Marruecos, reajustes internos y externos ante un contexto regional conflictivo

Marruecos, reajustes internos y externos ante un contexto regional conflictivo

Por Juan José Vagni

Durante la primera d√©cada del presente siglo Marruecos experiment√≥, bajo el reinado de Mohamed VI, una serie de reformas que despertaron las esperanzas de cambios m√°s significativos que nunca llegaron. Hubo que esperar hasta la Primavera √Ārabe para que esto se produjera. Hoy en d√≠a, el gobierno busca estabilizarse en un escenario complejo, atravesado por tensiones internas y externas que pueden marcar la senda de los pr√≥ximos a√Īos.
 
Profesor adjunto del área de Estudios Internacionales del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICET), Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad


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A partir de la asunci√≥n de Mohamed VI en 1999, Marruecos ha sido considerado por medios pol√≠ticos y period√≠sticos occidentales como una especie de singularidad o excepcionalidad respecto de los pa√≠ses de su entorno √°rabe y africano. La estabilidad del sistema pol√≠tico, la tibia apertura del r√©gimen hacia formas m√°s democr√°ticas junto a la ortodoxia en materia econ√≥mica y el compromiso en la lucha contra el terrorismo, hac√≠an del reino norteafricano un aliado excepcional para las canciller√≠as occidentales. No obstante, el nuevo rey a√ļn sigui√≥ gobernando en el marco de la Constituci√≥n promulgada por su padre Hassan II en 1996, que consagraba amplias facultades para la monarqu√≠a.

Las leves reformas implementadas en los primeros a√Īos despertaron las esperanzas de cambios m√°s significativos, que se esperaba llegar√≠an en tiempo y forma en una pac√≠fica progresi√≥n. Hasta en los √°mbitos de vida social era habitual escuchar las referencias a la ‚Äúteor√≠a del goteo‚ÄĚ: peque√Īas filtraciones que permitir√≠an transformar paso a paso el sistema pol√≠tico. Se citaban ejemplos, modelos y contramodelos para este lento proceso de transici√≥n. Ejemplo recomendable por su moderaci√≥n era el caso chino; mientras que en el listado de los que nunca se deber√≠a emular aparec√≠an la Perestroika de Gorbachov y la Reforma Blanca del sha de Ir√°n en los a√Īos sesenta. Estos √ļltimos representaban el peligro de transformaciones radicales que alteraran la naturaleza misma del sistema: por una apertura descontrolada en el caso de la ex URSS y por una reforma extranjerizante en el caso iran√≠. Para algunos sectores pol√≠ticos, en cambio, este lento proceso no hac√≠a m√°s que mostrar la naturaleza gatopardista de la monarqu√≠a y del Majzen (tradicional estructura informal de poder que conecta a la monarqu√≠a con las fuerzas pol√≠ticas locales y sectoriales).

Entre los desarrollos pol√≠ticos m√°s elogiados de la nueva etapa se reconoce la formaci√≥n de la Instancia Equidad y Reconciliaci√≥n para la revisi√≥n de los a√Īos de plomo; la fundaci√≥n del Instituto Real de Cultura Amazigh para la gesti√≥n de la identidad cultural bereber y la reforma de la Ley de Familia. Aunque hubo momentos de mayor cuestionamiento ‚Äďprincipalmente durante los atentados de Casablanca en 2003‚Äď, este relato de cambios progresivos domin√≥ la escena pol√≠tica durante gran parte de la primera d√©cada del siglo XXI.

Al iniciarse los levantamientos en T√ļnez y Egipto a fines de 2010 se insisti√≥, desde diferentes instancias, que Marruecos estaba a salvo de cualquier conmoci√≥n: la singularidad y estabilidad del sistema pol√≠tico lo garantizaban. Sin embargo, poco tiempo despu√©s se revel√≥ que este escenario ideal no tendr√≠a sustento y que las frustraciones de amplios sectores de la sociedad ‚Äďexpectantes ante una apertura genuina‚Äď y el efecto contagio acabar√≠an impactando de alguna manera sobre la evoluci√≥n social y pol√≠tica en el pa√≠s.

Inmediatamente el gobierno puso en marcha una serie de cambios preventivos: el aumento de las subvenciones a los hidrocarburos y a los alimentos básicos. Y entre las reformas institucionales, la instalación del Consejo Económico Social, como una instancia de canalización del diálogo entre diferentes sectores sociales y políticos. Mientras tanto, las movilizaciones y protestas, aunque con dispar convocatoria, se extendieron por las principales ciudades del país.

