Los jóvenes: actores de la cultura emergente de Buenos Aires

Los jóvenes: actores de la cultura emergente de Buenos Aires

Por Ana Wortman

En la última década se conformó en Buenos Aires una extensa escena cultural independiente. Se modificaron las prácticas sociales asociadas a ver, consumir y reunirse con otros en torno a bienes artístico culturales, generando nuevas formas de sociabilidad y agrupamiento. Un fenómeno que surge y se incrementa a partir de las crisis y que se expresa en el despliegue de subjetividades con voluntad de generar proyectos culturales.
 
Doctora en Ciencias Sociales UBA. Investigadora del Instituto Gino Germani FSOC, UBA. Profesora de grado y posgrado en FSOC y FCE, UBA y UNTREF


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En la última década hemos podido comprobar la conformación de una extensa escena cultural independiente muy diversa en la ciudad de Buenos Aires, tanto en el campo de lo que se muestra en centros culturales como en el nivel de organización de sus proyectos o articulación con otras esferas institucionales. Nos interesa pensar si estos espacios culturales suponen también, por un lado, la emergencia de nuevas subjetividades y prácticas en relación con el trabajo, y por otro, cómo operan en los imaginarios en torno a la creación artística y a la promoción de nuevas estéticas.

El artículo que se presenta se funda en la observación de un conjunto de espacios culturales significativos de la ciudad de Buenos Aires, a través de la realización de entrevistas en profundidad a los organizadores de los espacios y a los profesores de disciplinas artísticas y también de los artistas que en ellos circulan, así como también de la observación de la dinámica del público y de las actividades en general.

Nuevas formas de organización de la cultura

La asimilación del concepto de cultura igual desarrollo, derivado de la presencia de las ONGs en nuestros países y en los Estados encargados de formular políticas públicas en relación a la cultura, ha producido un incremento de espacios de exhibición artística en los principales centros urbanos. Si bien no hay estadísticas oficiales al respecto, se habla de más de 300 espacios culturales autogestivos en la ciudad de Buenos Aires que nos llevan a reflexionar sobre las transformaciones de la organización de la cultura. También –desde las políticas culturales estatales– se ha promovido la creación de nuevas espacialidades, que presentan –de manera nutrida– una importante programación con artistas generalmente jóvenes tanto de la ciudad de Buenos Aires como del interior del país. En ese sentido advertimos el crecimiento de espacios de exhibición y presentación de bienes culturales que reciben nuevas denominaciones; así hablamos de centros culturales, bares culturales, casas culturales, cineclubes, así como de realización de actividades culturales en general en la Argentina y en la ciudad de Buenos Aires, que es el ámbito donde pondremos el foco.

El desborde de la escena artística

Este hecho da cuenta de la importancia del análisis del surgimiento de nuevas prácticas sociales asociadas a ver, consumir y reunirse con otros en torno a bienes artístico culturales. La presentación de bienes culturales en diversos espacios sociales públicos genera formas de sociabilidad, agrupamiento, nuevas comunidades, nuevos entretenimientos, etc. Así como también rituales. Esta cuestión ya viene siendo pensada en relación a la reconfiguración del espectáculo cinematográfico. Como ha sido señalado en algunos trabajos sobre públicos de cine, el espectador de cine no es siempre igual a sí mismo, su modo de ver y asistir a la sala de exhibición va variando y modificando en relación a otros procesos sociales, en este caso a la domesticación del consumo de cine y al debilitamiento de la vida barrial. Si en la actualidad se puede advertir una vuelta a las salas de exhibición –hay un conjunto de datos que así lo demuestran–, seguramente ese espectador va a estar atravesado por la experiencia doméstica de interrumpir la película, comer y charlar. Vamos al cine, pero también vamos a comer, nos juntamos con amigos, comemos en el cine. Vamos al teatro, pero mientras presenciamos la obra de teatro, también comemos y conocemos nuevas personas. Así como siguen existiendo salas de teatro en el sentido convencional donde está claramente definido dónde se ubican los actores y la escena y dónde está el público, nuevos tipos de obras se presentan en bares, museos, salas de exhibición, centros culturales, casas, universidades y el público muchas veces forma parte de la obra, se lo hace actuar, cantar y participar de diversas maneras. Lo mismo sucede con los recitales, conciertos y la música en vivo en general. Podemos advertir que ya no hay un esquema predeterminado, un espacio predeterminado para la presentación del bien cultural. Se mantienen los espacios creados para tal fin, pero observamos el crecimiento de una diversidad de lugares que convocan público mientras se come, o se come después. Si en la primera modernidad asistir a un espectáculo tenía una dimensión casi religiosa, de silencio y disposición corporal especial, hoy convive con ruidos, comidas e interrupciones diversas.
Muchas veces la gente, en particular los jóvenes, van a un lugar más por la identificación con el lugar y la expectativa de cierto estilo de propuestas y la posibilidad de encuentro con personas de similares patrones de comportamiento, que a ver a una presentación en particular. Se confía en el lugar, los lugares crean marca y confianza. Asimismo se espera en dichos lugares encontrar cierto tipo de gente, alrededor de ciertas ofertas culturales, se espera encontrar afinidad con las personas que asisten. Podríamos afirmar que los espacios culturales contemporáneos se convierten en clubes sociales. La identificación con cierta estética está asociada a cierto estilo de vida y se conforma en relación a una lógica de corte comunitario.

