Sacarse la Historia de encima

Sacarse la Historia de encima

Por MartĂ­n RodrĂ­guez

El desprecio al pasado y la incapacidad para estar a la altura del debate histĂłrico caracterizan el discurso de Cambiemos con respecto a las polĂ­ticas de memoria. Esta ignorancia deliberada se sostiene, a su vez, en una suerte de “sentido comĂșn” que vincula la defensa de los derechos humanos con el amparo de los delincuentes actuales y la desprotecciĂłn de sus vĂ­ctimas.
 



-A A +A

Primero fue el lenguaje. Cambiemos llegĂł al poder sin saber hablar. Hay que decirlo: los doce años de pedagogĂ­a progresista vividos durante el kirchnerismo crearon un lenguaje oficial. Que no era nuevo, sino el lenguaje de esa parte de la sociedad civil que construyĂł el imaginario democrĂĄtico alrededor de las vĂ­ctimas del terrorismo de Estado, la investigaciĂłn civil de lo que ocurriĂł y el reclamo de justicia. Vano decir: no es un lenguaje de mayorĂ­as. Valga decirlo igual: no es un lenguaje de mayorĂ­as. Pero en el modo de nombrar la Ășltima dictadura y el terrorismo de Estado se pone en juego algo. “Dictadura cĂ­vico militar”. Pero hay mĂĄs: el nĂșmero. 30 mil detenidos desaparecidos. La cifra 30 mil, como cifra sagrada. ÂżCĂłmo, por quĂ©, para quĂ©, se la cuestiona? ÂżY por quĂ© se transforma en algo incuestionable? ÂżQuĂ© quiere hacer Cambiemos con los derechos humanos? O, mĂĄs especĂ­ficamente, ÂżquĂ© quiere hacer con la polĂ­tica de memoria?

Cambiemos no cree en la Historia. O sĂ­: cree que es “la historia de un fracaso”, del fracaso argentino. Les puso flora y fauna a los nuevos billetes. En el Coloquio de IDEA, en octubre del 2017, el jefe de gabinete, Marcos Peña, dijo:“Una de las cosas chiquititas, pero simbĂłlicas que hicimos, fue poner animales en los billetes. Pusimos seres vivos y dejamos a los otros que descansen en paz”. ÂżQuiĂ©nes son los otros? Los prĂłceres, la Historia. Cambiemos no quiso disputar los bronces. EligiĂł la flora y fauna silvestre como imagen de los billetes antes que las figuras de los prĂłceres, y ese gesto (que es tal vez su gesto de mayor densidad simbĂłlica: ese gesto de vaciar el bronce, de no contrapesar con “sus prĂłceres”, sus Frondizi, Illia, Alvear, o AlfonsĂ­n incluso) pareciera renunciar a la Historia porque en esa renuncia engloban, como dirĂ­a Peña, algo mĂĄs chiquitito: renunciar a SU historia, a la historia de su tradiciĂłn, de su clase, del liberalismo argentino. Si todos fracasamos, no fracasĂł nadie.

Pero la cantidad de furcios o provocaciones deliberadas que pronunciaron en torno a los derechos humanos, y de las que difĂ­cilmente hayan obtenido un “rĂ©dito polĂ­tico”, revela una inconsistencia simultĂĄnea: entre el desprecio directo “al pasado” y la vagancia por estar a la altura de un debate argentino de primera lĂ­nea. SĂ­ntesis: se couchearon para todo menos para “saber” nombrar la Historia, esta historia, esta historia Ă­ntima que marca la tragedia nacional. Porque no es mi opiniĂłn concebir que este sea un debate cerrado, sino, como dirĂ­a el señor Fito PĂĄez, “estar a la altura del conflicto”.

Desde el propio Presidente hasta ex funcionarios como DarĂ­o LopĂ©rfido cometieron distintos gafesen el modo “decir mal”. Vayamos a LopĂ©rfido. No para seguir haciendo leña del ĂĄrbol caĂ­do, pero sĂ­ para hacer historia.

