Masculinidades en la vejez

Masculinidades en la vejez

Por Ricardo Iacub


 
Prof. Asociado a cargo de PsicologĂ­a de la Tercera Edad y Vejez de la UBA


-A A +A

Las exigentes demandas que plantean los ideales hegemĂłnicos masculinos en los varones adultos mayores, focalizando la importancia del trabajo, la fortaleza fĂ­sica y el erotismo, generan un creciente malestar a medida que esta poblaciĂłn avanza en edad. A continuaciĂłn, algunos elementos para pensar una de las etapas mĂĄs difĂ­ciles del ciclo de la vida.

“Tened piedad de este pobre fantasma de Edipo, pues ese viejo cuerpo ya no es Ă©l”.
SĂłfocles, Edipo en Colona
“Dios mío, pensaba, ¡el hombre que fui! ¡Sin la menor sensación de otredad! Hubo un tiempo en que fui un ser humano completo”.
Philip Roth, ElegĂ­a
“Dormir con una belleza que no se despertaría era una tentación,
una aventura, un goce en el que, a su vez, podían confiar”.
Kawabata, La casa de las bellas durmientes

Nuestra cultura poco se ha planteado acerca de la masculinidad y menos aĂșn en la vejez.

Los estudios mås recientes advierten diversos grados de malestar que se presentan en los varones viejos ya que esta etapa vital pareciera entrar en contradicción con las exigentes demandas acerca de este rol de género.

Cuando hablamos de los relatos construidos socialmente sobre el gĂ©nero o la edad los entendemos como modos de guiar y dar significado a la vida. De esta manera es importante destacar cĂłmo la sociedad construye el ser varĂłn o el ser viejo generando espacios de posibilidad y prestigio, como en el lugar del “sabio”, pero tambiĂ©n cĂłmo ciertos relatos sobre la masculinidad excluyen la vejez, cuando las demandas de fuerza o potencia no admiten ciertos lĂ­mites. Esto lleva a que los sujetos puedan incluirse, excluirse, empoderarse o desempoderarse ante dichos espacios simbĂłlicos.

El objetivo de este artĂ­culo es presentar el malestar que generan las exigentes demandas que plantean los ideales hegemĂłnicos masculinos en los varones adultos mayores, focalizando la importancia del trabajo, la fortaleza fĂ­sica y el erotismo en dichos relatos.

La edad y el género son dimensiones indisociables en la construcción de la identidad del ser humano, razón por la cual el estudio de los relatos producidos sobre ambas categorías resulta de gran valor para entender la conformación de sentimientos, malestares, proyectos y actitudes del varón viejo.

La cultura puede o no entramar las narraciones otorgĂĄndoles continuidades entre ambas, habilitar lazos de coherencia entre las narraciones, los cambios biopsicolĂłgicos del envejecimiento y los relatos sobre dichos cambios, y finalmente ofertar sentidos que faciliten organizar renovadas formas de masculinidad en la vejez. Lo que darĂ­a cuenta de los niveles de bienestar o malestar relativos a las demandas culturales sobre la masculinidad frente a la capacidad de afrontamiento posible en la vejez.

Para conocer la articulación de las narraciones sobre la masculinidad en la vejez, sus demandas específicas y los modos singulares en los que se produce en cada varón viejo, utilizaré la perspectiva de la gerontología narrativa y de la teoría de los guiones.

Las narrativas y los guiones

El narrativismo entiende a la realidad como una construcción basada en relatos, lo cual determina que haya un importante margen de subjetividad, relativismo y creación. Las narrativas son un portal a través del cual las personas entran en el mundo, juegan un rol formativo, ayudan a guiar las acciones y son recursos psico-socio culturales compartidos que constituyen y construyen realidades humanas. Las identidades culturales, familiares, grupales o individuales son exponentes de la incidencia de los relatos en la construcción de subjetividades.

Los escenarios son espacios de representaciĂłn en donde se configuran prĂĄcticas sociales organizadas al modo de proyectos ofrecidos. A diferencia de los guiones fijos y relativamente inmĂłviles de las representaciones artĂ­sticas, estos encuentran mĂșltiples relatos desde donde establecerse, con contradicciones en los significados o luchas de fuerza por lograr el sentido, lo que genera una dinĂĄmica mĂĄs rica y diversa, aunque no por ello sin algunas figuras del relato con relativa estabilidad. En estos espacios hombres y mujeres de diversas edades asumen roles en las relaciones de gĂ©nero y edad, se comprometen en prĂĄcticas, y son afectados por dichos proyectos, tanto a nivel corporal como psicolĂłgico y social.

