Reflexiones sobre la flexibilidad laboral

Reflexiones sobre la flexibilidad laboral

Por Eugenio Hugo Biafore

Una comparación de los elementos característicos de los modelos de acumulación fordista y neoliberal. El rol del Estado en cada uno de ellos y los cambios al interior del sistema de producción.
 
Abogado. Especialista en Derecho del Trabajo. Asesor de sindicatos nacionales y provinciales (Córdoba)


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¬ęExclu√≠ deliberadamente de la lista aquello que
pudiera ser ante todo redistributivo [...]
porque sentí que en el Washington de los
ochenta había un desprecio por preocupaciones
sobre equidad.¬Ľ
John Williamson, autor de los diez enunciados del ‚ÄúConsenso de Washington‚ÄĚ

Existe acuerdo en que los primeros s√≠ntomas del agotamiento del modelo de acumulaci√≥n generado alrededor del paradigma fordista en las econom√≠as de los pa√≠ses industrializados centrales eran notorios en los primeros a√Īos de la d√©cada de los setenta. El estancamiento creciente de las tasas de productividad y ganancias eran significativas a fines de los a√Īos ‚Äô60, por lo que la crisis del petr√≥leo de 1973 y su impacto definitivo en el alza de los costos de la energ√≠a vinieron a poner en cuesti√≥n la viabilidad misma del arreglo productivo, social, econ√≥mico, pol√≠tico e institucional modelizado en los ‚Äútreinta a√Īos gloriosos‚ÄĚ. El desempleo y los procesos inflacionarios crecientes se exponen como resultados necesarios de la inviabilidad e incoherencia del modelo respecto de las nuevas condiciones sociales, culturales, econ√≥micas y pol√≠ticas que el mundo occidental planteaba en el √ļltimo cuarto del siglo XX. Se indicaba que ese arreglo institucional era adem√°s end√≥genamente incapaz de dar respuestas integradoras y coherentes a la irrupci√≥n de la inform√°tica en los procesos cotidianos, productivos y de las comunicaciones. Por fin, el perfil institucional de escala nacional del paradigma fordista resultaba contradictorio con el proceso de mundializaci√≥n o globalizaci√≥n de los mercados productivos y comerciales que se manifestaba como tendencia definitiva hacia los a√Īos ‚Äô80. Desde esta perspectiva, la ca√≠da del Muro de Berl√≠n y del bloque de pa√≠ses socialistas europeos no hizo sino allanar y potenciar tal tendencia.

El creciente desprestigio social adquirido por los organismos gubernamentales y las instituciones representativas de los trabajadores debilitó su rol en el entramado macroeconómico fordista y potenció los idearios individualistas, conservadores y neoliberales que propugnaban su cambio.

Resulta interesante repasar los calificativos y expresiones de carácter simbólico con los que se describió tanto las características del paradigma, como sus componentes y funcionamiento: dureza, rigidez, inflexibilidad, pesadez. Consecuentemente, el nuevo sistema de relaciones industriales que fuere capaz de permitir la construcción de un nuevo modelo de acumulación superador del anterior, debía tener como cualidades su ductilidad, elasticidad, plasticidad, maleabilidad, adaptabilidad, lenidad y, por supuesto, flexibilidad.

Me interesa entonces hacer un repaso de las caracter√≠sticas m√°s importantes y generales del paradigma fordista, con el solo fin de observar sus puntos m√°s claros y v√≠nculos internos m√°s destacables y que por cierto han resultado merecedores de los calificativos enunciados. Seguimos para ello ‚Äďlibre y pobremente‚Äď al doctor Julio Cesar Neffa en Los paradigmas productivos tayloristas y fordista y su crisis. Una contribuci√≥n a su estudio, desde el enfoque de la ‚ÄúTeor√≠a de la Regulaci√≥n‚ÄĚ.

