La siesta de las negociaciones

La siesta de las negociaciones

Por Diana Tussie

Tras la crisis y sin el liderazgo estadounidense, nadie quiere buscar acuerdos en cuanto a la eliminación de subsidios agrícolas. La Ronda Doha se proclamó y fue aceptada como la “Ronda del Desarrollo”, pero las negociaciones se estancaron precisamente porque no era lo que proclamaba.
 
Directora del Programa de Instituciones EconĂłmicas Internacionales de la FLACSO y de La Red Latinoamericana de Comercio (LATN)


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Las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC) hoy duermen una tranquila siesta. Por primera vez en muchos años, el mes de julio pasó sin siquiera un esfuerzo de forzar acuerdos en la Ronda Doha. La crisis económica y el creciente desempleo dejan a Estados Unidos con escasas cartas en la mano para tomar iniciativas en este åmbito en el que sin su liderazgo nadie puede ni quiere moverse. El presidente Barack Obama carece de una Ley de Autoridad para Promoción Comercial, sin la cual no tiene credibilidad en el mundo negociador. Con la ley el Ejecutivo negocia dentro del marco de la ley y luego somete a un voto de aceptación o rechazo del paquete. Por el contrario, sin dicha ley los acuerdos que el Ejecutivo firme pueden ser alterados por el Congreso, lo que anula el interés de negociarlos.

Como en cualquier batalla para disfrazar sus debilidades y atribuir la culpa a otros, Estados Unidos exige mĂĄs apertura de mercado sabiendo que no la puede ofrecer ni la va a conseguir. El embajador chino ante la OMC sentenciĂł que “EE.UU. es el Ășnico miembro que insiste en que estamos lejos de concluir la ronda
 tiene alto nivel de ambiciĂłn, [lo que] equivale a reiniciar la ronda y es una desviaciĂłn flagrante del mandato de negociaciĂłn original”.

Por el contrario, después de nueve años de negociaciones, el director general de la OMC, Pascal Lamy, dice que hay consenso sobre el 80 por ciento de los temas. Por lo visto, es el otro 20 por ciento lo que cuenta. Ese 80 por ciento no tiene nada sobre eliminación de subsidios agrícolas, el corazón del mandato de Doha. Estados Unidos (como Europa) ha aumentado los aplicados. Pretende que con recortar sobre un nivel tope que le da amplio margen de maniobra se puede cerrar el tema. En este contexto encuentra pocos compañeros de ruta.
Mientras tanto la crisis ha tornado obsoleto el marco de la negociación. La Argentina, con el respaldo de Ecuador, Cuba, Brasil, India y China, ha solicitado que se estudie el efecto de los rescates y los paquetes de estímulo. Consideran que dichos paquetes han desnivelado el terreno de juego, desviando inversiones y aumentando los incentivos para la producción en los países centrales. Pero los miembros del organismo comercial acordaron mantener sus informes regulares, pidiendo uno para junio y otro para noviembre de este año. Estados Unidos y Japón bloquearon las propuestas de mayores anålisis de la OMC a las medidas comerciales dentro de los paquetes de estímulos. La Unión Europea no rechazó la propuesta por completo pero argumentó que requería mayores estudios para que pudiera realizarse de una manera realista y pragmåtica. En síntesis, pidió mås estudios para hacer estudios.

La siesta en la OMC alimenta comentarios sobre lo que sucederĂ­a si la Ronda de Doha se declara muerta (altamente improbable) o se la deja agonizar. Desde la irrupciĂłn de la crisis no ha habido ningĂșn avance pero sĂ­ llamados a revivirla en cada cumbre del Grupo de los 20. Desde su primera reuniĂłn en Washington a fines del 2008, los jefes de Estado exhortan a sus ministros a concluir la ronda. Pero la OMC no puede ser mandada desde fuera y por lo tanto la aguja negociadora ni se mueve.

Estado de la negociaciĂłn

En Ginebra, las negociaciones prosiguen en el barro a nivel tĂ©cnico. El ComitĂ© de Agricultura tiene una brecha de diez “cuestiones de fondo”. Hay otros asuntos no menores que debieran estar en el borrador TN/AG/W/4/rev. 4, tales como topes de subsidios especĂ­ficos para las cajas ĂĄmbar y azul de los paĂ­ses desarrollados, los equivalentes ad valorem de aranceles especĂ­ficos y las cuotas arancelarias (anexo C del borrador). La Argentina, China e India han puntualizado dichas omisiones desde mayo de 2010. Nuestro paĂ­s ademĂĄs ha propuesto una franca revisiĂłn de la llamada caja verde, que desde la Ronda Uruguay brinda un paraguas a subsidios que supuestamente no distorsionan el comercio.

En bienes industriales (NAMA), los temas pendientes mås importantes son: los coeficientes de reducción arancelaria y la ampliación a sectores adicionales. En el tema de los servicios, desde las ofertas del 2008 no ha habido mås movimiento. Hasta el 2009, parecía que los borradores en los diferentes temas serían la base para una negociación. Desde 2009, cuando fue inaugurado el presidente Obama, EE.UU. pide mås acceso en agricultura, NAMA y servicios. Y en particular lo pide de las economías emergentes de manera que contribuyan a reducir los desbalances globales, es decir el déficit comercial de Estados Unidos. Su pretensión es rechazada por todos los miembros. La Argentina, Brasil, China y la India sostienen que ya pagaron muy caro con el sesgado contenido del paquete sobre la mesa.

