Los encantadores de la pampa. Transformaciones de la elite agraria en la Argentina moderna

Los encantadores de la pampa. Transformaciones de la elite agraria en la Argentina moderna

Por *Carla Gras (CONICET-IDAES) y **Valeria Hern√°ndez (IRD-IDAES)

De la mano de un paradigma distinto, este sector logr√≥ reconvertirse para mantener y consolidar su posici√≥n de dominaci√≥n. De ‚Äúoligarqu√≠a terrateniente‚ÄĚ a ‚Äúempresarios‚ÄĚ, l√≠deres locales de un nuevo modelo global: el agronegocio.
 
*Licenciada en Sociolog√≠a (Universidad de Buenos Aires), Doctora de la Universidad de Buenos Aires, √Ārea de Geograf√≠a. Es Investigadora Independiente del CONICET en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Mart√≠n. Sus investigaciones se inscriben en el campo de la sociolog√≠a rural y se centran en el an√°lisis de procesos de cambio agrario y sus relaciones con las transformaciones en la estructura social agraria. Contacto: carlagras@yahoo.com.ar

**Licenciada en Ciencias Antropológicas (Universidad de Buenos Aires), Magister y Doctora en Etnología y Antropología Social (EHESS, Francia), es profesora en la Universidad Nacional de San Martín e investigadora del Institut de Recherche pour le Développement. Desde un enfoque de antropología del conocimiento, ha investigado la producción, circulación y uso de la ciencia y la tecnología en los mundos contemporáneos. Contacto: valeanthropo@protonmail.ch

Las autoras codirigen el Programa de Estudios Rurales y Globalización en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la UNSAM, y han publicado: La Argentina rural. De la agricultura familiar a los agronegocios (2009); El agro como negocio: Producción, Sociedad y Territorios en la Globalización (2013); Radiografía del nuevo campo argentino: del terrateniente al empresario transnacional (2016).



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En la Argentina del siglo XXI, el agro se ha consolidado como el sector central del modelo econ√≥mico. A pesar de las tensiones que los gobiernos kirchneristas mantuvieron desde 2008 con el llamado ‚Äúcampo‚ÄĚ, la expansi√≥n agropecuaria se mantuvo. Con la llegada del gobierno de Cambiemos, que encontr√≥ en los actores medios y concentrados de la actividad un n√ļcleo definitorio de apoyo, la posici√≥n medular del agro como eje del modelo de desarrollo no deja lugar a dudas. No discutiremos aqu√≠ las implicancias que ello tiene en t√©rminos medioambientales o sociales, sino que focalizaremos en reponer el proceso de construcci√≥n de liderazgo emprendida por sus principales actores. Mostraremos los pilares simb√≥licos y materiales que fueron movilizando las elites agrarias desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad para mantenerse y renovarse como vanguardia y orientar el modelo de desarrollo del sector. Comenzado por una elite que se hizo eco de la cr√≠tica lanzada al ‚Äúterrateniente par√°sito‚ÄĚ para contraponerle un liderazgo anclado en el imaginario moderno del empresario, hasta otra elite, la del agronegocio, cuyo modelo se basa en el gerenciamiento de activos de diverso tipo y que se ve jugando en el mercado global.

Un poco de historia

Durante buena parte del siglo XX, el rol de los grandes terratenientes fue interpelado social y pol√≠ticamente. Fuera por constituir la base de una econom√≠a pujante pero socialmente excluyente (la gran expansi√≥n agropecuaria pampeana, 1870-1910), fuera por considerarlos un freno al desarrollo por despilfarrar las rentas extraordinarias en las que cimentaban su riqueza (durante el llamado estancamiento, 1930-1965), los terratenientes fueron acusados de ser el mayor obst√°culo para la inversi√≥n tecnol√≥gica, desde posiciones y actores dis√≠miles (socialistas, justicialistas, e incluso los sectores industriales m√°s concentrados). Diversas pol√≠ticas p√ļblicas ‚Äďpara retener en manos del Estado parte del excedente agrario, proteger a los arrendatarios congelando los alquileres o promoviendo la expropiaci√≥n, la subdivisi√≥n de grandes estancias y los cr√©ditos para la compra de tierra‚Äď fomentaron el modelo farmer para impulsar el crecimiento agropecuario. Sin entrar en un debate sobre la eficacia de estas medidas y la inexistencia de otras (reforma agraria), s√≠ destacaremos la naturaleza pol√≠tica asignada en aquel contexto hist√≥rico a la concentraci√≥n de la tierra.