El objetivo de maximizar ganancias y beneficios ‚Äďmotor del proceso de acumulaci√≥n capitalista‚Äď depende para su logro de la mejora constante de la productividad y la eficiencia de sus procesos. La gesti√≥n adecuada de los tiempos de la producci√≥n es de fundamental importancia para aquella maximizaci√≥n y el taylorismo primero, y el fordismo despu√©s, se han dise√Īado inicialmente (y no √ļnicamente) como sistemas de gesti√≥n eficiente del tiempo del proceso productivo.

As√≠ a nivel de ‚Äútaller‚ÄĚ, el fordismo aprovecha y exacerba el concepto instrumentado por Taylor de la divisi√≥n social y t√©cnica del trabajo (que separa en forma tajante el pensamiento, gesti√≥n y decisi√≥n del proceso de trabajo de su ejecuci√≥n) integr√°ndole tracci√≥n ‚Äďla cadena de Ford‚Äď a la l√≠nea de producci√≥n masiva de productos homog√©neos en serie. De esta forma, el ritmo de la misma depende ahora de la velocidad y cadencia que el empresario impone seg√ļn su voluntad. Ese ritmo ‚Äúencadena‚ÄĚ y modeliza el proceso de trabajo logrando la intensificaci√≥n de la divisi√≥n social y t√©cnica del trabajo; la mecanizaci√≥n de todo el trabajo manual, y la homogenizaci√≥n de m√°quinas, herramientas, piezas, las etapas del proceso y productos elaborados, con el objetivo de producir masivamente.

A nivel de las empresas propone fundamentalmente la concentraci√≥n de todos los procesos productivos y sus etapas dentro de la misma, fen√≥meno descripto como gigantismo, con una l√≠nea gerencial √ļnica y centralizada cuyo norte respecto de las decisiones es fundamentalmente la oferta. Agregamos entonces que la calidad y la variedad del los productos, o la atenci√≥n al cliente (orientaci√≥n hacia la demanda) juegan s√≥lo un papel secundario. Consecuentemente, los productos logrados son homog√©neos y de consumo durable. La producci√≥n de los mismos desde√Īa la incorporaci√≥n de formas de integraci√≥n empresarial v√≠a subcontrataciones y/o tercerizaciones , integrando la totalidad de los subprocesos necesarios para la producci√≥n central, con funcionamiento constante y permanente. Los procesos de trabajo se caracterizan por ser r√≠gidos, con puestos y funciones fijas, preestablecidas y estandarizadas, que determinan a su vez la categor√≠a profesional. Esta es central en la construcci√≥n y conformaci√≥n de las escalas sal√°riales de los convenios colectivos de actividad.

El fordismo se describe también por sus características macroeconómicas. En este sentido requiere y promueve empleos estables de largo plazo, basados en contratación laboral de tipo dependiente y subordinación altamente regulada (en el sentido de protegida legal y convencionalmente).

Tal est√°ndar de protecci√≥n legalmente asegurada se despliega en todos los tramos de la relaci√≥n laboral: a su inicio mediante la consagraci√≥n de un sistema de contrataci√≥n de tiempo indeterminado como regla y de tiempo determinado como men√ļ de excepci√≥n. En relaci√≥n a los elementos constitutivos del v√≠nculo o su interior, se destacan en general los sistemas de jornadas m√°ximas r√≠gidas, descansos diarios, semanales y anuales, protecci√≥n de per√≠odos de suspensi√≥n por enfermedad o licencias, y un r√©gimen salarial fijado en relaci√≥n a la ubicaci√≥n del trabajador en una categor√≠a profesional determinada del escalaf√≥n, con indexaci√≥n permanente v√≠a sistemas de negociaci√≥n colectiva, o formas estatales de intervenci√≥n y relacionada directamente con el costo de vida de los propios asalariados. El salario resulta as√≠ relativamente alto, incorporando adem√°s en forma indirecta los beneficios de la seguridad social. La l√≥gica de asignaci√≥n de esos y otros beneficios indirectos como sindicales o mutuales es justamente la existencia de un salario. El poder adquisitivo de los asalariados los hace protagonistas fundamentales en la demanda de bienes de consumo, y los ubica en el doble rol de productores-consumidores.