Las coaliciones negociadoras

Desde la reuniĂłn ministerial de CancĂșn los paĂ­ses en desarrollo se organizaron en coaliciones de negociaciĂłn tema por tema. DespuĂ©s de cinco años de hiperactividad con presentaciĂłn de propuestas en un rango amplĂ­simo de temas, desde el 2008 dichas coaliciones aparecen debilitadas.
El G-20 –compuesto por la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Ecuador, Egipto, Guatemala, India, Indonesia, MĂ©xico, Nigeria, PakistĂĄn, Paraguay, PerĂș, Filipinas, SudĂĄfrica, Tanzania, Tailandia, Uruguay, Venezuela y Zimbabwe– se erigiĂł en el protagonista de las negociaciones agrĂ­colas desde 2003. Prosigue en su lucha contra los subsidios, las flexibilidades para la Caja Azul de EE.UU., los subsidios al algodĂłn, etc. Pero dos cuestiones dividen al grupo. Por un lado, las salvaguardas para los paĂ­ses importadores netos son resistidas por los grandes exportadores del grupo (entre los cuales la Argentina es un lĂ­der natural). AdemĂĄs, mientras Brasil se muestra mĂĄs flexible con los subsidios de EE.UU. y la UniĂłn Europea, la Argentina, India y China se mantienen firmes.

La Argentina tambiĂ©n integra el llamado NAMA 11, junto a Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, Namibia, Filipinas, SudĂĄfrica, TĂșnez y Venezuela. El grupo ha resistido profundizar la apertura en bienes industriales a travĂ©s de la “fĂłrmula suiza”. Con dicha fĂłrmula se reducen en forma mĂĄs abrupta los niveles de aranceles mĂĄs altos, mientras que no afecta tan significativamente los niveles de tarifas mĂĄs bajos. En otras palabras, ataca el rĂ©gimen arancelario de los paĂ­ses en desarrollo en una medida mucho mayor que los aranceles de los desarrollados.

El grupo de NAMA 11 promueve la “reciprocidad menos que plena”, que permite a los paĂ­ses en desarrollo reducciones arancelarias con un porcentaje de reducciĂłn menor que el de los paĂ­ses desarrollados. Sin embargo, el grupo se desintegrĂł debido a las concesiones bilaterales obtenidas por algunos socios, pero la Argentina, SudĂĄfrica y Venezuela siguen en pie, aunque la Ășltima amaga con abandonar esta bandera si obtuviera el beneficio de ser considerada “economĂ­a pequeña y vulnerable”. Las “economĂ­as pequeñas y vulnerables” son aquellas que exportan menos del 0,1 por ciento del comercio mundial. Se les permite, temporalmente, una menor reducciĂłn de aranceles. Bolivia estĂĄ en esa categorĂ­a. Alega que excluyendo su exportaciĂłn petrolera, tiene credenciales para pertenecer a esa categorĂ­a eximida de la mayor parte de las obligaciones contractuales de la OMC y con amplias preferencias de acceso.
El G-33 estĂĄ formado por Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Benin, Bolivia, Botswana, China, Congo, Costa de Marfil, Cuba, Dominica, El Salvador, Grenada, Guatemala, Guyana, HaitĂ­, Honduras, India, Indonesia, Jamaica, Kenia, Corea, Mauricio, Madagascar, Mongolia, Mozambique, Nicaragua, Nigeria, PakistĂĄn, PanamĂĄ, PerĂș, Filipinas, RepĂșblica Dominicana, St. Kitts y Nevis, St. Lucia, St. Vincent y Granadinas, Senegal, Sri Lanka, Surinam, Tanzania, Trinidad y Tobago, TurquĂ­a, Uganda, Venezuela, Zambia y Zimbabwe. Representa a los paĂ­ses importadores netos de alimentos donde vive el 70 por ciento de la poblaciĂłn rural mundial. Comprende el 15 por ciento de las importaciones agrĂ­colas mundiales a la vez que 30 por ciento de las exportaciones agrĂ­colas.

El G-33 propuso dos medios para proteger a sus campesinos de las exportaciones subsidiadas de EE.UU. y la UE: la lista de productos especiales y el mecanismo de salvaguarda especial. A medida que algunos de los miembros firman acuerdos con la UE o con Estados Unidos, la firmeza de estos objetivos se fue diluyendo. Tal es el caso de PerĂș y los paĂ­ses centroamericanos y del Caribe.

A través de este estado de situación salta a la vista que el Mercosur no aparece en el horizonte negociador, ni lo hacen otros acuerdos regionales. En la mayoría de los casos cuando los países no logran satisfacer sus intereses en el åmbito regional, comienzan a participar de coaliciones que procuren la concreción de dichos intereses. América latina se caracteriza por usar la OMC para resolver sus disputas regionales. Aun México como integrante del Tratado de Libre cambio de América del Norte (NAFTA) ha utilizado como estrategia la provocación de entrar al G-20, para balancear las asimetrías con sus socios regionales.

En síntesis, las coaliciones negociadoras, si bien están debilitadas, retienen su valor como refugio. Pero es la ronda la que va perdiendo su razón de ser. La Ronda Doha se proclamó y fue aceptada como la “Ronda del Desarrollo”, pero las negociaciones se estancaron precisamente porque no era lo que proclamaba.

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