Juventud: ¿divino tesoro? o ¿botín político?

Juventud: ¿divino tesoro? o ¿botín político?

Por Mónica Beltrán

Los jóvenes que militan son la sangre joven que empuja para adelante, son la esperanza de recambio de la política. Más allá de las diferencias y la competencia electoral, les preocupan temas comunes. Escucharlos, más allá del partido que representan, será la clave para la construcción de una sociedad más abierta, igualitaria, pluralista y participativa.
 
Periodista y escritora. Dirige el sitio www.nuevacatedra.com.ar


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Los textuales aquí reproducidos fueron tomados por la autora de entrevistas que ella misma realizó para un artículo publicado por el diario Perfil y que luego formó parte del libro 30 años de democracia (Editorial Planeta, 2013).

“Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver”… El poema de Rubén Darío de principios del siglo XX tiene vigencia hasta nuestros días, sobre todo cuando uno piensa en las juventudes políticas.

Los jóvenes que militan, que participan en centros de estudiantes, en filas partidarias o en las universidades, son un semillero de cuadros dirigentes, son la sangre joven que empuja para adelante, son la esperanza de recambio de una política nueva.

Sin embargo, la convivencia con la dirigencia adulta de los partidos muchas veces no les resulta favorable. Un dirigente universitario que fue rector de una universidad pública de las grandes solía decir que los adultos muchas veces “corrompen” a los jóvenes, obligándoles a jugar el juego de adhesión política a cambio del contrato, ante un escenario donde presuntamente a la militancia no la financia nadie, lo que es una gran mentira, desde la recuperación de la democracia hasta nuestros días.

Los jóvenes que hoy militan en política son “hijos” de la democracia. Nacieron en los ’90 o después. No conocen lo que es vivir en dictadura, ser perseguidos y censurados, pero sí tienen una profunda experiencia sobre hiperinflaciones, piquetes, crisis, familias desempleadas y grandes antagonismos en la sociedad. Los dirigentes juveniles de la segunda década del siglo XXI –marcados por las políticas neoliberales de los noventa que en algunos casos los vieron nacer–, tienen, al igual que otras juventudes políticas, deseos de trascendencia, pero son diferentes a la hora de militar, relacionarse con el poder y con sus referentes adultos.

Se rebelan menos que las generaciones de los ’70 y los ’80, se sienten pares de sus padres y también de los dirigentes que juegan en las “mayores”.

Ellos y ellas, con sus tatuajes y sus aritos en los lugares más escondidos, son conscientes de ser un bien preciado para la política: quienes tienen entre 16 y 34 años representaron más del 50 por ciento del padrón electoral de las recientes elecciones pero no pueblan las listas y aceptan, con poca resistencia, los liderazgos adultos y el trabajo pesado de la pintada nocturna que los grandes no hacen y la poca participación en las decisiones, posiciones pasivas que míticas juventudes de los ’70 hubieran rechazado de plano.

Son multifacéticos, chatean mientras debaten en una asamblea, creen en la organización, la TV los acompaña de fondo durante casi todo el día, son escépticos sobre lo que se dice en los medios, pero están atravesados por una cultura audiovisual desde que nacieron. ¿Son revolucionarios o conservadores, contestatarios o dialoguistas? ¿Cómo comunican sus ideas? En este artículo, solo algunos lineamientos para conocerlos más.

La “gloriosa” JP

Lo que siempre fue la “gloriosa JP” hoy es Unidos y Organizados, un paraguas para que funcionen todas juntas las diversas juventudes del peronismo que se encolumnaron detrás de la conducción de Cristina Fernández de Kirchner durante sus ocho años de gobierno.
Habrá que ver ahora, que el Frente para la Victoria pasa a la oposición, cómo se reorganizarán los jóvenes, si se mantiene esa unión de todos los sectores detrás del liderazgo de Cristina, ese “acá están los pibes para la liberación” que tantas veces gritaron en los patios de Casa de Gobierno mientras la “jefa” los arengaba con sus discursos. Hoy indudablemente se produce de a poco un reacomodamiento de militancia, al tiempo que los liderazgos se desdibujan o se reconvierten.

Pero hasta el 10 de diciembre de 2015 la cosa es más o menos así: en Unidos y Organizados se encuentran la juventud de Nuevo Encuentro, la JP Evita, La Cámpora –con mayor protagonismo público– y el Peronismo Militante.