Finalmente los relatos sobre la edad y el gĂ©nero organizan escenarios sociales, entramados segĂșn jerarquĂ­as de poder, que atribuyen creencias, rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a los sujetos.

La masculinidad y la vejez

Lo novedoso de tomar por objeto la masculinidad es que, como la adultez, eran menos estudiados, ya que funcionaba como referente general a partir de lo cual se diferencian y constituyen los otros grupos. Este nivel de hegemonĂ­a y supuesto poder llevĂł a que se ignore la experiencia de los varones viejos, ocultando el anĂĄlisis de lo masculino en la vejez y de la vejez en lo masculino.

La masculinidad puede definirse como una construcciĂłn social acerca de lo que significa ser varĂłn en determinado tiempo y lugar, lo que implica que sus caracterĂ­sticas son fluidas y sensibles a los cambios histĂłricos y culturales.

Connell propone que la masculinidad no sea definida como un objeto, lo que implicaría sortear definiciones de tipo esencialistas, que lo supongan un rasgo natural; ni como un tipo de personalidad con conductas esperables; ni siquiera como una norma, ya que supone una referencia poco explicativa de las diversas maneras de encarar la masculinidad. Por lo contrario, propone el anålisis de los factores y tipos de relaciones por medio de los cuales las personas dotan a sus vidas de representaciones de género.

De esta manera la masculinidad resulta de las posiciones que se adopten en las relaciones de género, de las pråcticas que comprometen con esa posición de género, y de los efectos de dichas pråcticas en la experiencia corporal, en la personalidad y en la cultura.

Badinter decĂ­a que “ser varĂłn cuesta caro”, poniendo en evidencia la cantidad de esfuerzos y demandas que implica la posiciĂłn masculina. En su revisiĂłn antropolĂłgica describe los ritos de iniciaciĂłn dando cuenta del nivel de violencia que acarrea salir del lugar de protecciĂłn materna para pasar a ser un varĂłn. Connell señala que pocos pueden estar a la altura de la versiĂłn hegemĂłnica de la masculinidad, lo que lleva a que se convierta en una demanda que acarrea un alto costo subjetivo y limita seriamente a un sujeto, aun cuando tambiĂ©n le brinde prestigio.

La masculinidad hegemĂłnica se asocia con rasgos de competitividad; poder fĂ­sico, sexual y econĂłmico; desapego emocional; coraje y dominaciĂłn, capacidad de protecciĂłn y autonomĂ­a. Modelos que se refuerzan de una manera relativamente constante a lo largo de la adultez y que presentan serias dificultades a la hora de pensar el envejecimiento masculino.

Spector-Mersel sostiene que en la actualidad el ideal occidental de la masculinidad pareciera terminar con la mediana edad ya que en la vejez dichas expectativas resultan mĂĄs difĂ­cilmente alcanzables asĂ­ como no existen valores diferenciales que les restituyan valor social.

Los hombres mayores quieren ser vigorosos a pesar del declive físico, buscan suprimir emociones incluso luego de pérdidas, y quieren mantener el control y la autoridad a pesar de las menores responsabilidades de liderazgo.

Trabajo y masculinidad

El trabajo es uno de los espacios donde la masculinidad se pone en juego y por ello la jubilación puede ser vista como la pérdida de un recurso que permite alcanzar metas atribuidas a lo masculino y de paråmetros para orientarse en la realidad.

El trabajo, asĂ­ como tempranamente el deporte, respalda un sentido de masculinidad porque crea mĂșltiples oportunidades para que un hombre se vea poderoso, seguro de sĂ­ mismo, competente y cumplir “el sueño del pibe”.

La mayorĂ­a de los hombres se identifican antes que nada con su trabajo y depositan una gran inversiĂłn emocional en el mismo. Usan su rol laboral para negociar identidades de familia, amigos, ocio y comunidad. Como señala Connell, en el trabajo se realiza su “proyecto de gĂ©nero”.

