Macri, con Obama y Trump: persisten las dificultades bilaterales

Macri, con Obama y Trump: persisten las dificultades bilaterales

Por Leandro Morgenfeld

En sus primeros dos a√Īos, el gobierno argentino sobreactu√≥ el alineamiento con Washington ‚Äďretomando la senda que supo transitar Carlos Menem en los noventa‚Äď y se ilusion√≥ con la continuidad que supon√≠a la previsible llegada a la Casa Blanca de Hillary Clinton. Sin embargo, la lluvia de inversiones no se produjo, las tasas para tomar cr√©ditos no disminuyen y la balanza comercial empeor√≥. El acceso de Donald Trump a la Casa Blanca profundiz√≥ el contexto externo negativo y muestra el fracaso de la estrategia aperturista.
 
Doctor en Historia. Docente de la Universidad de Buenos Aires. Investigador del CONICET. Co-Coordinador del GT CLACSO ‚ÄúEstudios sobre Estados Unidos‚ÄĚ. Autor de ‚ÄúVecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas‚ÄĚ (Morgenfeld, 2011); de ‚ÄúRelaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos‚ÄĚ (Morgenfeld, 2012), y del sitio www.vecinosenconflicto.com


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El giro en política exterior con Macri y la visita de Obama

Los √ļltimos meses de Obama en la Casa Blanca fueron favorables a los objetivos de Estados Unidos: se produjeron retrocesos de los llamados gobiernos progresistas, al mismo tiempo que el dem√≥crata increment√≥ su presencia regional, lo cual se materializ√≥ en una gira muy significativa.

La histórica visita de Obama a Cuba y Argentina, en marzo del 2016, respondió a distintos objetivos, el principal, de carácter geoestratégico. Para reposicionarse en la región, Estados Unidos procura derrotar a los países bolivarianos y también limar las iniciativas autónomas que impulsó el eje Brasil-Argentina. Apuesta a un realineamiento del continente y busca debilitar las iniciativas de coordinación y cooperación política, como la Unasur y la CELAC, reposicionando a la OEA, cuya sede está en Washington, a escasos metros de la Casa Blanca.

El triunfo de Mauricio Macri, en el ballottage de noviembre de 2015, alentó la restauración conservadora en Nuestra América, que continuó con la derrota del chavismo en las elecciones legislativas en Venezuela (diciembre de 2015), el traspié de Evo Morales en su intento de habilitar una nueva reelección en Bolivia (febrero de 2016) y la ofensiva destituyente contra el gobierno de Rousseff en Brasil, concretada luego con su separación del cargo para ungir como presidente al ilegítimo Michel Temer. La derecha regional solo logró recapturar mediante elecciones un nuevo gobierno, en la Argentina, y Obama buscó impulsar a Macri como un líder que terminase de inclinar el tablero político regional, atacando a los adversarios de Washington, como lo hizo el líder del PRO en la cumbre del Mercosur de diciembre de 2015, cuando acusó a Venezuela de no respetar los derechos humanos.

