Las deudas culturales de la democracia

Las deudas culturales de la democracia

Por Alejandro Grimson

La cultura es un medio, un fin y una condición del desarrollo. En la Argentina actual, consolidar un proyecto de desarrollo con justicia social requiere no solo de una mirada crítica y reflexiva, sino también transformar las bases mismas de la imaginación social y política. Sin esto, las deudas de la democracia serån duraderas.
 
Investigador del CONICET y Profesor de la Universidad Nacional de San MartĂ­n


-A A +A

Hacer un balance de los avances y las deudas de la democracia vinculadas a la cultura requiere en realidad hacer al menos dos balances. En efecto, hay un sentido amplio y un sentido restringido del tĂ©rmino cultura, y ambos son relevantes. El sentido restringido alude al patrimonio, las bellas artes, los museos, las culturas tradicionales y otras instituciones culturales. El sentido amplio alude a nuestra forma de vida, a nuestro sentido comĂșn, a nuestra cultura polĂ­tica.

Una de las tesis sociolĂłgicas mĂĄs importantes del siglo XX fue planteada por Norbert ElĂ­as: el proceso histĂłrico de formaciĂłn del Estado derrama y sedimenta hĂĄbitos culturales de sus ciudadanos. AsĂ­, una historia de formaciĂłn atravesada por dictaduras, terrorismo de Estado, democracia restringida, proscripciones y violencia polĂ­tica, ademĂĄs de la clĂĄsica divisiĂłn entre la Capital y el “Interior”, no habrĂ­a podido dejar de resultar crucial en la conformaciĂłn de los modos de concepciĂłn de la vida social y polĂ­tica argentina. Estudios sociales clĂĄsicos señalaron la importancia de los microautoritarismos de la vida cotidiana, asĂ­ como el desapego social respecto de las reglas y las leyes. Y esos elementos, junto a otros que ahora veremos, tenĂ­an una presencia central de la Argentina de 1983.

Cultura polĂ­tica

Los avances mås notorios en la cultura política argentina desde aquel momento se vinculan al éxito, con desplazamientos pendulares, del movimiento de derechos humanos. Su consecuencia principal fue el amplio consenso social alcanzado contra todas las formas de violencia política e institucional. Eso no significa, por supuesto, que no haya habido violencia desde el Estado, pero sí tuvo dos consecuencias. En primer lugar, que esa violencia fue cualitativamente menor a la que hubo antes de 1983, que también fue menor a la que existe en muchos países latinoamericanos (cuando antes había sido mayor) y que muchos episodios de violencia desataron crisis políticas y una movilización de la sociedad de alta magnitud. Algunos ejemplos muy conocidos fueron Kosteki y Santillån, Fuentealba o Mariano Ferreyra, episodios que terminaron al menos con juicios y condenas para los autores de esos hechos.

MĂĄs matizados, en cambio, han sido los avances culturales respecto del apego a la ley y a las normas, a las instituciones y la voluntad popular. El sĂłlido lĂ­mite es que la profundizaciĂłn de la polarizaciĂłn polĂ­tica, incluso la que estamos viviendo en la actualidad, revelĂł la existencia de un rasgo cultural compartido por amplios sectores sociales: el uso del doble estĂĄndar.

Es necesario realizar una aclaración para que se entienda a qué nos referimos. Los seres humanos, entre ellos los dirigentes sociales y políticos, saben que cuentan con cierta capacidad o limitación económica. Saben también que cuentan con cierta capacidad o limitación de poder. Son límites presupuestarios y relaciones de fuerza. No pueden gastar mås dinero del que disponen, por lo tanto realizan o no ciertas acciones en función de determinadas condiciones y relaciones de fuerza.

