Sindicalismo y derechos humanos: actores, agendas y estrategias

Sindicalismo y derechos humanos: actores, agendas y estrategias

Por Ana Natalucci

Hasta mediados de los ‚Äô90, las organizaciones del mundo gremial y las del movimiento de derechos humanos tomaron v√≠as paralelas. Con el surgimiento de una nueva generaci√≥n militante, representada en la organizaci√≥n H.I.J.O.S., se reactualizaron los v√≠nculos entre algunas de ellas. Un segundo hito ocurri√≥ durante los primeros a√Īos del gobierno de N√©stor Kirchner.
 
Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora Adjunta del CONICET con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Directora del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política (IIGG/UBA). Docente de grado y posgrado UBA


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La relaci√≥n entre los sindicatos y los derechos humanos como actores ha sido compleja y atravesada por las biograf√≠as de los dirigentes y, sobre todo, por sus posiciones respecto de los ‚Äô70. Se pueden observar tantas particularidades como nucleamientos sindicales se han organizado en los √ļltimos a√Īos, que pueden identificarse en tres grandes grupos: el sindicalismo peronista nucleado en la CGT, el sindicalismo de movimiento social ligado a la CTA y el sindicalismo clasista. Hasta los ‚Äô90, el sindicalismo y el movimiento de derechos humanos tomaron v√≠as paralelas; sin embargo, desde mediados de aquella d√©cada, la emergencia de una generaci√≥n militante trajo algunas novedades.

El cruce entre sindicalismo y derechos humanos es un tema poco abordado desde las ciencias sociales, requiere no solo de la interdisciplinariedad sino tambi√©n de considerar m√ļltiples variables y particularidades en juego. ¬ŅNo hay al respecto un silencio parad√≥jico, si pensamos que la causa de los derechos humanos tuvo un significativo punto de inflexi√≥n a partir de la √ļltima dictadura militar, cuando los trabajadores y sus dirigentes fueron sumamente afectados? Seg√ļn los datos de la Conadep, alrededor del 55% de los desaparecidos fueron trabajadores, entre obreros, docentes, empleados y periodistas. Asimismo, muchos dirigentes sindicales fueron encarcelados durante los ocho a√Īos de la dictadura militar. Entonces ¬Ņc√≥mo entender los v√≠nculos entre los sindicatos y el movimiento de derechos humanos?

A fines expositivos, aun con el riesgo de ser demasiado general, propongo el siguiente ejercicio de reconstrucción histórica, revisitando acontecimientos significativos que nos permitan indagar en la intersección entre el mundo sindical y el de derechos humanos, allí donde se articulan actores, agendas y estrategias.

Sindicatos y movimiento de derechos humanos: caminos paralelos

La relaci√≥n de sindicatos y movimientos de derechos humanos no empez√≥ en los ‚Äô80, sino que tiene algunos antecedentes ya desde 1976. Es sabido que la dictadura suspendi√≥ el derecho a huelga, las convenciones colectivas y reprimi√≥ cualquier intento de conflictividad laboral, incluyendo la detenci√≥n y desaparici√≥n de dirigentes como la intervenci√≥n sobre los sindicatos. En estas circunstancias, los sindicatos ten√≠an m√≠nimas condiciones para ofrecer una resistencia organizada a la dictadura. Aun as√≠, desde 1979 se incrementaron las protestas sindicales bajo el liderazgo de Sa√ļl Ubaldini: los paros generales de 1979 y 1981; la marcha ‚ÄúPaz, pan y trabajo‚ÄĚ a San Cayetano, el 7 de noviembre de 1981, y la marcha a Plaza de Mayo, el 30 de marzo de 1982. Paralelamente, los familiares de los detenidos-desaparecidos se hab√≠an organizado desde 1977 para pedir su aparici√≥n, como tambi√©n la restituci√≥n de los ni√Īos nacidos en cautiverio. Las rondas de las Madres de Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada se convirtieron en el s√≠mbolo mundial de la lucha por los derechos humanos.