Algunas voces de referencia ‚Äďintelectuales y figuras de la oposici√≥n pol√≠tica‚Äď se√Īalaron la necesidad de reformas profundas. La cristalizaci√≥n de estas expectativas se dio a trav√©s de la convocatoria de una movilizaci√≥n para el 20 de febrero de 2011, originada a partir de j√≥venes independientes. Esta iniciativa promovida a trav√©s de Internet y medios electr√≥nicos se denomin√≥ Movimiento 20F y comenz√≥ a articular el descontento popular de casi un centenar de organizaciones de variado perfil y espectro ideol√≥gico.

Pocas semanas despu√©s, el 9 de marzo, el monarca anunci√≥ la realizaci√≥n de una reforma constitucional para lograr un ‚Äúnuevo pacto hist√≥rico entre Trono y Pueblo‚ÄĚ. Esta revisi√≥n fue encargada a una comisi√≥n de expertos, mediante el trabajo en consulta con partidos, sindicatos y organizaciones sociales. Sin embargo, la propuesta recibi√≥ inmediatas cr√≠ticas del Movimiento 20F y de peque√Īas fuerzas pol√≠ticas del pa√≠s, quienes anhelaban la realizaci√≥n de un verdadero proceso constituyente, soberano en sus decisiones.

Entre los cambios incluidos en la nueva Carta Magna están: a) el reconocimiento de la identidad plural marroquí; b) la constitucionalización de diversos organismos y consejos, y de pactos y compromisos internacionales firmados por el país; c) la separación y equilibrio de poderes, esto incluye la consagración del jefe de gobierno surgido de los votos conseguidos en la Cámara de Diputados y el reforzamiento de su papel, siendo responsable de un poder ejecutivo efectivo; d) el reconocimiento de la regionalización del país; entre otras. Quizá lo más importante de este proceso es que, por primera vez, las facultades generales del monarca pasaron a ser definidas y reguladas por el texto constitucional. El nuevo documento fue sometido a referéndum el 1 de julio de 2011 y logró un mayoritario respaldo popular.

A pesar de no participar en las movilizaciones, la formaci√≥n islamista m√°s importante, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), obtuvo el triunfo en las elecciones generales de fines de 2011. Dicho partido encabez√≥ una coalici√≥n junto al Istiqlal (partido nacionalista conservador, que abandon√≥ tiempo despu√©s esta alianza), el Movimiento Popular (movimiento bereber de centroderecha), el Partido del Progreso y el Socialismo (ex comunistas) y el partido Rassemblement National des Ind√©pendants (RNI). El dirigente del PJD Abdellah Benkirane fue designado como jefe de gobierno e inici√≥ una etapa que ha sido caracterizada como de ‚Äúcohabitaci√≥n‚ÄĚ. La presencia de esta organizaci√≥n en el campo pol√≠tico se ha normalizado y virado hacia un perfil de partido nacionalista-conservador con referentes religiosos, de acuerdo con el especialista Miguel Hernando de Larramendi.

El nuevo gobierno prioriz√≥ la imposici√≥n de algunas cuestiones habituales de la agenda islamista: la moralizaci√≥n del espacio p√ļblico, la lucha contra la corrupci√≥n y medidas de corte social. Entre las reformas lanzadas mediante diversas leyes org√°nicas cabe se√Īalar la del funcionamiento del Legislativo, la de partidos pol√≠ticos, la del Tribunal Constitucional, la del Consejo Econ√≥mico Social y la relativa a las comisiones de investigaci√≥n parlamentaria, as√≠ como la reforma de la Justicia y la Regionalizaci√≥n Avanzada. Esta √ļltima de gran trascendencia para el futuro del Sahara Occidental: prev√© la democratizaci√≥n a nivel local y regional y una organizaci√≥n regional m√°s eficiente, pasando de 16 a 12 el n√ļmero total de regiones en el pa√≠s.

En el aspecto económico, el actual ejecutivo se aplicó a la reforma de la Caja de Compensación, el antiguo sistema de subvención de productos básicos y de gran impacto social. Asimismo se encaró el proceso de reforma del sistema de pensiones y la regulación del derecho de huelga. También están en tratamiento otros temas previstos en la nueva Constitución como la figura de la iniciativa popular legislativa, el derecho de petición y el nuevo código de prensa.