Sin embargo, existe una tercera dimensión que los actores sociales ignoran. Es la dimensión cultural. En el pasado, era muy factible que una persona atravesara toda su vida sin saber que existían otras lenguas, otras religiones, otros modos de ver el mundo. En la actualidad, globalización mediante, cada vez más personas son conscientes de la contemporaneidad de otras culturas. Pero eso no significa que realmente puedan aprender algo de esa diversidad. Un ejemplo: es muy argentino creer que “solo aquí pasan estas cosas”, “sólo aquí hay corrupción” o cualquier rasgo negativo. La verdad es que ni siquiera es exclusivamente argentina la creencia cultural de que “solo aquí sucede”. Pero esa creencia no es irrelevante porque limita la comprensión de la complejidad de los fenómenos y la imaginación social.

Hay un elemento crucial de toda cultura democrĂĄtica, siempre perfectible, que se refiere al carĂĄcter necesariamente plural y conflictivo de la vida polĂ­tica. La divergencia, la voluntad popular aplicada a todos los niveles y poderes, asĂ­ como el debate y la confrontaciĂłn de ideas, son cruciales. Una de las deudas culturales es justamente que la sociedad argentina no ha logrado vivenciar esas divergencias y posicionarse sin un doble estĂĄndar. El estĂĄndar es un criterio que es comĂșn a todos, que se eleva por encima de partidos o fracciones, que se aplica tanto a quienes piensan de modo similar como a quienes piensan exactamente lo opuesto. Hay ciertas instituciones argentinas, por ejemplo el CONICET, que en estos años de democracia han construido un Ășnico estĂĄndar con altĂ­simos niveles de transparencia. Exactamente lo contrario de esa pluralidad es el dicho que afirma: “a mis enemigos, la ley; a mis amigos, todo”. O, en otros casos, a los enemigos ni siquiera la ley que, por ejemplo, garantiza la presunciĂłn de inocencia hasta la condena firme.

Si la Argentina ha logrado, con excepciones, mantener niveles altos de consenso contra todas las formas de violencia polĂ­tica y especialmente contra la violencia estatal, no ha podido estar exenta de episodios recurrentes de guerras verbales. La idea tan extendida en la sociedad de que todos aquellos que tienen posiciones polĂ­ticas similares, cuando son acusados ante la Justicia deben gozar del derecho constitucional de la presunciĂłn de inocencia, rara vez se aplica a los adversarios polĂ­ticos. Se trata de un problema cultural que consiste en juzgar las situaciones de modo estrictamente instrumental, en funciĂłn de batallas polĂ­ticas, desjerarquizando la relevancia que tiene para la vida democrĂĄtica la construcciĂłn de reglas que se aplican de igual modo para todos los ciudadanos.

Como señalaba Elías, este håbito estå directamente conectado a problemas endémicos del Estado, que sólo pueden ser mencionados aquí y no analizados en detalle.
Señalemos simplemente que los graves déficits del Poder Judicial son un factor decisivo para que este doble eståndar haya sedimentado y sea muy difícil de remover. Es mås, ese problema cultural puede ser abordado desde las políticas culturales, pero nunca podría ser resuelto desde ellas. Es un ejemplo elocuente de cómo las políticas institucionales y judiciales tienen fuertes consecuencias culturales.

PolĂ­ticas culturales

Entre el plano de la cultura polĂ­tica y el de las polĂ­ticas culturales hay fuertes interconexiones que pueden plantearse como disyuntivas clĂĄsicas. ÂżMĂĄs Estado o mĂĄs mercado? ÂżMĂĄs producciĂłn nacional o mĂĄs circulaciĂłn internacional? ÂżGlobal o local? ÂżMĂĄs mĂ©rito o mĂĄs inclusiĂłn? ÂżCultura popular o alta cultura? No se trata principalmente de mantener “equilibrios justos”, como si estos fueran resultado de la inteligencia y no de posicionamientos. Se trata, mĂĄs bien, de repensar las opciones. Por ejemplo, Âżinternacional es occidental o incluye Asia, África y AmĂ©rica latina? ÂżNacional son las grandes ciudades o incluye la complejidad del territorio? Cuando oponemos Estado y mercado, ÂżdĂłnde quedan las producciones culturales de la sociedad civil? Una buena parte de la producciĂłn acadĂ©mica y de las mejores polĂ­ticas culturales contemporĂĄneas problematizan esos binarismos y no trabajan para resolver las tensiones, sino para tornarlas socialmente productivas. En palabras de JosĂ© Emilio BurucĂșa, “hay que mirar lo global con anteojos locales y lo local con anteojos globales, pero mirar, mirar hacia ambos extremos”.