Muñecos

En la Argentina, ante cada tragedia nace un colectivo polĂ­tico de densidad: las familias de las vĂ­ctimas. Los familiares de la AMIA, los familiares de Cromañón, los familiares del ARA “San Juan” o Blumberg. El vĂ­nculo de sangre con una tragedia proyecta una referencia moral, funciona asĂ­, somos un paĂ­s que ve polĂ­tica en todo, es decir, que audita siempre las responsabilidades pĂșblicas. Casi dirĂ­amos: toda muerte puede ser evitada.
ÂżQuĂ© encontramos en la voz o el testimonio de “un familiar”? Una referencia a la verdad. ÂżPor quĂ© nos mentirĂ­a un familiar? Algo de esto se puso en juego en torno a Sergio Maldonado, el hermano de Santiago, quien fue motivo de ataques virtuales u operaciones de prensa, debido a su persistencia sensata de no sacar a Santiago Maldonado del “contexto” de su desapariciĂłn. En tĂ©rminos, de mĂ­nima, piadosos, podemos decir que cuando vemos a un Sergio Maldonado o a cualquier familiar de una vĂ­ctima en la vida pĂșblica estamos viendo a “alguien” que no se “preparó” para estar en ese lugar al que una desgracia que no desearon los arrojĂł.

Este introito viene a cuento para recordar el “reto” que le dio en 1999 Hebe de Bonafini a Charly GarcĂ­a ante su idea (de una vanguardia, dirĂ­amos, literal) de arrojar muñecos al rĂ­o desde un helicĂłptero como representaciĂłn de los vuelos de la muerte. La propuesta se encuadraba en un ciclo de recitales gratuitos organizados por la municipalidad porteña (“Buenos Aires no duerme”) en febrero de 1999, mientras DarĂ­o LopĂ©rfido era la cabeza polĂ­tica del evento que ponĂ­a el presupuesto pĂșblico “al servicio del arte”. Miles de personas se esperaban en ese acontecimiento gratuito en Puerto Madero. Hebe puso el grito en el cielo con los “muñecos” y comenzĂł una polĂ©mica entre ella y Charly GarcĂ­a, con “final feliz” para la gran familia progresista argentina: Charly renunciĂł a su idea (hasta Mercedes Sosa lo llamĂł por telĂ©fono para llamarlo al orden) y las Madres se subieron al escenario, donde les cantĂł la sugestiva canciĂłn “Kill my mother” (sic) y las paseĂł en ronda como si fuera Sting. La amistad entre GarcĂ­a y Hebe, hecha pĂșblica en enero de 1997 en una tapa del diario PĂĄgina 12, tocaba prĂĄcticamente su fin.

Hebe se colocaba como rectora ideolĂłgica de los “lĂ­mites del arte” y el artista acataba; y el Estado, detrĂĄs,funcionĂł como el tĂ­o rico al que le daba lo mismo que se hiciera cualquier cosa y esperaba que se pusieran de acuerdo para hacer Ă©l, en tal caso, su negocio polĂ­tico (al que tenĂ­a derecho). Era el Estado municipal de un proyecto, la Alianza, que garantizaba libertad artĂ­stica, peroque se desentendiĂł desde su nacimiento de promover una posibilidad concreta de justicia sobre ese “pasado”. Pluralidad vanguardista en el arte, realismo en la polĂ­tica. La fĂłrmula de la cultura democrĂĄtica.

AllĂ­ empezĂł DarĂ­o LopĂ©rfido. Pocos años despuĂ©s, el kirchnerismo licuarĂ­a esas tres piezas en un arte militante sin remedio y novedad, pero trasladando la imaginaciĂłn al poder: la audacia polĂ­tica reabriĂł los juicios. La vanguardia fue polĂ­tica y el arte olvidable. Mantuvo los principios rectores acerca de controlar los modos de representaciĂłn del pasado (un pasado custodiado pĂșblicamente por sus deudos). ÂżPero quĂ© pasĂł en aquel episodio casi olvidado? Los organismos (en la figura de Hebe) se ubicaron por encima del Estado, de la polĂ­tica y del arte porque formaron, de algĂșn modo, una “zona sagrada”, una teologĂ­a de la democracia que domina un sistema de valores.