Sin embargo el gobierno islamista no ha estado exento de conflictos y diferencias, por lo que el monarca potenci√≥ su papel de hecho como √°rbitro del juego pol√≠tico. Incluso sosteniendo antiguas pr√°cticas como la modificaci√≥n de decisiones del ejecutivo; el nombramiento de funcionarios, embajadores y asesores reales; la formaci√≥n de misiones diplom√°ticas paralelas, entre otras. Estas interferencias, seg√ļn Larramendi, podr√≠an debilitar al gobierno y a la formaci√≥n islamista, repitiendo los mismos errores del gobierno ‚Äúde la alternancia‚ÄĚ a fines de los noventa.

En este marco podemos caracterizar entonces al sistema político marroquí como un régimen híbrido, en el que la naturaleza autoritaria convive con la puesta en juego de dispositivos democráticos. Sin duda, la gran ventaja es que, a diferencia de otros países del entorno, las fuerzas sociales cuentan con un relativo margen de acción para manifestarse y cuestionar al poder.

En materia externa, el nuevo monarca se empe√Ī√≥ en diversificar e intensificar la presencia marroqu√≠ en el escenario internacional, a trav√©s de la ampliaci√≥n de su actuaci√≥n y reforzando las relaciones con regiones como Am√©rica latina o los pa√≠ses asi√°ticos. Asimismo, procura maximizar su visibilidad y prestigio a trav√©s de la organizaci√≥n de grandes eventos internacionales, tales como la Conferencia del Cambio Clim√°tico de Naciones Unidas (Cop22), que tendr√° lugar en Marrakech durante el mes de noviembre de 2016.

El conflicto del Sahara Occidental es desde 1975 el hecho central de la pol√≠tica exterior marroqu√≠. La recuperaci√≥n de las llamadas ‚ÄúProvincias del Sur‚ÄĚ se transform√≥ en una causa nacional, respaldada por todas las fuerzas pol√≠ticas. La movilizaci√≥n ideol√≥gica en torno a la campa√Īa irredentista es una constante que articula tanto la vida pol√≠tica del pa√≠s como sus relaciones internacionales. El prop√≥sito fundamental de la diplomacia marroqu√≠ es la aceptaci√≥n por la comunidad internacional de su postura sobre el Sahara Occidental, traducida en el proyecto de autonom√≠a lanzado en 2007.

En abril de 2007 Marruecos present√≥ a Naciones Unidas un proyecto de autonom√≠a para dichos territorios. Esta propuesta otorgar√≠a a la poblaci√≥n local facultades de autogesti√≥n, pero en el marco de la soberan√≠a marroqu√≠. Para la promoci√≥n de esta iniciativa, el reino inici√≥ una ofensiva diplom√°tica en m√ļltiples frentes. Al mismo tiempo, a partir de junio de ese a√Īo, Marruecos y el Frente Polisario celebraron una serie de negociaciones con el auspicio de Naciones Unidas y la presencia de Argelia y Mauritania. Los encuentros se llevaron adelante en Manhasset, en las cercan√≠as de Nueva York. Sin embargo a lo largo de nueve rondas de negociaci√≥n no se lograron avances sustantivos ante la intransigencia de las partes: Marruecos insiste en su propuesta de autonom√≠a mientras los saharauis reclaman la celebraci√≥n de un refer√©ndum que contemple la independencia. M√°s a√ļn, como se se√Īal√≥ anteriormente, en la reciente reforma del texto constitucional se incorpor√≥ un proyecto general de regionalizaci√≥n avanzada, dentro del cual se inserta el proyecto de autonom√≠a del Sahara Occidental.

A principios de este a√Īo se elev√≥ nuevamente la tensi√≥n entre el reino y Naciones Unidas en torno a la cuesti√≥n saharaui, cuando el Secretario General Ban Ki-moon se refiri√≥ a la misma como ‚Äúocupaci√≥n‚ÄĚ por parte de Marruecos. A continuaci√≥n, Marruecos expuls√≥ a 73 miembros de la Misi√≥n de las Naciones Unidas para el Refer√©ndum del Sahara Occidental (MINURSO). A esto se sum√≥ la muerte del l√≠der del Frente Polisario desde 1976, Mohamed Abdelaziz, el 31 de mayo pasado. El 13 de julio fue elegido como sucesor Brahim Ghali, un dirigente de la vieja guardia que combina experiencia militar y diplom√°tica y que deber√° definir a fines del mismo mes el futuro de la MINURSO en Naciones Unidas.