Los altos funcionarios de cultura de los gobiernos democråticos han sido conscientes, al menos mås que los funcionarios económicos, del problema del centralismo argentino. La mayoría de las gestiones culturales proclaman el fin del porteñocentrismo, problema cuya raíz estå nuevamente en consonancia con la historia de construcción del Estado. Mås allå de las voluntades, lo cierto es que se realizan algunos eventos y proyectos aislados, pero nunca se llega a cumplir de modo efectivo una transformación federal de la política cultural. Cabe preguntarse, incluso, si eso es factible si no se encuentra en consonancia con una planificación territorial en la misma dirección. Pero por lo menos debería sostenerse que en el futuro solo puedan crearse instituciones culturales fuera de la Capital Federal. Por cierto, decisiones de ese tipo implican una reducción de la visibilidad de los logros.

En idĂ©ntica direcciĂłn deberĂ­a tomarse la decisiĂłn de que el personal de las instituciones culturales sea contratado por concurso pĂșblico. Una apuesta a incorporar personal con procedimientos transparentes. Esto Ășltimo, nuevamente, es un problema de todos los niveles y sectores del Estado. Los concursos son imperfectos, pero si se hacen seriamente constituyen una limitaciĂłn a la discrecionalidad.

Con igual orientaciĂłn deben desplegarse los procesos de promociĂłn de la investigaciĂłn y la creaciĂłn artĂ­stica. La Argentina se destaca por la calidad de su cine, teatro, literatura, ensayo y muchas otras artes. Mientras que con la creaciĂłn del INCAA comenzĂł, al menos en parte, a saldarse una deuda, el sector del libro ha estado mĂĄs desprotegido. Mientras en el cine el paĂ­s ha avanzado, en el libro ha perdido terreno respecto de otros paĂ­ses. Cuestiones de agenda, como la posible creaciĂłn de un Instituto Nacional del Libro, requieren del debate de los distintos actores y de decisiones tomadas en funciĂłn de criterios claros de polĂ­tica cultural.

Si bien en la Argentina lo mås habitual ha sido separar las åreas de cultura y comunicación, esto es cada vez mås inconsistente, en la medida en que los medios masivos constituyen un lugar estratégico de la vida cultural y de la cultura política. Aquí no abundamos en el asunto, ya que hay otro artículo dedicado específicamente al tema. Pero es triste que después de treinta años de democracia siga aumentando la concentración mediåtica y que el Estado no tenga políticas activas permanentes para promover la pluralidad de voces.

Desarrollo

La cultura es un medio, un fin y una condiciĂłn del desarrollo. La proporciĂłn del Producto Bruto Interno vinculada a actividades culturales crece en todo el mundo. En la Argentina a principios de siglo XXI rondaba el 2,5% y en la actualidad se ubica alrededor del 3,8%. SegĂșn datos de la CEPAL, el 4,8% del empleo en la Argentina es “empleo privado cultural” y “empleo privado de actividades relacionadas a la cultura”. A esto hay que agregar otro 3% del empleo, proveniente del sector pĂșblico. NingĂșn economista pensarĂ­a el PBI, el empleo ni las exportaciones sin considerar el peso de la cultura.