Hacia principios de los a√Īos ‚Äô60, la pr√©dica por una reforma agraria fue enarbolada desde organismos internacionales (la CEPAL y la Comisi√≥n Interamericana de Desarrollo Agr√≠cola, por ejemplo), asoci√°ndola a otro elemento: la necesidad de una modernizaci√≥n tecnol√≥gica. Fue justamente sobre esta √ļltima que una franja de la tradicional clase terrateniente inici√≥ por entonces un proceso de reconfiguraci√≥n identitaria y revis√≥ su papel en el desarrollo nacional.

Del terrateniente al empresario

En 1957, un grupo de terratenientes de la región pampeana fundó el primer Consorcio Regional de Experimentación Agrícola (CREA), sobre el que luego se organizó la Asociación Argentina de CREAs (AACREA). Aunque también eran miembros de la Sociedad Rural, este grupo pensaba que resultaban necesarios cambios profundos en el sector agropecuario, cambios que debían ocurrir bajo su liderazgo. Sabían que recuperar el lugar de elemento positivo para la economía nacional requería recrear su actividad agropecuaria, sus espacios institucionales e identidades. AACREA constituyó ese espacio.
El terreno en el cual AACREA inscribi√≥ su accionar no fue el pol√≠tico-corporativo como ven√≠a siendo la tradici√≥n de la Sociedad Rural, sino el tecnol√≥gico, donde busc√≥ construirse como ‚Äúvanguardia‚ÄĚ. La modernizaci√≥n tecnol√≥gica fue postulada como el vector de cambio: la soluci√≥n deb√≠a pasar por hacer de las explotaciones agropecuarias verdaderas empresas modernas, impulsando la adopci√≥n de tecnolog√≠as y la integraci√≥n del conocimiento cient√≠fico en la gesti√≥n productiva, econ√≥mica y financiera. As√≠ reformulados los problemas del sector agropecuario, los debates en torno de la reforma agraria fueron desplazados.

Hacia inicios de los ‚Äô70, AACREA se enorgullec√≠a de haberse afianzado como ‚Äúpunta de lanza‚ÄĚ de un cambio ‚Äúrevolucionario‚ÄĚ en la producci√≥n agropecuaria, que hab√≠a permitido lograr un ‚Äúsalto productivo‚ÄĚ, tal como evidenciaban los resultados conseguidos por sus miembros, ampliamente difundidos en jornadas t√©cnicas y en su revista, y recogidos en la prensa nacional. Al hacerlo, afirmaba una autoridad sustentada en la t√©cnica, reforzada por una construcci√≥n moral-religiosa que aunaba lo que estos terratenientes defin√≠an como ‚Äúvirtudes‚ÄĚ empresariales y personales. La ejemplaridad t√©cnica y empresarial que enarbolaban era reflejo de su ejemplaridad como personas y, por transici√≥n, como motores centrales de la econom√≠a nacional. Su liderazgo, entonces, no era producto de los recursos econ√≥micos que detentaban (la tierra), sino de virtudes trabajadas desde aquel doble registro.

Si bien durante los agitados a√Īos 1960/70 la idea de la oligarqu√≠a terrateniente y de la reforma agraria sigui√≥ permeando los debates pol√≠ticos, AACREA hab√≠a logrado dar lugar y congregar a una nueva elite, que pod√≠a presentar argumentos renovados para desestimar el cuestionamiento a la concentraci√≥n de la tierra: el desarrollo del agro se dirim√≠a en el √°mbito de la t√©cnica, permitiendo as√≠ difuminar las diferencias al interior de las franjas capitalistas agrarias.
Ciertamente, la sangrienta dictadura inaugurada con el golpe c√≠vico-militar de 1976 acall√≥ las voces que cuestionaban los privilegios de las clases propietarias. Poco despu√©s, y parad√≥jicamente, el liderazgo de esta elite que se hab√≠a construido como ‚Äúvanguardia tecnol√≥gica‚ÄĚ se ver√° interpelado al quedar descolocada frente a las innovaciones ligadas a las biotecnolog√≠as y las nuevas tecnolog√≠as inform√°ticas.

