Juventud o juventudes. Dos conceptos diferentes

Juventud o juventudes. Dos conceptos diferentes

Por Mario Margulis

Hoy en d├şa hay distintas maneras de ser joven, las juventudes son m├║ltiples. Esta etapa de la vida, que puede entenderse como un per├şodo de permisividad, una especie de estado de gracia, alejado de las presiones y exigencias que pesan sobre los adultos, est├í atravesada por distintos comportamientos, referencias identitarias, lenguajes y formas de sociabilidad. ┬┐Es lo mismo ser hombre joven que mujer joven? ┬┐Es lo mismo ser joven de clase baja que joven de clase media alta? Estos son algunos de los interrogantes.
 
Soci├│logo, Profesor Em├ęrito de la Facultad de Ciencias Sociales - UBA


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Edad y sexo han sido utilizados hist├│ricamente como base de las clasificaciones sociales. Pero en la sociedad contempor├ínea la noci├│n de juventud resiste a ser conceptualizada partiendo ├║nicamente de la edad, a ser reducida a mera categor├şa estad├şstica. De hecho no hay ÔÇťjuventudÔÇŁ sino juventudes. Se trata de una condici├│n hist├│ricamente construida y determinada, cuya caracterizaci├│n depende de diferentes variables, siendo las m├ís notorias la diferenciaci├│n social, el g├ęnero y la generaci├│n.

En la sociedad actual los enclasamientos por edad no se traducen en competencias y atribuciones uniformes y predecibles. Hay distintas maneras de ser joven en el marco de la intensa heterogeneidad que se observa en el plano econ├│mico, social y cultural. No existe una ├║nica juventud: en la sociedad actual las juventudes son m├║ltiples, variando, por ejemplo, en relaci├│n con caracter├şsticas de clase, el lugar donde viven o la generaci├│n a que pertenecen y, adem├ís, la diversidad, el pluralismo, el estallido cultural de los ├║ltimos a├▒os se manifiestan privilegiadamente entre los j├│venes que ofrecen un panorama sumamente variado y m├│vil que abarca sus comportamientos, referencias identitarias, lenguajes y formas de sociabilidad. Juventud es un significante complejo que contiene en su intimidad las m├║ltiples modalidades que llevan a procesar socialmente la condici├│n de edad, tomando en cuenta la diferenciaci├│n social, la inserci├│n en la familia y en otras instituciones, el g├ęnero, el barrio o la microcultura grupal.

La noci├│n de juventud, en la medida en que remite a un colectivo extremadamente susceptible a los cambios hist├│ricos, a sectores siempre nuevos, siempre cambiantes, a una condici├│n que atraviesa g├ęneros, etnias y capas sociales, no puede ser definida con un enfoque positivista: como si fuera una entidad acabada y preparada para ser considerada foco objetivo de una relaci├│n de conocimiento. Por lo contrario, ÔÇťjuventudÔÇŁ como concepto ├║til, debe contener entre sus capas de sentido las condiciones hist├│ricas que determinan su especificidad en cuanto objeto de estudio.

ÔÇťJuventudÔÇŁ alude a la identidad social de los sujetos involucrados. Identifica, y ya que toda identidad es relacional, refiere a sistemas de relaciones. En este caso a las identidades de cierta clase de sujetos, en el interior de sistemas de relaciones articuladas (aunque no exentas de antagonismos), en diferentes marcos institucionales (familia, f├íbrica, escuela, partido pol├ştico, etc.). El concepto ÔÇťjuventudÔÇŁ forma parte del sistema de significaciones con que, en cada marco institucional, se definen identidades.
La edad, categor├şa tributaria del cuerpo, no alcanza para abarcar el significado de la noci├│n de juventud y menos aun para predecir las caracter├şsticas, los comportamientos y las posibilidades de los ÔÇťj├│venesÔÇŁ en la sociedad actual. Al hablar de juventud estamos hablando del tiempo, pero de un tiempo social, un tiempo construido por la Historia y la Cultura como fen├│menos colectivos y, tambi├ęn, por la historia cercana, la de la familia, el barrio, la clase. Por otra parte la diversidad, la pluralidad, el estallido cultural que estamos viviendo, se manifiestan sobre todo entre los j├│venes en distintas formaciones ÔÇťtribalesÔÇŁ, en una variedad de lenguajes, de referencias identitarias, de expresiones corporales, de modas y comportamientos.

La juventud, como etapa de la vida, comenz├│ a ser diferenciada en los ├║ltimos dos siglos, sobre todo en cuanto a las posibilidades de una estrecha capa social que pod├şa brindar a sus hijos una permisividad especial, una moratoria, un privilegio que les permit├şa dedicar un per├şodo al estudio y postergar su pleno ingreso a las exigencias de la condici├│n adulta. Esa moratoria social implica un per├şodo de permisividad que media entre la madurez biol├│gica y la madurez social. Desde luego que esto remite a sectores sociales privilegiados: la apelaci├│n a la ÔÇťmoratoria socialÔÇŁ se├▒ala que la condici├│n social de juventud no se ofrece de igual manera a todos los integrantes de la categor├şa estad├şstica ÔÇťjovenÔÇŁ.