Por otra parte, Marruecos encuentra diversas dificultades a la hora de gestionar un contacto s√≥lido, estable y no condicionado con las √≥rbitas regionales √°rabes, africanas e isl√°micas, a pesar de los lazos hist√≥ricos y culturales que lo unen con ellas. La alternancia y la superposici√≥n de prioridades en su propia agenda, las relaciones de cercan√≠a con las potencias de Occidente y el tema saharaui como factor perturbador, siguen constituyendo los elementos que act√ļan en esos terrenos.

En el √°mbito magreb√≠, la normalizaci√≥n de las relaciones con Argelia contin√ļa siendo una tarea pendiente. Esta indefinici√≥n lastra el proceso en torno al Sahara Occidental y contamina la pol√≠tica regional, donde a√ļn existen profundas diferencias como la gesti√≥n de la crisis de Mal√≠ y la seguridad en la zona sahelo-sahariana. Cabe recordar que la frontera entre los dos pa√≠ses permanece cerrada desde 1994.

Al mismo tiempo, Marruecos ha desempe√Īado un papel importante en el ca√≥tico escenario libio post Gadafi. Con sus buenos oficios, la diplomacia marroqu√≠ facilit√≥ el di√°logo para la formaci√≥n de un gobierno de unidad nacional bajo el auspicio de Naciones Unidas, mediante el acuerdo firmado por las diferentes partes en conflicto en el balneario marroqu√≠ de Sijrat en diciembre de 2015.

Respecto de Siria, el reino promueve la b√ļsqueda de una soluci√≥n pol√≠tica negociada, al tiempo que ofrece sus apoyos para los desplazados sirios financiando un hospital de campa√Īa en Jordania. Sin embargo las secuelas del conflicto llegaron a su propio territorio: unos dos mil refugiados sirios entraron sin visado al espacio marroqu√≠ desde 2011. Una parte de ellos empez√≥ el proceso de regularizaci√≥n, mientras que unos quinientos fueron reconocidos como refugiados por ACNUR. Aunque cuentan con la protecci√≥n ‚Äúoficiosa‚ÄĚ de las autoridades, su inserci√≥n econ√≥mica es muy dif√≠cil y muchos de ellos optan por tratar de ingresar a la Uni√≥n Europea a trav√©s de las ciudades espa√Īolas de Ceuta y Melilla.

Los v√≠nculos con los pa√≠ses √°rabes del Golfo P√©rsico se incrementaron en los √ļltimos a√Īos, destac√°ndose en el plano econ√≥mico con la recepci√≥n de importantes inversiones en materia financiera y de proyectos inmobiliarios y tur√≠sticos. En los primeros meses de 2011 el reino recibi√≥ la invitaci√≥n para sumarse al Consejo de Cooperaci√≥n del Golfo (CCG), en un intento de las monarqu√≠as √°rabes para hacer frente a los levantamientos populares que comenzaban a desarrollarse en la regi√≥n. Aunque la propuesta fue rechazada, los contactos con este grupo regional continuaron de manera creciente. En abril de este a√Īo se concret√≥ en Riad la primera cumbre entre Marruecos y los cinco pa√≠ses del CCG (Arabia Saudita, Emiratos √Ārabes Unidos, Qatar, Bahr√©in y Kuwait). Cabe se√Īalar que en la misma, Marruecos recibi√≥ el respaldo para sus posiciones sobre el Sahara Occidental.

Con respecto al √°mbito africano, la diplomacia marroqu√≠ se empe√Īa en resaltar que el continente se sit√ļa en los primeros puestos de su agenda externa, dando paso a una etapa de renovaci√≥n en las vinculaciones. El pasado 17 de julio se dio uno de los giros m√°s significativos cuando Mohamed VI anunci√≥ su intenci√≥n de volver al seno de la Uni√≥n Africana (UA) tras 32 a√Īos de alejamiento de la pol√≠tica continental (se retir√≥ de la anterior Organizaci√≥n para la Unidad Africana en 1984, tras el ingreso de la Rep√ļblica √Ārabe Saharaui Democr√°tica). Hasta el momento, el reino exig√≠a la salida de dicha rep√ļblica como condici√≥n para volver a la organizaci√≥n. Este cambio supone un giro pragm√°tico, asumiendo el significativo papel que puede ocupar la UA en la resoluci√≥n del conflicto saharaui.