El Ășltimo gafe de LopĂ©rfido como un “artista” libre del campo polĂ­tico ameritĂł el mayor reto por parte de quien cumplĂ­a las veces de jefe: Horacio RodrĂ­guez Larreta. El entoncestitular del gobierno porteño dijo que a su padre “lo chuparon los milicos” (el padre de Horacio fue secuestrado y torturado en Campo de Mayo). Un uso instantĂĄneo de “sangre azul” de parte de Larreta para cortar el paso del modo mĂĄs argentino: yo, que lo vivĂ­ en carne propia, te digo que no hables. Larreta, a su modo, repuso ese lugar sagrado de una voz autorizada por el dolor. ÂżQuĂ© quiere, en el fondo, romper Cambiemos en sus declaraciones mĂĄs o menos balbuceantes, mĂĄs o menos conscientes? Quiere romper el monopolio de los organismos de derechos humanos. Es una de las pocas “corporaciones” que no respeta. Pero no contĂł con la astucia de los organismos: la persistente construcciĂłn de un consenso social que funciona como un muro.

La manta corta

Los derechos humanos fueron una de las herencias pesadas que les tocĂł a los gobiernos de AlfonsĂ­n, Menem y Kirchner. Y AlfonsĂ­n, Menem y Kirchner optaron por colocar en la decisiĂłn sobre derechos humanos su mayor gesto de densidad simbĂłlica: juicio a las juntas, indulto o reapertura de los juicios. Hay una foto: la de Menem fumando con el pelo transpirado en la cara, aĂșn con patillas, pitando un cigarrillo. Es la mejor foto. Es la foto antes de que Menem fuera el objeto principal de ese museo llamado “menemismo”, un gĂ©nero de la picaresca polĂ­tica que explica todo menos el pathos de esa dĂ©cada. Menem era un objeto mĂĄs del menemismo para la crĂłnica periodĂ­stica y la prosa demĂłcrata, cuando en realidad se trataba de un polĂ­tico astuto, complejo, sin lĂ­mites para su codicia, pero consciente, como se lo ve en esta foto, de los costos morales de una decisiĂłn asĂ­. ÂżQuĂ© habĂ­a hecho Menem en esa foto en la que se lo ve con el cigarrillo? HabĂ­a indultado a los militares. A los que quedaban en prisiĂłn.
No hay otra foto tan humana, tan demasiado humana. Menem transpiraba la Historia.

En 2015, y segĂșn la naturaleza de aquellos tres candidatos presidenciales aparentemente tan parecidos entre sĂ­ (Macri, Scioli y Massa), surgiĂł la pregunta: ÂżquĂ© harĂĄn con los DD.HH.? Los precandidatos presidenciales realmente existentes tenĂ­an un estilo mĂĄs bien pragmĂĄtico, y casi todos eran apenas adolescentes o niños en los años de terrorismo de Estado. Reacios a las refundaciones, con narrativas minimalistas, gestionalistas, amantes de la invocaciĂłn al sentido comĂșn y, segĂșn sus discursos, esquivos del conflicto e inconscientes de la naturaleza conflictiva de sus ideas, la respuesta podĂ­a haber sido rĂĄpida: NADA. No innovar. GanĂł Macri finalmente, el mĂĄs liberal de todos.

Gobernar un paĂ­s viene sin beneficio de inventario y presupone gestionar la agenda que recibĂ­s (pobreza, energĂ­a, inflaciĂłn, clase media, restricciĂłn externa, cepo, soja, seguridad, narcotrĂĄfico, transporte), pero tambiĂ©n significa crear tu propia agenda. Sacar algĂșn conejo de la galera. Kirchner fue de los mĂĄs creativos. Y, de hecho, a los derechos humanos los fue a buscar sin que ellos lo buscaran a Ă©l: tuvo una intuiciĂłn histĂłrica.

