La Ciudad Autónoma de Buenos Aires: un rompecabezas para seguir armando

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires: un rompecabezas para seguir armando

Por Jorge Carpio

La capital argentina cuenta con una de las rentas per cápita más altas de la región sudamericana y variables demográficas similares a las de ciudades de países desarrollados. Sin embargo, diversos aspectos muestran la heterogeneidad de situaciones a nivel interno-espacial que la atraviesan.
 
Sociólogo, especialista en temas de empleo, pobreza y políticas sociales. Consultor de la OIT y otros organismos de Naciones Unidas. Actualmente dirige la maestría y el Centro de Investigaciones en Políticas Sociales Urbanas de la UNTREF.


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La CABA, como punto nodal del conglomerado del Gran Buenos Aires que integran los 24 partidos de la provincia que la circundan, se desarrolló como megaciudad desde las primeras décadas del siglo anterior a partir de la expansión del mercado de trabajo urbano por impulso del crecimiento del sector industrial de la economía y la atracción de importantes contingentes poblacionales del interior del país que protagonizaron el proceso de expansión y suburbanización de las clases populares de mediados de siglo.

Con la expansión de la mancha urbana se fue consolidando la matriz de diferenciación territorial aún vigente, entre el eje norte, que se configuró como un área de nivel socioeconómico alto, con buena infraestructura y equipamiento habitacional, y una zona suroeste que comprende el sur de la CABA y los partidos aledaños, donde predominan los sectores medio bajos y bajos, con peores servicios y una mezcla de usos residenciales y productivos, particularmente industriales.

Este gran conglomerado (la CABA y los 24 partidos) integra el complejo andamiaje de organización y funcionamiento urbano que le sirve de soporte, basado en las formas y condiciones de ocupación del espacio y la densidad de los intercambios de bienes, servicios y personas que cotidianamente dan sentido al conjunto pasando por alto los límites administrativos entre el núcleo central y las periferias.

Si bien esas condiciones definen una lógica de funcionamiento metropolitano propio de grandes ciudades, sin embargo, para fines de este artículo, dedicado a comentar la situación sociodemográfica de la ciudad, la información y los comentarios se limitan con exclusividad al territorio de la CABA.
Para realizar estos comentarios, el trabajo se organiza en dos partes. En la primera se analizan las variables demográficas en forma global. En la segunda se analizan algunas de las principales variables en relación con la situación social y demográfica de las diferentes comunas, con el propósito de mostrar las articulaciones entre las condiciones de bienestar de la población y los comportamientos demográficos.

Aspectos demográficos de la CABA

Se trata de la ciudad con mayor población de la República Argentina. Según el censo 2010, cuenta con una población de 2.890.151 habitantes que, por su situación y características, la convierten en una de las metrópolis de mayor importancia en Sudamérica, con una renta per cápita de las más altas de la región. Sin embargo, diversos aspectos dan cuenta de la heterogeneidad de situaciones a nivel interno-espacial, que se pondrán de manifiesto más adelante.

Los datos de la evolución demográfica muestran la relativa estabilidad que registra la población total desde la segunda mitad del siglo pasado, cuando se completa la transición demográfica y se inicia la tendencia decreciente del crecimiento vegetativo a partir de la caída de la tasa bruta de natalidad y la baja en la mortalidad que, para los primeros años de los noventa, alcanza los valores más bajos del período, con tasas de crecimiento vegetativo que oscilaron entre el 1 y 2 por mil. Si bien se recuperó durante los 2000 (3,7 por mil) por un repunte de la natalidad, mientras continúa el descenso de la mortalidad, para el 2015 inició un nuevo descenso de modo que, para el 2017, registra valores de 1,7 por mil de crecimiento vegetativo, con un nuevo descenso de la mortalidad. Contemplado en perspectiva, todo parece indicar que el futuro potencial de crecimiento vegetativo se mantendrá bajo por el mantenimiento de las tendencias observadas en la natalidad y la mortalidad; de allí que el relativamente leve crecimiento (114.000 habitantes) de la población total que se registra en los últimos años, especialmente en las comunas del sur de la ciudad, parece obedecer en mayor parte al aporte migratorio que reciben esas comunas.

Considerada esta situación, la estructura y los comportamientos de las principales variables demográficas de la CABA guardan similitud con las que caracterizan las ciudades de países de mayor desarrollo, en cuya evolución demográfica prevalecen tendencias que se inscriben en nuevas lógicas que desplazan las que impulsaron el crecimiento de la población de la ciudad durante el siglo pasado.