Ese paralelismo entre los dos actores de alguna manera se volvi√≥ insuperable cuando el entonces candidato a la presidencia de la Naci√≥n Ra√ļl Alfons√≠n denunci√≥ el pacto sindical-militar, que supuestamente garantizaba la impunidad a los militares responsables de los cr√≠menes de lesa humanidad si el Partido Justicialista llegaba a ganar las elecciones. La quema del ata√ļd por parte de Herminio Iglesias, en el cierre de la campa√Īa del PJ el 28 de octubre de 1983, reforz√≥ la imagen de un sindicalismo fuera de tiempo, quedando a su vez descolocado frente a la promesa electoral de Alfons√≠n de investigar los cr√≠menes cometidos durante la dictadura. Aquel pacto fue desmentido tiempo despu√©s en documentaci√≥n desclasificada por el U.S. Department of State; sin embargo, cumpli√≥ un rol decisivo en el imaginario fundacional que promov√≠a la UCR sobre la necesidad de dejar el pasado atr√°s para la construcci√≥n de una sociedad democr√°tica. El ‚Äúentusiasmo democr√°tico‚ÄĚ, como denomin√≥ Mar√≠a In√©s Gonz√°lez Bombal a este per√≠odo, propon√≠a recrear un orden pol√≠tico borrando el pasado. Eso inclu√≠a a los sindicatos peronistas, que eran identificados como el principal adversario pol√≠tico a superar.

Estas disputas al interior del campo pol√≠tico fueron claves para una estrategia de silenciamiento de esta historia, que incluye el desconocimiento de que dirigentes como V√≠ctor De Gennaro (de la Agrupaci√≥n Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociaci√≥n Trabajadores del Estado ‚ÄďANUSATE‚Äď), Roberto Dig√≥n (del Grupo ‚ÄúLos 25‚ÄĚ, que tambi√©n integraba Sa√ļl Ubaldini), o Alberto Piccinini y Raimundo Ongaro (de la CGT de los Argentinos) fueron integrantes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), en la que conflu√≠an con dirigentes peronistas y radicales e integrantes de todas las religiones. Ya en 1979, ‚ÄúLos 25‚ÄĚhab√≠an publicado documentos donde manifestaban su preocupaci√≥n por la agenda de los derechos humanos respecto de los detenidos a disposici√≥n del Poder Ejecutivo, la desaparici√≥n de dirigentes sindicales como Jorge Di Pasquale y Oscar Smith y la intervenci√≥n a los sindicatos. Todos estos dirigentes pertenec√≠an a los sectores combativos ‚Äďmuchos inscriptos en corrientes de izquierda‚Äďo confrontacionistas del complejo mundo sindical peronista que, junto con los sectores participacionistas o ‚Äúlos ortodoxos‚ÄĚ y los ‚ÄúIndependientes‚ÄĚ, fueron protagonistas de las luchas en los ‚Äô70, aunque no todos v√≠ctimas de la dictadura militar.

Indudablemente, los ‚Äô80 trajeron otra novedad: la reformulaci√≥n de las demandas en el debate p√ļblico. Al mismo tiempo que se desdibujaron las demandas vinculadas con la lucha de clases, se consolid√≥ la demanda por las violaciones a los derechos humanos, conceptualizados como derechos inalienables de los seres humanos. Esta fue representada principalmente por actores que no hab√≠an tenido una fuerte visibilidad hasta entonces en el espacio p√ļblico: el movimiento de derechos humanos y sus organismos (ODH), integrados por familiares y v√≠ctimas directamente afectados por las desapariciones, fusilamientos y detenciones ilegales. Esta composici√≥n, adem√°s del clima de √©poca, fue decisiva en el modo en que fue conceptualizada la demanda por violaciones a los DD.HH. Inscripta en un vocabulario liberal-republicano, resaltaba la figura del ciudadano por sobre la del militante pol√≠tico. En el marco de la difusi√≥n de la teor√≠a de los dos demonios, los ODH dejaron de lado las pertenencias pol√≠ticas y militantes de los detenidos-desaparecidos.

