La situación laboral de los jóvenes en la Argentina: diagnóstico actual y principales cambios en el período 2003-2014

La situación laboral de los jóvenes en la Argentina: diagnóstico actual y principales cambios en el período 2003-2014

Por *Eduardo Lépore **Mariana Álvarez

A pesar de las mejoras laborales evidenciadas durante el período 2003-2014, los jóvenes continúan siendo un grupo expuesto al desempleo y la precariedad laboral. La mayoría de ellos trabaja en la economía informal, en puestos de escasa o nula calificación. Su tasa de desocupación duplica las registradas para el total la población económicamente activa, demostrando la necesidad de implementar una amplia estrategia de inclusión laboral juvenil, sobre todo para los sectores más desfavorecidos.
 
*Candidato a Doctor en Sociología (UCA). Magister en Diseño y Gestión de Programas Sociales (FLACSO). Investigador del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales, UCA **Magister en Ciencias Sociales del Trabajo (UBA), Docente de la FSOC, UBA


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El acceso al primer empleo es para la mayor parte de los jóvenes un símbolo de mayoría de edad; el ingreso al mundo del trabajo representa, para muchos de ellos, la transición a la vida adulta. Es por ello que la situación laboral de los jóvenes se relaciona estrechamente con sus oportunidades de emancipación, de construcción de proyectos de vida y de integración social. No obstante, las dificultades para acceder a empleos de calidad manifiesta un problema que los afecta particularmente y que los expone, en comparación con los adultos, a mayores niveles de incertidumbre económica y social. Los estudios sobre inserción laboral juvenil dan cuenta de los impedimentos de los jóvenes para lograr una trayectoria exitosa en el mercado de trabajo. Tanto el desempleo como la precariedad laboral son fenómenos persistentes que condicionan sus logros ocupacionales. Si bien no se advierte en el caso argentino la existencia de barreras a la entrada al mercado laboral, las investigaciones concluyen que los jóvenes son más sensibles a los cambios en el ciclo económico y que su inserción en el mercado de trabajo se caracteriza por una alta intermitencia entre estados ocupacionales. La alternancia entre breves períodos de empleo seguidos de breves períodos de desempleo e inactividad laboral conforma un circuito distintivo de su dinámica ocupacional.

Con el objetivo de aportar un panorama actualizado sobre la situación laboral de los jóvenes en la Argentina y de los principales cambios ocurridos en la última década, se analizan en este artículo una serie de indicadores relativos a la participación laboral, el desempleo y las características de la inserción ocupacional. Si bien la asignación de un tramo etario como modo de identificación de la población juvenil no es una decisión metodológica exenta de problemas conceptuales, se sigue aquí este criterio estadístico definiéndose como población joven a la compuesta por las personas entre 18 y 24 años de edad. Los datos expuestos surgen de procesamientos propios de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) recogidos en el período 2003/2014.

Participación juvenil en el mercado de trabajo

La participación de los jóvenes en el mercado de trabajo expresa el proceso de transición de los mismos a la actividad económica. La tasa de actividad de los jóvenes en el mercado de trabajo ronda el 53% en el IV trimestre de 2014, presentando una diferencia significativa entre varones y mujeres, ya que en el caso de estas últimas es casi 20 puntos porcentuales (p.p.) menor. Comparado con el total de la población de más de 14 años de edad, se advierte que la participación laboral de los jóvenes varones es claramente superior, aunque casi la mitad de la observada entre los adultos de edades centrales.

Cuando se considera la evolución de este indicador a lo largo de los últimos 11 años se comprueba una marcada disminución de la tasa de actividad juvenil, que pasó de 62% en 2003 a 53% en 2014. Esta reducción progresiva –de casi 1 punto porcentual por año– contrasta con la estabilidad de la tasa de actividad general que no mostró cambios relevantes durante el período estudiado. Aunque este comportamiento se verifica tanto para el caso de las mujeres como para el de los varones, la disminución de la participación laboral es más pronunciada en las primeras (12,4 p.p. y 8 p.p., respectivamente).

El análisis de las tasas de escolarización muestra que si bien entre los años 2003 y 2014 el porcentaje de jóvenes que asisten a establecimientos educacionales aumentó, ese aumento es inferior a la reducción de la participación laboral mencionada. En consecuencia, el aumento de la inactividad laboral de los jóvenes no puede ser completamente atribuido a una mayor concurrencia al sistema educativo, sino que en parte es debido a un retiro del mercado laboral no relacionado a un cambio en la situación educacional.

La desagregación de la participación laboral de los jóvenes según su nivel de educación evidencia que son los jóvenes con menor nivel educativo los que exhiben tasas de actividad más elevadas, lo que en la mayor parte de los casos se corresponde con una deserción más temprana del sistema escolar. De todas maneras, cabe indicar que estas diferencias se acotaron durante el período analizado, puesto que mientras la participación de los jóvenes sin estudios secundarios se redujo significativamente (14 p.p.), la participación laboral de los jóvenes con dichos estudios finalizados disminuyó ligeramente (3 p.p.)