La gira de Obama tuvo como objetivo, tambi√©n, impulsar el Acuerdo Transpac√≠fico de Cooperaci√≥n Econ√≥mica (conocido como TPP, por sus siglas en ingl√©s). Si bien la Argentina no era uno de los 12 signatarios originales de este acuerdo, firmado en febrero de 2016 ‚Äďy que aguardaba la ratificaci√≥n de los congresos de cada pa√≠s, hasta que Trump pr√°cticamente lo sentenci√≥ a muerte en enero de 2017 (aunque recientemente, en Chile, se firm√≥ el TPP11, sin Estados Unidos)‚Äď, la expectativa, tal como declararon Macri y su entonces canciller Susana Malcorra, era que el pa√≠s se aproximara a la Alianza del Pac√≠fico (M√©xico, Colombia, Per√ļ y Chile), y eventualmente se sumase al Acuerdo Transpac√≠fico. La incorporaci√≥n de Argentina como observadora en la Alianza del Pac√≠fico, y la participaci√≥n del propio Macri como invitado en la cumbre de esa organizaci√≥n que se realiz√≥ el 1¬ļ de julio de 2016 fueron un avance m√°s en esa direcci√≥n. Esa reedici√≥n de una suerte de nuevo ALCA, con el que Estados Unidos procura que sus gobiernos aliados horaden la expansi√≥n econ√≥mica y comercial china, habr√≠a implicado una mayor apertura econ√≥mica y una disminuci√≥n a√ļn mayor del alica√≠do mercado interno argentino, en beneficio de las grandes transnacionales estadounidenses y en perjuicio de las peque√Īas y medianas empresas locales y de los trabajadores en general. Habr√≠a provocado, adem√°s, un golpe fuerte al Mercosur, que atraviesa un momento de incertidumbre, a partir de la crisis econ√≥mica y pol√≠tica en Brasil, de la suspensi√≥n de Venezuela y de las presiones para flexibilizarlo.

Obama tambi√©n viaj√≥ a la Argentina a promover las inversiones estadounidenses y los intereses comerciales de sus empresas. Su gobierno critic√≥ fuertemente a los Kirchner por el supuesto proteccionismo que limitaba las importaciones, pero en realidad Estados Unidos goza de un amplio super√°vit comercial con la Argentina y protege a sus productores agropecuarios con medidas paraarancelarias, provocando p√©rdidas millonarias para nuestro pa√≠s, que en los √ļltimos a√Īos debi√≥ recurrir a la OMC para frenar esas arbitrariedades. Como es habitual, el presidente estadounidense hizo lobby para que las empresas de su pa√≠s ‚Äďmuchas de las cuales dependen de acuerdos con el Estado, como el caso de la petrolera Chevron‚Äď obtuvieran tratos preferenciales por parte del gobierno argentino. Con este objetivo, la C√°mara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina organiz√≥ una gran actividad, en las imponentes instalaciones de la Sociedad Rural Argentina, a la cual finalmente Obama y Macri no asistieron para evitar la movilizaci√≥n de agrupaciones populares de izquierda que marcharon all√≠ para repudiarlos.

La visita pretendi√≥, adem√°s, que dependencias del gobierno de Estados Unidos, como el Pent√°gono o la DEA, recuperaran posiciones y pudieran tener una injerencia mayor en temas internos muy sensibles, como el de la seguridad. Con la excusa del narcotr√°fico y el terrorismo, en los √ļltimos a√Īos Estados Unidos despleg√≥ decenas de bases militares de nuevo tipo por toda Nuestra Am√©rica. En la mayor√≠a de los pa√≠ses de la regi√≥n se viene cuestionando este intervencionismo estadounidense, planteando el fracaso de la guerra contra las drogas promovida desde el gobierno de Nixon en los a√Īos ‚Äô70, objetando instituciones heredadas de la Guerra Fr√≠a como el TIAR e impulsando su reemplazo por otras nuevas, como el Consejo Suramericano de Defensa. A contramano de esa tendencia, desde el macrismo se explora un nuevo alineamiento. La ministra de seguridad Patricia Bullrich viaj√≥ a Washington en febrero del 2016, donde se reuni√≥ con funcionarios de la DEA y el FBI, en funci√≥n de profundizar la ‚Äúcooperaci√≥n‚ÄĚ. Parte de los acuerdos bilaterales firmados durante la visita de Obama tienen que ver con avanzar en esa l√≠nea. En los √ļltimos meses se multiplicaron los contactos entre funcionarios de los ministerios de Seguridad y Defensa y el Pent√°gono, la CIA y la DEA.