No se nos escapa que el fordismo es un sistema de intensificaci√≥n del trabajo y disciplinamiento de la clase trabajadora, creadora de alienaci√≥n y enfermedad. A cambio instrumenta un concepto de empleo entendido como bien durable y de largo plazo, llave para asegurar el goce de los beneficios directos de su trabajo y de los derivados de la seguridad social, tales como jubilaciones y pensiones, acceso a la salud, asignaciones familiares, subsidios por desempleo, etc. Por otra parte, ese ‚Äúlugar‚ÄĚ otorga el derecho a la afiliaci√≥n al sindicato respectivo del oficio o actividad y a la vez permite dial√©cticamente a esas organizaciones la representaci√≥n legal del trabajador.

Es evidente que el fordismo exhibe una serie de inflexibilidades tanto en orden a sus manifestaciones en el seno del taller y la empresa, cuanto más en las implicancias macroeconómicas propias de su misma definición.

La revolución cibernética e informática vino a cuestionar profundamente la rigidez del proceso productivo fordista, ya que este obstaculiza por definición la incorporación de las innovaciones tecnológicas. Mucho más cuando esa incorporación se exhibe como el nuevo horizonte de productividad del sistema que ahora se apoya en la incorporación de tecnología al proceso de trabajo, sus máquinas, herramientas y los productos, con altas tasas de reinversión de ganancias en esa dirección.

La dureza de su l√≠nea de producci√≥n con sus productos homog√©neos no parec√≠a preparada para enfrentar el hecho cultural de que los propios asalariados hubieran cambiado sus h√°bitos de consumo, prefiriendo ahora diversidad, heterogeneidad y calidad en los productos. A nivel de empresas, el gigantismo es reemplazado por fen√≥menos crecientes de desmembramiento de las unidades fabriles, acompa√Īando y favoreciendo las tercerizaciones y subcontrataci√≥n, incluso en escala regional o internacional, para aprovechar las ventajas de costos diferenciales de mano de obra, financieros, impositivos y aduaneros entre pa√≠ses, en especial los del tercer mundo.

Las m√°s diversas corrientes de pensamiento e investigaci√≥n econ√≥mica, pol√≠tica, jur√≠dica, administrativa, etc., propusieron explicaciones descriptivas a ese agotamiento. Consecuentemente, elaboraron orientaciones para avanzar en las aguas embravecidas de la crisis hacia un nuevo paradigma de acumulaci√≥n capitalista superador del moribundo. Es claro que, a la luz de las experiencias de los pa√≠ses perif√©ricos en los a√Īos ‚Äô90 y los centrales en este siglo, las visiones y versiones neoliberales lograron hegemonizar la din√°mica explicativa del ‚Äúproblema‚ÄĚ y sus ‚Äúsoluciones‚ÄĚ superadoras. Lo que ha sido m√°s grave y doloroso: lograron directa e indirectamente instrumentar pol√≠ticamente esas visiones. En efecto, sobre el cierre de los a√Īos ochenta, la astucia neoliberal despleg√≥ en forma hegem√≥nica su influencia a nivel mundial para imponer e instrumentar pol√≠ticamente el dec√°logo denominado ‚ÄúEl Consenso de Washington‚ÄĚ, cuya primera formulaci√≥n se debe a John Williamson. Sus enunciados se dirig√≠an a encauzar la acci√≥n pol√≠tica de los organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (FMI, BM y BID), especialmente con los pa√≠ses latinoamericanos atenazados por la deuda externa y procesos inflacionarios o hiperinflacionarios.

