Pensar desde la periferia

Pensar desde la periferia

Por José Miguel Amiune


 
Director Ejecutivo de la FundaciĂłn RaĂșl Prebisch y del Instituto de Estudios Brasileños de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.


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CĂłmo analizar la inserciĂłn de la Argentina en el mundo? Hay una sola opciĂłn, verla desde la tradicional mirada desde el centro, o dar un giro epistemolĂłgico y replantear el examen desde la periferia.

Las relaciones centro-periferia han sido uno de los aportes fundamentales del estructuralismo latinoamericano. Acuñada la teorĂ­a por RaĂșl Prebisch, la desarrollaron ilustres economistas como Celso Furtado, Osvaldo Sunkel y Aldo Ferrer, por sĂłlo mencionar algunos. Esas categorĂ­as de anĂĄlisis se expandieron a la sociologĂ­a y a la ciencia polĂ­tica.

AĂșn queda por llenar un vacĂ­o teĂłrico en el terreno de las relaciones internacionales.

El objeto de este artĂ­culo es iniciar un camino crĂ­tico que permita vincular la estructura del sistema internacional y la distribuciĂłn del poder mundial, como marco de anĂĄlisis de la inserciĂłn de la Argentina en el mundo.
El estudio de las relaciones internacionales no tuvo su origen en la Academia ateniense, ni tampoco –como se repite– en los Tratados de Westfalia de 1648, momento en que surge el Estado moderno.

Son un orden de conocimiento que adopta entidad de disciplina académica como resultado de un fenómeno inédito: la Primera Guerra Mundial. Tras la firma del Tratado de Versalles, aparecen como un campo de estudios que tiene una clara especificidad britånica, con la creación del Royal Institute of International Relations.

En 1919, la primera cĂĄtedra de Relaciones Internacionales fue creada por la Universidad de Aberystwyth, gracias a un donativo de David Davies. La iniciativa britĂĄnica respondĂ­a a una demanda prĂĄctica: formar a los diplomĂĄticos vinculados a la Sociedad de las Naciones. AsĂ­, impulsaron la creaciĂłn del Instituto de Altos Estudios Internacionales fundado, en 1927 en Ginebra, por William Rappard. Este instituto fue uno de los primeros en expedir doctorados en Relaciones Internacionales.

Dicho de otra manera, las disciplinas cientĂ­ficas no nacen de una mera especulaciĂłn teĂłrica sino que son el producto de fenĂłmenos sociales nuevos que demandan un orden de conocimiento que no tiene registro en el academicismo clĂĄsico. La RevoluciĂłn Industrial, la urbanizaciĂłn creciente y la apariciĂłn de nuevas clases sociales dieron origen a la SociologĂ­a con Augusto Comte; y la sociedad vienesa de la segunda mitad del siglo XIX fue el marco histĂłrico en que nace el psicoanĂĄlisis.

Sin “historizar” las condiciones en que se genera, estructura y desenvuelve un orden del conocimiento, se tiende a “universalizar” erróneamente sus postulados originales, sin pasarlos por el tamiz de nuestras propias perspectiva y necesidades.

La reacciĂłn estadounidense

Cuando los estadounidenses advirtieron la hegemonĂ­a del pensamiento britĂĄnico en la formulaciĂłn de la nueva disciplina, unido a su recelo sobre el futuro de la Sociedad de las Naciones, reaccionaron rĂĄpidamente.

La Edmund A. Walsh School of Foreign Service de la Universidad de Georgetown fue la mås antigua facultad dedicada a las Relaciones Internacionales de Estados Unidos. Casi simultåneamente el Comité de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chicago fue el primero en expedir diplomas universitarios en este campo.

En la medida que Estados Unidos vislumbraba el derrumbe de la Sociedad de las Naciones, la posibilidad de una Segunda Guerra Mundial y la creaciĂłn de un orden internacional hegemonizado por ellos, fueron creando nuevas instituciones y escuelas de Relaciones Internacionales.

Entre ellas podrĂ­amos citar: la School of International Service de la American University; la School of International and Public Affairs de Columbia University; la School of International Relations de St. Andrews University; la Elliot School of International Affairs de George Washington University; la Fletcher School of Law and Diplomacy de Tufts University y la Woodrow Wilson School of Public and International Affairs de Princeton University.

La hegemonía académica britånica era desafiada por el vigoroso impulso intelectual estadounidense, que debía preparar a sus diplomåticos para la expansión que se venía, disputar la hegemonía mundial, preparar los cuadros adecuados, desde el Departamento de Estado hasta la futura CIA y, luego, ofrecer su doctrina a los jóvenes diplomåticos que fundarían la Organización de las Naciones Unidas, en reemplazo de la moribunda Sociedad de las Naciones.

