La salud bucal parte de la salud colectiva

La salud bucal parte de la salud colectiva

Por Alejandro Dávila


 
Odont├│logo. Mag├şster en Salud P├║blica (UBA). Pte. Asociaci├│n por la Salud Bucal Colectiva Am├ęrica Latina.


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S├│lo a partir de la capacidad del pueblo para organizarse e intervenir en la planificaci├│n, ejecuci├│n y control de las acciones, se podr├í pensar en una salud colectiva de manera integral. Ese es el desaf├şo.

Cuando me proponen escribir sobre salud bucal me asalta una pregunta que es casi una queja: ┬┐por qu├ę un odont├│logo debe escribir exclusivamente sobre salud bucal?

La respuesta parece obvia.

Me impresiona que en estos temas, como en otros, exista un encasillamiento cultural o de modelo y otro de tipo conceptual referido a la idea de salud.

Nos encuadran (nos encuadramos) en estos temas y, contradictoriamente, aquellos amigos con los que compartimos la dif├şcil tarea de poder aportar a mejorar la salud colectiva de nuestros compatriotas, nos encierran en la boca, nos rodean de dientes, como si en realidad fuese posible abordar s├│lo este aspecto (buco-dental) excluido de los complejos procesos de salud-enfermedad y atenci├│n-asistencia que ocurren en la poblaci├│n.

¿Existe una salud bucal o salud renal o hepática independiente de la salud colectiva e individual de un pueblo, nación o continente? No creo que haya una única respuesta.

Nacimos como una unidad indivisible, parte de la naturaleza, luego separamos, fraccionamos el cuerpo, creamos disciplinas espec├şficas para cada pedacito, encontramos diferentes explicaciones de su funcionamiento, enfermedades y tratamientos seg├║n el paradigma de la ├ępocaÔÇŽ Entonces tal vez la tarea sea nuevamente ┬┐poder unirlo?

Hay mucho por recorrer en este largo camino de incorporar nuevamente los ├│rganos a las personas que el modelo m├ędico (nosotros como parte de ├ęl) ha separado y fragmentado en una b├║squeda incesante por alargar nuestras vidas, legitimar algunas disciplinas, fortalecer una que otra corporaci├│n y querer ÔÇťcomponer-curarÔÇŁ los diferentes ÔÇť├│rganos-piezasÔÇŁ descompuestos de esta ÔÇťm├íquinaÔÇŁ que nunca termina de decirnos que no lo es.

Es decir que estamos frente a una enorme complejidad.

Por un lado un proceso de cambio de paradigma en el sector salud y cambios en las disciplinas que lo integran hist├│ricamente, que interpelan el famoso modelo m├ędico hegem├│nico occidental, y por otro un modelo de atenci├│n que a pesar de la interpelaci├│n te├│rico-declamativa de algunos, sigue vigente casi sin cambios, al igual que el modelo de gesti├│n que encierra todo en una especie de c├şrculo enfermante, que reclama desesperadamente m├ís enfermedad, m├ís recursos materiales y m├ís tecnolog├şa para alimentar esa m├íquina.

Toda esta complejidad tiene un actor ausente que es la propia población y sus productos organizativos. El conocimiento popular acumulado en estos temas no está integrado, se niega, pero se va componiendo en lucha.

Si a estas cuestiones generales le sumamos la dimensi├│n pol├ştica e hist├│rica, terminar├şamos de explicar en cierta forma el cuadro de situaci├│n. Por lo expuesto podr├şamos afirmar que desmadejar esta enorme ÔÇťgalletaÔÇŁ no es f├ícil y m├ís a├║n sin la participaci├│n de los sectores populares con sus diferentes niveles y grados de organizaci├│n.

La salud bucal (te├│ricamente protagonista de este art├şculo) estar├şa entonces en medio de toda esta cuesti├│n y no depender├şa de una sola dimensi├│n, de un solo determinante o medida y menos de un programa, campa├▒a, plan o idea magistral que se le ocurra a alguien cre├şdo de su iluminaci├│n y originalidad.

No digo que no ayuden estos aspectos como para ir modificando el contexto, creando mejores condiciones. Nada más lejos de mi pensamiento que negar su utilidad y necesidad.

Creo que esto de ir encontrando respuestas a los problemas y necesidades de la poblaci├│n (y no a las de los profesionales) desde la pr├íctica y produciendo teor├şa, conceptos e ideas, me afirma en la convicci├│n de que es desde esos procesos participativos desde donde se interpela al modelo y se van produciendo cambios que tambi├ęn se expresan en las diferentes formas de gestionar. La participaci├│n popular, comunitaria o como se quiera llamar, forma parte de la soluci├│n y no del problema y esto se logra incorporando a otros actores, a lo trans-sectorial, no como beneficiarios de nuestras ideas brillantes sino como actores sociales y pol├şticos que deciden junto a nosotros.