Macri, ya candidato, hablĂł a fines de 2014 de cortar el “curro de los derechos humanos”, en una referencia sobre el investigado proyecto de vivienda social “Sueños compartidos”, que fue, en los hechos, la tercerizaciĂłn de una polĂ­tica pĂșblica al grupo mĂĄs radicalmente polĂ­tico de las Madres de Plaza de Mayo, en cuya Ăłrbita estaba Sergio Schoklender.
Pero la frase tuvo un alcance mayor, generalizado, que el propio Macri no aclarĂł: ÂżcuĂĄl era el lĂ­mite de la palabra “curro”? La frase se acomodaba sobre la percepciĂłn de un cierto “hartazgo” social en torno a los derechos humanos. HacĂ­a sistema con lo que Jorge Lanata tambiĂ©n dijo por aquellos tiempos: “Me tienen harto con la dictadura”. TambiĂ©n en aquellos meses preelectorales, el entonces secretario de Seguridad (Sergio Berni) desdeñó la figura de la anterior ministra (Nilda GarrĂ©) diciendo que ella se preocupĂł por “los derechos humanos de los delincuentes”. De modo que Berni usĂł el concepto central y maldito: los derechos humanos de los delincuentes.
Berni no es tonto y fue un funcionario imprescindible, pero su frase sobre los derechos humanos fue medular: los presentĂł como una manta corta que abriga a unos (delincuentes) y desprotege a otros (vĂ­ctimas), revelandoalgo asĂ­ como la factura de un sentido comĂșn progresista donde el peor delito es el delito de Estado. Berni, un funcionario absolutamente fiel y necesario para la expansiĂłn del Estado en las villas, reñía sobre que no se podĂ­a construir seguridad auditando a las fuerzas de seguridad.

En estas frases se superponen muchas lĂłgicas. Disputa de tiempos: pasado contra presente. Disputa de prioridades: juzgar al “Estado” o a los delincuentes. Como en una puerta giratoria mental: cada militar preso o policĂ­a preso es un preso comĂșn que se libera. Los juicios a los viejos militares correrĂ­an el riesgo de hacer mainstream una cultura polĂ­tica antes identificada con la marginalidad polĂ­tica (la cultura de los derechos humanos). Juzgar militares implicarĂ­a, segĂșn esta lĂłgica, debilitar al Estado, negĂĄndole simbĂłlicamente el monopolio del uso de la violencia. E implicarĂ­a, un poco mĂĄs concretamente, sacar recursos de un lado –la Justicia de los delitos comunes– para trasladarlos a otros delitos que se considerarĂ­an mĂĄs “ideolĂłgicos” y menos urgentes de castigar.

Pero, ÂżquĂ© efectos sociales produjeron? Los juicios a los crĂ­menes del pasado convivieron con torturas en el presente. En los años kirchneristas convivieron la violencia institucional con los juicios y castigos a militares de la dictadura. Dicho rĂĄpido: la desapariciĂłn de Luciano Arruga conviviĂł con la prisiĂłn de Miguel Etchecolatz. Hubo avances lentos en la creaciĂłn de una burocracia capaz de controlar la violencia institucional, como la ley que creĂł (y que acaba de reglamentarse) el Mecanismo Nacional contra la Tortura,u otros organismos como la ProcuraciĂłn Penitenciaria de la NaciĂłn que vela por los derechos de los presos. Pero la recuperaciĂłn de la ESMA no asegurĂł que un preso comĂșn en una cĂĄrcel no fuera torturado. Se podĂ­a hacer una jornada contra la violencia institucional en un colegio de una villa porteña o bonaerense, donde los funcionarios nacionales del Ministerio de EducaciĂłn escuchaban a alumnos que denunciaban el maltrato de los gendarmes en su barrio, puestos por el Ministerio de Seguridad tambiĂ©n nacional. O un funcionario a la mañana ponĂ­a una placa por un desaparecido, al mediodĂ­a se sacaba una foto con las vĂ­ctimas del delito y a la tarde encubrĂ­a o se lavaba las manos frente a un “gatillo fĂĄcil”. Estado contra Estado, cuerpo a cuerpo. ÂżCuĂĄntas capas tiene el Estado? DirĂ­amos: los juicios por delitos de lesa humanidad no frenaron la violencia institucional. Funcionaron en paralelo. A la vez: habĂ­a en la demagogia punitiva (como en toda demagogia) un beneficio electoral relativo. A los años de discurso progresista le corresponderĂ­a una compensaciĂłn punitiva en honor al pĂ©ndulo argentino.

