Impacto de la crisis internacional en América latina. Estructura económica: riesgos y perspectiva

Impacto de la crisis internacional en América latina. Estructura económica: riesgos y perspectiva

Por Daniel Munevar


 
Graduado en Economia por la Universidad de Pinar del Rio, Cuba. Master in Public Affairs de la Universidad de Texas, Austin, EE.UU. Analista de Políticas Publicas para el CADTM en Bruselas. Asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador en Inversión Extranjera Directa.


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La crisis internacional impacta en América latina por su rol de proveedora de materias primas para el resto del mundo. Para superar la situación, es necesario proteger la demanda agregada interna y mantener así las altas tasas de crecimiento económico.

El presente texto está basado en el Documento de Discusión Nº 2 del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, noviembre de 2011.

Un mundo en recesión

A lo largo de las tres últimas décadas, se ha venido operando una gran transformación de las economías tanto de países del centro como de la periferia. Esta tuvo lugar como respuesta a la caída de la tasa de ganancia en las principales economías del mundo entre los años ’60 y principios de los ’80. Así, desde los años ’80 se ha venido dando una caída sostenida de la participación de los salarios en el ingreso a nivel global, producto directo de la implementación de políticas económicas neoliberales, la cual permitió la recuperación y crecimiento de la citada tasa de ganancia.

En el caso de las economías de Estados Unidos y Europa, en un entorno caracterizado por la caída en los ingresos de los trabajadores, el crecimiento económico fue sostenido gracias al rápido incremento del crédito a hogares y corporaciones.

La crisis del 2008 puso de relieve los límites de dicho sistema de crecimiento basado en el crédito, toda vez que la capacidad de los hogares de acumular deudas tiene un límite.

En los países del centro, el mayor crecimiento de la deuda de los hogares tuvo lugar en el sector de crédito inmobiliario, especialmente en Estados Unidos, el Reino Unido y España. En dichos países el rápido incremento del crédito indujo a una fuerte alza en los precios de la vivienda, lo que les permitió a los hogares refinanciar de forma regular sus hipotecas para así financiar el consumo. Sin embargo, una vez que empezaron a caer los precios de las viviendas entre los años 2006 y 2008, los hogares en este grupo de países se vieron incapaces de continuar con lo que básicamente representaba un esquema de financiamiento que requería adquirir nuevas deudas para cubrir compromisos financieros pasados.

La recesión que tuvo lugar en el 2008 fue entonces consecuencia directa de la caída del gasto de hogares y corporaciones producto de la implosión de la burbuja de crédito al sector privado. En este sentido es muy importante resaltar que la actual crisis económica poco o nada tiene que ver con el crecimiento de la deuda pública previo al 2008. De hecho es todo lo contrario. Una vez que golpea la crisis, y cae el gasto privado, el incremento del déficit fiscal y con ello de la deuda pública, a través de la caída de impuestos e incremento de las transferencias, actúa como mecanismo para reducir el impacto negativo de la reducción del gasto privado en las economías. Así, la caída en la actividad económica permite explicar más del 70 por ciento del incremento de la deuda pública en los países del centro. La deuda pública entonces no es el origen de los problemas económicos por los cuales atraviesan los países del centro, como se escucha de forma insistente en los medios de comunicación, sino la consecuencia directa de la implosión del modelo de crecimiento económico basado en la represión salarial y el crecimiento en el crédito al sector privado.

De esta forma el énfasis de gobiernos y organismos multilaterales en la implementación de medidas de austeridad con el objetivo de reducir la deuda del sector público representa un serio riesgo para el crecimiento económico y la estabilidad financiera de las economías desarrolladas. Más importante aún, las citadas medidas de austeridad y flexibilidad laboral inducen a una posterior reducción de la participación de los salarios en el PIB, lo cual termina agravando el problema inicial de distribución del ingreso que representa el verdadero núcleo de la actual crisis. Este panorama deja en claro que es poco probable que se dé una recuperación económica en Estados Unidos y Europa en el corto o mediano plazo.

