Sacrificio y deporte amateur. Una mirada socio-antropológica a partir de un estudio con un grupo de nadadores adultos

Sacrificio y deporte amateur. Una mirada socio-antropológica a partir de un estudio con un grupo de nadadores adultos

Por Julia Hang

El sacrificio vinculado al deporte, ya sea en su dimensión económica como en su dimensión corporal, termina convirtiéndose en una característica identitaria que determinará el ideal moral y la cosmovisión de quienes comparten ese esfuerzo. En tiempos en que la ideología liberal invisibiliza el rol de lo colectivo, y resalta una idea de triunfo y éxito basados solo en el sacrificio personal, es tarea de todos rescatar el valor de la red de relaciones sociales que sostienen a las personas y permiten que ese sacrificio sea posible.
 
Licenciada en Sociología FaHCE/UNLP. Becaria Interna Doctoral de CONICET. Doctoranda en Ciencias Sociales UNLP


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Si hay algo en lo cual las personas que gustamos de mirar y practicar deporte solemos estar de acuerdo, es que sin al menos un poco de sacrificio, el éxito deportivo no es posible. Durante eventos como los Juegos Olímpicos, por ejemplo, vemos cómo los medios de comunicación destacan e indagan constantemente en las historias de deportistas que, frente a todas las adversidades, y con mucho sacrificio, logran alzarse con el oro. Como espectadores, estas historias nos emocionan. En esta ecuación, cuanto mayor es la adversidad enfrentada por el deportista, mayor es el sacrificio y, por lo tanto, mayor la emoción.

En nuestro sentido común está instalado que, desde pequeños, para lograr lo que queremos hay que esforzarse, trabajar duro y perseverar. Estas categorías, que internalizamos en instancias de socialización como la familia, la escuela o el club deportivo, no significan lo mismo para todas las personas. Si bien es recurrente que se asocie el deporte al sacrificio, y en particular el deporte amateur, sacrificarse no implica lo mismo para todos los deportistas. Los diversos grupos sociales significan sus prácticas de manera diferente, en función de su posición económica, el género, la edad y muchas más variables. Por eso, una de las tareas de la antropología y la sociología consiste en desentrañar los sentidos específicos que las palabras y las prácticas adquieren para las personas.

Este texto se basa en una investigación realizada en los últimos seis años con nadadores master, adultos de entre 20 y 80 años que entrenan y compiten, donde buscamos mostrar y analizar los sentidos diversos que la categoría de sacrificio adquiere para este grupo de deportistas de un club de la ciudad de La Plata. Creemos que indagando en esta asociación entre deporte y sacrificio es posible pensar una continuidad a la hora de evaluar y comprender otros procesos sociales.

Los estudios sociales del deporte han mostrado que el análisis de las distintas prácticas deportivas nos permite entender cuestiones sociales más amplias (tales como cuestiones de género, desigualdad, política, clase social, entre otras). Creemos, por lo tanto, que vale la pena preguntarnos por los modos en que los valores aprendidos e incorporados en el deporte (tanto en la socialización como en la aprendizaje de las técnicas corporales) se incorporan en el cuerpo bajo un ideal moral del sacrificio, de modo tal que generan esquemas de visión, de comprensión y de evaluación del mundo social.

Los nadadores master y el sacrificio

El equipo de natación master del club Unidos de La Plata está compuesto por aproximadamente 60 personas de entre 20 y 80 años. Dos veces por año participan de los Campeonatos Argentinos de Natación Master, que tienen lugar en distintos puntos del país. Allí, las categorías están divididas por sexo y edad (cada categoría incluye 5 años). Si bien en términos de posición socioeconómica podemos clasificar a los miembros del equipo como pertenecientes a la clase media, el equipo está marcado por una heterogeneidad de trayectorias vitales, profesionales y familiares que hace difícil establecer regularidades entre las maneras de pensar, sentir y actuar de sus miembros. Es por esta diversidad que se ponen en juego una variedad de sentidos en torno a la noción de sacrificio que, a modo de análisis, podemos reconstruir en dos dimensiones: por un lado, una dimensión económica, con la cual los nadadores asocian el sacrificio a trabajar y ahorrar para poder tener dinero para participar de las competencias y la práctica. Y por otro, una dimensión corporal, asociada al dolor, al sufrimiento, al agotamiento en los entrenamientos y/o en los días de competencia.

Durante las entrevistas con los nadadores, en conversaciones informales e incluso durante los entrenamientos, el sacrificio aparece como condición necesaria para superarse. En los entrenamientos pudimos observar quejas y comentarios asociados al dolor, al cansancio corporal, al agotamiento, que aparecen constantemente. Una de las nadadoras incluso sostuvo que ese entrenamiento era “una tortura”. Dichas categorías aparecen englobadas por varios de los nadadores bajo el término de sacrificio. Como observadora, entonces, una de las primeras preguntas que emergía refiere a por qué estas personas realizan estos sacrificios. Y del mismo modo, qué significa sacrificarse para los distintos actores. A continuación, entonces, analizaremos esta noción en dos claves analíticas: en su relación con “lo económico” y “lo corporal”.