El liderazgo interpelado: los dilemas que instala la Revolución Verde

La importancia asignada al desarrollo tecnol√≥gico como medio para aumentar la producci√≥n agr√≠cola argentina (y su capacidad exportadora) estaba en consonancia con la primac√≠a de la llamada Revoluci√≥n Verde a nivel mundial. La misma involucr√≥ el uso de semillas h√≠bridas y mejoradas, pesticidas, fertilizantes, mecanizaci√≥n de labores, todo lo cual otorg√≥ un rol dominante a las empresas proveedoras de insumos. En un escenario donde el agro era cada vez m√°s dependiente de las empresas transnacionales, el hasta entonces indiscutido liderazgo tecnol√≥gico de AACREA entre las franjas empresariales comenz√≥ a erosionarse. AACREA insist√≠a en mantener la ganader√≠a en combinaci√≥n con la agricultura, mientras que la demanda mundial hac√≠a que sus miembros se volcaran en forma masiva a la √ļltima. Pero lo que de un modo nodal entr√≥ en crisis en la d√©cada de 1980 ‚Äďy se acentu√≥ en los ‚Äô90‚Äď fue la forma empresarial impulsada por AACREA desde su formaci√≥n. La centralizaci√≥n del capital bajo la forma de propiedad se vio cuestionada por la mayor flexibilidad que impulsaba la subordinaci√≥n de l√≥gicas productivas y de gesti√≥n empresarial a la racionalidad del nuevo paradigma tecnol√≥gico y de una econom√≠a cada vez m√°s globalizada.

La definici√≥n de una nueva l√≥gica de organizaci√≥n empresarial conllev√≥ tiempo, marchas y contramarchas. El nuevo arquetipo de empresa que el capitalismo post-Guerra Fr√≠a demandaba al agro argentino cristalizar√° a fines de la d√©cada de 1990, en lo que otra entidad t√©cnica del agro, la Asociaci√≥n Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), llam√≥ el ‚Äúparadigma agr√≠cola de fin de siglo‚ÄĚ. Ser√° sobre este paradigma que la propia elite empresarial dar√° consistencia al modelo productivo que desde entonces domina este sector: el agronegocio. El liderazgo de la elite encarnada en AAPRESID no supuso, sin embargo, el ocaso de AACREA. Lejos de ello, su persistencia manifiesta un aspecto clave de la trama socioecon√≥mica sobre la cual el agronegocio asent√≥ su fortaleza: la articulaci√≥n de jugadores de diverso perfil.

El nuevo esp√≠ritu empresarial: es la innovaci√≥n, ¬°est√ļpidos!

Creada en 1989 a partir de una convocatoria estrictamente t√©cnica ‚Äďla difusi√≥n del sistema de siembra directa‚Äď, AAPRESID lleg√≥ a posicionarse como n√ļcleo gravitante del perfil de la elite agraria. Fundada por algunos miembros CREA, productores de la regi√≥n n√ļcleo, empresas de insumos, t√©cnicos del INTA y de distintas universidades, AAPRESID hizo de la innovaci√≥n su principal marca identitaria. Esta dirigencia se aboc√≥ a consolidar un modelo de empresa que transform√≥ el modo de entender la actividad agropecuaria y los contornos del ‚Äúnegocio‚ÄĚ liderado por los ‚Äúempresarios innovadores‚ÄĚ. El conocimiento ‚Äďencarnado en las biotecnolog√≠as y las TICs‚Äď ser√° el factor dinamizador del desarrollo agrario y principal causa de la exponencial expansi√≥n productiva del agro argentino a partir de fines del siglo XX. Protagonistas de la ‚Äúsegunda revoluci√≥n de las pampas‚ÄĚ, fueron quienes sentaron las bases del modelo de agronegocios, operando un quiebre radical con la l√≥gica de acumulaci√≥n de la gran propiedad terrateniente. A pesar de ser muchos de ellos grandes propietarios de tierras, esta condici√≥n estar√° ‚Äúdevaluada‚ÄĚ en la ideolog√≠a del individuo emprendedor. Esta primera distancia respecto de la figura cl√°sica del terrateniente permiti√≥ presentar al agronegocio como renovaci√≥n paradigm√°tica del sector. Por m√°s que en ambos casos se estimule la gran escala, el empresario innovador no requiere de su propiedad para controlarla y basa la competitividad en la gesti√≥n de dicho factor (v√≠a arriendo u otras formas de vinculaci√≥n con el propietario).