Desde la política y la academia se resaltaba su carácter de nuevo movimiento social frente a un movimiento obrero que había que dejar atrás. En este contexto, el sindicalismo, sobre todo el peronista que siempre ha tenido dificultades para mirar más allá del mundo del trabajo, quedó atrapado en esta encrucijada con pocos recursos para intervenir en el marco de un mundo que cambiaba de modo acelerado al calor del neoliberalismo. De esta manera, el problema de los derechos humanos quedó restringido a los delitos de lesa humanidad, donde los organismos de derechos humanos integrados por afectados directos cumplían un rol decisivo, incluso por sobre organismos como la APDH. El consenso social en torno a los derechos humanos fue clave para pensar el proceso de transición a la democracia. Aquel problema se fue desactivando progresivamente debido la impunidad promovida desde el Estado a partir de la sanción de las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida y los indultos poco después. Aunque de las marchas en su oposición participaban sectores de la izquierda peronista y la CGT, esto no se concretó en una política de articulación estable.

Resumiendo, a finales de los ’80 el campo multiorganizacional se vio fragmentado respecto de sus actores, mientras la causa por los DD.HH. quedaba monopolizada por los ODH. Este rasgo es explicable por la incapacidad del sindicalismo de pensar en demandas no vinculadas al mundo del trabajo y la marca de origen del movimiento de derechos humanos. Ahora bien, este proceso no solo respondía a la lógica de las organizaciones, sino también al fuerte disciplinamiento social vía política económica, que dificultó cualquier tipo de articulación interorganizacional.

Marca generacional

Esa desarticulación del campo multiorganizacional empezó a desdibujarse a partir de la emergencia de una nueva generación militante. Al respecto, hay dos hitos para resaltar.

El primero ocurri√≥ entre 1995 y 1996. El 20¬ļ aniversario de la √ļltima dictadura militar, la aparici√≥n del organismo de derechos humanos Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.) y la convocatoria al espacio Memoria, Verdad y Justicia fueron claves para reactivar la causa de los derechos humanos. Haciendo una r√°pida recapitulaci√≥n, durante 1995 y a prop√≥sito del 20¬ļ aniversario de la dictadura, Madres de Plaza L√≠nea Fundadora convoc√≥ a diversas organizaciones para la organizaci√≥n de la marcha en conmemoraci√≥n. El espacio fue lo suficientemente amplio como para intentar reactivar la causa. Asimismo, las declaraciones de Adolfo Scilingo a Horacio Verbitsky respecto de los vuelos de la muerte fueron decisivas para reinstalar el tema en el debate p√ļblico. Ese mismo a√Īo surgi√≥ H.I.J.O.S., que representaba el primer organismo de afectados directos que no hab√≠an vivido la dictadura, es decir, hab√≠an nacido en esos a√Īos, pero lo que sab√≠an era por transmisi√≥n familiar o generacional. De acuerdo con el argumento anteriormente esgrimido, aunque puede parecer contradictorio que sea un organismo directo el que termin√≥ de activarlas redes con otras organizaciones, hay que considerar varios elementos.