De a poco se est├í haciendo algo en nuestro pa├şs, con enormes esfuerzos, dificultad y sacrificios.

Aqu├ş me detengo a incluir una dimensi├│n casi olvidada, casi un desaparecido en el mundo del an├ílisis socio epidemiol├│gico sanitario, que es la pol├ştica. La pol├ştica entendida como herramienta de transformaci├│n de la realidad en el contexto donde nos toca vivir, trabajar y amar; como variable en la planificaci├│n estrat├ęgica.

Si a este cuadro de situaci├│n le sumamos la fragmentaci├│n producida en el sector por las pol├şticas neoliberales (fragmentaci├│n de los trabajadores, destrucci├│n del trabajo e introducci├│n de la ideolog├şa neoliberal con sus diferentes l├│gicas hoy enquistadas en la sociedad y en el sector) nos encontramos que es desde la dimensi├│n pol├ştica por donde se debe empezar a desmadejar este enorme sinsentido que este proceso supo conseguir.

El neoliberalismo en el sector salud todav├şa preconiza (as├ş como los economistas insisten con ajustes, recortes de gastos y apertura de mercados) la idea de salud-mercanc├şa: las personas convertidas en clientes y la salud en un bien relacionado a la compra y venta de servicios.

La salud bucal como parte de la salud colectiva debe poder integrarse a aquello de lo que se desprendi├│ y relacionarse a la idea del bienestar humano en su integralidad.

Debemos redefinir el objeto de estudio de las disciplinas de la salud, orient├índolo a las personas en su contexto integral como sujetos socio-culturales y no a los ├│rganos sueltos como prop├│sito exclusivo y fundamental de estudio. ┬íQu├ę mejor ejemplo que el de la odontolog├şa para describir este concepto!

En este marco, poder dar cuenta de las necesidades de la poblaci├│n y de las disciplinas y gremios, instrumentar programas, acciones y elaborar metas, no es suficiente si no podemos incorporar la dimensi├│n pol├ştica, la cual impacta en los dientes, en los dentistas y en todos los ├│rganos del cuerpo.

Los odont├│logos, como los m├ędicos, psic├│logos, farmac├ęuticos, enfermeras, promotores de salud, agentes sanitarios y vecinos con saberes en salud, necesariamente deberemos seguir en este proceso de b├║squeda, en esta construcci├│n pol├ştica, te├│rico-practico-acad├ęmica, intentando integrar el conocimiento, construyendo saberes y cultura para poder ir encontrando las soluciones que siempre se piensan y planifican en soledad y que tambi├ęn fracasan en soledad. Encontrar soluciones en conjunto es un desaf├şo.

No hablamos de programar una cirug├şa dentomaxilar sino esencialmente de los determinantes sociales relacionados con la participaci├│n popular o comunitaria en la APS (atenci├│n primaria de la salud). Hablamos de promoci├│n, prevenci├│n, protecci├│n y autocuidado de la salud y no al rev├ęs. No decimos que la participaci├│n significa beneficiarios de un programa. Manifestamos que la participaci├│n popular implica poder intervenir en la planificaci├│n, ejecuci├│n y control de las acciones. Esto no niega la necesidad de atenci├│n o de tratamiento de la enfermedad, pero la idea no es poner el foco en este punto, por la sencilla raz├│n de que venimos realizando tratamientos desde hace m├ís de 100-200-300 a├▒os y no se han logrado modificar los perfiles socio-epidemiol├│gicos de la poblaci├│n. No existe relaci├│n entre las pr├ícticas diarias de los profesionales y la buena o mala salud bucal colectiva. La pr├íctica habitual y hegem├│nica del odont├│logo no modifica indicadores. La asignaci├│n universal y el mejor acceso a la educaci├│n indicar├şan que s├ş modifican indicadores.

Tambi├ęn debemos ser conscientes de que el avance tecnol├│gico sobre el tratamiento de lo enfermo y la profusi├│n de formaci├│n profesional al respecto, as├ş como la bibliograf├şa y publicaciones que se realizan, muestran no s├│lo d├│nde est├í puesto el foco de la disciplina sino su propia incapacidad en mantenernos sanos.