Si te sacĂĄs la dictadura de encima, la dictadura vuelve sola

Un recuerdo personal de los años ’90. El programa Gente que busca gente: un gran programa sobre el mapa familiar argentino. La estructura era bĂĄsica: alguien contaba la historia de un desencuentro, un familiar que se habĂ­a dejado de ver, una pĂ©rdida en el mapa de la novela sentimental argentina y la producciĂłn comenzaba la bĂșsqueda. ÂżEra todo verdad, es posible que todo sea verdad? No importa. En toda ficciĂłn hay verdad. En cada historia se enredaba el desarraigo, las tradiciones, los incestos, los silencios tremendos, los secretos, los abandonos que se pagan con sangre u olvido. Un programa de pobres. La televisiĂłn de los pobres: la que los quiere llorando a moco tendido, con el corazĂłn al desnudo. Lo vi hace muchos años. Fines de los años ’90. Un joven se presentĂłcomo un criado por tĂ­os y padrinos en el medio del set ante la mirada vampira de Franco Bagnatto. Resulta que, como tantos, un muchacho tenĂ­a cinco minutos para decir que buscaba a su madre, porque el programa se estructuraba con una gran historia central que mostraba los avances de esa bĂșsqueda (productores y cronistas en los pueblos provinciales perdidos rastreando al buscado) hasta el final feliz y algunas historias mĂĄs que se presentaban en pocos minutos a ver si “habĂ­a pique”, si alguien lo veĂ­a, etc. El muchacho dice que no encuentraa su madre. Veamos los detalles. Cuando tenĂ­a cinco años un dĂ­a la mamĂĄ se fue a trabajar y no volviĂł mĂĄs. ÂżY dĂłnde trabajaba?, le dice el conductor. En una fĂĄbrica. “¿Y en quĂ© año fue?”. “En el ’77”, dice el muchacho ojos de papel. La tĂ©rmica saltĂł: se hizo la noche en el dĂ­a por un segundo. ÂżAhĂ­ habĂ­a una “desapariciĂłn”? Bagnatto le dijo: “¿Vos sabĂ©s lo que pasaba en esos años?”. Y Ă©l dijo: “SĂ­, sĂ© que secuestraban gente, y pienso que tal vez mi mamĂĄ fue secuestrada”. La televisiĂłn por unos segundos invadida por un sobrepeso en el platillo liviano que hizo saltar al otro. ÂĄUna denuncia en el lugar justo! “¿Fui abandonado, fuiste desaparecida, mamĂĄ?” Alguien supo ir a hacer la pregunta al lugar incorrecto. Bagnatto le dijo que la producciĂłn se ocuparĂ­a. Y pasĂł a otro tema. ÂżEra posible poner a disposiciĂłn de esa bĂșsqueda el aparato televisivo? Familias pobres que iban a la televisiĂłn a buscar lo perdido. Porque la dictadura se cobrĂł vidas de todas las clases, pero no todas las clases estĂĄn entrenadas para el reclamo cĂ­vico. La memoria es un campo de lucha. Ese muchacho perdido conectĂł el mĂĄs allĂĄ y el mĂĄs acĂĄ en un segundo, y supo decir por quĂ© ese programa de toda esa gente sin rendirse, atrapada en las redes pegajosas de la parentela, resistiendo en el derecho a tenervĂ­nculos sagrados de sangre, valĂ­a tanto la pena. Ni un programa de televisiĂłn se pudo sacar la historia de encima.