Una vida atravesada por la política

Rafael Villanueva (24) tomó la decisión de empezar a participar “orgánicamente en política” después de la crisis del campo del 2008. “Pensé que si había tanta oposición al kirchnerismo de esos sectores que sabemos bien a quién representan, entonces era necesario tomar posición clara”. Su vida estuvo siempre atravesada por la política. Su papá es Ernesto Villanueva, sociólogo y el rector más joven de la UBA (con 28 años) en los setenta. De los saqueos del 2001 Rafael sólo recuerda que “Racing salió campeón”, pero sin embargo, poco después decidió iniciar sus primeros pasos en política en la secundaria, cuando condujo el centro de estudiantes del Colegio Pestalozzi. Hoy es parte de JP del Movimiento Evita.

El Peronismo Militante (PM) también integra Unidos y Organizados, el espacio juvenil que respalda a la ahora ex presidenta. Joaquín Pérez Suárez fue hasta hace poco el responsable de la juventud porteña del PM. Nació en 1988 y lleva la marca “peronismo” desde la infancia. “Me crié en una unidad básica”, dice. “Mi papá era delegado de Luz y Fuerza y mi mamá militó en la universidad, en La Plata, en la etapa más dura, egresó de Filosofía y Letras en el ’76”, cuenta.

El 2001 lo encontró militando en la escuela Mariano Acosta, en el barrio de Balvanera, donde creó una agrupación que se llamaba “Los Eternautas”. Él sí se acuerda del 2001: el 19 de diciembre fue a la Plaza de Mayo con su papá. Los primeros días del 2002 lo encontraron yendo y viniendo del club de trueque. Apenas cumplió los 18 años se afilió al PJ de la Capital, pese a que es crítico con la estructura: “El PJ en Capital es complicado, pero en nuestra organización creemos que el peronismo es un lugar de disputas de sentidos, tenemos que convivir y confrontar, dentro del partido”.

¿Y La Cámpora?

Cuando se habla de juventudes políticas es imposible obviar a La Cámpora, la polémica agrupación de la juventud que adhiere a ultranza al “cristinismo” y tiene entre sus referentes al diputado Andrés “Cuervo” Larroque, al hijo de la ex presidenta Máximo Kirchner, al ex titular de Aerolíneas Argentinas Mariano Recalde, y se completa con Juan Cabandié, José Ottavis, Eduardo De Pedro y Mayra Mendoza.

Desde La Cámpora la mayoría opta por no hablar públicamente sobre sus historias y menos con los periodistas. Desde las otras juventudes los detestan. Algunos se animan a decir los motivos, otros se van por las tangentes, pero hay algo de la convivencia con el poder al que accedieron los militantes de La Cámpora que es justamente lo que otras agrupaciones juveniles no aprueban o ¿envidian?

“La Cámpora expresa lo malo de la política, lo que no tenemos que repetir, es una organización formada desde el poder, a la que los jóvenes se acercan para conseguir trabajo”, dice el massista Juan Carlos Saintotte.

“Ellos tienen una función, que es seguir a la Presidenta. Nosotros tenemos puntos de encuentro con ellos, hacemos actividades juntos, pero hay espacios en los cuáles discutimos. Nuestra organización tiene más de 15.000 compañeros en todo el país y somos soberanos en nuestras decisiones”, se diferencia Joaquín Pérez Suárez, del Peronismo Militante.

Los jóvenes del Pro “tenemos otros objetivos, no buscamos la revolución, sino un futuro mejor y resolver los problemas de la sociedad”, pero “La Cámpora no es mala, en política no es todo igual. Yo valoro mucho que la juventud se comprometa, y si lo hace de verdad desde La Cámpora está bien, no se debe generalizar”, opina Gustavo Seneiter (Pro).
Rafael Villanueva (JP Evita) los considera “compañeros con los que compartimos mucho” pero aclara que ellos “cumplen un rol más ligado a las políticas de Estado” mientras los jóvenes de su movimiento entienden “que la pelea social empuja ese proceso para adelante”.

En la política inevitablemente surge la comparación de La Cámpora con la Coordinadora radical, aquella ligada al gobierno de Raúl Alfonsín. Sin embargo, aquellos que la integraron, como es el caso de Facundo Suárez Lastra, aseguran que son “bien diferentes”.
“La Coordinadora nació dentro del partido, mucho antes de que se llegara al poder. En cambio La Cámpora fue creada desde el gobierno como una herramienta de construir poder político de base territorial”.