La noci├│n de moratoria social, si bien supera la naturalizaci├│n de la condici├│n de juventud que deriva de su mera caracterizaci├│n con base a la edad, es restrictiva: no solo los ricos tienen j├│venes, tambi├ęn hay j├│venes entre los m├ís pobres, pero sus posibilidades sociales y culturales, sus caracter├şsticas y horizontes, son manifiestamente diferentes. No es lo mismo haber nacido en Belgrano o en Recoleta que en Villa Lugano o en alguna localidad del segundo cord├│n del conurbano. No es lo mismo estudiar en una universidad que integrar las legiones de j├│venes que no pueden estudiar ni encuentran trabajo. Su estar en la vida, su pensamiento, sus perspectivas y sus horizontes son notoriamente diferentes. Es un per├şodo de permisividad, una especie de estado de gracia, una etapa de relativa indulgencia, en que no les son aplicadas con todo su rigor las presiones y exigencias que pesan sobre las personas adultas. La moratoria social tiene que ver con la necesidad de ampliar el per├şodo de aprendizaje y, por ende, refiere sobre todo a la condici├│n de estudiante. Es una etapa que media entre la maduraci├│n f├şsica y la madurez social y no alcanza a la totalidad de la poblaci├│n de cierta edad: remite sobre todo a las clases medias y altas cuyos hijos, en proporci├│n creciente, se fueron incorporando a estudios universitarios, incluyendo, en ├ępocas m├ís pr├│ximas, la demanda de estudios de posgrado cada vez m├ís prolongados.

La moratoria social es entonces un concepto que excluir├şa de la condici├│n de juventud a un gran n├║mero de j├│venes: aquellos que econ├│micamente no poseen las caracter├şsticas anteriormente descriptas y que tampoco, en el plano de los signos, responden a la imagen del joven leg├ştimo que los mass-media han impuesto como portadora de los s├şmbolos de juventud, bella, alegre, despreocupada, deportiva y saludable.
Pero si la juventud tiene su l├şmite superior en el momento en que el joven se inserta en la actividad econ├│mica y se independiza del hogar de sus padres, iniciando su propia familia, entonces quedar├şan fuera de esa categorizaci├│n muchas personas pertenecientes a sectores sociales de bajos ingresos, en los que no es frecuente proseguir los estudios y, en cambio, se inicia a temprana edad la vida laboral. En esos sectores socioecon├│micos se suelen iniciar uniones conyugales con menos edad que entre los j├│venes de sectores medios y altos y, asimismo, son numerosos los casos de maternidad adolescente entre las mujeres.

Tomando en cuenta estas circunstancias, ┬┐debemos concluir que los individuos involucrados dejar├şan de ser considerados j├│venes? ┬┐Son los factores hasta ahora mencionados los ├║nicos que determinan la condici├│n de juventud?
Es aqu├ş donde es conveniente introducir nuevos aspectos que surgen de una deconstrucci├│n del concepto ÔÇťjuventudÔÇŁ y que permiten afirmar que no se trata de una condici├│n limitada a ciertos sectores sociales, sino extendida a todos los sectores de la sociedad. Todas las clases sociales tienen j├│venes.

Independientemente de su condici├│n socioecon├│mica, hay integrantes de las clases populares que son j├│venes porque ocupan el lugar ÔÇťjovenÔÇŁ en la familia a la que pertenecen. Porque son hijos y no padres o madres. Porque poseen moratoria vital, tienen un capital biol├│gico que se expresa en vitalidad y posibilidades que emanan del cuerpo y la energ├şa, y porque est├ín situados en la vida contando con que tienen por delante un tiempo de vida prolongado ÔÇôdel que los adultos mayores no disponenÔÇô para la realizaci├│n de sus expectativas. Son j├│venes porque est├ín psicol├│gicamente alejados de la muerte, separados de ella por sus padres y abuelos vivos, que te├│ricamente los preceder├ín en ese evento. Son j├│venes para s├ş mismos porque sienten la lejan├şa respecto de la vejez y de la muerte, y porque lo son para los otros, que los perciben como miembros j├│venes, nuevos, con determinados lugares y roles en la familia y en otras instituciones. La juventud es, por ende, una condici├│n relacional, determinada por la interacci├│n social, cuya materia b├ísica es la edad procesada por la cultura.