Esto deja a China, país especialmente importante teniendo en cuenta las esperanzas que se cifran en su rápido crecimiento económico y desarrollo de su mercado interno, como mecanismo compensatorio en términos de demanda agregada global. Sin embargo es poco probable que China pueda ejercer en el corto plazo este rol de motor principal del crecimiento económico a nivel mundial, ya que no fue ajena al modelo de represión salarial que ha imperado a nivel global a lo largo de las últimas tres décadas. En el caso especifico del país asiático, la participación de los salarios en el ingreso se redujo en un 15 por ciento del PIB entre 1980 y 2005. La consecuencia directa de esta situación fue una caída en un volumen similar del consumo de los hogares y un incremento de la dependencia del crecimiento económico de las exportaciones e inversiones, las cuales incrementaron en forma significativa su peso en el PIB.

En un escenario de recesión prolongada en los países del centro, principales fuentes de demanda final a nivel global, China no cuenta con un mecanismo para incrementar el consumo final de su producción. El desarrollo de su mercado interno pasa necesariamente por un significativo incremento de la participación de los salarios en el ingreso, el cual permita el crecimiento sostenido del consumo.

El exceso de capacidad productiva combinada con la caída de demanda por exportaciones de China tendrá un impacto sumamente negativo sobre el nivel de crecimiento económico, llevándolo a tasas cercanas al 3 por ciento en los próximos años. Este efecto se verá magnificado por el rápido crecimiento de los créditos, apoyado en el alza de los precios de las viviendas, pero sin el correspondiente crecimiento de los ingresos y por ende capacidad de pago de los hogares. Es importante resaltar que este tipo de rebalanceo, el cual ocurrirá muy probablemente a través de una dramática reducción de los niveles de inversión observados en China, tendrá un impacto significativo sobre la demanda y los precios de materias primas.

Este rápido panorama global deja en claro que el colapso del modelo de crecimiento económico basado en la represión salarial y el incremento del crédito que ha sido implementado a escala global desde los años ’80 está cambiando de manera profunda las relaciones económicas internacionales y las perspectivas de futuro crecimiento. Se vislumbra al menos una década de recesión económica global, toda vez que los principales centros de consumo global como Estados Unidos, Japón y China experimentarán una sensible reducción de sus niveles de crecimiento. Inclusive para el caso de Europa, una profunda depresión. Dado este sombrío contexto la pregunta que es necesario hacerse es: ¿cuáles son los efectos de la transformación económica que está ocurriendo a escala global en América latina?

Impacto vía comercial

El impacto de la crisis económica internacional se dejará sentir en América latina a través de dos canales. El primero, vía flujos comerciales, y el segundo, vía flujos de capital. Para comprender la vulnerabilidad de la región desde este punto de vista ante las transformaciones que están ocurriendo a nivel global, lo primero consiste en comprender la estructura del comercio mundial y el rol que juega América latina en este.

En forma paralela a la dinámica de represión salarial que tuvo lugar a lo largo de las últimas décadas, los procesos de reducción de barreras arancelarias y expansión de corporaciones han causado una transformación significativa de la estructura del comercio internacional. Mientras a principios de los años ’80 el 70 por ciento del comercio global se concentraba en los países del G7, para el año 2008, los países desarrollados y Asia representaron el 85% de las exportaciones a nivel mundial, con una participación del 30% de los países asiáticos.

En este esquema, América latina representa el último vagón del tren del comercio global y por ende el último en sentir los efectos de la desaceleración, al ejercer el rol de proveedor de materias primas para el resto del mundo con una participación total en dicho comercio equivalente al 4,4% en el 2008.

Durante la última década tuvo lugar un proceso de reprimarización de las exportaciones con un incremento en la participación de materias primas en las exportaciones regionales creciendo en cerca de 15 puntos. El elemento clave que permite explicar dicho incremento viene dado por la favorable evolución de los precios de las materias primas a lo largo de los últimos años.

Por su parte el crecimiento de los volúmenes de exportaciones tuvo como destino principal los países asiáticos, y especialmente China, toda vez que las exportaciones hacia esta región pasaron de representar un 5% del total en el 2000, a cerca del 20% en 2010. Es importante señalar que en forma paralela a este proceso de reprimarización y crecimiento de las exportaciones con destino a Asia, y a pesar de los esfuerzos para fortalecer la integración regional, el comercio regional ha mostrado poca dinámica manteniendo una participación estable del 20 por ciento.