A diferencia de los primeros organismos de afectados directos, como las Madres o Abuelas de Plaza de Mayo, en H.I.J.O.S. hab√≠a una clara reivindicaci√≥n de la lucha. De hecho, uno de sus acuerdos b√°sicos era ‚Äúreivindicamos la lucha de nuestros padres y sus compa√Īeros‚ÄĚ. Otro acuerdo apuntaba a la reconstrucci√≥n de los lazos solidarios desarticulados en la dictadura. Sint√©ticamente, la posici√≥n de la organizaci√≥n implicaba una relectura de la dictadura: su objetivo hab√≠a sido implementar un modelo de exclusi√≥n y para esto hab√≠a sido necesario exterminar una generaci√≥n, cuyo proyecto pol√≠tico era antag√≥nico al de los sectores dominantes. Aquel modelo encontraba en el menemismo una continuidad. En este marco conceptual, H.I.J.O.S. entabl√≥ relaciones de coordinaci√≥n con otras organizaciones y con militantes sindicales, sobre todo pertenecientes a la CTA y al trotskismo. Con todos ellos hab√≠a una base de acuerdo en la oposici√≥n al neoliberalismo, que dejaba afuera a la CGT Azopardo, luego de su viraje neoliberal. Adem√°s, este tipo de articulaci√≥n novedosa no segu√≠a solo una l√≥gica espacial en el √°rea metropolitana, sino tambi√©n en el territorio nacional.

De esta manera, el espacio multiorganizacional se fue complejizando, mientras se sumaban novedosas organizaciones estudiantiles, creadas para oponerse a la Ley de Educaci√≥n Superior, los movimientos de trabajadores desocupados y sindicatos con vocaci√≥n de movimiento social que permit√≠an abrir nuevas articulaciones. Respecto del actor sindical, fue la crisis del trabajo formal‚Äďen el marco de las reformas de mercado‚Äďlo que permiti√≥ que repensara sus demandas m√°s all√° del mundo del trabajo. Asimismo, el inter√©s de este sector del sindicalismo por relacionar la dictadura con el neoliberalismo fue decisivo para que fortaleciera sus v√≠nculos con los ODH.

Estos desplazamientos impactaron en la ampliaci√≥n de la agenda de debate p√ļblico, y si bien cada organizaci√≥n mantuvo demandas particulares, pudieron construir problemas p√ļblicos comunes. En este sentido, ese consenso alfonsinista sobre el derecho a la vida fue complejizado por la responsabilidad del Estado en los cr√≠menes de lesa humanidad, pero tambi√©n en los de violencia institucional, toda vez que el aparato represivo no se hab√≠a desarticulado por completo. As√≠, se fueron articulando demandas de derechos humanos, pol√≠ticas y econ√≥micas. Por estas razones, el espacio multiorganizacional de finales de los ‚Äô90 es bastante diferente de aquel de principios de los ‚Äô80 respecto de la agenda construida y los lazos entre ODH, sindicatos y otras organizaciones. Este primer hito encontr√≥ un punto de cierre parcial en la crisis de 2001.

El segundo hito sucedi√≥ entre 2003 y 2004. El proceso de normalizaci√≥n pol√≠tica luego de la crisis de 2001 y la asunci√≥n de N√©stor Kirchner trajeron varias novedades para el campo multiorganizacional.El ‚Äúbrote de memoria‚ÄĚ, como lo llam√≥ Elizabeth Jelin, fue posible por dos acontecimientos significativos. Por un lado, la anulaci√≥n de las leyes de impunidad, en 2003, junto con la voluntad pol√≠tica gubernamental, abri√≥ la posibilidad de persecuci√≥n penal a los responsables de los delitos de lesa humanidad. Por otro lado, el 24 de marzo de 2004, en el 28¬ļ aniversario de la dictadura, el gobierno nacional anunci√≥ la creaci√≥n del Espacio Memoria y DD.HH., que funcionar√≠a en el predio de un centro de detenci√≥n clandestino de detenci√≥n paradigm√°tico, como la Escuela de Mec√°nica de la Armada (ESMA). Durante el acto, Kirchner se reivindic√≥ como parte de esa generaci√≥n de los ‚Äô70 y, como presidente de la Naci√≥n, pidi√≥ perd√≥n por la impunidad que hab√≠a reinado hasta entonces.

