Ser mujer, maternidad, sexualidades y lactancia

Ser mujer, maternidad, sexualidades y lactancia

Por Michelle Abigail Mostowski

Existe una idealizaciĂłn cultural que atribuye un rol des-sexualizado a la maternidad. En este contexto se considera a la mujer como un envase, una especie de mĂĄquina suministradora de leche pura y sagrada, dejando de lado la subjetividad propia y la biografĂ­a sexual y afectiva que toda mujer lleva consigo. Para terminar con estas creencias es necesario desarrollar un nuevo paradigma donde la mujer, su sexualidad, su eros, la maternidad y su ser individual converjan holĂ­sticamente para su integraciĂłn.
 
PsicĂłloga (U.N. de CĂłrdoba). Psicoterapeuta. SexĂłloga ClĂ­nica. Especialista en EducaciĂłn Sexual. Coordinadora de la AsociaciĂłn Argentina de SexologĂ­a y EducaciĂłn Sexual Filial CĂłrdoba


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Nos proponemos hacer una lectura de la lactancia materna desde una perspectiva de género, desde una mirada de mujer que sea reflexiva y que no permita el enajenamiento respecto de su identidad en todas las dimensiones que la constituyen, entre ellas su sexualidad ya integrada.

En la concepciĂłn judeocristiana, mujer sacrosanta y sagrada (sometida) es quien concibe un hijo o hija. Derivan de esta concepciĂłn todo el comportamiento de los sistemas de creencias (represiones morales y religiosas, disciplinamientos socio-culturales) respecto de la sexualidad y la maternidad. Contrariando esta concepciĂłn, el sentido de la maternidad es mucho mĂĄs que ser “madre”. Pero tambiĂ©n es importante señalar que en esa palabra se concentra toda una psicobiografĂ­a y mĂșltiples historias que se conjugan en el proceso ininterrumpido de la reproducciĂłn y producciĂłn de la vida.
En los procesos actuales de sociabilidad se colocan en jaque diferentes concepciones que otorgan especificidad a esa categoría social de maternidad. Entonces podemos preguntarnos qué significa y cuål es el sentido de la maternidad en tiempos contemporåneos. ¿Qué marcas y qué registros se interpelan en nuestros cuerpos, en el pensarnos futuras madres de un ser que se estå gestando, se estå preparando a partir de nuestras fantasías y expectativas? Y también mås allå de los cuerpos propios ya que podemos ser madres/padres en lugares y posiciones no convencionales.
Sin embargo, desafortunadamente la reproducciĂłn humana continĂșa siendo la mayor de las veces un hecho predominantemente biolĂłgico-mecĂĄnico, es decir, producto de seres no integrados en conciencia.

A partir de estas preguntas queremos analizar algunos aspectos de la maternidad y su relaciĂłn con la sexualidad. Es comĂșn confundir la categorĂ­a “ser mujer” con “ser madre”.

Entendemos a la sexualidad femenina como una categorĂ­a universal en movimiento con lo particular y el embarazo, el parto y la lactancia como categorĂ­as individuales. AsĂ­, toda mujer tiene sexualidad pero no toda mujer tiene embarazo, parto y amamantamiento. En esa direcciĂłn, se puede ser mujer, con una sexualidad comprometida y disfrutada y no atravesar por la experiencia individual de la gestaciĂłn, parto y lactancia: la mujer es mujer aunque no sea madre.

Las categorĂ­as “ser mujer” y “ser madre” son construcciones subjetivas, singulares, atravesadas por cada psicobiografĂ­a, en diferentes contextos socioculturales y econĂłmicos. No existe “La Mujer” o “La Madre”: en palabras de Simone de Beauvoir, “no se nace mujer, se llega a serlo”. Asimismo, no existe “La Sexualidad Femenina”. Existen tantas sexualidades como mujeres. Existen, eso sĂ­, los conceptos oficiales (esto es, el conjunto de modelos y mandatos que emergen de la cultura dominante) de mujer, madre y sexualidad. En este contexto (y dentro de nuestra cultura judeocristiana) el objetivo primero y Ășltimo de toda mujer es cumplir con el ideal de ser madre y una buena madre disocia su sexualidad reproductiva de lo recreativo y placentero. Un ejemplo de esto es la relaciĂłn entre lactancia y sexualidad.