En todo caso lo que pretendemos señalar es cómo la dinámica de la vida social, la emergencia de nuevas subjetividades, se plasman en la organización del espacio tanto en el plano de cómo la gente vive, así como también de cómo la gente se encuentra y produce arte. En ese sentido, también las artes visuales han generado una explosión. El crecimiento de espacios de formación, tanto de plásticos como de estudiantes de cine, ha incidido en la visualidad urbana. Cierta creciente estetización de las calles, paredes y espacios públicos puede advertirse diariamente en nuestro circular por los espacios urbanos; también los transportes públicos, en particular trenes y subtes, están pintados por artistas. Esta culturización o estetización de nuestra vida cotidiana remite a un concepto señalado hace más de veinte años por Mike Featherstone en relación al impacto del diseño y los diseñadores, así como también de los publicistas y de los llamados nuevos intermediarios culturales. La ciudad comenzó a cambiar hace más de veinte años por esta creciente presencia de productores culturales en diversos ámbitos de la vida social.

Señalamos este hecho social porque es fundamental para comprender la dinámica de los consumos culturales en las ciudades argentinas y también de otros países en un contexto de globalización cultural. Si bien advertimos esta nueva dinámica espacial y de producción, circulación y distribución de los bienes culturales, al mismo tiempo sabemos que esto ocurre en otros lugares de América latina y el mundo en general. Consumir bienes culturales implica dar cuenta de estas transformaciones en la dinámica de la producción, así como también de la vida social y al mismo tiempo de las subjetividades sociales.

Nuevas formas comunitarias alrededor de la cultura

Ante el cierre de numerosos espacios de circulación cultural, otros han surgido en años posteriores a la tragedia de Cromañón. Se puede advertir una continuidad con los surgidos en la crisis argentina del 2001 en la dinámica de estos nuevos espacios, aunque también ya no solo como una salida de la crisis en términos de trabajo, sino más bien en tanto una elección de vida. Es notable observar que quienes los emprenden tienen en su mayoría un perfil universitario. En los anteriores no siempre lo eran, eran el resultado de una emergencia. En la coordinación de estos nuevos espacios aparece claramente una necesidad de plasmar ideas, proyectos y creencias en torno a un discurso político cultural no siempre militante, y también evidencia una transformación de la sociedad ya que expresa que hay una gran cantidad de jóvenes que se dedica al arte. Asimismo es posible advertir el resurgimiento de espacios destinados a la circulación social del cine. Este fenómeno no es novedoso, uno de ellos es de larga data y surge en un contexto de cierre cultural como fue el segundo gobierno de Perón, el resto de los llamados, en términos generales, cineclubes, también curiosamente reaparece después de la mencionada tragedia de Cromañón. Como los centros que observamos y clasificamos antes y después de la crisis del 2001, muchos de estos nuevos espacios postragedia también admiten esa clasificación. En todos observamos también una pasión por emprender, por generar proyectos, hay ideas y necesidad de recrear espacios de encuentro donde lo cultural a veces es el leitmotiv y otras la excusa para reunirse así como también experimentar otro estilo de vida.

“…Que arte es vivir de forma artística. Aunque no pintes, ni cantes, ni toques, ni escribas, ni nada de eso, y todo te salga mal. Es como vivís. Arte es vincularse con el otro. Vincularse bien, vincularse desde el corazón. El arte es corazón, también.
Demian, Vuela el pez.”

Sí se puede advertir en todos los espacios que existe un entramado social que no está atravesado absolutamente por los valores de la mercantilización social, aunque sí de nuevas formas de pragmatismo. Si en los años setenta la búsqueda de algún sentido de las cosas estaba puesta en la política, hoy parecería que es la cultura la que otorga sentidos. Aquí aparece la cuestión de por qué se hace lo que se hace. Hay un conjunto de rasgos comunes en estos espacios. Se advierte una revalorización de las músicas locales, como el folklore y el tango mezclados con ritmos y sonidos internacionales. También se manifiesta un cierto rechazo por espacios impersonales y muy grandes, donde no se puede conversar y además suele ser muy costosa la entrada. Según lo que manifiestan sus coordinadores en las entrevistas, estos espacios son como una casa grande, amigos con intereses comunes.