Estas tendencias se originan en las particularidades de la composición demográfica y el ritmo de crecimiento y, por otro lado, en las condiciones de ocupación del espacio y las características de la composición y el funcionamiento de la estructura social, que actúan en conjunto para definir el perfil socioproductivo de la población. Ambos factores sirven de soporte a los comportamientos demográficos y la evolución de las principales variables que, en la situación actual, operan con base en lógicas que se inspiran en los cambios en los estilos de vida, en las modificaciones en la composición de las familias, los cambios en la organización del trabajo y en los sistemas de producción, al igual que en las transformaciones en los modos de ocupación del territorio y de espacialización de la sociedad.

Una ciudad que envejece

Como recién se señaló, un rasgo característico de la evolución demográfica de la CABA es la tendencia al envejecimiento de la población a partir de las condiciones observadas en el punto anterior que la van convirtiendo, de manera constante y sostenida en una ciudad envejecida. Para los años sesenta del siglo anterior, la población de 65 años y más representaba el 9%, mientras que para el año 2010, una sexta parte (16,4%) de la población pertenece a ese estrato. Un aspecto importante de ese proceso es el persistente aumento del grupo de edad de 80 años y más. Este grupo logró alcanzar el dígito (punto porcentual) en los 1960 y, a partir de allí, viene creciendo de forma sostenida, alcanzando un 5,1% en el año 2010, que lo convierte en el fenómeno más dinámico de las últimas décadas.

La situación de creciente envejecimiento impone nuevos desafíos a las políticas públicas para atender las demandas de cuidados y prestaciones que provoca la población de esas edades, pero también presiona a las familias que se encuentran conminadas a responder a las necesidades que requieren estos miembros.

En términos de políticas públicas, el incremento de la tasa de dependencia (cantidad de activos sobre población inactiva) de los adultos mayores genera una creciente presión sobre los sistemas de seguridad social, una mayor demanda de servicios de salud especializados y nuevas demandas de bienes y servicios (recreación, movilidad, contención, otros), que respondan a las necesidades propias de esta población. Por otra parte, originan nuevas necesidades de cuidados que convocan tanto al Estado como a las familias, para brindar y atenderlos en forma adecuada y oportuna.

La contracara de la situación es la población joven, que a principios del siglo XX representaba aproximadamente un 35% del total poblacional y disminuyó hasta el 16,3% en el 2010. Un aspecto que interesa señalar es el mayor peso relativo de las mujeres respecto de los varones a partir de los 25 años. Esta primacía femenina se acentúa aun a partir de los 40 años, observándose la creciente feminización en los adultos mayores (65 años y más). Inclusive las mujeres de más de 80 años superan en proporción a las niñas de 0 a 4 años.

En el marco de esta situación general, el análisis de estas variables en las distintas comunas permite observar las estrechas vinculaciones entre los procesos sociales con los demográficos por las diferencias que se registran entre las comunas con distinto nivel socioeconómico. Como se señaló anteriormente, los comportamientos de las variables demográficas expresan las diferencias en los niveles de vida y bienestar de los distintos grupos sociales y se traducen en las diferencias en la estructura y composición demográfica que registran estos grupos. Por su parte, en una relación de ida y vuelta, los fenómenos demográficos imprimen su impronta a los procesos sociales.

Para ilustrar esa situación, a continuación se presenta información sobre las condiciones de pobreza en las diferentes comunas que permiten observar la vinculación con los comportamientos de las variables demográficas.

Para el 2016, el 28% de la población de la CABA y el 22% de los hogares tuvieron ingresos inferiores a la canasta total para cubrir sus necesidades, y el 5,8% de la población y el 3,9% de los hogares tuvieron ingresos por debajo de la canasta de alimentos, que los coloca en condición de indigencia. Entre las comunas, el porcentaje de población en situación de pobreza en la Comuna 8 –Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano– es del 55% y prácticamente duplica el de la ciudad (28%). En esa misma situación, las comunas 1 y 4 también mostraron valores distanciados de la ciudad, con más del 40% de la población por debajo de la canasta total. A contracara de la situación de estas comunas, la 13 y 14 registraron los mayores porcentajes de población con ingresos por encima de la canasta total: 89,7% y 88,9%, respectivamente. Estas, al igual que la comuna 2, presentaron los valores más altos de ingresos per cápita, por encima de los $15.000 establecidos como valor de la canasta total para no ser pobre.

La Comuna 2, donde se registran los menores niveles de pobreza, cuenta con el mayor porcentaje de mayores de 64 años (20% de la población). A diferencia de esa situación, la Comuna 8 tiene los mayores niveles de población en condiciones de pobreza, se destaca por el mayor porcentaje de población joven y menor nivel de mayores de 64 años. Las comunas 1, 4, 7 y 9 también registran altos porcentajes de población joven y baja proporción de población mayor de 64 años. La estructura poblacional joven se acentúa en las villas, donde los adultos mayores de 64 años representan apenas el 3% de la población, poniendo en evidencia el costo en años de vida que pagan los más pobres por vivir en condiciones de pobreza.