Los ├şndices de desempleo que se observan actualmente en los pa├şses de Am├ęrica latina plantean, dentro de nuestra problem├ítica, un aspecto que conviene destacar. En las clases populares hay ahora gran cantidad de j├│venes que no encuentran empleo y tampoco estudian. Importa se├▒alar la naturaleza del tiempo ÔÇťlibreÔÇŁ que de esta situaci├│n emerge: estos j├│venes tienen mucho tiempo disponible, tiempo que no est├í ocupado por tareas sistem├íticas. La noci├│n de ÔÇťtiempo libreÔÇŁ queda entonces expuesta en uno de sus aspectos centrales, el que la opone a ÔÇťtiempo de trabajoÔÇŁ. El ÔÇťtiempo libreÔÇŁ es tiempo leg├ştimo, tiempo legal, avalado por la sociedad como contraparte justa del trabajo o el estudio a los que se dedica gran parte de la jornada. El ÔÇťtiempo libreÔÇŁ es no culposo, tiempo para el goce y la distracci├│n. Pero el tiempo libre resultante del desempleo, de la no inserci├│n, del no lugar social, es tiempo vac├şo, tiempo sin rumbo ni destino. La moratoria social habla de una juventud que dispone tambi├ęn de tiempo libre, tiempo que la sociedad aprueba, avalando con indulgencia la libertad y relativa transgresi├│n propia de la juventud dorada. Los j├│venes de clases populares que no encuentran trabajo, no estudian y no tienen dinero, disponen de mucho tiempo libre, pero se trata de tiempo de otra naturaleza: es el tiempo penoso de la exclusi├│n y del desprecio hacia su energ├şa y potencial creativo.

Generaci├│n alude a las condiciones hist├│ricas, pol├şticas, sociales, tecnol├│gicas y culturales de la ├ępoca en la que una nueva cohorte se incorpora a la sociedad. Cada generaci├│n se socializa en la ├ępoca en que le toca nacer y vivir: internaliza los c├│digos de su tiempo y de la comunidad a que pertenece y da cuenta del momento social y cultural en que cada cohorte ingresa a un sector social determinado. En ├ępocas de r├ípido cambio se hacen claramente visibles las diferencias entre generaciones, que dificultan la comunicaci├│n entre padres e hijos. Podr├şa afirmarse que cada generaci├│n es portadora de diferentes rasgos culturales, lo que vuelve inevitables los obst├ículos al di├ílogo.
ÔÇťGeneraci├│nÔÇŁ nos habla de la edad, pero ya no desde el ├íngulo de la Biolog├şa sino en el plano de la Historia. Cada nueva cohorte de j├│venes se abre al mundo incorporando con naturalidad los nuevos c├│digos, incluyendo los elementos que para sus padres fueron objeto de conflicto y ejes de vanguardia. Hacen suyas y naturalizan formas de sensibilidad, ritmos, t├ęcnicas, gustos y valoraciones, sin la carga de historia y de memoria con que aquellos que los precedieron en el tiempo fueron gestando las condiciones de emergencia de estos nuevos c├│digos. Se podr├şa afirmar que cada nueva generaci├│n habita en una cultura diferente. Cada nueva generaci├│n construye nuevas estructuras de sentido e integra con nuevas significaciones los c├│digos preexistentes.

Clase y generaci├│n se intersectan: en cada clase o enclasamiento socioecon├│mico conviven varias generaciones; a su vez cada cohorte etaria incluye en su interior la diferenciaci├│n social. Desde luego que la variedad cultural existente en cada pa├şs, regi├│n o ciudad, abre posibilidades a la multiplicidad de experiencias, lo cual, m├ís all├í de los grandes procesos sociales o culturales, limita la comunidad entre los integrantes de una cohorte etaria, en la cual los agrupamientos pueden estar orientados por ejes notables como origen ├ętnico o nivel socioecon├│mico y tambi├ęn por variables m├ís ef├şmeras, como gusto musical u otros criterios de orden est├ętico o adscripci├│n barrial. Se es joven, dentro de un ├ímbito institucional dado, por pertenecer a una generaci├│n m├ís reciente. La generaci├│n persevera, pero la juventud es s├│lo uno de sus estadios. Se sigue perteneciendo a la generaci├│n pero cambia el estatus juvenil con el solo transcurso del tiempo. La pertenencia a la clase plantea otras condiciones de continuidad. Clase y generaci├│n, a su vez, son atravesadas por la condici├│n de g├ęnero.

La edad no afecta por igual a hombres y a mujeres. La mujer es especialmente influida por los tiempos de la maternidad: podr├şa afirmarse que su reloj biol├│gico ÔÇôvinculado sobre todo con los ciclos relativos a la reproducci├│n y procesados por condicionantes culturales y socialesÔÇô tiene ritmos y urgencias que la diferencian.