¿Nuevas formaciones culturales?

Si fue una característica de la primera modernidad el consumo cultural en el espacio público, lo cual supuso la creación de espacios colectivos para la recepción de la oferta cultural, en la actualidad ciertos procesos sociales a los que alude la teoría sociológica contemporánea –como, entre otros, la individualización de lo social y la revalorización de la creatividad– pueden advertirse en las nuevas prácticas de consumo cultural, tanto en las formas públicas del consumo como en las privadas.

También en la cultura contemporánea se resignifica el concepto de espacio. En una época donde ya las instituciones no son centrales para generar actividades, pensamos que es la lógica de la red la que atraviesa los nuevos emprendimientos y la circulación y conformación de sus públicos.

“Sin embargo, un centro cultural que intente abrir espacios para la creatividad no debe ser concebido como un espacio construido para aislar sino como un conector abierto entre prácticas culturales diversas y medios de producción accesibles que, a modo de gateways, conecten espacios de actividades con laboratorios, lugares propios con ajenos. Para ello, es fundamental proporcionar el acceso a las herramientas de producción ya que solo se pueden explorar los rangos de la creatividad si ponemos a disposición del participante los instrumentos necesarios para ello”.
Documento, Federación 2015

No percibimos sólidas apuestas estéticas que definan y distingan los proyectos, son más inquietudes de corte subjetivo las que motivan y sostienen las ideas. Aunque sí podemos percibir imaginarios estéticos y político-culturales distintos, no siempre del todo explicitados y conscientes. Sí podemos observar en todos la búsqueda generacional de un espacio de libertad de corte comunitario, al mencionar la idea de Casa Cultural o Club de Arte. Los entrevistados consideran que el concepto de centro cultural no les pertenece. Así podemos observar un fenómeno doble, la necesidad de espacios reducidos que representen un hogar de gente que comparte los mismos gustos y experiencias y a la vez, en el caso de los cineclubes, el espacio importa menos, puede intercambiarse cada vez.

Por último es de destacar cómo, a pesar de las dificultades económicas, en contextos políticos a veces confusos, se despliegan subjetividades con voluntad de generar proyectos culturales.

“Como resultado apreciamos cada vez más esa estética de lo procesual, de lo amateur que se mueve por el placer de desarrollar sus capacidades artísticas y compartirlas, sin esperar nada a cambio. Se trata de una cultura abierta e inclusiva, espontánea, que en definitiva está marcando el pulso del arte actual. La cultura pop(ular) licuada y en constante ebullición”.
Documento, Federación 2015

A modo de conclusión, ¿nuevas subjetividades?

A pesar de una creciente racionalización de las profesiones y las carreras universitarias demandadas por la dinámica del capitalismo posfordista, se pone de manifiesto un ethos romántico en los emprendimientos fundados en la cultura, los cuales parecen estar más impulsados por necesidades individuales que sociales aunque con consecuencias en la generación de un lazo social de corte comunitario. Hemos constatado que lo que observamos localmente también se manifiesta en la red de colectivos Fora do Eixo de Brasil:

“A noção geral é que os coletivos são constituídos por jovens adultos reunidos por vínculos de amizade e que realizam as atividades por livre e espontânea vontade, organizando as tarefas de acordo com as preferências, habilidades e temperamentos”.
Revista FAMECOS, Porto Alegre, jan.-mar. 2015.

“O valor do ‘egocard’ Imaginário de cada um. Normalmente são universitários, ex-estudantes que abandonaram o curso ou recém-formados nas áreas de Comunicação, Humanidades ou Ciências Sociais que, desiludidos com o mercado de trabalho em suas cidades no interior, ainda que amparados pelas famílias e confiantes no cenário econômico de baixo desemprego, decidem experimentar alternativas mais significativas para as suas vidas”.
Azevedo da Fonseca.

Surgen algunos interrogantes en relación a estos fenómenos. Nos preguntamos: este tipo de emprendimientos ¿deben ser incorporados en políticas culturales más institucionalizadas? ¿O solamente brindar las condiciones para que autónomamente sigan prosperando? ¿Cómo sostener su continuidad? ¿Cuál es el impacto en el desarrollo de las artes y en el público?
A partir de estas aproximaciones nos propusimos dar cuenta de emprendimientos creativos emergentes en contextos postraumáticos, los cuales impugnan ciertas miradas absolutizadoras con respecto a una creciente burocratización de la vida social en la modernidad y de una mercantilización de las subjetividades. Si bien esta tensión constituye un rasgo saliente en el mundo contemporáneo, el magma de significaciones imaginarias derivadas del acontecer social genera diversos derroteros y en Buenos Aires, el hacer en la cultura constituye uno de ellos.

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