Otro elemento adicional que muestra la heterogeneidad entre las comunas son las diferencias en la Tasa Global de Fecundidad (TGF: relación entre el número de nacimientos y la cantidad de mujeres en edad fértil). En este caso las comunas 4, 7, 8 y 9 registran una TGF por encima de 2, que da cuenta de una cantidad de hijos por mujer que supera el nivel de reemplazo poblacional, en relación con las comunas 2, 5, 6, 13 y 14, que registran TGF más bajas. Otro indicador importante que destaca las diferencias sociodemográficas entre las comunas es la tasa de embarazo en adolescentes. Al respecto, las comunas 1, 4 y 8 registran los picos más altos, por encima de 20 embarazos cada mil adolescentes, distanciándose del resto de las comunas y de la tasa de la ciudad (12,9). A diferencia de esa situación, las comunas 2, 13 y 14, que registran ingresos superiores a la media, muestran las tasas más bajas. Se trata de una problemática de especial significación e importancia para las políticas públicas, por los impactos disruptivos que provocan en la trayectoria vital de las mujeres adolescentes de hogares pobres, lo que generalmente se traduce en el abandono escolar y la generación de situaciones que propician el encierro en la pobreza.

El fenómeno migratorio

Tradicional ciudad de inmigración, la CABA sigue siendo atractiva para diversas corrientes de población migrante interna y externa que se asientan en su territorio. Entre la población extranjera más reciente, el 51,3% llegó a la Argentina a partir del 2000: el 26,9%, entre 2000 y 2009, y el 24,4%, entre 2010 y 2016. En esta población predominan los migrantes sudamericanos, de países limítrofes y no limítrofes, en edades activas, motivados por la búsqueda de mejores oportunidades de vida, en su mayoría con bajos perfiles de formación, que se insertan en estratos ocupacionales de menor calificación (servicios personales, empleo doméstico, comercio, etc.). Sin embargo, en años más recientes se registra el ingreso de migrantes no limítrofes, especialmente colombianos y venezolanos, con perfiles educativos más altos y algunos de carácter profesional.

Para el año 2016, algo más del 60% de los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires había nacido en la ciudad. Un 24,7% de la población eran migrantes internos y un 12,9% migrantes externos (el 6,9% de un país limítrofe y el 6% de un país no limítrofe). El fuerte atractivo de la CABA para la migración limítrofe se traduce en los registros de porcentajes de población de países limítrofes que superan la media nacional (3,7%), situación que, como se verá más adelante, influye en la estructura etaria de la población.
A partir de las características socioeducativas señaladas, la mayoría de esta población se concentra en las comunas más pobres de la ciudad, como son las comunas 1, 3, 4 y 8, donde se registran mayores niveles de pobreza y donde el porcentaje de población extranjera es el más alto, mientras las comunas 10, 11, 12 y 15, con menor nivel de pobreza, registran los porcentajes más bajos de migrantes y más altos de población nacida en la ciudad. Entre las comunas con mayor proporción de población migrante, la Comuna 8 registra el porcentaje más alto de nativos de un país limítrofe y la 3, de migrantes nativos de país no limítrofe.

La pirámide poblacional y los índices de masculinidad

Como es sabido, los cambios en la morfología de la población traducen los efectos de las tendencias de los comportamientos de las principales variables demográficas en el mediano y largo plazo. En ese sentido, las tendencias de evolución demográfica prevalecientes en la CABA, brevemente señaladas en los párrafos anteriores, se ponen de manifiesto en los registros de la pirámide poblacional y en los índices de masculinidad que se comentan a continuación.

Para los primeros años del siglo XXI, la pirámide poblacional de la ciudad de Buenos Aires muestra los efectos del sostenido descenso de su natalidad, que incidió en el angostamiento de su base, mientras que el efecto del proceso migratorio provoca un ensanchamiento en el estrato de población comprendida entre los 20 y 40 años. En las edades centrales de 20 a 29 años, los migrantes sudamericanos representan el 18% y en las edades de 30 a 44 años, el 16%. Por su parte, el ensanchamiento del estrato mayor de 60 años registra las tendencias al envejecimiento que anteriormente se comentó.
La relación de masculinidad (o índice de masculinidad –IM–) permite evaluar la composición por sexo de una población. Esta relación es aproximadamente de 105 varones por cada 100 mujeres al nacer y varía dentro de un margen bastante limitado de una sociedad a otra, pero tiende a reducirse gradualmente con la edad, disminuyendo a menos de 100 varones, debido a que las tasas de mortalidad por edades son generalmente mayores en los varones en todas las edades.