La implementaci√≥n en nuestra patria de la pol√≠tica neoliberal a trav√©s de las directivas de los organismos internacionales de cr√©dito se estableci√≥ plenamente en el periodo de la convertibilidad (per√≠odos presidenciales de 1989-99 y 1999-2001, especialmente en este √ļltimo). Fue establecido como un plan general de retiro del Estado y expansi√≥n sincronizada a esos espacios de las fuerzas econ√≥micas del capital privado nacional e internacional. El plan fue posibilitado mediante una pol√≠tica comunicacional (y que la un√≠a ideol√≥gicamente con la propia de la dictadura militar) que ensalzaba las ‚Äúpotencias del capital privado y los idearios individualistas‚ÄĚ. A su vez, demonizaba al Estado y las corporaciones intermedias (sindicatos en particular), en los que depositaba la idea de atraso, pesadez y vetustez. En este sentido se promovi√≥ un desprecio por el rol del Estado en todas sus manifestaciones, que permitieron visualizar y luego instrumentar una ola privatizadora general de empresas p√ļblicas y un achicamiento del sector p√ļblico gubernamental; junto al desmantelamiento de los sistemas de controles pol√≠ticos internos y fronterizos, en especial en lo relativo a las aduanas f√≠sicas y financieras. Se desregul√≥ el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios, y se envileci√≥ la moneda nacional anclada en monedas extranjeras, etc. Pero el ideario neoliberal tuvo obviamente particular ensa√Īamiento respecto de los extremos que conformaban la relaci√≥n salarial en la Argentina y que con sus distancias y determinaciones hist√≥ricas y culturales espec√≠ficas se ajustaban a grandes rasgos a las caracter√≠sticas fordistas descriptas.

La impronta neoliberal puso especial énfasis en marcar la necesidad de implementar y dotar al capital privado de flexibilidad interna que le permitieran realizar, fácil y ágilmente, cambios al interior de sus sistemas de producción, pudiendo incorporar en forma permanente innovaciones tecnológicas, así como también dividir y achicar las unidades productivas, integrando empresas mediante sistemas de tercerización, intermediación y subcontratación empresarial, permitiendo además adoptar formas de polivalencia funcional de los trabajadores respecto del puesto de tareas y sus funciones, de tal forma que la producción fuere sensible y funcional a los cambios impredecibles y móviles de la demanda.

Tal flexibilidad, como es obvio, requiere para su instrumentación de otra flexibilidad que, en síntesis, propugna el desmantelamiento peyorativo de la normativa protectoria laboral individual y colectiva, tanto de naturaleza estatal (ley) como de naturaleza convencional (convenio colectivo). También se dirige a ganar para sí la visión e interpretación de los operadores jurídicos (jueces laborales; secretarios y ministros de Trabajo, miembros paritarios y comisiones directivas sindicales) y políticos. Esa ligereza y maleabilidad normativa esperada lleva el eufemismo de flexibilidad externa. Excede el espacio de la nota el detalle de los cambios normativos operados en el marco de la desarticulación de la relación laboral argentina. Fue exitosa a la hora de provocar la reducción de los costos laborales al inicio y final de la relación laboral, la intensificación del trabajo y la instrumentación de formas de disciplinamiento y control de los asalariados, vía la precarización laboral y el achicamiento de los sistemas de cobertura de la seguridad social.

En el concepto de flexibilidad interna es posible encontrar dimensiones técnicas y económicas no creadas por la argumentación política.

Por el contrario, la denominada flexibilidad normativa es exclusivamente un dispositivo ideológico y político por el cual se pretende instrumentar peyorativamente la desregulación de las relaciones laborales de un país y una región en un momento dado. El contenido y desenvolvimiento de tal dispositivo estará directamente relacionado con el grado de solidez alcanzado por el sistema normativo protectorio, y por el nivel de resistencia y grado de correlación de fuerzas de los trabajadores y sus organizaciones frente al cuerpo de cuadros políticos e instituciones que llevan adelante tal implementación.

No s√≥lo esta flexibilidad es eminentemente un dispositivo pol√≠tico-ideol√≥gico sino que tambi√©n lo es la afirmaci√≥n respecto de que la incorporaci√≥n de la flexibilidad interna al sistema productivo ‚Äďque lo haga coherente con las demandas variables en el marco de una econom√≠a global‚Äď requiere necesariamente desmontar el sistema de protecciones laborales de orden p√ļblico.

El mundo industrializado discute en marco a sus recurrentes crisis económicas y financieras la necesidad de ser maleables y flexibles. Paradójicamente, en nuestro país, algunos nuevamente también. Para esa discusión, sirvan estas incompletas notas.

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