Estos hechos se configuraron como oportunidades pol√≠ticas que ampliaron los m√°rgenes del campo de acci√≥n de los actores colectivos. Como consecuencia de estos cambios, la agenda de derechos humanos atraves√≥ un proceso de institucionalizaci√≥n, que en parte la autonomiz√≥ de sus organismos hist√≥ricos pero que, al mismo tiempo, permiti√≥ que nuevos actores abonaran a su favor. Este es el caso del sindicalismo peronista. En el per√≠odo previo, hab√≠a antecedentes de coordinaciones con la Uni√≥n de Empleados de Justicia de la Naci√≥n (UEJN), cuyo dirigente Julio Piumato era militante peronista y hab√≠a estado preso pol√≠tico durante la dictadura, por lo que siempre hab√≠a sido permeable a este tipo de demandas, favorecido porque algunos militantes de H.I.J.O.S. tambi√©n participaban de la Juventud Judicial. Ahora, con esas oportunidades pol√≠ticas, ocurrieron dos acontecimientos importantes: por un lado, en 2004 Piumato propuso en la CGT la creaci√≥n de la Secretar√≠a de DD.HH. La propuesta ten√≠a un doble eje, el primero de los cuales se orient√≥, en coordinaci√≥n con ODH, a la recuperaci√≥n de las luchas de los trabajadores, delegados y dirigentes gremiales detenidos-desaparecidos por la dictadura militar. El segundo, desde un enfoque multidisciplinario de abordaje de derechos econ√≥micos, sociales, laborales y culturales, impuls√≥ en 2012 la Campa√Īa Nacional de Lucha contra el Trabajo Esclavo y toda forma de Explotaci√≥n Laboral y, en 2014, el Observatorio del Trabajo Forzoso. Por otro lado, en 2010, se cre√≥ la Juventud Sindical. Una de sus primeras actividades p√ļblicas fue participar de la marcha del 24 de marzo, sumado a la organizaci√≥n de visitas guiadas a la ex ESMA y la organizaci√≥n de un Ciclo Cine-Debate sobre la pel√≠cula ‚ÄúVerdades verdaderas‚ÄĚ, sobre la vida y militancia de Estela de Carlotto. Si antes los militantes sindicales peronistas pod√≠an participar de este tipo de eventos, lo cierto es que la conformaci√≥n de la JS reforz√≥ la posici√≥n institucional de la CGT de superar los antagonismos setentistas. El aporte de ambos procesos fue significativo para la ampliaci√≥n de la agenda de los derechos humanos.

Palabras finales

La articulaci√≥n al interior del campo multiorganizacional es una tarea dif√≠cil para las organizaciones, en tanto las obliga a salir de su rutina cotidiana y de sus demandas sectoriales. Los ‚Äô80 significaron una retracci√≥n del campo militante debido al modo en que se proces√≥ la transici√≥n democr√°tica conjugada por el disciplinamiento social v√≠a pol√≠tica econ√≥mica. Desde mediados de los ‚Äô90, debido la emergencia de una nueva generaci√≥n militante y las oportunidades pol√≠ticas creadas en 2003, la causa por los derechos humanos se institucionaliz√≥, es decir, el Estado tom√≥ parte, para lo cual dise√Ī√≥ pol√≠ticas p√ļblicas. La agenda fue incorporando demandas vinculadas a diversas violencias: g√©nero, laboral, social, estatal. Ambas cuestiones fueron posibles por la larga lucha del movimiento de derechos humanos, pero tambi√©n por la intervenci√≥n de otros actores colectivos, como los sindicatos, que contribuyeron a instalar concepciones amplias en torno a los derechos.

Desde ese 1977, en el que un grupo de mujeres caminaba bajo la forma de ronda en la Plaza de Mayo, hasta las multitudinarias marchas en repudio de la dictadura militar y también por la desaparición de Santiago Maldonado, los DD.HH. se construyeron como un pilar de la democracia argentina y punto de encuentro y acuerdo del campo multiorganizacional.

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