En este sentido, jubilarse implica perder el escenario principal de logros, competencia agresiva, bĂșsqueda de estatus y poder, confianza en sĂ­ mismos, oportunidades de sentirse independientes y capaces en un escenario de riesgo y realizaciĂłn e ingresos monetarios.

El mĂĄs estricto sistema de metas y recompensas que conforma una organizaciĂłn laboral promueve que la percepciĂłn de eficacia y lo que esta promueve de buena imagen y autoestima, resulten mĂĄs evidentes en este espacio que en otros, como en lo familiar.

Los hombres suelen percibir la jubilación como el ingreso al territorio femenino de la familia y el hogar, y la pérdida del propio, pudiendo dudar sobre la conducta masculina apropiada.

Temen ser criticados por sus esposas una vez que sean observados mĂĄs de cerca, y se ven a sĂ­ mismos “ayudando” a sus esposas en esas tareas domĂ©sticas.

Otra de las referencias que suelen emerger es la desubicación ante los nuevos escenarios post jubilatorios, lo cual deviene de la pérdida de blasones identitarios y de la función orientadora del relato (ser un trabajador) que lleva a que el sujeto no sepa hacia dónde conducirse ni de qué manera. En este sentido el trabajo imbuye al sujeto en un universo masculino que organiza los niveles de incertidumbre propios de todo sujeto, así como favorece un mejor autoconcepto. McMullin y Cairney señalan que la pérdida de autoestima en los varones viejos no es fruto de la pérdida de un rol sino del poder que alcanzaron con dicho rol y del control que este les permitía.

La fragilidad y la humillaciĂłn

La dificultad de dar sentido a la propia vida ante una serie de cambios que alejan al sujeto de ideales masculinos hegemĂłnicos tan potentes como la fortaleza, la capacidad de recuperaciĂłn fĂ­sica y mental, independencia, eficacia, control afectivo y seguridad, lleva a los varones viejos a vivencias de humillaciĂłn y vergĂŒenza de sĂ­ que pueden manifestarse en conductas dilatorias frente a la enfermedad y la mayor tendencia al suicidio.

“La conducta masculina tradicional” explica los retrasos o evitaciones en los hombres que requieren asistencia en salud. Las explicaciones referidas aluden a la dificultad de exponerse frágiles, confiados y dependientes del otro, sacrificando de esta manera su potencia y control de la situación.

El modo de recuperar un control imaginario de su masculinidad tiene un costo considerable para la salud, ya que la atenciĂłn se realiza cuando el dolor o malestar se agrava.

Entre las referencias habituales de los varones ante la visita al médico, se encuentran: las largas esperas, recibir indicaciones y someterse a procedimientos médicos, someterse al veredicto de un diagnóstico, lo que genera una sensación de impotencia frente a la intervención y capacidad del otro, a la exposición de fragilidad y la pérdida de autonomía y valor personal.

Si la habilidad para mantener la autonomía personal en la mediana y tercera edad es un indicador de envejecimiento exitoso en la cultura occidental, el impacto de la dependencia en los varones viejos resulta mås denigrante ya que la pérdida de masculinidad tiene una importante repercusión sobre su identidad personal. Por esta razón, algunos autores aconsejan que los practicantes de los cuidados de la salud tengan en cuenta esta dimensión.

En las historias de la propia enfermedad o “patografĂ­as” de escritores varones viejos se destaca que aun con buenas condiciones econĂłmicas, apoyo afectivo, y buenas relaciones con mĂ©dicos influyentes, todos padecieron someterse a la atenciĂłn mĂ©dica y recurrieron a mĂșltiples recursos internos para mantener un sentido de individualidad, amor propio y dignidad. Incluso en muchos casos al suicidio.

La situaciĂłn a nivel internacional actual acerca del suicidio muestra una alta proporciĂłn de adultos mayores, con un incremento progresivo segĂșn avanza la edad, y dentro de estos se destaca particularmente la proporciĂłn de varones con respecto a mujeres.

El Perfil Epidemiológico del Suicidio en Argentina muestra para el año 2011 que el grupo de 80 años y mås registró la tasa mås elevada (tasa: 6,18 x 100.000 hab.) de suicidios, observåndose una significativa diferencia de género ya que a medida que los varones envejecen, aumenta en estos la mortalidad por suicidio.