Con la visita de Obama, entonces, la Casa Blanca procuró transformar a la Argentina, que tantas veces en la historia dificultó sus proyectos hegemónicos a nivel continental, en el nuevo aliado que legitimara el avance de las derechas en la región, tal como ocurrió, por ejemplo, en Chile. El mandatario estadounidense lo repitió varias veces en Buenos Aires: Macri es el líder de la nueva época, el ejemplo a imitar. En octubre de 2017, ya como ex presidente, y pocos días antes de las elecciones legislativas, Obama volvió a la Argentina y se reunió con el líder de PRO, en lo que implicó un nuevo espaldarazo a su figura.

El cambio de escenario con Trump y la dificultad de Macri para recalcular

Desde la asunci√≥n de Trump, en enero de 2017, Macri busc√≥ acercarse al magnate, luego de haber apostado por el triunfo de Hillary Clinton en las elecciones de noviembre de 2016. Tras intensas gestiones, el presidente argentino fue recibido por su par estadounidense en Washington el 27 de abril del a√Īo pasado. Apenas logr√≥ promesas de concretar el ingreso de limones tucumanos al protegido mercado estadounidense.

Unos meses m√°s tarde, el n√ļmero dos de la Casa Blanca viaj√≥ hasta Buenos Aires. El 14 de agosto, un d√≠a despu√©s de las elecciones primarias, se produjo la visita del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en el marco de una gira que incluy√≥, adem√°s de la Argentina, Colombia, Chile y Panam√°. El mandatario estadounidense lleg√≥ d√≠as despu√©s de la temeraria amenaza de Trump de una intervenci√≥n militar en Venezuela. Tras el encuentro con Macri, en el que elogi√≥ la pol√≠tica econ√≥mica que viene implementando, anunciaron un acuerdo para habilitar el todav√≠a demorado ingreso de limones en Estados Unidos, pero a la vez para permitir la exportaci√≥n de carne porcina hacia la Argentina, lo cual produjo quejas de los productores locales, que denunciaron el riesgo de perder hasta 35.000 puestos de trabajo.

Apenas una semana m√°s tarde, el 22 de agosto, se conoci√≥ la decisi√≥n del Departamento de Comercio de Estados Unidos de cobrar aranceles prohibitivos (57% en promedio) a las importaciones de biodiesel provenientes de Argentina, ratificada en los primeros d√≠as de 2018. Esas ventas significaron en 2016 el 25% de las exportaciones al pa√≠s del norte. Esta decisi√≥n produjo un cimbronazo en el gobierno argentino, quejas de m√ļltiples productores y corporaciones agropecuarias y la muestra cabal del fracaso de la pol√≠tica de alineamiento, que hasta ahora no produjo ventajas econ√≥micas en el v√≠nculo bilateral.

La decisi√≥n del Departamento de Comercio de aplicar elevados aranceles al biodiesel argentino, anunciada apenas una semana despu√©s de la visita del vicepresidente estadounidense, echa por tierra las expectativas de una mayor convergencia comercial bilateral. El gobierno argentino insiste en abrir la econom√≠a, pero no logra revertir el proteccionismo agr√≠cola de Estados Unidos y Europa, con lo cual la balanza comercial arroja saldos negativos. El d√©ficit comercial fue r√©cord hist√≥rico el a√Īo pasado. El 22 de diciembre se anunci√≥ el reingreso de la Argentina al Sistema Generalizado de Preferencias ‚Äďprograma de rebaja limitada de aranceles a pa√≠ses ‚Äúen desarrollo‚ÄĚ del que hab√≠a sido suspendido nuestro pa√≠s en 2012 por los conflictos con empresas estadounidenses ante el CIADI‚Äď, pero hay presiones para que Trump elimine directamente esos beneficios. La buena noticia fue opacada por la confirmaci√≥n, el 4 de enero de 2018, de un arancel del 72% al biodiesel argentino por parte del Departamento de Comercio estadounidense, bloqueando exportaciones que proyectaban llegar a 1.500 millones de d√≥lares este a√Īo.