Gráfico 1: Evolución de la tasa de actividad general y juvenil según sexo y nivel de educación. Total de aglomerados relevados, IV Trim. 2003 / IV Trim. 2014

Fuente: Elaboración propia, en base a EPH (INDEC)

Desempleo juvenil

El elevado desempleo juvenil es un problema laboral prioritario tanto en el contexto de economías en desarrollo como en el de economías desarrolladas. En ambos casos, los jóvenes exhiben tasas de desocupación que duplican las registradas para el total de la población económicamente activa, hecho que implica que los jóvenes sean uno de los principales grupos explicativos del desempleo global. En el IV trimestre de 2014 la tasa de desocupación juvenil en las áreas urbanas del país llegaba a 18%, esto es 2,7 veces más elevada que la tasa de desempleo general, que para ese trimestre era de 7%. En el caso de las mujeres jóvenes la incidencia del desempleo asciende incluso a 22%, poniendo de manifiesto las mayores dificultades que enfrentan para insertarse en el mercado laboral.

Cuando se considera la evolución del desempleo juvenil en el período estudiado se aprecia un comportamiento similar al observado para el total de la población económicamente activa. Como puede verse en el Gráfico 2, el desempleo juvenil evidenció una reducción significativa, pasando de 30% en 2003 a 18% en 2014. Sin embargo, y a diferencia de lo ocurrido con la participación laboral, la reducción del desempleo juvenil no tuvo un comportamiento homogéneo durante estos años, pudiendo distinguirse tres momentos diferenciados. El primero de ellos, entre los años 2003 y 2007, es el lapso durante el cual el desempleo de los jóvenes se redujo sostenidamente de 30% a 16%; el segundo momento, entre los años 2008 y 2009, estuvo caracterizado por un ligero aumento del desempleo juvenil (5 p.p.); y finalmente, el tercer momento, que se inicia en el año 2010 y se extiende hasta el presente, es el lapso durante el cual la tasa de desocupación de este grupo etario se mantiene en torno al 18% actual. Si se compara esta evolución con la registrada en el total de la población activa se advierte la mayor vulnerabilidad al desempleo de los jóvenes, puesta de manifiesto en el mayor impacto relativo que ellos sufren entre los años 2008 y 2009 en un contexto de aumento de la desocupación general.

Gráfico 2: Evolución de la tasa de desempleo general y juvenil según sexo. Total de aglomerados relevados, IV Trim. 2003 / IV Trim. 2014

Fuente: Elaboración propia, en base a EPH (INDEC)

Características de la inserción laboral de los jóvenes

Como ha sido abundantemente documentado, los jóvenes no sólo se ven expuestos a mayores niveles de desempleo, sino a condiciones de inserción laboral más desfavorables, caracterizadas por la precariedad e inestabilidad de sus ocupaciones. El análisis de las características del empleo juvenil muestra que su inserción laboral es principalmente asalariada, aunque en su mayor parte en empleos desprotegidos: mientras que el 35% de los jóvenes se ocupa en empleos asalariados registrados, el 52% lo hace en empleos asalariados no registrados. Si se comparan estas proporciones con las observadas en el total de la población ocupada se advierte que estas se invierten, lo que pone de manifiesto la fragilidad de las inserciones ocupacionales juveniles. Comparado con 2003 se destaca el crecimiento de las inserciones asalariadas de los jóvenes en empleos registrados (13 p.p.).

La inserción sectorial de los jóvenes muestra también diferencias con las observadas para el conjunto de los ocupados. Los jóvenes tienden a ocuparse en mayor medida en el comercio y la construcción. En particular, es importante el empleo en la rama comercio, en donde se ocupa el 29% de los mismos. Si se tiene en cuenta que el 14% de los jóvenes trabaja en la construcción, se comprueba que poco menos de la mitad del empleo juvenil se agrupa en dos sectores de actividad con niveles de precariedad laboral superiores al promedio. Por el contrario, el empleo en el sector público, caracterizado por inserciones ocupacionales más estables, se encuentra subrepresentado entre los jóvenes: sólo el 8% de los mismos se ocupa en este sector contra el 16% observado en el empleo total. En concordancia con esta inserción sectorial, se observa que el 49% de los jóvenes trabaja en microestablecimientos de hasta 5 ocupados, en tanto que sólo el 21% de los mismos se ocupa en establecimientos medianos o grandes, con más de 40 ocupados. En términos generales, no se advierten durante el período analizado cambios relevantes en el perfil de inserción laboral de los jóvenes en la estructura ocupacional.