A su vez, los altos precios de las materias primas son producto, no de un cambio estructural en la demanda por este tipo de bienes y por ende un fenómeno de largo plazo, sino en gran medida debido a la especulación en los mercados de futuros de dichos bienes.

Desde un punto de vista estadístico, la desviación de los precios de las materias primas respecto de su evolución histórica no tiene precedentes: los precios de 13 productos básicos durante el último ciclo muestran más de tres desviaciones estándar respecto de la media histórica. La probabilidad de que un solo evento de estos tenga lugar es menos de una en cien mil años. En forma conjunta, es imposible.

En el contexto actual, dos factores pueden precipitar la caída de los precios de las materias primas. El primero de ellos es el recrudecimiento de la crisis financiera por la cual atraviesa Europa, que amenaza a las principales entidades financieras del viejo continente a través de su exposición tanto a créditos a la periferia europea como a activos tóxicos comprados a lo largo de la última década. De este modo el efecto significativo de la especulación financiera en los precios implica que en momentos en los cuales se incrementa la volatilidad en los mercados los precios de las materias primas tienden a caer debido a que los agentes financieros deben liquidar sus posiciones.

El segundo factor es la desaceleración y transformación de la estructura de crecimiento de China. Debido al exceso de la capacidad industrial instalada en un entorno internacional caracterizado por la caída del consumo final, en la medida en que empiecen a caer los niveles de inversión en los países asiáticos en general y China en particular, la demanda por materiales relacionados con la producción industrial (metales y energía) caerá progresivamente. Esto tendrá un efecto negativo en los precios de las materias primas distintas a los alimentos. En el caso de bienes agrícolas, la caída del ritmo de crecimiento económico en China no tendrá una repercusión significativa en los volúmenes de importaciones toda vez que los niveles de ingreso y consumo seguirán creciendo a ritmos bajos pero estables.

Entonces el escenario que se vislumbra desde el punto de vista comercial es uno de fuerte caída de precios, donde los volúmenes exportados de productos agrícolas seguirán creciendo, mientras la demanda por metales, y en menor medida energía, reducirán en forma significativa su ritmo de crecimiento. Es decir que el impacto de la crisis vía comercial tendría a los países de la región a puertas de volver a caer en el conocido ciclo de deterioro de los términos de intercambio, donde mayores volúmenes exportados implican menor capacidad adquisitiva en términos de bienes industriales debido a la caída de los precios de las materias primas.

Tal situación pone de relieve el serio desacierto en términos de política económica que se ha cometido en varios países de la región como Colombia, Perú, la Argentina y varios otros, donde la estrategia de desarrollo se fundamenta en la extracción de recursos naturales. De esta forma, las políticas de subsidios, reducción de impuestos y otras medidas tales como la creación de incentivos para la atracción de inversión extranjera directa en el sector extractivo que están siendo implementadas, tendrán un impacto negativo sobre la capacidad de responder a este escenario, toda vez que limitan la capacidad de reorientar la política económica para hacer frente a la crisis.

Impacto vía flujos de capital

Una de las sorpresas que se produjo tras la crisis financiera del 2008 fue la rápida recuperación de los ritmos de crecimiento económico en la mayoría de los países de América latina. Aparte de los altos precios de materias primas, así como la significativa reducción de la deuda externa pública, el elemento clave que permite explicar la aparente fortaleza económica regional está relacionado con el rápido crecimiento de la demanda interna durante los últimos años.

En un entorno caracterizado por un lento crecimiento de los ingresos salariales y altos niveles de informalidad, el crecimiento del consumo en América latina ha estado asociado al impacto que ha tenido el incremento de los flujos de capital externos sobre el crédito al sector privado.

