultural
Ariel Fontecoba y Gustavo González
Los desafíos de la producción autogestiva en la Argentina
Antônio Cruz
El encuentro de los saberes en la construcción de la economía solidaria. Las incubadoras tecnológicas de cooperativas populares en Brasil
Rodolfo Pastore
Construyendo espacios universitarios de formación de actores de la economía social y solidaria. Reflexiones desde una práctica académica-territorial
Daiana Páez y Lorena Putero
Los bachilleratos populares: educando para otra economía
Roberto Killmeate y Hans Schulz
El Mercado de la Estepa en la provincia de Río Negro, Argentina. Un mercado asociativo de las mesetas patagónicas
Luciana García Guerreiro
Intercambios que transforman. La experiencia de las ferias francas de la provincia de Misiones
Inés Arancibia
Políticas de desarrollo territorial con inclusión. Las “deudas” pendientes de una experiencia de gestión en la provincia de Buenos Aires
María Adela Plasencia
Las experiencias de monedas sociales en la Argentina
Marcos Pearson
Las cooperativas y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: no hay otra economía sin otra comunicación
Colectivo de Comunicación de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Cuyo, Movimiento Nacional Campesino Indígena
Economía Social y Comunicación Popular. Aportes desde la experiencia del Movimiento Nacional Campesino Indígena
Colectivo La Tribu
Sonidos que desafían formas de vida. Reflexiones y experiencias de economía social y solidaria en medios de comunicación comunitaria
Adhemar Bianchi
Grupo de Teatro Catalinas Sur. Una experiencia de ESS en el Arte.

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