Cuadro 1: Características de la inserción ocupacional general y juvenil. Total de aglomerados relevados, IV Trim. 2003-IV Trim. 2014 (en porcentaje)

Fuente: Elaboración propia, en base a EPH (INDEC)

El análisis de la calificación ocupacional de los puestos de trabajo desempeñados por los jóvenes resalta el peso que tienen de las inserciones laborales no calificadas. En efecto, el 37% se ocupa en puestos sin calificación, proporción que duplica la observada para los ocupados totales. Sin embargo, estas diferencias en la calificación ocupacional no pueden explicarse por el nivel de educación formal de la mano de obra, ya que como se ve en el Gráfico 3, el 31% de los jóvenes con estudios secundarios completos se ocupa en puestos de trabajo no calificados. Cuando se compara este porcentaje con el obtenido para el conjunto de la población ocupada se observa que sólo el 14% de la mano de obra con nivel secundario completo se inserta en puestos de trabajo sin calificación. Una explicación posible de la mayor sobreeducación de los jóvenes reside en su escasa o nula experiencia laboral, lo que significa que ante el mismo nivel de educación formal, los empleadores seleccionan trabajadores adultos con mayor experiencia laboral.

Gráfico 3: Calificación laboral de los ocupados con estudios secundarios completos. Total de aglomerados relevados, IV Trim. 2014 (en porcentaje)

Fuente: Elaboración propia, en base a EPH (INDEC)

El examen de la evolución de la tasa de empleo asalariado no registrado entre los jóvenes es de utilidad para evaluar en qué medida las condiciones de trabajo de este grupo de edad mejoraron en un período en el cual se expandieron las oportunidades de empleo, especialmente las de empleo de calidad con protección social. Los datos obtenidos hacen posible constatar una mejora relativa de estas condiciones expresadas en la disminución de la tasa de empleo no registrado juvenil, que pasó de 71% en 2003 a 60% en 2014. Como en el caso del desempleo juvenil, la tasa de empleo no registrado entre los jóvenes disminuyó más intensamente entre los años 2003 y 2007, llegando en 2008 a 56%; desde entonces se estabilizó luego de un ligero crecimiento en el nivel actual. Si se compara esta evolución con la verificada en el total de la población asalariada se advierte que la reducción de la tasa de empleo no registrado entre los jóvenes tuvo una menor magnitud que en el promedio (11 p.p. contra 15 p.p.), mostrando incluso un comportamiento ascendente en los últimos años del período considerado (4 p.p.).

Gráfico 4: Evolución de la tasa de empleo asalariado no registrado general y juvenil según sexo. Total de aglomerados relevados, IV Trim. 2003 / IV Trim. 2014

Fuente: Elaboración propia, en base a EPH (INDEC)

Resumen y conclusiones

Los resultados encontrados ponen de relieve que a pesar de las mejoras laborales evidenciadas durante el período 2003-2014, los jóvenes continúan siendo un grupo demográfico particularmente expuesto al desempleo y la precariedad laboral.

La participación laboral juvenil exhibió una tendencia declinante entre los años 2003 y 2014, a razón de un punto porcentual por año. Si bien este comportamiento manifiesta una postergación del ingreso al mercado de trabajo ligado a la mayor concurrencia y permanencia en el sistema educativo, no toda esta caída puede ser atribuida a cambios en la situación educacional. En particular, la retracción del mercado de trabajo se observa entre los jóvenes con menores niveles de educación formal, lo que puede hacernos suponer que en una etapa de expansión de las oportunidades de empleo, la reducción de la participación laboral juvenil manifiesta el proceso de salida de trabajadores secundarios antes volcados al mercado laboral en un contexto restrictivo.

La notoria reducción del desempleo ocurrida en este período también benefició a los jóvenes. La tasa de desocupación juvenil mostró una disminución significativa, aunque con menor intensidad que la observada para el conjunto de la población. Asimismo, cabe decir que luego de la pronunciada caída verificada entre 2003 y 2007, la tasa de desempleo de los jóvenes se estabilizó en un nivel casi tres veces mayor al observado para el total de la fuerza laboral. Los jóvenes que participan del mercado de trabajo permanecen así estando en situación de alta vulnerabilidad al desempleo.

Cuando se examina el perfil de la inserción laboral de los jóvenes en la estructura ocupacional se advierte que se ha mantenido sin cambios significativos. En términos generales, se trata de una inserción mayoritariamente asalariada y concentrada en las actividades del comercio y la construcción. Los jóvenes trabajan de manera mayoritaria en microestablecimientos de la economía informal, en puestos de trabajo de escasa o nula calificación. Aunque la tasa de no registración laboral de los jóvenes disminuyó durante el período, todavía más de la mitad de los mismos se ocupa de manera precaria e irregular.
La persistencia de estas condiciones de vulnerabilidad laboral llaman la atención sobre la necesidad de formular e implementar una amplia estrategia de inclusión laboral juvenil que en línea con la orientación de las políticas de empleo aplicadas en los últimos años incremente y consolide los mecanismos necesarios para articular el tránsito de los jóvenes, especialmente de sectores sociales más desfavorecidos, al empleo formal. Incrementar el grado de vinculación entre el sistema de educación y el mundo productivo, así como establecer un servicio público federal de prestaciones integradas de capacitación, entrenamiento laboral e inserción promovida en el trabajo registrado constituyen dos lineamientos clave para el logro de dicho cometido.

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