Siempre me gust├│ decir que los implantes de titanio, esos que por ahora resuelven la p├ęrdida de piezas dentales (por supuesto s├│lo en aquella parte privilegiada de personas que pueden pagarlos), son la demostraci├│n m├ís incontrastable del propio fracaso en mantener sana a nuestra poblaci├│n, inclusive a los sectores econ├│micamente mejor dotados.

Les pido disculpas a los lectores por si en este art├şculo no encuentran menciones a tratamientos, estad├şsticas sobre enfermedad dental (para los que quieren profundizar en cuestiones m├ís espec├şficas de la disciplina, hay art├şculos escritos en www.asaludbucal.com.ar), proyectos singulares, medidas excepcionales y recomendaciones edulcoradas sobre diferentes cuestiones. Disculpas nuevamente.

Venimos desarrollando experiencias en salud colectiva desde distintos lugares, principalmente desde el Estado (Programa Salud en Movimiento), desde la ONG Asociaci├│n por la Salud Bucal Colectiva (ASB) y desde diferentes organizaciones sociales y pol├şticas como la Corriente Sanitaria Nacional (CSN) y la Corriente de la Militancia, aportando as├ş a este proceso pol├ştico que se ha abierto en la Argentina desde el 2003 y que ha mejorado ostensiblemente la calidad de vida de nuestro pueblo y nuestra relativa salud colectiva (incluyo la bucal y la g├ístrica).

Es indispensable entonces abrir un profundo debate sobre nuestra propia responsabilidad en estos temas. No es suficiente enarbolar la bandera de la tan de moda Atenci├│n Primaria de la Salud sino poder llevarla a la pr├íctica de la mano de nuestro pueblo y de sus organizaciones. Digo pueblo y sus organizaciones porque nuestra gente se organiza, nos organizamos, no somos un cuerpo abstracto, promovemos l├şderes, organizamos espacios, discutimos, peleamos porciones de gobierno: hacemos pol├ştica.

No encuentro otra forma de cambiar modelos de atenci├│n, de gesti├│n y de ense├▒anza (con sus l├│gicas de pensamiento, instrumentaci├│n y de organizaci├│n tan instaladas dentro de nuestro modelo hegem├│nico de salud en crisis) que el de poder sumarse seriamente y con compromiso a estos procesos de cambio. Militar la salud ser├şa en parte una respuesta saludable a estos problemas.

El desaf├şo es enorme si queremos que esto cambie.

La deuda que tenemos con la salud colectiva en la Argentina es grande y en ese contexto la salud bucal es una ficha que no nos animamos a mover todav├şa con decisi├│n.

Poder devolver la sonrisa a nuestro pueblo es una tarea que ya comenz├│ hace a├▒os con N├ęstor y Cristina, pero todav├şa, en los sectores mas humildes, no hemos podido reponer los dientes que el neoliberalismo le ha quitado a nuestra gente y tampoco pudimos articular pol├şticas nacionales, provinciales, municipales para poder seguir construyendo el derecho a la salud y poder ir conjurando esta situaci├│n. Lo vamos hacer, lo estamos haciendo.

Hace unas semanas, en una convocatoria a profesionales para la construcci├│n de equipos de APS y participaci├│n comunitaria territorial, alguien dijo que habr├şa que cambiar radicalmente el modelo, que de este modelo no serv├şa nada. Esa frase me hizo ruido, porque creo que no hay construcci├│n posible desde la nada, la nada no es. Siempre se parte de lo que somos, de lo que fuimos, y este modelo que debemos cambiar somos nosotros tambi├ęn.

No es fácil, no será fácil.

┬┐Y el art├şculo sobre salud bucal? Ah, s├ş... empecemos de nuevo:

Cuando me proponen escribir sobre salud bucal...

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Art├şculos de este n├║mero

Jos├ę Carlos Escudero
Sobre la salud colectiva
Vicen├ž Navarro
Afán de lucro y sanidad
Asa Cristina Laurell
Los Proyectos de Salud en Am├ęrica Latina.
Mario Rovere
Organismos Internacionales de Salud y la Argentina
Diego Armus
De la salud p├║blica a la salud colectiva
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Perfil epidemiol├│gico de Argentina
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Problemáticas de Salud Mental en la Argentina
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Consecuencias del ajuste en la alimentaci├│n.
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Obras sociales en la Argentina. Un sint├ętico relato hist├│rico
Virginia L├│pez Casariego
Infancia y derecho a la salud
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Los servicios integrales para las personas mayores dependientes
V├şctor B. Penchaszadeh
Gen├ętica, salud y derechos humanos
Alejandro Dávila
La salud bucal parte de la salud colectiva
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Medios de comunicaci├│n y salud
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Reflexiones en torno a una pol├ştica racional de medicamentos
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