Esto es apenas una muestra de la necesidad de converger con los dem√°s pa√≠ses latinoamericanos para negociar con las potencias extrarregionales desde una posici√≥n de mayor fortaleza. Negociando individualmente con una gran potencia, la Argentina tiene todas las de perder. En cambio, hay ejemplos hist√≥ricos de negociaciones exitosas cuando se alent√≥ la convergencia con otros pa√≠ses similares. En la reuni√≥n ministerial de la Organizaci√≥n Mundial del Comercio (OMC) realizada en Canc√ļn, en 2013, convergieron los pa√≠ses exportadores de bienes primarios y se pusieron de acuerdo para paralizar las negociaciones en tanto no se discutieran los subsidios agr√≠colas de Estados Unidos, Europa y Jap√≥n. La liberalizaci√≥n del comercio no puede abarcar solamente a la industria y los servicios. Algo similar ocurri√≥ dos a√Īos despu√©s, cuando los pa√≠ses del Mercosur, m√°s Venezuela, impidieron que avanzara el proyecto del ALCA.

Desgraciadamente, la estrategia de Macri parece ir en otro sentido. Asume acr√≠ticamente la agenda que las corporaciones pretenden imponer en √°mbitos como la OMC, evita articular una pol√≠tica com√ļn con los dem√°s pa√≠ses latinoamericanos ‚Äďincluso en diciembre filtr√≥ a la prensa la voluntad de abandonar la Unasur‚Äď, promueve una apertura comercial que estimula la desindustrializaci√≥n local y alienta acuerdos de libre comercio, como el que est√°n negociando la Uni√≥n Europea y el Mercosur, que profundizar√≠an los desequilibrios.

Los gobiernos neoliberales que apostaban a la continuidad con Clinton y a la firma y extensi√≥n de acuerdos como el TLCAN-NAFTA y el TPP, ahora est√°n obligados a recalcular su inserci√≥n internacional. Se les dificulta seguir con la pol√≠tica de promoci√≥n del libre comercio, endeudamiento externo masivo y concesiones para atraer inversiones estadounidenses. El contexto mundial est√° siendo mucho m√°s adverso. Cantan loas a la globalizaci√≥n neoliberal, cuando en Estados Unidos y Europa est√° siendo impugnada. En Argentina, por ejemplo, representantes del gobierno ya hablan de la necesidad de diversificar mercados y desplegar una pol√≠tica exterior menos enfocada en Washington y la Uni√≥n Europea, justo lo contrario que hicieron en los dos √ļltimos a√Īos.

La pol√≠tica externa desplegada por Macri profundiza la inserci√≥n dependiente. Apenas es beneficiosa para una minor√≠a concentrada: los bancos, los socios menores del gran capital transnacional y los grandes exportadores, beneficiados por la baja de retenciones y por la megadevaluaci√≥n de diciembre de 2015. Sin embargo, hubo un an√°lisis err√≥neo del contexto internacional. Se promovi√≥ una apertura comercial en funci√≥n de avanzar con tratados de libre comercio, justo cuando las potencias occidentales avanzan en sentido contrario. Se pag√≥ lo que exig√≠an los fondos buitre, elevando enormemente el endeudamiento externo. Sigue cayendo la actividad (el PBI retrocedi√≥ 2,3%en 2016, seg√ļn el INDEC), aumentan la pobreza y la desigualdad, la inflaci√≥n no cede y la deuda externa se dispara.