El sacrificio corporal

Una representación que los nadadores asocian al sacrificio refiere a un sacrificio corporal. Marisa, subcampeona sudamericana en las carreras de 50 y 100 metros pecho en su categoría de mujeres de 45 a 50 años, asegura: “Yo hice un sacrificio inmenso para ganar esas medallas. Entrené con dolor, agotada. Me tomaba dos colectivos todos los días. Muchas veces no tenía ganas de ir, el cuerpo no me respondía. Pero hacía el esfuerzo porque sabía que si quería ganar tenía que entrenar”. Aquí el sacrificio aparece asociado a lo corporal, al agotamiento, al sufrimiento, al dolor, a la imposición de ir a entrenar más allá de estar cansado por las obligaciones diarias.

Al mismo tiempo, no solo a través de las entrevistas sino también en las observaciones en entrenamientos y competencias, pudimos observar cómo los nadadores incorporan, brazada a brazada, una ética del sacrificio. Seguir con el entrenamiento cuando el cuerpo no da más, expresado en quejidos, expresiones de dolor y agotamiento, suspiros; alentar a los compañeros a seguir porque falta poco, son prácticas categorizadas por los nadadores como sacrificio. A través del trabajo con el cuerpo, durante los entrenamientos compartidos cuatro veces por semana, los master incorporan, al tiempo que producen, una ética del sacrificio que opera generando moralidades y principios de visión y clasificación del mundo social.

El sacrificio económico

Con respecto a la dimensión económica, Lidia, una nadadora de 65 años de edad, afirma: “No es verdad que los master tienen plata. Muchos hacemos bastante sacrificio para poder participar”. Hacer el sacrificio significa para Lidia trabajar para poder reunir la cantidad de dinero suficiente para pagar las inscripciones, viajar a los torneos y comprar la indumentaria necesaria para entrenar y competir.

Del mismo modo, Mariano, un nadador de 35 años de edad, ingeniero, afirma que “el nadador master hace un esfuerzo mayor, es más valorable. No es lo mismo un nadador juvenil que un tipo que está trabajando, y que le dedica tiempo y esfuerzo a mantenerse compitiendo”.

Al igual que para Lidia, para Mariano el sacrificio aparece asociado a la dimensión económica, a través del “tener que trabajar”. Así, distingue a los master que tienen que trabajar, pero a su vez dedican tiempo y esfuerzo a seguir entrenando, de aquellos deportistas (juveniles o profesionales) que tienen tiempo (para entrenar y descansar). Esta clasificación nos permite considerar los modos en que los sentidos en torno al sacrificio aparecen atravesados por una nueva variable, la variable generacional, donde para los adultos, invertir tiempo y esfuerzo en entrenar redunda para Mariano en una acción “más valorable”. Hasta aquí, entonces, podemos pensar cómo en torno a la noción de sacrificio y sus vínculos con las dimensiones económicas y generacionales, los nadadores comienzan a establecer categorizaciones que les permiten delimitar sentidos acerca de lo valioso, que seguiremos profundizando a continuación.

Sacrificio y amateurismo

Podemos también pensar al sacrificio en relación con el valor del amateurismo. En este sentido, el hecho de que varios nadadores reafirmen el valor de lo amateur en contraposición a lo profesional implicaría una clasificación moral que hace del sacrificio una característica identitaria. Es decir que ser master, a diferencia de aquellos que cobran por competir o que obtienen algún rédito económico, implicaría un mayor sacrificio. “A nosotros nadie nos da nada, gastamos y gastamos para seguir representando al club”, enfatizaba Gustavo, un ingeniero de 65 años de edad miembro del equipo master desde hace 15.

Aquí se sostiene el valor de lo amateur, lo que implica no solo no obtener ningún beneficio económico, sino, por el contrario, invertir. Pero Gustavo no invierte porque sí, lo hace para “representar al club”. Esta idea es interesante, ya que el sacrificio se hace en pos de una institución, la cual, como sostienen los nadadores, no reconoce nada.

Diversas investigaciones en el campo de los estudios sociales del deporte también remarcan la continuidad existente entre deporte y sacrificio, y el sistema de clasificaciones morales que se establece en torno a él. Entre los “fierreros” se representan a su cuerpo como un producto construido a base de la voluntad y el esfuerzo individual, de su sacrificio físico, a través del cual trazan una distancia de aquellos que no logran lo que se proponen, su cuerpo en términos específicos, pero en términos más amplios también cualquier otro objetivo profesional, económico o laboral porque no se valoran ni tienen voluntad. Para el caso del rugby, a través del sacrificio se construye honor y masculinidad, distanciándose así de otros deportes y sectores sociales.

¿Sacrificio para quién y para qué?