Es importante anotar que el crecimiento en los flujos de capital también vino acompañado de una transformación en su estructura. Mientras que en el período previo a la crisis los flujos de inversión extranjera directa (IED) representaban el 76% del total, a partir del 2009 su participación cae a un 46%. Al mismo tiempo se produce una mayor concentración de la IED en el sector de materias primas. Los cambios en la composición del financiamiento externo son significativos ya que ponen de relieve dos elementos. En primer lugar muestran que los altos precios de las materias primas no sólo afectan los ingresos vía exportaciones, sino que también tienen una influencia notable sobre los flujos de IED que entran a la región. Ello implica que una caída en los precios de materias primas también tendría el potencial de reducir en forma importante la IED. En segundo lugar, el crecimiento de la participación de los flujos de cartera indica que el financiamiento externo regional ha cambiado hacia una estructura más frágil dada la alta volatilidad de los mismos.

El impacto del incremento de los flujos de capital hacia los países de América latina, en un entorno caracterizado por bajas tasas de interés a nivel global, se ha dejado sentir a su vez con fuerza sobre la evolución de los tipos de cambio. En forma paralela a este proceso de apreciación de las monedas, varios bancos centrales han incrementado progresivamente las tasas de interés en un intento de controlar las presiones inflacionarias producto del alza de los precios internacionales de las materias primas. La combinación de ambos factores sólo ha acrecentado el atractivo de la región a flujos especulativos de corto plazo que buscan aprovechar los diferenciales de tasa de interés e incremento en la valuación de activos financieros vía apreciación.

De esta forma el ciclo de capitales global ha inducido al crecimiento del crédito privado en América latina. Los mayores niveles de liquidez asociados a la entrada de capitales han inducido a los bancos a incrementar en forma significativa el crédito al sector privado a las tasas más altas a nivel global, financiando así la expansión del consumo interno.

Como es de esperar, la creciente disponibilidad de crédito está teniendo efectos apreciables sobre los precios de los activos en las economías en la región. En el caso de los precios de la vivienda se tiene que a nivel regional durante el periodo 2008-2010 han incrementado a un ritmo anual del 15%. Dicha tasa de crecimiento es la más alta comparada con los mercados emergentes de Asia y Europa del Este (IMF 2011). No es sorprendente encontrar que en aquellos países donde ha crecido más rápido el crédito se registra también el crecimiento más rápido en los precios de la vivienda.
El colapso reciente de los mercados inmobiliarios en Estados Unidos, el Reino Unido y España muestra la fragilidad y peligros que implica una rápida alza de los precios de la propiedad cuando esta se da en un contexto de ampliación del crédito, como ocurre actualmente en la región.

Sin embargo, los efectos no se circunscriben tan sólo a la vivienda. Se puede observar cómo, tras el impacto de la crisis, la capitalización bursátil en la región también ha seguido creciendo a un ritmo vertiginoso. Con la excepción de México y la Argentina, la capitalización de las bolsas de valores medida en dólares se ha duplicado durante los dos últimos años en el resto de los países. Como en el caso de los flujos de capital, es interesante observar los cambios en la composición de la capitalización bursátil. Casi todo su crecimiento se concentró en la valuación de corporaciones financieras y de materias primas. La participación de ambos sectores pasó de un 18% a un 59% del total de la capitalización bursátil en la región. En cierta forma este es uno de los indicadores más claros de la creciente dependencia del crecimiento económico de la región respecto del crédito para el sector privado y las materias primas.

Es claro entonces que varias economías de la región presentan todos los elementos que caracterizan este esquema de financiamiento: alta dependencia de exportaciones de materias primas junto a IED dirigida en forma creciente a dicho sector; fuerte apreciación de las monedas aunada a rápido incremento de precios de activos financieros; crecimiento del financiamiento externo en corto plazo vía dólares a través de flujos de cartera. De la misma forma que estos elementos se han combinado para impulsar el crecimiento de la región a lo largo del último periodo, haciendo parecer que los riesgos han disminuido, en la siguiente etapa del ciclo económico se combinarán para causar un rápido deterioro de la situación económica y financiera.

Los eventos que pueden activar esta trampa inherente a la actual estructura de financiamiento regional ya fueron señalados anteriormente: un deterioro de la crisis financiera en Europa o una desaceleración significativa del crecimiento en China.

Cualquiera de estos escenarios se manifestaría a través de la caída de los precios de las materias primas. El deterioro en los términos de intercambio causaría un incremento de las necesidades de financiamiento externo, debido al incremento del déficit de cuenta corriente, justo en el momento en el cual dicho financiamiento se haría más costoso y escaso. Como se ha mostrado, los flujos de capital que han entrado a la región tanto en el caso de la IED como los flujos de cartera están directamente vinculados al sector de materias primas, por lo que una caída en los precios de estas disminuiría también el financiamiento externo disponible a la región.