Al mismo tiempo la cultura no es solo un instrumento del desarrollo entendido como avance econĂłmico, sino el objetivo mismo del desarrollo entendido como realizaciĂłn del ser humano y de la vida social. El desarrollo cultural se refiere especĂ­ficamente al proceso que incrementa la autonomĂ­a y libertad de los seres humanos. Las concentraciones de poder reducen diferentes autonomĂ­as de los paĂ­ses y de grupos sociales. El Estado debe procurar incrementar las autonomĂ­as.

Por Ășltimo, la cultura es una condiciĂłn del desarrollo porque los valores, los sentimientos, los significados que tienen el trabajo, lo pĂșblico, la democracia, inciden de modo decisivo en la economĂ­a y la polĂ­tica.

Las luchas por los valores e imaginarios no se ganan con buenas intenciones ni con ubicarse en el lugar correcto. Tampoco debe exagerarse el lugar de la informaciĂłn como si se tratara de una lucha entre datos, o entre verdades y mentiras. Por un lado, todas las verdades pueden verse corroĂ­das cuando se pierde credibilidad en cuestiones de Estado, como las estadĂ­sticas o la transparencia. Cuando “transparencia” es un tĂ©rmino apropiado por la derecha, la izquierda perdiĂł una batalla pĂșblica relevante.

Por ello, el riesgo mayor para saldar las deudas de la democracia es quedar atrapados en históricos condicionantes argentinos: la dicotomía, la incomprensión de los apoyos sociales que logra el adversario, la identificación de “tener razón” con el triunfo asegurado y una verticalización de la política completamente ineficaz.

Cultura y democracia plantean una paradoja en la Argentina. No puede esperarse de una cultura polĂ­tica como la Argentina la sustentabilidad de un proyecto de transformaciĂłn. Se trata de una cultura que genera dicotomĂ­as tan mal formuladas que lleva a la derrota a proyectos con logros innegables, una cultura obsesionada con sus pasados remotos del siglo XIX, una cultura donde anidan ilusiones primermundistas, una cultura donde tambiĂ©n existe una minorĂ­a intensa que promueve la exclusiĂłn social de sectores de la poblaciĂłn, una cultura polĂ­tica donde ningĂșn actor relevante se obsesiona con trascender el doble estĂĄndar, y asĂ­ podemos seguir.

Al mismo tiempo, todo proyecto de democracia con justicia social debe desplegarse apoyĂĄndose en dimensiones vivas de la cultura polĂ­tica. Por eso, un proyecto de desarrollo con justicia social requiere al mismo tiempo apoyarse en los aspectos positivos de la cultura argentina como apuntar a la transformaciĂłn de problemas muy arraigados en la tradiciĂłn nacional. ÂżCĂłmo alguien que proviene de esa misma cultura puede realmente transformarla? Desplegando por presiĂłn de otros actores sociales e institucionales una mirada crĂ­tica y reflexiva sobre la propia cultura. Comprendiendo que si no se transforman las bases mismas de la imaginaciĂłn social y polĂ­tica, las deudas de la democracia serĂĄn duraderas.

<
>


DESCARGAR - VER
NÂș 74: PODER Y COMUNICACIÓN


DESCARGAR - VER
NÂș 73: ELITES


DESCARGAR - VER
NÂș 72: Pueblos Originarios


DESCARGAR - VER
NÂș 71: El derecho a la ciudad


DESCARGAR - VER
NÂș 70: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 68: Derechos Humanos


DESCARGAR - VER
NÂș 69: MERCOSUR


DESCARGAR - VER
NÂș 67: Relaciones Internacionales


DESCARGAR - VER
NÂș 66: La EducaciĂłn de la Primera Infancia


DESCARGAR - VER
NÂș 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
NÂș 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
NÂș 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


DESCARGAR - VER
NÂș 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
NÂș 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
NÂș 56: ASIA


DESCARGAR - VER
NÂș 55: EconomĂ­a Internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
NÂș 53: NÂș 53