En marzo de 2018, Trump anunci√≥ la suba de aranceles a las importaciones de acero (25%) y aluminio (105), sentando un precedente para lo que podr√≠a derivar en una guerra comercial a escala global. El 6 de marzo renunci√≥ Gary Cohn como jefe de asesores econ√≥micos, privando a la Casa Blanca de un referente del establishment pro-libre comercio. Estas medidas tendr√≠an un enorme impacto en la econom√≠a argentina, que ya cerr√≥ el 2017 con el peor d√©ficit comercial de la historia en t√©rminos nominales (8.471 millones de d√≥lares, seg√ļn el INDEC), y en particular con un enorme desbalance con Estados Unidos. El a√Īo pasado, la Argentina export√≥ a Estados Unidos 1.438 millones de d√≥lares en biodiesel, aluminio y acero y derivados, seg√ļn la consultora abeceb. De aplicarse estas medidas, se ver√≠an afectadas nada menos que el 32,5% de las exportaciones al pa√≠s del norte. La pol√≠tica de Macri de alinearse con la Casa Blanca, al menos en el plano comercial, no est√° mostrando resultados positivos.

En enero de este a√Īo se profundiz√≥ el rojo comercial que encendi√≥ las alarmas a fines de 2017: 986 millones de d√≥lares.

Conclusiones

Analizar los cambios en la relaci√≥n entre la Argentina y Estados Unidos, desde la asunci√≥n de Macri el 10 de diciembre de 2015, es sumamente importante no s√≥lo para comprender el v√≠nculo bilateral, sino por el impacto interamericano. Obama apost√≥, en su segundo mandato, a reposicionar a Estados Unidos en la regi√≥n, aprovechando algunas condiciones m√°s favorables a los intereses de Washington, luego de una d√©cada de relativo relajamiento del dominio estadounidense en su patio trasero y de la decepci√≥n regional que provoc√≥ en sus primeros cuatro a√Īos. Si el gobierno encabezado por Cristina Kirchner fue un obst√°culo en ese intento, la llegada de Macri fue vislumbrada como una oportunidad, en tanto planteaba un acercamiento hacia la Casa Blanca, sin pedir casi nada a cambio.

La canciller argentina Susana Malcorra se√Īal√≥, en diciembre de 2015, que desplegar√≠an una pol√≠tica exterior ‚Äúdesideologizada‚ÄĚ, cuyos objetivos ser√≠an la atracci√≥n de capitales, la toma de pr√©stamos y la apertura de nuevos mercados para los exportadores. Desde que asumi√≥, Macri no ahorr√≥ se√Īales hacia el gran capital financiero, pero sobre todo hacia Estados Unidos.

Desde su concepci√≥n liberal, la v√≠a para dar seguridad jur√≠dica a los inversores externos es firmar tratados de libre comercio (TLC). Viaj√≥ a Davos, se reuni√≥ con l√≠deres europeos y recibi√≥ a Obama. En julio visit√≥ Chile para participar por primera vez de la cumbre presidencial de la Alianza del Pac√≠fico, donde insisti√≥ en que el Mercosur estaba congelado y deb√≠a sellar un tratado comercial con ese bloque; luego vol√≥ a Francia, B√©lgica y Alemania, para relanzar las negociaciones de un ‚Äúacuerdo de asociaci√≥n‚ÄĚ con la Uni√≥n Europea, y culmin√≥ su periplo en Estados Unidos, para reunirse con los CEOs de empresas de telecomunicaciones y servicios. ‚ÄúArgentina volvi√≥ al mundo‚ÄĚ, declar√≥ en Berl√≠n, euf√≥rico ante empresarios teutones.

Macri y Patricia Bullrich permitieron a Estados Unidos avanzar nuevamente en materia militar y de inteligencia, con la excusa del terrorismo y la lucha contra el narcotráfico. Hay planes de adiestramiento de tropas, venta de armamento y también viene hablándose de una base en Misiones, cerca de la Triple Frontera, y otra en Tierra del Fuego, cerca de la Antártida. Se las enmascara como bases humanitarias o científicas, pero son emplazamientos militares de nuevo tipo.