Esta propuesta aparece como la culminaci√≥n de un largo proceso de reacercamiento. La acci√≥n diplom√°tica marroqu√≠ hacia el espacio subsahariano cobr√≥ nuevo impulso, sobre todo a partir de las giras diplom√°ticas que el rey Mohamed VI llev√≥ adelante a los pa√≠ses del √Āfrica Occidental franc√≥fona. En estas misiones se entrecruzaron diversos intereses: la pretensi√≥n de reincorporarse a la escena africana con una mayor presencia pol√≠tica y econ√≥mica, la b√ļsqueda de apoyo renovado en la cuesti√≥n del Sahara Occidental, la problem√°tica de la seguridad y la inmigraci√≥n, junto a la expansi√≥n de los negocios y las inversiones de empresas p√ļblicas y privadas marroqu√≠es; todo ello bajo el marco del discurso de la cooperaci√≥n Sur-Sur.

En las relaciones con las grandes potencias, las dificultades del pa√≠s no son menores. La doble dependencia con las fuerzas de Occidente ‚Äďprincipalmente econ√≥mica con la Uni√≥n Europea y pol√≠tico-militar con Estados Unidos‚Äď le exige desarrollar habilidosos movimientos diplom√°ticos de balanceo.

Con respecto a la Unión Europea, en diciembre de 2015 se puso en cuestionamiento el instrumento comercial principal que rige los intercambios con Marruecos. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló el acuerdo comercial agrícola por incluir al Sahara Occidental en su aplicación. La medida fue recientemente recurrida por los países mediterráneos afectados también por la decisión del Alto Tribunal.

Asimismo, los v√≠nculos con Francia estuvieron a lo largo del a√Īo 2014 ensombrecidos nuevamente por diversas situaciones. El intento de Par√≠s de tomar declaraci√≥n al jefe del contraespionaje marroqu√≠ y los decires de un embajador franc√©s en Naciones Unidas dieron pie a una intensa crisis diplom√°tica. En 2015 comenz√≥ el deshielo, con la reanudaci√≥n del di√°logo pol√≠tico y la cooperaci√≥n en materia de lucha contra el terrorismo, especialmente tras los m√ļltiples atentados en Par√≠s en noviembre. La relaci√≥n se normaliz√≥ con la visita de Fran√ßois Hollande a T√°nger en septiembre y la del rey a Par√≠s en noviembre de ese a√Īo.

La nueva fase en el conflicto del Sahara Occidental implic√≥ tambi√©n la necesidad de diversificar los apoyos del reino y lograr contrapesos a los complejos v√≠nculos con las potencias occidentales. As√≠, en marzo de 2016 el rey visit√≥ al presidente ruso Vladimir Putin y firm√≥ m√ļltiples acuerdos comerciales y estrat√©gicos. A su vez, en mayo, el monarca viaj√≥ a China, donde labr√≥ importantes acuerdos financieros, comerciales e industriales que abren la puerta a la inversi√≥n de bancos y empresas chinos en el reino o la participaci√≥n conjunta en proyectos en √Āfrica. Se destaca un acuerdo swap de divisas por tres a√Īos y la posible venta de armas por el gigante asi√°tico. El di√°logo incluy√≥ un aval impl√≠cito a las reclamaciones marroqu√≠es sobre el Sahara y el rechazo al intervencionismo occidental. Estos notables cambios en la orientaci√≥n exterior de Marruecos son interpretados por algunos analistas como la apuesta hacia un mundo multipolar y el cuestionamiento al tradicional papel de Estados Unidos como un aliado confiable e imprescindible.

En s√≠ntesis, a sesenta a√Īos de su vida independiente, el sistema pol√≠tico y la sociedad marroqu√≠es muestran una elevada complejidad, con la interacci√≥n de diferentes actores e intereses. El pa√≠s atraviesa hoy una serie de tensiones y transformaciones de gran calado, un escenario de nuevos desaf√≠os y oportunidades que pueden marcar la senda pol√≠tica y social de los pr√≥ximos tiempos.

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