La lucha por la tierra en el proyecto popular

La lucha por la tierra en el proyecto popular

Por Andrea Castaño* y José Rocha**

No serĂĄ una lucha fĂĄcil, pero como parte de la profundizaciĂłn de la justicia social, la distribuciĂłn de la tierra serĂĄ puesta en discusiĂłn, con fuertes resistencias de los sectores de acumulaciĂłn econĂłmica.
 
*Trabajadora social, AsociaciĂłn Civil Madre Tierra **Abogado, AsociaciĂłn Civil Madre Tierra


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Madre Tierra es una organización que trabaja en la temåtica de la tierra y la vivienda acompañando al sector popular en sus luchas y trabajos en torno a este derecho esencial.

Hoy sentimos con alegrĂ­a que estas luchas han sido asumidas por un gobierno que ha vuelto a poner en discusiĂłn los modelos de paĂ­s que histĂłricamente pugnan en nuestra Patria y en nuestra LatinoamĂ©rica. Un tiempo nuevo en el que se ha reivindicado la polĂ­tica por sobre el pensamiento Ășnico que resolvĂ­a todo a travĂ©s de ajustes econĂłmicos.

En el enclave que estamos atravesando se avizoran horizontes cercanos en los que la distribución de la tierra va a ser puesta en discusión. No serå una lucha fåcil. Después de las iniciativas como la 125, la nueva ley de medios audiovisuales, el proyecto de ley de servicios financieros, como en una escalada en la profundización de la justicia distributiva, el tema de la tierra despertarå fuertes resistencias de los sectores de acumulación económica.

Por eso hoy mås que nunca la militancia cotidiana es necesaria. Y para nosotros, militantes de la tierra y la vivienda desde hace 25 años, estos espacios de expresión y difusión adquieren mucho valor. De ahí nuestro agradecimiento al equipo que hace Voces en el Fénix por brindarnos este espacio.

Los modelos de paĂ­s y la lucha por la tierra

No decimos nada nuevo si afirmamos que desde el 2003 hasta esta parte se ha recuperado la política. Lo vemos cotidianamente en los barrios en los que trabajamos. Nuevamente se conversa sobre el contexto, se discuten ideas, se develan engaños de los grandes medios y se redescubre la potencia del trabajo comunitario y de los lazos solidarios.

Numerosas medidas de gobierno apuntan a volver a recuperar la polĂ­tica del pueblo que no es otra cosa sino concretar una vida digna y feliz. La AsignaciĂłn Universal por Hijo, la jubilaciĂłn solidaria en manos del Estado, las pensiones no contributivas como un derecho, la jubilaciĂłn para el ama de casa, la creaciĂłn de nuevas escuelas, kilĂłmetros de rutas y asfaltos, viviendas nuevas y mejoramiento de viviendas existentes, etc.

La política del pueblo siempre estuvo presente en la vida de nuestra Patria. Por momentos explícita y puesta en práctica, por momentos acallada por los grandes sectores de acumulación, pero resistiendo

La polĂ­tica del pueblo se plasma en una forma de entender y mirar el paĂ­s. Hoy hablamos del proyecto nacional, popular, latinoamericano, del modelo de inclusiĂłn y justicia social.

La polĂ­tica del antipueblo se plasmĂł sobre la base de la ideologĂ­a liberal: el proyecto oligĂĄrquico y de concentraciĂłn y acumulaciĂłn de poder y riquezas.

La tierra no fue ajena a esta lucha entre modelos antagĂłnicos. MĂĄs bien fue emblema de ambos en tanto uno buscaba liberarla y ponerla al servicio del bien comĂșn y el otro secuestrarla y alambrarla al servicio de los intereses de una minorĂ­a. El proyecto popular y el proyecto liberal de paĂ­s pueden vislumbrarse ya desde el mismo mayo de 1810. Referentes y estrategias cambian a travĂ©s del tiempo pero en el fondo son expresiones de los dos modelos: unitarios versus federales; interior versus el puerto de Buenos Aires; nacionalismo versus extranjerizaciĂłn; peronistas versus antiperonistas, dictaduras versus gobiernos populares, inclusiĂłn versus exclusiĂłn, etc.