La juventud radical y la reconstrucción

Pese a las dificultades que atravesó durante años el partido radical (desde la crisis del 2001), su juventud siguió estando organizada. Sus representantes son elegidos entre los más votados de un plenario integrado por tres representantes por provincia. “Otras organizaciones no tienen esta garantía democrática. En el PJ nacional designan a un secretario general de la juventud desde la dirigencia adulta, no lo hacen los propios jóvenes”, dice Leandro Lobato (27), dirigente pampeano integrante de la Cantera Popular. Leandro proviene de la Franja Morada. Los jóvenes radicales tienen dos estructuras para participar: la Juventud y la Franja. Hace años saldan sus diferencias internas alternando conducciones. Cuando la “Cantera” conduce la JR es el otro sector interno de la juventud, la que se conoce como la “Red”, quien preside la Franja y al año siguiente es a la inversa. También son los jóvenes radicales quienes tienen la presidencia de la Federación Universitaria Argentina (FUA) desde 1984.

Fue justamente la conducción de la FUA y la fundación de la Cantera Popular, ambas donde la JR fue protagonista, el espacio desde donde el radicalismo empezó a reconstruir cuando el gobierno de la Alianza los había catapultado como nunca a un lugar de descrédito social.

Redes sociales

Para Delfina Félix (20), de la JR de Pilar, Facebook “se convirtió en una herramienta de trabajo”. “No sé cómo hacían en otros tiempos –dice–, nosotros hasta tenemos un grupo de discusión por face”. Delfina tiene otros intereses: fue Reina de la Flor de Escobar y baila en la comparsa “O Bahía” del carnaval de Gualeguaychú. “Yo soy como Nito Artaza, artista y política”, se ríe. Y confiesa que estudia danza y acrobacia con Flavio Mendoza.

En Facebook los jóvenes publican sus flyers para convocar a actividades. “Muchos chicos leen el diario por Twitter”, cuenta Juan Carlos Saintotte, dirigente del Frente Renovador de Massa. Saintotte militó en la Juventud Universitaria Peronista desde la Regional Buenos Aires de la UTN, donde estudió Ingeniería Industrial. Está afiliado al PJ de Capital pero desde que Sergio Massa les planteó un “cambio” en el que los jóvenes “seamos protagonistas”, abandonó la militancia peronista para enrolarse en el Frente Renovador.

“Somos hijos de la democracia, Massa tiene una frase, dice que los jóvenes que nacimos con la democracia miramos el futuro sin mirar el espejo retrovisor y no vemos una Argentina dividida”, dice y recuerda el 2001 como “la no política, el no te metás, el conflicto social, el que se vayan todos”.

Rescata de Néstor Kirchner que haya promocionado la reorganización de la juventud. “El peronismo empezó a moverse y los jóvenes a interesarse en la política, la gran inserción de los jóvenes en la política se da ahí”, admite.

La ola amarilla

Gustavo Seneiter, concejal de Mendoza, fue responsable de la Juventud del Pro a nivel nacional. Recuerda lo exitosa que fue su campaña a legislador por las redes. “Es una herramienta que te acerca a la gente y permite un ida y vuelta”. De cualquier modo él lee los diarios digitalmente, pero también algo en papel: “Es una costumbre familiar”, acota. Seneiter está afiliado al Pro, pese a que su partido –destaca– cree en el “movimientismo en base a voluntarios”.

El voluntariado juvenil es otra forma de participación política, tal como los jóvenes que participan en actividades solidarias, es una participación no partidaria, pero eso no significa que no defienda valores importantes para los jóvenes como la solidaridad y el bien común.

El sueño perdido del UNEN

El anuncio de ruptura de Lilita Carrió con el UNEN, sector político progresista que integraron durante el 2014 previo a las presidenciales del 2015 el radicalismo, el socialismo, el GEN y la Coalición Cívica, Proyecto Sur y Libres del Sur, resquebrajó una estructura que los jóvenes de las diferentes fuerzas que integraban el sector venían soldando.

La decisión de Carrió, primero, y luego del radicalismo de unirse al Pro en las internas abiertas, fue un sacudón fortísimo para los jóvenes de este sector que veía a Mauricio Macri como un límite difícil de traspasar.