Uno de los m√°s conspicuos referentes del modelo, Gustavo Grobocopatel, daba cuenta de ello al decir que ‚Äúse destruy√≥ el mito del terrateniente‚ÄĚ para remarcar que su actividad se basaba en la movilizaci√≥n del conocimiento y la innovaci√≥n tecnol√≥gica y organizacional. Entre las m√°s notables est√° la apertura de la producci√≥n agropecuaria como opci√≥n de negocio para distintos tipos de capitales, en particular el financiero. En efecto, para esta elite, el ‚Äúnegocio‚ÄĚ agrario va m√°s all√° de los circuitos tradicionales: la innovaci√≥n consiste, justamente, en reorganizar la din√°mica productiva, articulando toda la cadena de producci√≥n y estableciendo una trama agroalimentaria acorde con la din√°mica contempor√°nea de la globalizaci√≥n.

En esta versi√≥n renovada y ultramoderna de empresario ‚Äďque esta elite logr√≥ convertir en un horizonte deseable para gran parte de sus pares‚Äď, el eje del √©xito estar√° en ese activo intangible y escurridizo llamado ‚Äúinnovaci√≥n‚ÄĚ pero sobre todo en el control y manejo de activos de terceros (organizando redes de negocio). El nuevo arquetipo de empresa ser√° entonces la organizaci√≥n en pooles de siembra, fideicomisos, consorcios, redes, en fin, diversas y nuevas formas de control y subordinaci√≥n de capitales y trabajo, a trav√©s de las cuales se toman tierras en alquiler y se contratan empresas de servicios para la realizaci√≥n de las distintas labores, sobre la base de capitales propios y de terceros. Son formas de organizaci√≥n empresarial que logran una gran flexibilidad, acorde con la volatilidad del capital, y que permiten su recomposici√≥n permanente en virtud de los contextos y oportunidades de negocio, desplegando su accionar m√°s all√° de las tranqueras y de las fronteras nacionales.

Más allá del campo… las redes transectoriales

El nuevo modelo de empresa tensiona el car√°cter familiar de la misma (t√≠pica del arquetipo de AACREA) y su referencia en el ‚Äúcampo‚ÄĚ, al tiempo que redefine la relaci√≥n del agro con otros sectores econ√≥micos, desde la industria hasta las finanzas, pasando por los servicios, el comercio, la ciencia, etc. As√≠, por ejemplo, una misma empresa puede coordinar la producci√≥n primaria, la elaboraci√≥n industrial de alimentos en base a ese producto, el turismo rural en la zona de producci√≥n, la prestaci√≥n de servicios de management a otras empresas menos desarrolladas.

En la nueva cosmovisi√≥n del negocio, lo agropecuario es uno de los tantos momentos/escenarios en que la empresa captura valor, pasando a ser lo m√°s importante la capacidad de multiplicar dichos escenarios. De tal forma, los contornos del sector agropecuario se ampl√≠an para configurar ‚Äúcadenas de valor‚ÄĚ, que se integran en un cl√ļster agroindustrial extendido. Seg√ļn los l√≠deres del agronegocio, el nuevo sistema torna anacr√≥nica la tradicional representaci√≥n ‚Äúindustria vs. agro‚ÄĚ, convirtiendo al agro en traccionador de transformaciones sustantivas en otros sectores de actividad.