Al redactarse la Carta de San Francisco que creĂł las Naciones Unidas el predominio intelectual se habĂ­a trasladado a Estados Unidos. Lo mismo ocurriĂł con los Tratados de Bretton Woods, que dieron nacimiento a la actual estructura financiera internacional. AllĂ­, el modelo propuesto por White (representante de EE.UU.) se impuso sobre las tesis de John Maynard Keynes (representante del Reino Unido) y, aĂșn hoy, preservan la hegemonĂ­a estadounidense en los Ăłrganos clave del sistema financiero y econĂłmico internacional.

Una herramienta para el desarrollo

Tenemos que entender que la disciplina de las Relaciones Internacionales cumple un papel diferente en el centro que en la periferia. Mientras que para Estados Unidos es un instrumento para administrar y distribuir el poder a escala mundial, para nosotros deberĂ­a ser la herramienta polĂ­tica para alcanzar los objetivos del desarrollo.

Sin embargo, nuestras universidades, acadĂ©micos y especialistas, muchos de ellos formados en universidades norteamericanas, repiten y enseñan las Ășltimas teorĂ­as surgidas de los laboratorios intelectuales del centro hegemĂłnico.
Un ejemplo patético de ello es que la seguridad ha desplazado al desarrollo de la agenda internacional y hemisférica. Basta repasar las prioridades impuestas para advertir que se corresponden con los intereses de la Doctrina de Seguridad Nacional del hegemón: no proliferación, amenazas nucleares, terrorismo, narcotråfico, etcétera.

Adicionalmente, se ha acuñado el concepto “multidimensional de la defensa” que no reconoce lĂ­mites y desplaza al campo de la seguridad materias que, tradicionalmente, fueron temas de la teorĂ­a del desarrollo: migraciones, pobreza, marginalidad, desastres naturales, epidemias, enfermedades endĂ©micas o proliferaciĂłn del sida.

Ante la ausencia de un enemigo en el terreno ideolĂłgico, se ha generado la idea de un enemigo religioso. El choque de civilizaciones de Samuel Huntington es una clara expresiĂłn de la necesidad de identificar un rival, al que se le asigna una magnitud amplificada como amenaza de todo el occidente cristiano, para justificar las teorĂ­as de la guerra preventiva, el rol de gendarme internacional y la prolongaciĂłn indefinida de la pax americana.

Las pregunta que debemos formularnos

ÂżSon esas las prioridades de AmĂ©rica latina? ÂżSon esos los problemas que nos afligen? ÂżTenemos mĂĄrgenes de acciĂłn para involucrarnos en un choque civilizatorio? ÂżDebemos sumarnos a toda cruzada o guerra santa que se emprenda invocando el interĂ©s colectivo de la “comunidad internacional”?
Debemos hacer en el terreno de las relaciones internacionales lo que intelectuales como Prebisch, Furtado, Sunkel, Urquidi y otros hicieron con la economía internacional, al fundar la teoría del desarrollo económico latinoamericano. Pensar nuestra realidad y verla con ojos propios, ser heterodoxos, creativos, innovadores, identificar nuestros intereses nacionales y regionales y defenderlos, sin falsas concesiones a un academicismo creado para servir otros intereses, presuntamente “universales”.

Tenemos que esforzarnos por construir nuevas categorías de anålisis, definir conceptos difusos y acuñar una terminología que exprese cabalmente a qué aludimos cuando mentamos términos elaborados desde la perspectiva del centro.

ÂżA quĂ© se alude cuando se habla de “occidente”, es una definiciĂłn geogrĂĄfica, una dimensiĂłn cultural o un mero recurso semĂĄntico? ÂżQuĂ© categorĂ­as conceptuales se utilizan para calificar a ciertos paĂ­ses que no gozan de la simpatĂ­a de Washington como “Estados fallidos”, “paĂ­ses canallas”, “naciones inviables”, “Estados parias”, “paĂ­ses proliferantes” y otra serie de epĂ­tetos descalificatorios? ÂżQuĂ© significa sufrir la condena de la “comunidad internacional”? ÂżQuiĂ©nes la componen? ÂżTodos los miembros del sistema de Naciones Unidas, los miembros permanentes de su Consejo de Seguridad, un grupo selecto de paĂ­ses industrializados, el G-7, el G-8, el G-12, el G-15 o el G-20?

Los expertos de las relaciones internacionales no han logrado –hasta hoy– elaborar un concepto que defina el terrorismo. Estados terroristas pueden ser Afganistán para Estados Unidos; Chechenia para Rusia o el Tíbet para China. Las “nuevas amenazas” son siempre las que preocupan a las grandes potencias, jamás a los países de la periferia.

El Ășltimo gran ejemplo de manipulaciĂłn del lenguaje se produjo a partir de 2008, cuando estalla –con la quiebra de Lehman Brothers– la mayor crisis del sistema capitalista desde 1929. El G7- –uno de sus responsables– se amplia como G-20 para que los paĂ­ses emergentes se sumen como bomberos voluntarios para contribuir a apagar el incendio.

