La geopolítica del agua

La geopolítica del agua

Por María Querol

El acceso al agua está estrechamente vinculado con los índices de alimentación, salud y energía. La mayoría de los ríos, lagos y aguas subterráneas existentes son compartidos por dos o más Estados. Es necesario entonces alcanzar acuerdos internacionales que protejan estos bienes comunes y permitan mejorar las condiciones de vida de la población.
 
Doctora de Derecho Internacional del Instituto de Altos Estudios Internacionales y de Desarrollo de Ginebra, abogada y consultora en derecho internacional.


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Los desafíos actuales del agua

El agua es un recurso fundamental para todos los seres vivos, necesario en todos los ámbitos del desarrollo de una sociedad. El 97,5% del agua del planeta es agua salada. Del 2,5% restante, gran parte se encuentra en la Antártida y lo que queda se encuentra distribuido de modo desigual a lo largo de la superficie y el subsuelo terrestre.

La mayoría de los ríos, lagos y aguas subterráneas existentes son compartidos por dos o más Estados. Más de 260 cuencas poseen estas características. Además, de acuerdo con la última publicación del Atlas de Acuíferos Transfronterizos de la UNESCO, se han identificado al presente 445 de estos acuíferos. Ello resulta de particular relevancia ya que se estima que un 99% del agua dulce accesible al ser humano se encuentra en acuíferos. En la actualidad, el agua subterránea suministra casi la mitad del agua potable del mundo. El acceso al agua proveniente de acuíferos ha permitido a poblaciones enteras asentarse en zonas secas y de escasas lluvias. Más de mil millones de hogares rurales en las regiones más pobres de Asia y África dependen de ello.

Los principales usos a que se destina el agua son la agricultura, la producción de energía, los usos industriales y el consumo humano. El agua está directamente ligada a la producción de alimentos. La agricultura y el ganado, los usos industriales y la producción energética requieren cantidades considerables de agua, principalmente las dos últimas. Actualmente, casi mil millones de personas no tienen acceso a agua potable y más de dos mil seiscientos millones viven hoy sin acceso a un sistema de saneamiento adecuado, un factor especialmente crítico para la supervivencia de la población infantil. La relación que existe entre el acceso a los servicios de agua y saneamiento y la salud resulta innegable. En efecto, la Organización Mundial de la Salud estima que el 88% de las enfermedades diarreicas se originan en un abastecimiento de agua insalubre y en un saneamiento deficiente y resultan en cerca de un 1,8 millones de muertes al año. Un 90% de esas muertes son de niños menores de cinco años. Asimismo, se calcula que 1,3 millones de personas mueren al año de paludismo, 160 millones padecen esquistosomiasis y 133 millones padecen graves formas de helmintiasis intestinales. La falta de acceso al agua potable y al saneamiento contribuye también al desarrollo de la hepatitis A, que afecta a 1,5 millones de personas anualmente.

Por ello el 28 de julio de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución en la cual declara “el derecho humano al agua y al saneamiento como un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. El derecho humano al agua y al saneamiento es una norma jurídica obligatoria para todos los Estados que componen la comunidad internacional. El mismo genera obligaciones a cargo del Estado para con los individuos que se encuentran bajo su jurisdicción. La delegación de los servicios de suministro de agua y saneamiento no exime en ningún caso al Estado de estas obligaciones.

En este sentido merecen destacarse los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los mismos establecen el compromiso de los Estados que componen la comunidad internacional a reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de personas que carezcan de acceso a agua potable o no puedan costearlo y que no tengan acceso a los servicios básicos de saneamiento, tomando como base el año 1990.

Las perspectivas regionales del sector son muy variadas. Así, el abastecimiento de agua potable en África subsahariana cubre apenas un 60% del total y únicamente un 31% de la población accede a instalaciones de saneamiento mejoradas. Además, solamente una de cada cuatro personas en África cuenta con energía eléctrica.

Por su parte, el proceso de urbanización, crecimiento económico, industrialización y desarrollo agrícola que viven varias regiones de Asia y el Pacífico acarrea un uso intensivo de los recursos hídricos, principalmente a través de una creciente demanda de servicios de agua municipales. Mientras tanto, dos tercios de la población que pasa hambre en el mundo viven en Asia.