En Estados Unidos los suicidios de las mujeres disminuyen después de los 60 años, pero la tasa entre los hombres sigue subiendo. El 84% de los suicidios de adultos mayores fueron cometidos por varones y fue 5,25 veces mayor que entre las mujeres de la misma edad. Los hombres blancos de edad tienen la tasa mås alta: 29 por cada 100.000 habitantes, y mås de 47 por 100.000 en mayores de 85 años.

SegĂșn el Centers for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, una de las principales causas de suicidio es la depresiĂłn, a menudo sin diagnĂłstico ni tratamiento, aunque los motivos mĂĄs acusados son la muerte reciente de un ser querido, la enfermedad fĂ­sica, el dolor incontrolable o el temor de una enfermedad prolongada, la percepciĂłn de mala salud, el aislamiento social y soledad y los cambios importantes en los roles sociales tales como la jubilaciĂłn. Estos resultados resultan semejantes en diversos paĂ­ses desarrollados y en vĂ­as de desarrollo.

De la potencia a la inhibiciĂłn erĂłtica

Las investigaciones referidas sobre el erotismo masculino dan cuenta de la incidencia de los relatos sobre la masculinidad, la erĂłtica de una Ă©poca, sus modos de goces previos y la situaciĂłn actual.

Los discursos hegemĂłnicos sobre la masculinidad presentan como caracterĂ­sticas del varĂłn la fuerza, la capacidad fĂ­sica, la productividad, las ansias de Ă©xito, la competencia con otros hombres, asĂ­ como el dominio y control de lo que se considera su territorio, pudiendo generar altos niveles de agresividad en su desempeño. Estos significados atribuidos se reflejarĂ­an a nivel sexual en una bĂșsqueda que no siempre se compadece con los cambiantes recursos del varĂłn a lo largo de su vida.

Los escenarios culturales prevalecientes estimulan a los hombres, desde sus primeras prĂĄcticas erĂłticas, a ver su sexualidad como un medio para reafirmar su identidad de rol masculino y su maduraciĂłn hacia la adultez.

La erecciĂłn es una preocupaciĂłn de toda la vida que puede acentuarse en la vejez por los factores que disminuyen esta capacidad o la enlentecen. De esta manera, el conjunto de los cambios esperables en el funcionamiento genital pueden ser comprendidos como agraviantes a nivel de la identidad masculina. Los varones mayores buscan evitar cualquier fallo, incluso a costa de abandonar la sexualidad, ya que cada relaciĂłn sexual podrĂ­a representar un proceso auto-afirmante que le permita retener el sentido masculino del yo. Por esta razĂłn el declive relacionado con la edad es considerado un proceso de desmasculinizaciĂłn.

Toda esta expectativa de alta performance, temor por el desempeño y el centrarse en la genitalidad en detrimento del erotismo, se tornaría en una exigencia de tales proporciones que, en determinados momentos, podría contribuir a la ansiedad por el desempeño obtenido y en inhibición de la capacidad eréctil.

Esta tensiĂłn sexual aumenta con parejas recientes o con menor confianza y cuando las creencias sobre sĂ­ mismos, en cuanto adultos mayores, son mĂĄs negativas.

Tiefer señala que el uso del tĂ©rmino “impotencia” refleja un momento significativo en la construcciĂłn social de la sexualidad masculina, ya que da cuenta del demandante guiĂłn sexual masculino. Esto deriva en que los trastornos erĂ©ctiles episĂłdicos lleven a la autorrecriminaciĂłn y a un ciclo de “espectador”, por el cual los hombres se miran a sĂ­ mismos en su desempeño y consecuentemente les resulta mĂĄs difĂ­cil obtener y mantener una erecciĂłn.

De esta manera podemos reconocer la vergĂŒenza como una emociĂłn frente a un momento en el que el varĂłn puede verse confrontado frente a un relato.

ConclusiĂłn

De esta manera podemos comprender de qué manera los relatos hegemónicos sobre la masculinidad pueden afectar al varón viejo, no permitiendo hallar recursos e ideales mås compatibles con las cambiantes circunstancias que plantean ciertos envejecimientos. De allí que podamos hallar ciertas conductas y emociones que resultan como parte de un malestar que propician dichos relatos sociales.