En ese momento un funcionario de Goldman Sachs inventa la sigla BRICs donde incluye a Brasil, Rusia, India y China, como players de las grandes ligas. Brics en inglĂ©s suena fonĂ©ticamente como “ladrillo”, lo que alude a paĂ­ses en construcciĂłn que van a apuntalar la nueva arquitectura financiera internacional.

A la inversa, cuando estalla la crisis en Europa, otro banquero bautiza a cuatro paĂ­ses como PIGS, que literalmente en inglĂ©s significa “cerdos”. La sigla engloba a Portugal, Irlanda, Grecia y Spain o España, es decir los marginales del nĂșcleo duro franco-germano-britĂĄnico. La responsabilidad y el peso de la crisis se hace recaer sobre estos irresponsables ribereños del MediterrĂĄneo y la Ă­nsula rebelde del Reino Unido, cuya indisciplina fiscal es un rasgo de su cultura que los convierte en los “pigs” de Europa.

Los sofismas de las relaciones internacionales

Nada de esto es casual. Tiene que ver con la distribución del poder y el prestigio internacional. Es la manera ejemplarizadora de demostrar la “centralidad” de Estados Unidos y Europa. Tienen que convencernos de que hay un solo centro y que ellos son el sujeto internacional y nosotros –los que habitamos la periferia– somos sus objetos.

Esa visiĂłn centrĂ­peta de la historia quiere aparecer como una teleologĂ­a y ese telos son Estados Unidos y Europa. RazĂłn, historia, progreso y centralidad son tĂ©rminos equivalentes. HabrĂĄ que escribir, pues, algĂșn lejano o cercano dĂ­a, una “CrĂ­tica de la razĂłn globalizadora”. EncontrarĂ­amos asĂ­ que el proceso definitorio de la modernidad capitalista, mĂĄs allĂĄ de la constituciĂłn de los Estados nacionales, de las luchas por el poder polĂ­tico o del pasaje de la razĂłn kantiana a la razĂłn hegeliana, se encuentra en el proceso de dominaciĂłn mundial instrumentado por las naciones centrales.

Esta herejía intelectual, que seguramente no aceptarån quienes detentan el mandarinato intelectual en la Argentina, implicaría buscar en el corazón de la retórica globalizante los inconfesados móviles de la manipulación de la economía internacional y su encubrimiento a través de los sofismas de las relaciones internacionales, tal como se construyeron en los centros de dominación.

ÂżQuĂ© tiene que ver este discurso con un nĂșmero dedicado a la economĂ­a internacional?

Señalar que el anålisis de las vinculaciones de la Argentina con el FMI, el Banco Mundial, la OMC, la Ronda Doha, el CIADI, las negociaciones agrícolas, la deuda externa, la internacionalización de las empresas, la inversión extranjera directa y la supuesta nueva arquitectura financiera internacional son importantes, vitales e imprescindibles para comprender nuestra relación con el mundo.
Pero ese collage no se podrå armar, y menos entender, si no se elabora una metodología que nos permita reconstruir desde la periferia, desde la Argentina, desde América latina, una visión propia de la economía y de las relaciones internacionales, que expresen, definan y concreten nuestros intereses históricos.

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NÂș 67: Relaciones Internacionales


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NÂș 66: La EducaciĂłn de la Primera Infancia


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NÂș 65: La Universidad como derecho


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NÂș 64: DEUDA EXTERNA


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NÂș 63: reforma de la justicia


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NÂș 61: CULTURA


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NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


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NÂș 58: Deporte y Sociedad


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NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


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NÂș 53: NÂș 53


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NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


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NÂș 51: Juventud


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NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


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NÂș 47: Problemas Urbanos


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NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


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NÂș 24: Ciencia y Poder


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NÂș 23: pobreza II


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NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


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NÂș 4: Argentina en el mundo


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NÂș 3: EducaciĂłn


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NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 4
Un lugar en el mundo

Argentina en el mundo

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Roberto Felleti
IntegraciĂłn financiera regional
Alejandro Vanoli
El cambio de paradigma econĂłmico post crisis
Gustavo Grinspun
¿Herramienta estratégica o institucionalidad inercial?
Alberto D. Cimadamore
Realidad y viabilidad de la integraciĂłn sudamericana
José Miguel Amiune
Pensar desde la periferia
Carlos Weitz
La reforma financiera internacional
MĂłnica Hirst
Entre lo conceptual y lo polĂ­tico
Federico Merke
Las responsabilidades de la polĂ­tica exterior argentina
Jorge Iturriza
La Argentina y las negociaciones agrĂ­colas
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La siesta de las negociaciones
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InversiĂłn extranjera y empresas transacionales en la economĂ­a argentina
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Boom exportador y cambios marginales en la estructura
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