La elite del agronegocio tambi√©n reclama para s√≠ haber superado las dicotom√≠as sociales basadas en la estructura de propiedad de la tierra; algunos de sus voceros han postulado incluso que el modelo de agronegocios es ‚Äúdemocratizador‚ÄĚ. Y lo ejemplifican se√Īalando la multiplicaci√≥n de empresas de servicios agr√≠colas que se constituyeron por la demanda de las grandes empresas gerenciadoras de tierras; la opci√≥n de ingresos para aquellos peque√Īos y medianos productores que, en dificultades para seguir produciendo, les alquilan sus campos; o la emergencia de nuevos tipos de servicios, hasta ahora ajenos a la producci√≥n agraria (como los inform√°ticos, financieros, comerciales). Sobre la trama del agronegocio, se funda de este modo una nueva institucionalidad: las asociaciones por producto (Acsoja, Maizar, Asagir), las representaciones pluricategoriales (como la Mesa de Enlace), las empresas p√ļblico/privadas y/o multisectoriales (como BioInta, BioCeres, los pooles de siembra o los fideicomisos). Esta trama les permiti√≥ generar nuevas solidaridades y alianzas, crear estrategias de comunicaci√≥n y agentes de propaganda, as√≠ como ingeniosas modalidades de cooptaci√≥n pol√≠tica.

En el mundo que construye la elite del agronegocio, el ‚Äúproductor‚ÄĚ, para quien el campo era una forma de vida, es desplazado por el empresario-gerenciador, para quien el campo es un nodo, entre tantos otros, que conforman su holding. Parece claro entonces que el hombre nuevo del mundo agribusiness no tiene como aspiraci√≥n social su integraci√≥n a la clase terrateniente, sino que, siendo la flexibilidad un principio fundamental del nuevo sistema, brega por una ruralidad definitivamente globalizada.

Notas conclusivas

Desde la emergencia de AACREA, hemos observado una apelaci√≥n por parte de la elite empresarial para legitimar su posici√≥n dominante en tanto vanguardia tecnol√≥gica capaz de conducir el desarrollo nacional y la integraci√≥n exitosa en el cambiante mundo capitalista. Una y otra vez la elite agraria llam√≥ a protagonizar ‚Äúuna revoluci√≥n‚ÄĚ pensada como cambio tecnol√≥gico y de mentalidades.

La revoluci√≥n tecnol√≥gica que condujo AACREA entre fines de los a√Īos ‚Äô50 e inicios de los ‚Äô70 puede caracterizarse, siguiendo a Gramsci, como un modo de revoluci√≥n pasiva (concesiones que las clases dominantes realizan para asegurar su posici√≥n hegem√≥nica y no poner en peligro la l√≥gica de reproducci√≥n del capital). En efecto, al asumir el estandarte de la tecnolog√≠a como forma de saldar la politicidad de la cuesti√≥n agraria (neutralizando el debate sobre la tenencia de la tierra), esta dirigencia obr√≥ para poner al servicio de la producci√≥n agropecuaria todas las potencialidades de la ciencia y la tecnolog√≠a, al tiempo que instal√≥ la ‚Äúcuesti√≥n tecnol√≥gica‚ÄĚ como eje del debate sobre el modelo de desarrollo. Dicho de otro modo, en base a una tecnolog√≠a construida como vector revolucionario que la hac√≠a ‚Äúpunta de lanza‚ÄĚ de ‚Äúnuevas mentalidades‚ÄĚ, la dirigencia de AACREA asent√≥ su posici√≥n hegem√≥nica, asegurando la direcci√≥n ideol√≥gica del desarrollo agrario. Los logros de la revoluci√≥n liderada por AACREA fueron inequ√≠vocos tanto en lo productivo ‚Äďdespu√©s de tres d√©cadas, el desempe√Īo del sector agropecuario volv√≠a a ser positivo‚Äď como en lo pol√≠tico, consolidando a la esfera tecnol√≥gica como √°mbito aut√≥nomo de articulaci√≥n del campo social.