El gobierno de la Alianza Cambiemos decidi√≥ impulsar las negociaciones comerciales en tres direcciones: intentar sellar un acuerdo Mercosur-Uni√≥n Europea, procurar un tratado de libre comercio con Estados Unidos y avanzar en una convergencia con la Alianza del Pac√≠fico, como primer paso para sumarse al TPP. Macri abandon√≥ una pol√≠tica exterior de orientaci√≥n latinoamericanista y que apuntaba a los BRICS, y est√° reeditando una suerte de ‚Äúrelaciones carnales‚ÄĚ con los Estados Unidos. Su expl√≠cito apoyo a Hillary Clinton en las elecciones estadounidenses ‚Äďmanifestado por el Presidente, la canciller y el embajador argentino en Washington‚Äď ten√≠a que ver con mantener ese alineamiento, con la esperanza de que as√≠ llegar√≠an las inversiones y cr√©ditos a tasas m√°s bajas. La posici√≥n pro acuerdos de libre comercio de Clinton era convergente con la pol√≠tica exterior que impulsa el actual gobierno argentino.

Con la visita de Obama, en marzo de 2016, la Casa Blanca procuró transformar a la Argentina, que tantas veces dificultó sus proyectos hegemónicos a nivel continental, en el nuevo aliado que legitimara el avance de las derechas en la región. El mandatario estadounidense lo repitió varias veces en Buenos Aires: Macri es el líder de la nueva era, el ejemplo a imitar.

M√°s all√° del cambio de contexto que se produjo luego del Brexit y el triunfo de Trump, el gobierno que encabeza Macri mantiene su discurso. Desde enero de 2017 buscaron casi con desesperaci√≥n un contacto con Trump ‚Äďambos mandatarios hablaron por tel√©fono brevemente en febrero‚Äď y negociaron una visita a la Casa Blanca, que finalmente se concret√≥ el 27 de abril. Mientras, la nueva administraci√≥n estadounidense hab√≠a revertido en enero algunas de las poqu√≠simas concesiones que hab√≠a otorgado Obama a la Argentina: suspendi√≥ la entrada de limones argentinos a Estados Unidos ‚Äďen diciembre de 2016 se hab√≠a anunciado el fin de la restricci√≥n fitosanitaria que bloqueaba esas exportaciones hac√≠a 15 a√Īos‚Äď y la flexibilizaci√≥n en el otorgamiento de visas a argentinos. Todo esto se vio opacado por el posterior bloqueo al biodiesel y las restricciones recientemente anunciadas al aluminio y al acero.

Macri recibi√≥ nuevamente a Obama en octubre de 2017, a la OMC en diciembre y espera desplegar la alfombra roja a Trump en noviembre de este a√Īo, en la Cumbre presidencial del G20 en Buenos Aires, para mostrar que el gobierno argentino est√° comprometido con la globalizaci√≥n neoliberal y que aspira a ingresar a la OCDE y a adecuarse a los lineamientos del FMI, cuyas autoridades visitaron el pa√≠s en marzo.

Para Trump, la subordinaci√≥n casi gratuita de Macri es ganancia pura. Para Nuestra Am√©rica, un problema. En vez de solidarizarse con M√©xico e impulsar una coordinaci√≥n y cooperaci√≥n pol√≠tica con los pa√≠ses de la regi√≥n, para enfrentar las amenazas que plantea el nuevo gobierno de Estados Unidos, Macri pretende ser el interlocutor predilecto del magnate, reemplazando a Pe√Īa Nieto, Temer o Santos. Ese alineamiento, ya transitado en los a√Īos noventa con Menem, es funcional a la l√≥gica de fragmentaci√≥n que Estados Unidos impulsa hace dos siglos en Am√©rica latina y que s√≥lo trajo dependencia y falta de autonom√≠a para los pa√≠ses de la regi√≥n. Y ni siquiera genera beneficios comerciales.

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Relaciones Internacionales

Art√≠culos de este n√ļmero

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Sobre el libre comercio y las políticas de apertura del sector externo
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Las bases de la política exterior del gobierno de la alianza Cambiemos
Leandro Morgenfeld
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