Hacía seis meses se venían reuniendo semanalmente para construir una agenda y una mesa de la juventud y hasta planeaban un acto-recital con fecha para el 29 de noviembre en el Planetario. El eslogan planteado era “Dale volumen, voces jóvenes por la Argentina que se viene”. El acto quedó en suspenso pero el clima interno se enrareció bastante. En la última reunión los referentes de Libres del Sur amenazaron con retirarse si seguían participando los de la Coalición.

Radicales y socialistas trataron de poner paños fríos pero con el correr de la campaña presidencial, y más aún luego de que Macri ganó la interna y se convirtió en el líder de Cambiemos, los jóvenes se fueron dividiendo.

Desde la Coalición Cívica, Rocío Maciel cuenta que milita en política “por los valores que representa Lilita (Carrió). Nació en el ’91 y el familiar más cercano vinculado a la política es su abuelo, que era peronista. “A los 19 años conocí por una amiga a dos compañeros que me invitaron a participar en la Coalición”. El legislador porteño Maxi Ferraro le propuso trabajar en la campaña y lo hizo ad honorem: “No somos militantes rentados, lo hice gratis”, explica, y agrega que “los jóvenes estamos también en distintos puestos de poder en el partido, no formamos la juventud por separado. Nosotros estamos insertos en la estructura del partido, yo por ejemplo soy la responsable de la Comuna 5 de Capital”.

Para Rocío algo que los marcó como generación son los problemas educativos: “El polimodal nos afectó mucho, para insertarnos en la universidad eso es una marca. En las cárceles el 90 por ciento de los que están son de mi generación, somos hijos del menemismo, los que tenemos entre 20 y 30 años sufrimos una educación que se deterioró, tenemos problemas para que los pibes se inserten en la universidad y en el mercado laboral”, asegura.

¿Una agenda juvenil?

Más allá de las diferencias y la competencia electoral y en las universidades, los preocupan temas comunes. Educación, trabajo, pobreza, droga, recursos naturales, contaminación y corrupción, son enunciados por unos y otros, cuando se les pide una agenda para el 2016.
Así como los jóvenes de los ’80, con la vuelta de la democracia, compartían su interés por los valores democráticos y la defensa de los derechos humanos, a estos chicos les interesan los derechos sociales, el medio ambiente y la honestidad de los políticos.

“La vivienda, la seguridad y la violencia institucional”, agrega Villanueva (JP Evita) y “cómo hace un joven para acceder al primer empleo”, señala.

“Las prácticas, los jóvenes tenemos que cambiar la práctica política”, dice Rocío.
Para el mendocino del Pro lo principal es “la falta de oportunidades laborales y la educación. La mayoría no termina el secundario”.

Lobato, como buen franjista, apunta a la universidad. “La gran deuda es que se mantenga el sistema de educación superior neoliberal del menemismo, con la misma Ley de Educación Superior”

¿Y cuáles son sus sueños? “Llenar las listas de jóvenes”, dice Lobato. “Que no haya tanta contaminación”, apunta Delfina. “Ampliar la democracia”, pide Rocío. “Construir una Argentina de consenso”, apuesta Saintotte. “Que ningún pibe en el país se vaya a dormir con hambre” dispara Villanueva.

La agenda juvenil es amplia y resulta una bocanada de aire puro, en medio de tanto debate político vacío de contenido como el que pobló las pantallas televisivas durante la campaña electoral 2015, con candidatos que luchaban por diferenciarse y no caer en errores, antes que por debatir ideas desde la grandeza de una política puesta al servicio del bienestar de la ciudadanía.

Pero ¿cuáles son las voces que escucha la ciudadanía? ¿Cómo hacen estos jóvenes para hacerse oír? ¿Cuál es el modo de irrumpir en la opinión pública en una sociedad donde el ruido y los gritos a veces parecen ser más importantes que el diálogo y el intercambio de ideas?

Los próximos años nos encuentran a los argentinos con más interrogantes que respuestas, pero tal vez ese sea una vez más el punto de partida: escuchar a los jóvenes comprometidos con la política, con ideas nuevas para la construcción de una sociedad más abierta, igualitaria, pluralista y participativa.

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Juventud

Artículos de este número

Mario Margulis
Juventud o juventudes. Dos conceptos diferentes
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Juventud: ¿divino tesoro? o ¿botín político?
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