Parad√≥jicamente, la econom√≠a pol√≠tica del neoliberalismo condujo a esta elite a un callej√≥n sin salida al ser subordinada por actores multinacionales. Quienes s√≠ supieron articularse a la globalizaci√≥n fueron los ‚Äúinnovadores‚ÄĚ nucleados en AAPRESID, erigi√©ndose en portavoces de una ‚Äúsegunda revoluci√≥n‚ÄĚ, la que en sentido estricto puede caracterizarse como una revoluci√≥n conservadora (en este caso, las clases dominantes introducen cambios para incrementar el poder del bloque hegem√≥nico y no simplemente para salvaguardarse frente al cuestionamiento de las clases subalternas ‚Äďcomo sucedi√≥ con AACREA durante el per√≠odo peronista‚Äď). En el proceso de cambio liderado por la dirigencia de AAPRESID, la tecnolog√≠a fue reconceptualizada desde la noci√≥n de innovaci√≥n y su actor econ√≥mico desbord√≥ el escenario agrario, imprimiendo a su acci√≥n una din√°mica transectorial y global. Con ello, el rol de la tecnolog√≠a como factor de producci√≥n se profundiz√≥, fortaleci√©ndose su condici√≥n de referente normativo (racionalidad tecnocr√°tica) en la resoluci√≥n de problemas, por sobre otras racionalidades (pol√≠ticas, sociales, culturales). Las nuevas tecnolog√≠as indujeron cambios con profundas consecuencias en el plano de las relaciones sociales y ecosist√©micas; se profundizaron las l√≥gicas concentradoras y se intensific√≥ la producci√≥n, siguiendo la l√≥gica del desarrollo capitalista en el agro.

Diversas voces alertan sobre los impactos de la tecno-ciencia al servicio del capital. La intensificación de la producción agrícola en el marco del modelo de agronegocios conlleva el agotamiento de recursos naturales, la destrucción de la biodiversidad y el avasallamiento de comunidades locales. Estos costos ambientales, sociales y culturales no son asumidos por ninguno de los actores del agronegocio. Ello tiene su correlato en la regulación de los territorios, observándose que los marcos jurídicos y normativos abordan la cuestión medioambiental y la dimensión sociocultural de manera desligada de la lógica productiva, cuyos efectos, sin embargo, se expresan directamente en estas dimensiones.

Otro resultado de estas nuevas fuerzas productivas sometidas a la ley de la mercancía (vía los derechos de propiedad intelectual) se vincula con su capacidad para reestructurar los patrones de producción agraria hacia una mayor especialización productiva. Si bien no se trata de un proceso novedoso en América latina, el agronegocio impulsa una nueva forma de inserción para estas agriculturas a través de la conformación de plataformas exportadoras especializadas en los países de la región. Su objetivo es la producción de materias primas que atiendan las demandas de consumidores globales (proteínas y energía), lo cual implica el desanclaje de la producción respecto de las necesidades de los propios países productores. Una consecuencia mayor de esta situación es que los precios de los alimentos básicos aumentaron de manera importante en el país, reponiendo en el centro del debate el tema de la soberanía alimentaria y, de manera más fundamental, el de la seguridad alimentaria lisa y llanamente.

C√≥mo y en qu√© medida estos elementos erosionan la hegemon√≠a lograda por el agronegocio en la Argentina es un interrogante abierto. Una de sus fortalezas radic√≥ en la capacidad de su elite para integrar a franjas propias que inicialmente no ten√≠an visiones ni or√≠genes convergentes, tal como se observ√≥ al analizar el rol jugado por AACREA y AAPRESID. Tambi√©n para convocar a una variedad de actores (medianos productores, pymes de servicios agr√≠colas e inform√°ticos, actores financieros e industriales, etc.), presentando como ‚Äúasociaciones‚ÄĚ a interacciones en las que muchas veces subyacen relaciones de subordinaci√≥n. Sin dudas, la tendencia concentradora del modelo de agronegocios y sus ‚Äúexternalidades negativas‚ÄĚ muestran a las claras cu√°l es la din√°mica profunda que gu√≠a la historia del capitalismo. Pero lo que queremos subrayar es la construcci√≥n de poder ‚Äďcomo toda construcci√≥n social, inestable‚Äď a trav√©s de la instalaci√≥n del agronegocio como modelo hegem√≥nico y orden social deseable. Restituir esa dimensi√≥n resulta central para interrogar el poder tanto en sus dimensiones materiales como ideol√≥gicas y simb√≥licas. Tambi√©n para iluminar sus puntos de fuga: subordinaci√≥n al mercado internacional y frente a los grandes jugadores financieros; agotamiento de los recursos naturales por sobreexplotaci√≥n; conflicto social por acaparamiento de tierra, concentraci√≥n econ√≥mica y uso de tecnolog√≠as contaminantes y excluyentes, entre otros.

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