DESCARGAR - VER
NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
NÂș 51: Juventud


DESCARGAR - VER
NÂș 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
NÂș 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
NÂș 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
NÂș 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
NÂș 44: EE.UU. y AmĂ©rica Latina


DESCARGAR - VER
NÂș 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
NÂș 41: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 39: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 38: EconomĂŹa Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
NÂș 37: economĂ­a social


DESCARGAR - VER
NÂș 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
NÂș 35: CĂłrdoba


DESCARGAR - VER
NÂș 34: Control Social


DESCARGAR - VER
NÂș 33: EducaciĂłn Superior


DESCARGAR - VER
NÂș 32: GĂ©nero


DESCARGAR - VER
NÂș 31: 30 años de democracia


DESCARGAR - VER
NÂș 30: Justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 29: DesafĂ­os culturales


DESCARGAR - VER
NÂș 28: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 27: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 26: NÂș 26


DESCARGAR - VER
NÂș 25: pueblos indĂ­genas


DESCARGAR - VER
NÂș 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
NÂș 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
NÂș 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
NÂș 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
NÂș 20: AGUA


DESCARGAR - VER
NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


DESCARGAR - VER
NÂș 18: Estado II


DESCARGAR - VER
NÂș 17: Estado I


DESCARGAR - VER
NÂș 16: Industria


DESCARGAR - VER
NÂș 15: Seguridad democrĂĄtica


DESCARGAR - VER
NÂș 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
NÂș 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
NÂș 12: AgroganaderĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 10: EnergĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 9: Transporte


DESCARGAR - VER
NÂș 8: Ciencia y tecnologĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 7: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 6: Empleo


DESCARGAR - VER
NÂș 5: HĂĄbitat y vivienda


DESCARGAR - VER
NÂș 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
NÂș 3: EducaciĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 52
AL FILO DEL MAÑANA

Las deudas de la Democracia I

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Abraham Leonardo Gak
PREFACIO - Argentina: un paĂ­s que sobrevive a las plagas de Egipto
Eduardo Rinesi
Las libertades, los derechos y el Estado (Notas sobre las deudas de nuestra democracia)
Alejandro Grimson
Las deudas culturales de la democracia
E. RaĂșl Zaffaroni
ColonizaciĂłn y caos institucional
Alberto M. Binder
La gran deuda institucional pendiente: la reforma de la justicia penal federal
Ileana Arduino
Democracia y polĂ­ticas de seguridad
Stella Maris MĂĄs Rocha Susana E. Vior
Viejos y nuevos problemas de nuestro sistema educativo
Adriana PuiggrĂłs
Lo que se logrĂł, lo que falta y lo que hay que defender en las universidades nacionales
Diego Hurtado
Deudas de nuestra democracia con las polĂ­ticas de ciencia y tecnologĂ­a
Enrique M. MartĂ­nez
La perspectiva industrial argentina
Esteban Magnani
ÂżCon la democracia se investiga?
José Carlos Escudero
Las deudas de nuestra democracia en el campo de la salud colectiva
Julio CĂ©sar Neffa
Hoy mĂĄs que nunca es necesario formular e implementar polĂ­ticas de empleo de calidad
Alejandro Vanoli Marcelo Bruchanski
Las deudas de nuestra democracia en el campo de las finanzas internacionales
Jorge Gaggero
La reforma fiscal necesaria: sus lineamientos
Hugo Varsky
Democracia e integraciĂłn regional
Alberto Muller
El transporte en el “ciclo largo” de la democracia argentina
DamiĂĄn Loreti Luis Lozano
Derecho a la comunicaciĂłn, entre antiguos obstĂĄculos y nuevos desafĂ­os
Alejandro Rofman
Deudas de la democracia en el ĂĄmbito de las economĂ­as regionales
Silvina RamĂ­rez
Las deudas de nuestra democracia con los pueblos indĂ­genas

Newsletter