El proceso del amamantamiento encierra complejidades y particularidades. Lejos de ser una funciĂłn exclusivamente natural, por el contrario, la cultura la ha naturalizado, desatendiendo una amplia gama de vicisitudes intervinientes en dicha etapa tales como la subjetividad femenina, que atraviesan a cada mujer de un modo Ășnico, individual e irrepetible.

Se considera a la mujer como un envase, una especie de måquina suministradora de leche pura y sagrada. Se reduce entonces a la mujer a un rol estereotipado de madre. Se olvida que por detrås de esa måquina dadora existe una mujer con un cuerpo sexuado y erotizante con toda una subjetividad propia y una determinante biografía sexual y afectiva con particularidades socioculturales y económicas que finalmente otorga o no la disponibilidad para dar de mamar. Pensemos a la lactancia como una posibilidad y una elección, no como un imperativo, no como un deber hacer, al menos para aquellas mujeres cuya condición económica les permite la elección. Pero aun en aquellos casos en que lo económico no es condicionante, el mandato persiste y a menudo genera vivencias y sentimientos ambivalentes: situaciones de conflicto, de dolor, confusión y dificultad para establecer un vínculo satisfactorio entre la madre y su bebé, como consecuencia de no lograr integrar un aspecto vital como la sexo-genitalidad de la mujer a lo largo del período del amamantamiento. Esto se debe, por ejemplo, a aspectos como la disociación cuerpo-psiquismo, temores y fantasías respecto de la estética corporal (imagen y esquema corporal) y creencias populares tales como la de quedarse sin leche luego del juego amoroso, mitos que finalmente impiden a la mujer que desea y que elige amamantar el acceso a una sexualidad placentera e integradora. También existen mujeres experimentando placer y sensaciones claramente sexo-genitales en el momento preciso de dar de mamar, ocasionando fuertes sentimientos de culpa, llevando a la mujer a interrumpir la lactancia de modo temprano y definitivo. Recordemos que Eros, principio de placer, abarca la sexualidad que a su vez es mås amplia que el concepto de genitalidad. La sexualidad es afectividad, potencia deseante, comunicación verbal y no verbal, sensualidad, creatividad; es decir, ese territorio corpo-subjetivo, provisto de emociones, sentidos, sensaciones que incluyen olores, sonidos, tacto, contacto, calor, arrullos, caricias, mucosas, miradas, también genitalidad y tanto mås. Todo eso y mås abarca la sexualidad (sexualidades) e interviene en el encuentro de una mujer y su bebé.
En algunos casos el esclarecimiento de las diferencias entre los conceptos de sexualidad y de genitalidad es suficiente para que la mujer, en su funciĂłn de madre, se desculpabilice (por ejemplo el experimentar sensaciones sexo-placenteras en el acto de amamantar), mientras que en otros es necesario elaborar situaciones mĂĄs complejas relacionadas con el cuerpo, la identidad y la reactualizaciĂłn del vĂ­nculo de la mujer con su propia madre.

Es importante, cuando se aborda el tema de la lactancia, tener presente que en esta existe una trilogĂ­a de funciones:

* FunciĂłn nutricia.
* FunciĂłn erĂłgena.
* Función estética.

Nuestra cultura refuerza la disociaciĂłn de estas funciones privilegiando la nutricia durante el perĂ­odo de lactancia, provocando desajustes y empobreciendo el vĂ­nculo de la mujer con ella misma, con su cuerpo, con su pareja (si la tiene) y con su bebĂ©/beba. Con respecto a la funciĂłn erĂłgena, resulta difĂ­cil (e ideolĂłgicamente controvertido) hablar de sexualidad y de placer en la etapa del amamantamiento, dentro de una cultura que identifica con lo sagrado, lo puro y lo sublime el dar de mamar con “Tetas” reducidas y transformadas en pechos maternos. Es interesante saber que la hormona oxitocina, principal responsable por la liberaciĂłn de la leche, es la que tambiĂ©n se secreta durante el orgasmo femenino. AsĂ­, hay mujeres que reportan tener sensaciones orgĂĄsmicas al dar de mamar. El orgasmo en las mujeres puede ser subjetivo, no genital y vinculado al eros, al principio del placer.