Los l├şmites temporales que la biolog├şa impone a la maternidad, entre la menarca y el climaterio, hallan su expresi├│n en las formas hist├│ricamente construidas que estructuran las uniones y en las pautas culturales vinculadas con la afectividad. Los tiempos relativos a la aptitud f├şsica y social para la maternidad acotan la condici├│n de juventud entre las mujeres: operan sobre la seducci├│n y la belleza, tienen que ver con el deseo, con las emociones, los sentimientos y la energ├şa necesaria para afrontar los embarazos, los partos y la crianza y cuidado de los ni├▒os durante un per├şodo prolongado.

Pero nuestra alusi├│n a lo biol├│gico no remite a la pura naturaleza: intervienen aspectos relacionados con la diferenciaci├│n social, los condicionamientos culturales y el avance de la tecnolog├şa. Tambi├ęn es importante destacar el plano hist├│rico, ya que la afectividad y la sexualidad han variado en relaci├│n con generaciones anteriores. Durante la segunda mitad del siglo XX se acrecent├│ notablemente la inserci├│n de la mujer en los procesos laborales y aparecieron nuevos m├ętodos anticonceptivos que le brindaron un in├ędito control sobre su cuerpo. Junto con esos cambios t├ęcnicos y sociales, la transformaci├│n de los c├│digos que regulaban las conductas sexuales impact├│ fuertemente en la cultura y a ello se sum├│ el avance en aquellas luchas emancipatorias que tienen su eje en el plano del g├ęnero y en los derechos de la mujer.

La maternidad no opera de modo homog├ęneo en los distintos sectores sociales y se puede observar que el n├║mero promedio de hijos por mujer es notablemente m├ís alto en los sectores m├ís pobres en la Argentina. Esta tasa diferencial tiene su explicaci├│n en la mayor persistencia de patrones reproductivos tradicionales en las familias de sectores populares. Las mujeres de sectores medios y altos, con acceso creciente a la educaci├│n, se encuentran tensionadas entre sus nuevas posibilidades de realizaci├│n intelectual, profesional, pol├ştica o art├şstica y su vocaci├│n de maternidad. En cambio, las mujeres de clases populares no suelen tener las mismas alternativas; la tendencia hacia una maternidad abundante en las clases m├ís pobres, en la que act├║an distintos factores sociales y culturales que inciden en el menor uso de anticonceptivos, tampoco tiene el contrapeso de las nuevas opciones brindadas a las mujeres de otros sectores sociales para su realizaci├│n personal.

En cada uno de los sectores sociales act├║an distintas articulaciones de sentido que son producto de la vida social. Entre las mujeres de clase popular persiste, con mayor peso que en otros sectores sociales, un imaginario que impone la maternidad como mandato y la exalta como su modo de realizaci├│n personal. Se espera que una mujer sea madre y, a medida que llegan los hijos, ella se vuelve progresivamente acreedora de respeto y consideraci├│n social.

Las mujeres de sectores medios y altos, con otros recursos y opciones, deben concertar el uso de su tiempo y energ├şas entre los impulsos internos y externos hacia la maternidad y las otras posibilidades en el plano laboral, art├şstico o de otra ├şndole que les ofrece la sociedad actual. Esta situaci├│n tiende a desembocar en una suerte de transacci├│n que se traduce, en el plano de lo social, en una menor tasa de fecundidad.

Por otra parte, tambi├ęn en las clases media y alta, y sobre todo entre las mujeres que estudian, se observa una progresiva tendencia hacia la elevaci├│n de la edad promedio en que tienen el primer hijo. En este caso act├║an varios factores que operan en forma complementaria: por una parte, avances en el campo de la medicina que permiten reducir los inconvenientes de una maternidad iniciada a edades m├ís tard├şas; por la otra, la inserci├│n laboral y la exigencia progresiva de un per├şodo m├ís largo de instrucci├│n.
En todos los casos la maternidad incide fuertemente en la vida de una mujer, aumentando sus responsabilidades y limitando su libertad de acci├│n. En las clases populares es notable la frecuencia de la maternidad adolescente y, en general, las mujeres de esos sectores inician temprano su ciclo reproductivo. En las clases medias y altas, como tendencia general, puede observarse una elevaci├│n en la edad en que se tiene el primer hijo, lo que en muchos casos se vincula con las exigencias laborales, las dificultades econ├│micas y la prolongaci├│n de los estudios.

G├ęnero, generaci├│n y clase intervienen tambi├ęn en la actual extensi├│n de los tiempos que acotan la juventud, sobre todo entre los j├│venes de sectores medios, que suelen prolongar su permanencia en la casa de sus padres, extienden su estad├şa en las instituciones educativas y tienen su primer hijo a edad m├ís tard├şa. De tal modo, para ambos g├ęneros y en los sectores sociales mencionados, se prolonga en el tiempo la condici├│n de juventud.

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