En esta contienda nacional, la lucha por la tierra tiene mucho que decir, ya que quien fue dueño de la tierra, fue dueño del poder en la Argentina.

La tierra tiene historia

Los pueblos originarios que ocuparon esta región eran cazadores y recolectores y estaban íntimamente ligados a la tierra, proveedora de alimentos. Se trasladaban en busca de comida y buscando mejores climas. Así, fueron llegando en distintas migraciones desde el norte de América los guaraníes, al este, los calchaquíes al oeste y los tehuelches desde el sur. Con el tiempo, algunos pueblos se fueron asentando y formaron las primeras comunidades, sobre todo en el norte de nuestro país, donde llegó a tener presencia el imperio Inca. En Buenos Aires se asentaron los pampas, ranqueles y querandíes, pueblos que lucharon contra los españoles a su llegada.

Tan natural era su relaciĂłn con la tierra, que la Pachamama estaba dentro de sus dioses mĂĄs importantes. La tierra no tenĂ­a dueño ni estaba apropiada. Era un bien comĂșn. Se la usaba para la agricultura o la crĂ­a de animales y se mudaban siempre antes de agotar el suelo.

Con la conquista española, se impone la propiedad privada. Para fomentar la instituciĂłn del “adelantazgo”, la Corona otorgaba “mercedes reales” (tĂ­tulos de propiedad). Esto da origen a los latifundios, mal endĂ©mico de distribuciĂłn de la tierra en nuestro paĂ­s.

La colonización se realizó a través de la construcción de ciudades que debían tener algunos requisitos:

1. Situarse en lugar de fĂĄcil defensa.
2. Tener agua cerca.
3. Comunidades aborĂ­genes sometidas cerca que prestaran su mano de obra.

La forma de planificaciĂłn de las ciudades era la de los antiguos romanos (cuadrĂ­cula). Con una plaza central donde estaba el fuerte y el gobierno y la Iglesia.

Se repartĂ­a tierra otorgĂĄndole a cada colono media manzana para la construcciĂłn de la casa y una o dos manzanas para agricultura y/o ganaderĂ­a en la periferia de la ciudad. AsĂ­ nacieron Salta, Santiago del Estero, TucumĂĄn, CĂłrdoba, etc. No obstante, la resistencia aborigen continuĂł hasta 1880 y gran parte del territorio se encontraba en poder de los pueblos originarios.

El primer argentino que se ocupĂł del problema de la distribuciĂłn de la Tierra en nuestro paĂ­s es
 uruguayo. JosĂ© Gervasio de Artigas representa al sector popular de la RevoluciĂłn de Mayo y en 1814 lanza la primera reforma agraria en AmĂ©rica que se podĂ­a sintetizar en la frase “Tierra para todo el que la trabaje”, otorgĂĄndoles tierras a gauchos, negros, mulatos e indios sin otro requisito que las hicieran producir. Se opone a Buenos Aires que en este tema tiene como exponente a Bernardino Rivadavia, quien toma un crĂ©dito de un millĂłn de libras esterlinas de Inglaterra y como garantĂ­a pone toda la tierra del Estado. Esto trajo aparejado la no poblaciĂłn del paĂ­s por la imposibilidad de arraigarse, ya que Rivadavia otorga la tierra en enfiteusis (prĂ©stamo de uso con un canon o alquiler en contraprestaciĂłn). Pocos accedieron a las tierras: sĂłlo los amigos del poder, que luego se quedaron con ellas, consolidando los grandes latifundios que aĂșn hoy padecemos.

Luego de dictada la ConstituciĂłn nacional, nuestros gobernantes trazaron los lineamientos generales del paĂ­s para relacionarnos con el mundo. El Imperio BritĂĄnico le otorgĂł a la Argentina el rol de paĂ­s exportador de materias primas (carnes y cereales en general), dependiendo del Imperio para todo lo demĂĄs. Para que la Argentina cumpliera con su papel internacional debĂ­a tener acceso a toda la tierra que estaba en poder de los aborĂ­genes, por eso se ideĂł la llamada Conquista del Desierto, que se constituyĂł en el primer genocidio sufrido por nuestro paĂ­s. El reparto de la tierra “ganada” a los aborĂ­genes se realizĂł entre los militares participantes, los comerciantes que solventaron la campaña y los especuladores que compraban la tierra que les correspondĂ­a a los soldados.