Hasta aquí, hemos realizado un breve análisis en torno a los sentidos que el sacrificio adquiere para los nadadores. El sacrificio es económico, es corporal, es generacional, es por el club, pero es por uno mismo, para ganar una medalla. Como observadora, me llamaba la atención las prácticas a las cuales los nadadores denominaban como sacrificadas. Incluso como deportista, creía que exageraban a la hora de pensar su práctica como sacrificada. Sin embargo, como investigadora, ahondando en las prácticas y representaciones, he podido comprender a qué refieren con esta idea de sacrificio. A diferencia de otros deportes en los cuales el sacrificio aparece como una práctica ascética, para los nadadores es más complejo. Cuando viajan a los torneos, además de competir, salen a bailar, duermen poco o consumen bebidas alcohólicas. Sin embargo, ellos hablan de sacrificio. ¿Qué quiere decir esto? Pareciera entonces que la noción nativa de sacrificio opera como una representación de un ideal que no todos cumplen. Sin embargo, el hecho de que los actores presenten su actividad como sacrificada nos obliga a tomarla en serio y comprenderla en sus contextos específicos.

Por lo tanto, podemos sostener que en el caso de los master, la idea de sufrir y sacrificarse en el entrenamiento funciona de hecho como una apuesta a futuro, como una inversión que tendrá sus frutos en la competencia, pero además y fundamentalmente, como marca de superioridad moral, que hermana a los nadadores que han compartido y transitado una experiencia de sacrificio en el agua.

Y hay un plus: el club al cual representan, Unidos de La Plata, en los últimos diez años ha estado atravesando una situación económica adversa, expresada en el deterioro de las instalaciones, la falta de infraestructura adecuada. Frente a nadadores que optaron por irse a entrenar a piletas nuevas, los que se quedan destacan el hecho de seguir representando al club a pesar de todo, a pesar de que es un club que para ellos no solo no los reconoce como deportistas, sino que a la vez no les da nada. Pero lo hacen, como ellos sostienen, por amor al club, al equipo y a sus compañeros. Se produce así una alterización con otros equipos, con otros nadadores y también con otros deportes (los cuales sí serían beneficiados por el club), ayudando a reforzar los lazos identitarios entre estos nadadores, y una idea de superioridad moral construida al calor del sacrificio.

Los antropólogos han mostrado que toda relación social se organiza como intercambio. Tampoco exento de contradicciones, el sacrificio organiza en una economía moral del don-intercambio las relaciones entre los nadadores. Si los nadadores creen que el sacrificio vale la pena por la futura obtención de una medalla, también esperan del club reconocimiento. Ese reconocimiento negado (“nadie nos da nada”) funciona como el “don” no devuelto en esa relación de reciprocidad. Por eso encontramos las quejas constantes de los nadadores.

El análisis de los sentidos nativos en torno al sacrificio en distintos contextos de interacción, nos permitió discutir con la noción instrumental del sacrificio como medio para lograr un objetivo, y a su vez desnaturalizar la idea del sentido común del sacrificio individual como una entrega desinteresada y preguntarnos por las recompensas que este sacrificio tiene para los deportistas. Podemos pensar, como sostienen los nadadores master, que la recompensa es una medalla. Pero fundamentalmente el sacrificio se construye como marca identitaria a través de la cual entra en juego una distinción con otros espacios y otros agentes del mundo social. Distinción que vale la pena seguir explorando para comprender el modo en que a través de ella se juegan maneras de comprender el mundo social, valores, moralidades, relaciones de poder, jerarquías grupales, distinciones (intragrupales e intergrupales), jerarquías etarias, y de clase. Si al principio del artículo planteábamos que indagar en una práctica como la natación vale la pena porque nos permite al mismo tiempo pensar problemas sociales más amplios, ya que a través de este juego de identidades entre quienes se sacrifican y quienes no, se establecen evaluaciones morales no solo en torno a lo que el deporte debería ser, sino a la sociedad. El sacrificio, cuando aparece como sacrificio individual, invisibiliza la red de relaciones sociales que sostienen a las personas, los capitales que permiten que ese sacrificio en el agua sea posible. Establece una dimensión moral acerca de lo valioso, de lo aceptable y lo reprobable en la cual, como varias investigaciones sobre deporte coinciden, el destino y el éxito de las personas parecería depender solo del trabajo y el esfuerzo personal. Pero por otro lado el sacrificio, el trabajo con el cuerpo, redunda en beneficios, en goces corporales, subjetiva a las personas, las hermana. A estas contradicciones, que quizá no sean tales sino partes de un mismo proceso, las ciencias sociales deben estar atentas, sobre todo en un contexto de fuerte avance de la ideología liberal en las sociedades latinoamericanas, aquella que mejor invisibiliza el rol de lo colectivo, de lo heredado, de lo estructural y resalta una idea de triunfo y éxito basados solo en el sacrificio personal.

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