En América latina y el Caribe, en los últimos cuarenta años la población urbana se ha triplicado. Si bien la mayoría de los países de la región cuenta con altos niveles de cobertura de agua y saneamiento, existe mucha diferencia entre las zonas rurales y las urbanas y entre cada país. Casi 40 millones de personas carecen actualmente en esta región de acceso al agua potable y 120 millones a instalaciones de saneamiento adecuadas.

En los países árabes y de Asia occidental la escasez de agua genera incertidumbre a nivel de la seguridad alimentaria y dos tercios del agua de la superficie de la región provienen de otras regiones.

Por último, tanto en América del Norte como en Europa un problema mayor que enfrentan los recursos hídricos es la contaminación por la introducción de productos agroquímicos tales como pesticidas o nitrógeno, entre otros.

En los últimos años se ha evidenciado un aumento en la intensidad y la amplitud de los problemas que afectan a los recursos hídricos. En los hechos, los mismos se encuentran ligados a los recursos energéticos disponibles. El fenómeno del cambio climático se ve afectado por la producción de energía teniendo un efecto directo en el agua.

El suministro de energía y electricidad requiere cantidades significativas de agua en sus cadenas de producción como es el caso de la refrigeración de la plantas energéticas, el cultivo de cosechas para biocombustible y las turbinas de alimentación. Por otro lado, el suministro de agua limpia mediante diversas técnicas tales como el bombeo, la desalinización y la irrigación, entre otras, requiere cantidades sustanciales de energía.

El cambio climático ya afecta, y seguirá haciéndolo, la disponibilidad y la calidad del agua de distintos modos que no pueden predecirse al día de hoy de manera concluyente. El aprovechamiento sostenible de los cursos de agua transfronterizos en un clima cambiante será particularmente desafiante. Los cambios que afecten al clima alterarán de manera inevitable la forma, la intensidad y los tiempos en la demanda de agua y las precipitaciones.

La desertificación y la sequía y la degradación de las tierras se encuentran entre los problemas más graves que acarrean los desastres ocasionados por el cambio climático.

Cerca de dos millones de hectáreas de tierra en todo el mundo se encuentran al presente irreversiblemente degradadas. Las inundaciones, los tifones y los terremotos resultan también particularmente destructivos para el agua no solamente a nivel de infraestructura y de transporte de bienes y servicios sino también en cuanto contaminan los suministros de agua, ocasionando muchas veces brotes epidémicos de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera.

Los recursos hídricos como fuente de conflictos y de cooperación

Estos cambios que afectan al agua generan tensiones entre los Estados. Justamente, el 26 de septiembre pasado, en ocasión del Debate de Alto Nivel de la sexagésimo séptima sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, varios Estados señalaron el potencial que posee el cambio climático de contribuir al estallido de nuevos conflictos. Así, mientras Australia adujo que este fenómeno amenaza la seguridad alimentaria y afecta el desarrollo, Rumania señaló el impacto de los cambios en el clima en la disponibilidad del agua y la necesidad de acciones urgentes para prevenir posibles conflictos en torno a la falta de dicho recurso. Kenya, por su parte, subrayó la necesidad de reforzar las instituciones globales en biodiversidad, cambio climático y medioambiente para prevenir dichas controversias.

Resulta de interés observar que muchos de los focos de tensión existentes giran en torno a recursos compartidos que no poseen un tratado que los regule.

Uno de los principales desafíos actuales de la comunidad internacional es el desarrollo de normas, procedimientos e instituciones que protejan los cursos de agua compartidos al mismo tiempo que el planeta se adapta al cambio climático. Frente a este panorama, es necesario contar con acuerdos internacionales que prevean estos cambios e incluyan disposiciones relativas a posibles escenarios o desastres naturales generados por el efecto invernadero y por la creciente demanda de agua.

Algunos de los tratados existentes en la actualidad no prevén mecanismos de monitoreo, aplicación o solución de controversias. Los acuerdos específicos tienen la ventaja de tener en cuenta las particularidades y especiales características de cada curso de agua. Además, el cambio climático afectará a cada cuenca de manera particular, por ello resulta necesario contar con tratados que regulen cada cuenca o sistema o al menos cada curso de agua de manera específica.