Resultado: la tierra no se incorporĂł a la producciĂłn y se crearon grandes latifundios especulativos.

Arrasadas las Ășltimas resistencias aborĂ­genes, faltaba poblar inmensos territorios. Entonces, Domingo Sarmiento, BartolomĂ© Mitre y Julio Argentino Roca sostenĂ­an que habĂ­a que traer poblaciĂłn europea para desarrollar el paĂ­s.

Entre 1890 y 1930 ingresaron al país 6 millones de personas, mayormente europeos. Trataron de ir a trabajar la tierra, pero como la tierra ya tenía dueño, volvieron a las grandes ciudades para trabajar en frigoríficos, saladeros, algunas fåbricas y en el årea de servicios del Estado (correo, ferrocarril, etc.).

Luego de la epidemia de fiebre amarilla que sufrió Buenos Aires, las familias mås ricas se trasladaron al norte de la ciudad y en el sur quedaron grandes casonas deshabitadas: este es el origen de los conventillos de la Boca, Barracas, Dock Sud. También se asentaban precariamente en tierras del Estado en casillas dando origen a las villas de emergencia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Europa ya no podĂ­a proveernos de los bienes que antes le comprĂĄbamos. Se iniciĂł entonces, con los gobiernos de Juan Domingo PerĂłn, un proceso de industrializaciĂłn, de sustituciĂłn de importaciones y se empezĂł a fabricar en el paĂ­s. Lo que mĂĄs se precisaba eran obreros: los inmigrantes que habĂ­an venido de Europa, aquellos que venĂ­an del campo e incluso trabajadores de paĂ­ses limĂ­trofes crearon la megaciudad que hoy es Buenos Aires y su conurbano.

Al principio llegaban y paraban en la villa, lograban comprar un lote y trabajaban en la semana y los fines de semana construĂ­an su casa. Cuando la terminaban se mudaban y abandonaban la villa. La Ă©poca del peronismo fue la Ășltima vez que los trabajadores estuvieron incluidos en el mercado inmobiliario.

Las distintas dictaduras militares van produciendo crisis económicas que hacen perder al trabajador su poder adquisitivo y los obreros ya no están de “paso” por las villas: se quedan definitivamente. Asimismo, crecen en forma exponencial las dimensiones de estos asentamientos.

En paralelo, se toma la decisión de que los pobres y villeros no pueden vivir más en la ciudad (Capital Federal) y en los ’70 se lanza el plan de erradicación de villas que implicó desalojos compulsivos que depositaron a los pobres en el conurbano). Para colmo, por ley en la provincia de Buenos Aires se prohíben los loteos sin infraestructura (ley 8.912/77 sobre uso del suelo). Las inversiones se vuelcan a la producción de barrios cerrados y cementerios privados y dejan definitivamente afuera del mercado inmobiliario a la población trabajadora.

Para los años ’80, generaciones enteras no tenĂ­an lugar donde vivir. El primer hijo al fondo del lote de los padres, el segundo edifica arriba, y para el tercero ya no habĂ­a lugar. Surgen asĂ­ los asentamientos. Gran parte sobre tierras privadas, generalmente abandonadas, sin ningĂșn uso.

A diferencia de la villa que era pensada como lugar provisorio, los asentamientos desde el principio fueron organizados: se marcaban las continuaciones de las calles, se marcaban lotes, se dejaba lugar para la plaza, el salĂłn de usos mĂșltiples. Esto demostrĂł que pese a que el Estado no estaba presente, el pueblo organizado busca soluciones ante la necesidad, ante el derecho negado.

Si bien hoy estamos ante la presencia activa del Estado en materia de polĂ­ticas de vivienda, luego de la crisis del 2001 mĂĄs del 60 por ciento de la poblaciĂłn estĂĄ excluida del mercado inmobiliario y no puede acceder al lote y la vivienda.