Existen varones que sienten culpa por el juego sexoerótico con los pechos que amamantan, ocasionando algunas dificultades o a veces generando alguna disfunción del deseo. Todo esto provocado por la sensación de impureza ligada a la sexualidad. ¿Cómo atreverse a pensar en un aspecto de la sexualidad de la mujer que amamanta, en la que no participa el varón como protagonista, en ese espacio particular de interacción que se juega sólo entre una mujer, sus fantasías y su bebé en el acto de amamantarlo?
Indudablemente que si a la mujer se le ha vedado histĂłricamente la posibilidad de apropiarse de su cuerpo y de su sexualidad, esto tambiĂ©n se ha trasladado a su funciĂłn de madre, impidiĂ©ndole reflexionar e interpelarse en tĂ©rminos de sexualidad sobre la “teta sagrada”.

Es notable cuĂĄnto se desculpabiliza la mujer cuando advierte y registra conscientemente su placer, su disfrute corporal y emocional, incluyendo sensaciones claramente localizadas. Uno de los beneficios de ese registro, cuando es placentero y gratificante, contribuye, cuando la mujer lo desea, a proseguir la lactancia. Pues uno de los motivos encontrados en la interrupciĂłn temprana de la lactancia son los fuertes sentimientos de culpa que las mujeres manifiestan ocasionados por sus vivencias sexuales asociadas exclusivamente con el aspecto genital. Esto lleva a destetar tempranamente al bebĂ©, aduciendo dificultades de toda Ă­ndole como por ejemplo: “me quedĂ© sin leche”, “mi leche es aguada”, “el bebĂ© no quiso mĂĄs”, e innumerables mitos y creencias al respecto. Cuando hablamos de la lactancia se omite con mucha frecuencia referirse al placer de la mujer, sĂłlo se habla del placer del niño o niña, es decir que esta vivencia que muchas veces podrĂ­a ser enriquecedora queda como un hecho claramente encubierto, necesitando una actitud reflexiva y consciente por parte de la mujer para lograr adueñarse de su corporalidad y de su sexualidad placentera integrĂĄndola a su identidad. HistĂłricamente el secuestro del derecho al placer, al ejercicio de una sexualidad libre y creativa continĂșa sustrayĂ©ndole a la mujer el empoderamiento de su propio ser.

Es necesario recordar la importancia estructurante, subjetivante y emocional que tiene el vínculo temprano en la díada madre hijo/hija en la constitución del psiquismo temprano. Pero parece fundamental tener claro que lo que constituye su psiquismo no es el pecho en sí mismo, sino cómo se vehiculiza el quehacer materno. Es el cómo y no el qué cosa le doy al bebé. Como se sostiene y se contiene. Es decir, todo lo que esa mujer en función de madre puede desplegar y recrear con su lenguaje analógico y preverbal, tanto de ella como el de su hijo o hija, para que este/a devenga en sujeto psíquico. Toda una labor invisibilizada y naturalizada de gran compromiso psíquico y corporal.
El amamantamiento deberĂ­a ser una elecciĂłn de la mujer y no un imperativo. Es un derecho de la mujer poder elegir el modo de maternar, son muchos los aspectos intervinientes en dicha funciĂłn.

La lactancia es un proceso de aprendizaje y de decodificación mutua cuando no existen demasiadas interferencias desde el afuera de ese vínculo, como por ejemplo ciertas intervenciones del equipo médico a veces reproduciendo diversas violencias y mitos sustentados desde la cultura y de las propias instituciones que asisten a la díada madre-hijo/hija. Este es un proceso complejo, en el que inevitablemente intervienen también aspectos de la propia mujer, tales como su mundo emocional, su psiquismo, su corporalidad, su estética, su narcisismo y la reactualización del vínculo con su propia madre, entre otros.

Concluyendo, es necesario desarrollar un nuevo paradigma donde conscientemente la mujer, su sexualidad, su eros, la maternidad y su ser individual converjan holĂ­sticamente para su integraciĂłn. Para ello es imprescindible interpelar los mandatos de una cultura habitualmente represora, que impone el imperativo de ser madre y dar de mamar sin dar lugar a otras posibles construcciones y elecciones.

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