En ese sentido, a medida que se analiza el proceso de envejecimiento de la población de la ciudad, el índice de femineidad se constituye como un indicador del envejecimiento demográfico de la población, a partir de las diferencias en las tasas de mortalidad por sexos y sus efectos en el aumento de las mujeres en edades avanzadas. En el año 2010, el IF de la ciudad de Buenos Aires fue de 117,4 mujeres por cada 100 varones. Entre las comunas, la 2 presenta mayor disparidad (81 varones cada 100 mujeres), mientras que en la 1 se da un mayor equilibro entre sexos (97 varones cada 100 mujeres).

Tendencias en la composición de los hogares

Otro rasgo significativo de la evolución demográfica de la CABA son los cambios de las tendencias en el tamaño y la composición de los hogares.

Según la composición, los hogares se clasifican por las relaciones de parentesco existentes con referencia a quien reconocen como jefe del hogar, lo que permite distinguir entre hogares familiares y no familiares. Los hogares familiares se basan en la presencia del núcleo conyugal (pareja –el jefe y su cónyuge– con o sin hijos solteros). Según la presencia (o no) de otros familiares y no familiares, se diferencian entre nucleares, extendidos (nuclear más otros familiares) y compuestos (nuclear más otros familiares y no familiares).

Por su parte, los hogares no familiares refieren a aquellos que no contienen un núcleo conyugal y se clasifican en unipersonales (una sola persona) y multipersonales familiares (parientes no nucleares) y no familiares (sin relación de parentesco).

En el total de hogares de la ciudad, un 78% de la población reside en hogares familiares y un 22% en hogares no familiares. Al interior, esta relación varía en las distintas comunas entre el sur y parte del centro de la ciudad (1, 4, 7, 8, 9, 11 y 15), donde prevalece el peso de quienes viven en un hogar familiar, y las comunas del norte (2, 3, 5, 6, 12, 13 y 14), donde es menor y, complementariamente, es más importante el porcentaje de quienes residen en hogares no familiares.

En relación con el tamaño, alrededor de 8 de cada 10 hogares de CABA tienen menos de 4 miembros. En especial, sobresalen los hogares individuales que constituyen más de un tercio (36,5%) del total; en el extremo opuesto, los hogares numerosos (5 personas y más) representan menos del 10%. Los hogares con 2 personas abarcan el 25,8%; los que tienen 3 son el 15,8%; los que poseen 4 habitantes son el 13,9%. Finalmente, los hogares numerosos (5 personas y más) representan menos del 8%. Vale aclarar que para el cálculo de la cantidad de miembros se incluye el servicio doméstico y sus familiares que residen o pasan el mayor tiempo en el hogar, motivo por el cual el porcentaje de hogares de una persona difiere del correspondiente a los hogares unipersonales.

Al interior de las cifras globales, la heterogeneidad de la situación sociodemográfica se pone de manifiesto en las diferencias por tamaño y tipo de hogar entre las distintas comunas.

Según la composición, los hogares familiares presentan un patrón predominante en la mayoría de las comunas de la zona sur (4, 8 y 9) y en las comunas 7 y 11 del centro, donde estos superan los dos tercios del total de hogares. Contrariamente, en las comunas 2 y 14 de la zona norte, junto con las comunas 3 y 5 del centro, los no familiares ascienden a más de la mitad (oscilando entre 51,3% y 61,6%).

En cuanto al tamaño, los hogares reducidos se replican en la mayoría de las comunas; así, el tamaño promedio oscila entre 2 y 3 personas por hogar. Dentro de ese orden, resaltan la Comuna 8, que registra un número medio de miembros más alto (3,8) y las comunas 2 y 14, al norte de la ciudad, con valores más bajos (1,8 y 1,9, respectivamente).

Para cerrar estos comentarios, en los que destaca la influencia de las articulaciones entre las condiciones de vida y bienestar de la población con los comportamientos demográficos, se utilizó en todos los casos información oficial de la Dirección de Estadística de la Ciudad. En particular, los datos de la situación de pobreza corresponden al 2016 y, sin duda, deben estar totalmente desactualizados por la dimensión de la crisis económica y financiera que afecta al país en los últimos meses. De todas maneras, para los fines de este artículo, mantienen vigencia y permiten alertar sobre los efectos a corto y mediano plazo en dimensiones especialmente sensibles (morbi-mortalidad infantil, embarazo, mortalidad materna) de la población vulnerable.

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El derecho a la ciudad

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