Queda mucho por hacer

Numerosos actores sociales, entre ellos Madre Tierra y organizaciones barriales, impulsan cambios legislativos que ayuden a incluir la mayor cantidad de conciudadanos en el acceso a la tierra. Estas propuestas y estas luchas estĂĄn basadas sobre convicciones profundas, que responden al proyecto nacional y popular de paĂ­s:

1. El derecho a la ciudad de todos y todas.
2. El derecho a un lote y a la vivienda.
3. El derecho a la gestiĂłn participativa (ser protagonistas y no beneficiarios de las polĂ­ticas pĂșblicas).
4. La concepciĂłn de la tierra como bien no renovable con funciĂłn social.
5. La intervenciĂłn del Estado para regular el mercado del suelo.

Como organizaciĂłn participamos en dos espacios que proponen cambios en la legislaciĂłn para actualizar la normativa que hay en la materia:

* Habitar Argentina, el espacio multisectorial en el legislativo nacional donde se proponen reformas a la legislaciĂłn vigente en temĂĄticas fundamentales: ordenamiento y planificaciĂłn territorial, regularizaciĂłn dominial, desalojos y alquileres, vivienda, infraestructura y servicios. En algunas de estas comisiones se ha terminado de consensuar proyectos de leyes que serĂĄn presentados en el Congreso.
* En una Mesa de Trabajo provincial conjuntamente con el Foro de Organizaciones de Tierra, Infraestructura y Vivienda de la Provincia de Buenos Aires (FOTIVBA), desarrollando programas y operatorias con la SubsecretarĂ­a de Tierras, el Instituto provincial de la Vivienda, la SubsecretarĂ­a de PlanificaciĂłn territorial y otros organismos. E impulsando una nueva ley de hĂĄbitat para la provincia.

Esperanza y desafĂ­o

AsĂ­, tal vez podamos caracterizar este tiempo.

Esperanza porque vemos como cotidianamente el pueblo sigue haciendo suya la ciudad, cómo fue y va construyendo política popular desde el asentamiento, desde los tråmites de regularización, desde el mejoramiento de viviendas a través de fondos rotativos y solidarios de créditos, desde la participación en los centros comunitarios, desde miles de experiencias creativas y novedosas.

Desafío en que estas luchas confluyan y sigan reflejåndose y haciéndose parte del gobierno que empezó a recuperar el país desde el 2003. Desafío a la militancia cotidiana en todos los campos y sectores para sostener, consolidar, mejorar y profundizar el proyecto nacional y popular.

La Tierra sigue queriendo ser liberada, ser de todas y todos para el arraigo y la vida. A la altura de las circunstancias, como pueblo, todas y todos, entonces, estaremos dando la batalla (cultural, ideolĂłgica, cotidiana), sabedores de que la Ășnica manera es hacerlo colectivamente. Porque, haciendo nuestro el pensamiento del genial historietista y militante desaparecido HĂ©ctor GermĂĄn Oesterheld, el Ășnico hĂ©roe es el hĂ©roe colectivo.

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Voces en el Fénix NÂș 5
Tierra y libertad

HĂĄbitat y vivienda

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Andrea Catenazzi
La planificaciĂłn urbana en cuestiĂłn
TomĂĄs Bontempo y Silvia Bossini Pithod
Rol del Estado, inversiĂłn pĂșblica e inclusiĂłn social
SebastiĂĄn Tedeschi
Cuatro claves en polĂ­ticas de hĂĄbitat desde la perspectiva de los derechos humanos
MarĂ­a Laura Rey
Hacia una polĂ­tica de inclusiĂłn
Maria Cristina Cravino
El ciclo de las villas y el mercado inmobiliario informal
Nora Prudkin, Cristina Cataldo y MarĂ­a Teresa Heras
Un enfoque desde el Estado para el desarrollo sustentable
Javier FernĂĄndez Castro
Posibilidades y lĂ­mites del proyecto urbano como herramienta de inclusiĂłn socioespacial.
Florencia Almansi
La vulnerabilidad ambiental y la normativa urbana
Daniel Galizzi
GestiĂłn de las polĂ­ticas de hĂĄbitat informal y capacidades de generaciĂłn de nuevas reglas de juego
Andrea Castaño y José Rocha
La lucha por la tierra en el proyecto popular
NĂ©stor Jeifetz y MarĂ­a Carla RodrĂ­guez
ProducciĂłn autogestionaria del hĂĄbitat

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