<
>


DESCARGAR - VER
NÂș 68: Derechos Humanos


DESCARGAR - VER
NÂș 69: MERCOSUR


DESCARGAR - VER
NÂș 67: Relaciones Internacionales


DESCARGAR - VER
NÂș 66: La EducaciĂłn de la Primera Infancia


DESCARGAR - VER
NÂș 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
NÂș 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
NÂș 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


DESCARGAR - VER
NÂș 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
NÂș 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
NÂș 56: ASIA


DESCARGAR - VER
NÂș 55: EconomĂ­a Internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
NÂș 53: NÂș 53


DESCARGAR - VER
NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
NÂș 51: Juventud


DESCARGAR - VER
NÂș 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
NÂș 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
NÂș 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
NÂș 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
NÂș 44: EE.UU. y AmĂ©rica Latina


DESCARGAR - VER
NÂș 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
NÂș 41: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 39: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 38: EconomĂŹa Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
NÂș 37: economĂ­a social


DESCARGAR - VER
NÂș 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
NÂș 35: CĂłrdoba


DESCARGAR - VER
NÂș 34: Control Social


DESCARGAR - VER
NÂș 33: EducaciĂłn Superior


DESCARGAR - VER
NÂș 32: GĂ©nero


DESCARGAR - VER
NÂș 31: 30 años de democracia


DESCARGAR - VER
NÂș 30: Justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 29: DesafĂ­os culturales


DESCARGAR - VER
NÂș 28: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 27: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 26: NÂș 26


DESCARGAR - VER
NÂș 25: pueblos indĂ­genas


DESCARGAR - VER
NÂș 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
NÂș 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
NÂș 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
NÂș 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
NÂș 20: AGUA


DESCARGAR - VER
NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


DESCARGAR - VER
NÂș 18: Estado II


DESCARGAR - VER
NÂș 17: Estado I


DESCARGAR - VER
NÂș 16: Industria


DESCARGAR - VER
NÂș 15: Seguridad democrĂĄtica


DESCARGAR - VER
NÂș 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
NÂș 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
NÂș 12: AgroganaderĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 10: EnergĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 9: Transporte


DESCARGAR - VER
NÂș 8: Ciencia y tecnologĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 7: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 6: Empleo


DESCARGAR - VER
NÂș 5: HĂĄbitat y vivienda


DESCARGAR - VER
NÂș 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
NÂș 3: EducaciĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 68
BAJO AMENAZA

Derechos Humanos

ArtĂ­culos de este nĂșmero

GastĂłn Chillier y Marcela Perelman
Entre la historia y la novedad: un activismo que evoluciona en un escenario adverso
VerĂłnica Torras
Pro-Derechos Humanos. Apuntes sobre un cambio de paradigma
MartĂ­n RodrĂ­guez
Sacarse la Historia de encima
Marisa Pineau y Celina Flores
El caso sudafricano desde la Ăłptica argentina: usos y mitos
Ludmila da Silva Catela y Elizabeth Jelin
Juicios de lesa humanidad, verdad y sociedad
Natalia Federman
Desapariciones: la negaciĂłn del derecho a la propia muerte
Ana Paula Mendes de Miranda. AntropĂłloga y Jacqueline de Oliveira Muniz. AntropĂłloga
Dominio armado: el poder territorial de las facciones, los comandos y las milicias en RĂ­o de Janeiro
MarĂ­a Victoria Pita
Estado de PolicĂ­a: nuevos usos de viejas herramientas
Paula Abal Medina
Volver al lugar de donde vinimos. Nuevos sujetos polĂ­ticos dentro del campo popular
Ana Natalucci
Sindicalismo y derechos humanos: actores, agendas y estrategias
Virginia Manzano
Organizaciones populares en la Argentina: derechos, democratizaciĂłn social y represiĂłn
Ana Ramos
Cuando el indígena es un “problema”, el problema es el racismo. El derecho indígena en contextos de represión
Paula Litvachky
¿Leales a quién? Sobre cómo las relaciones con los servicios de inteligencia estån haciendo mås opaca la Justicia
SebastiĂĄn Pereyra y MarĂ­a Soledad Gattoni
Una agenda anticorrupciĂłn para la democracia
Juan Pablo Bohoslavsky
ÂżPrincipios rectores para evaluar los efectos de las reformas econĂłmicas sobre los derechos humanos? SĂ­
MartĂ­n Becerra
ConcentraciĂłn y libertad de expresiĂłn: variaciones sobre la censura sutil
Entrevista a Ginés Gonzålez García CELS Voces en el Fénix
“La legalización del aborto es inexorable porque es parte de la evolución”

Newsletter