<
>


DESCARGAR - VER
NÂș 70: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 68: Derechos Humanos


DESCARGAR - VER
NÂș 69: MERCOSUR


DESCARGAR - VER
NÂș 67: Relaciones Internacionales


DESCARGAR - VER
NÂș 66: La EducaciĂłn de la Primera Infancia


DESCARGAR - VER
NÂș 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
NÂș 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
NÂș 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


DESCARGAR - VER
NÂș 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
NÂș 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
NÂș 56: ASIA


DESCARGAR - VER
NÂș 55: EconomĂ­a Internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
NÂș 53: NÂș 53


DESCARGAR - VER
NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
NÂș 51: Juventud


DESCARGAR - VER
NÂș 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
NÂș 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
NÂș 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
NÂș 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
NÂș 44: EE.UU. y AmĂ©rica Latina


DESCARGAR - VER
NÂș 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
NÂș 41: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 39: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 38: EconomĂŹa Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
NÂș 37: economĂ­a social


DESCARGAR - VER
NÂș 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
NÂș 35: CĂłrdoba


DESCARGAR - VER
NÂș 34: Control Social


DESCARGAR - VER
NÂș 33: EducaciĂłn Superior


DESCARGAR - VER
NÂș 32: GĂ©nero


DESCARGAR - VER
NÂș 31: 30 años de democracia


DESCARGAR - VER
NÂș 30: Justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 29: DesafĂ­os culturales


DESCARGAR - VER
NÂș 28: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 27: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 26: NÂș 26


DESCARGAR - VER
NÂș 25: pueblos indĂ­genas


DESCARGAR - VER
NÂș 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
NÂș 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
NÂș 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
NÂș 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
NÂș 20: AGUA


DESCARGAR - VER
NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


DESCARGAR - VER
NÂș 18: Estado II


DESCARGAR - VER
NÂș 17: Estado I


DESCARGAR - VER
NÂș 16: Industria


DESCARGAR - VER
NÂș 15: Seguridad democrĂĄtica


DESCARGAR - VER
NÂș 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
NÂș 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
NÂș 12: AgroganaderĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 10: EnergĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 9: Transporte


DESCARGAR - VER
NÂș 8: Ciencia y tecnologĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 7: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 6: Empleo


DESCARGAR - VER
NÂș 5: HĂĄbitat y vivienda


DESCARGAR - VER
NÂș 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
NÂș 3: EducaciĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 36
Una Sombra ya pronto serĂĄs

Tercera edad

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Federico PĂ©rgola
El anciano del siglo XXI: una mirada antropolĂłgica
José R. Jåuregui
Impacto del envejecimiento en el capital de salud
Alberto Bonetto
¿Por qué se envejece? Teorías actuales
LĂ­a Susana Daichman
Envejecimiento productivo y longevidad: un nuevo paradigma
Ricardo Iacub
Masculinidades en la vejez
Mónica Roqué
Un mundo envejecido es un mundo mejor
Romina Rubin
Impacto de los fĂĄrmacos en la personas mayores
Alexandra Biasutti
Alcance de la cobertura de la seguridad social para los adultos mayores. Especial referencia a las jubilaciones y pensiones
Margarita Murgieri
Controversias en la institucionalizaciĂłn de una persona adulta mayor
Graciela Zarebski
¿Qué nos indica la prospectiva gerontológica?
MarĂ­a Julieta Oddone
El desafío de la diversidad en el envejecimiento en América latina
Rosana G. Di Tullio Budassi
Aspectos legales del abuso y maltrato en la vejez
Laura C. Pezzano Pegorer
Reflexiones sobre el proceso de toma de decisiones en el ĂĄmbito de la salud. Directivas anticipadas, expectativas y repercusiones
Diego Bernardini
¿A quién le importa el envejecimiento de la población? Una visión regional para una respuesta local
Susana Ordano
La formaciĂłn en GerontologĂ­a como una polĂ­tica social
Solchi Lifac
Nosotros y la vejez
Daniel L. Mingorance
El miedo a la vejez
Sonia Arias Diego Bernardini
Retos econĂłmicos del envejecimiento
Leopoldo Salvarezza
El placer en la tercera edad. Validez de un impulso saludable

Newsletter