En caso de que los Estados no puedan alcanzar un acuerdo por medio de un tratado, las normas contenidas en la Convención de las Naciones Unidas de 1997 sobre el derecho de los usos para fines distintos de la navegación pueden suministrar un marco para los Estados ribereños en la explotación de sus recursos hídricos compartidos. Si bien este tratado aún no se encuentra en vigor, sus normas son aplicables y obligatorias para todos los Estados que componen la comunidad internacional como normas de costumbre. Dichas normas son: la prohibición de causar un perjuicio sensible en el manejo del recurso, el aprovechamiento razonable y equitativo de los beneficios y el deber de información.

Los Estados ribereños deben evitar perjudicar a otros Estados con su accionar en cada uno de los elementos constitutivos del río o del lago de que se trate, a saber: el curso, el caudal, el volumen de las aguas o su calidad. Además de no causar un perjuicio sensible a los Estados vecinos, los Estados buscan frecuentemente utilizar las aguas de un mismo río o lago internacional de modo tal de obtener el máximo de beneficios con el mínimo de inconvenientes, haciendo compatibles las necesidades de todos los miembros del mismo sistema. Por último, si un Estado desea ponderar si un determinado trabajo u obra en las aguas de un curso de agua internacional va a ocasionarle un perjuicio sensible o implica un uso razonable y equitativo de las aguas, debe conocer dicho proyecto con anterioridad.
Las normas sobre manejo de los recursos hídricos proveen el marco legal de un posible régimen de gobernanza que sea responsable, previsible, transparente y que asegure la participación pública.

En muchos casos, resultará necesario realizar modificaciones en los niveles institucional y político puestos en marcha por los tratados internacionales que regulan estos recursos. Una gestión integrada de los recursos hídricos busca armonizar el aprovechamiento del agua en todos los sectores, coordinar las políticas y la cooperación a nivel institucional de modo de asegurar la sostenibilidad y disponibilidad de los recursos hídricos, la seguridad alimentaria y la energía de cada Estado. Los programas conjuntos de monitoreo y los estudios de impacto ambiental con proyecciones en base a cambios climáticos facilitan el intercambio periódico de información, una mejor comprensión de este fenómeno y de la vulnerabilidad del curso de agua de que se trate.

Conclusiones

Como hemos visto, los problemas que se plantean a nivel mundial en torno al agua se encuentran ligados generalmente a un sinnúmero de otras cuestiones tales como la alimentación, la salud, la energía, la globalización y el medioambiente. Un manejo integrado de los recursos hídricos que tenga en cuenta esta interdependencia y los distintos usos que se hacen del agua permite armonizar los objetivos sociales, económicos y ambientales del aprovechamiento de que se trate. En este sentido, un enfoque multidisciplinario de la problemática del agua permite un entendimiento más acabado de todos los aspectos que tanto su aprovechamiento como su suministro plantean.

Los problemas relativos al agua reflejan todos los problemas que enfrenta el mundo como tal. No es de sorprender, entonces, que el último informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo afirme que “el agua representa el único medio por el cual las grandes crisis globales (alimentaria, energética, sanitaria, económica, así como el cambio climático) se pueden abordar conjuntamente”.

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AGUA

Artículos de este número

Jorge Pilar
Gestión y gerenciamiento de recursos hídricos: mucho más que una cuestión semántica
Fernando Zárate
El rol clave de la gestión del agua en el desarrollo nacional
Daniel Petri
La política hídrica en la República Argentina
Liber Martin
La transformación del derecho argentino de aguas
Mario Schreider/Cristóbal Lozeco/Marta Paris/Mariana Romanatti
Desarrollo de capacidades en recursos hídricos en la Argentina. Una mirada desde la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral
Emilio J. Lentini y Federica Brenner
Agua y saneamiento: un Objetivo de Desarrollo del Milenio Los avances en la Argentina
Dr. Juan Carlos Bertoni
La problemática de las inundaciones urbanas: el caso de la cuenca Matanza-Riachuelo
Guillermo V. Malinow
Revitalizar el sector hidroeléctrico argentino
María Querol
La geopolítica del agua
Víctor Pochat
Conflictos por el agua
José Luis Genta / Silvia Rafaelli
Recursos hídricos compartidos. Cuenca del Plata
Claudio Laboranti
Reflexiones sobre la gestión del agua en la cuenca transfronteriza del Río Pilcomayo
J. Marcelo Gaviño Novillo
Recursos hídricos compartidos entre la Argentina y Chile

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