En un escenario de este tipo, el manejo que se le ha dado a la deuda pública en los países de la región durante los últimos años tiene la capacidad de reducir el impacto negativo de la estructura de financiamiento anteriormente descrita. En la medida en que la composición de la deuda pública se ha transformado en forma significativa, donde la participación de porción interna se ha incrementado hasta alcanzar alrededor del 75% del total, esto permitiría actuar al financiamiento público de forma contracíclica.

Estructura económica: riesgos y perspectiva

Así como la estructura de financiamiento externo de un país puede servir como mecanismo para amplificar o reducir el impacto de un shock externo, la estructura productiva juega un rol central a la hora de determinar el impacto de este tipo deshocks sobre una economía y su población. En el caso de los países de América latina, la estructura productiva que se ha venido configurando a lo largo de la última década es a todas luces inadecuada para hacer frente a los retos del nuevo contexto económico global. Específicamente, la región está atrapada en un modelo productivo que induce a ciclos inestables de crédito interno con muy baja capacidad de generación de incrementos en el valor agregado doméstico, empleo y salarios.

Como se señaló anteriormente, el efecto directo del crecimiento de los flujos de capital hacia los países de la región ha sido una significativa apreciación de las monedas acompañada del rápido crecimiento del crédito al sector privado. En la medida en que una parte importante del crédito se ha dirigido al consumo, ello ha causado un incremento significativo de las importaciones destinadas a este fin.

En forma especifica, a nivel de América latina en el período 2005-2010, la participación de contenido domestico en la producción cayó en cerca de 6 puntos del PIB. Dicha tendencia es la continuación y profundización del proceso de desindustrialización que ha tenido lugar a nivel regional desde los años ’80.

Dicha situación se ve agravada por el hecho de que la especialización productiva basada en el sector extractivo y el sector financiero también tiene efectos negativos sobre la estructura del mercado laboral, toda vez que ambos sectores tienen poca capacidad de generación de empleo y propician el incremento de la desigualdad debido a que presentan ingresos por encima del promedio laboral. De esta forma el modelo económico no está propiciando las mejoras en el empleo e ingreso vía salarios que permitieran crear las condiciones para una reducción de los niveles de endeudamiento del sector privado en el mediano plazo.

Los países de la región se enfrentan entonces a un escenario sumamente complicado. Factores que han propiciado el crecimiento de la región a lo largo de la última década, en la forma de términos favorables de intercambio y rápida expansión del crédito al sector privado, desaparecerán sin que exista un elemento que permita remplazarlos.

De esta forma queda claro que, en su conjunto, se ha desaprovechado una oportunidad histórica para reducir la dependencia al financiamiento externo y el fortalecimiento de la capacidad industrial doméstica. En esta siguiente etapa de la economía global,caracterizada por una fuerte caída de la demanda agregada final, la capacidad de proteger la demanda agregada interna será clave a la hora de determinar qué países estarán en capacidad de mantener tasas altas de crecimiento económico.

Debido al carácter extremadamente complicado de los escenarios a los cuales hace frente la región se hace necesario y apremiante tomar medidas que busquen reducir el impacto de la crisis sobre los países de América latina y el Caribe. Una lista básica de tales medidas debería incluir:

* Implementación de regulación al crédito otorgado al sector privado por entidades financieras, con miras a controlar el rápido crecimiento de las deudas de hogares y corporaciones.
* Coordinar la creación de un sistema de control de capitales a nivel regional que permita reducir la entrada de capitales especulativos a la región, con el objetivo de reducir el impacto negativo de tales flujos sobre el valor de las monedas y el crédito local. Este sistema podría venir acompañado de la creación de un impuesto regional a las transacciones financieras, que sirva a su vez para financiar las actividades del Banco del Sur.
* Acelerar la implementación del Banco del Sur con el objetivo de financiar programas regionales para el fortalecimiento de la capacidad productiva regional, para así reducir la dependencia de las exportaciones de materias primas que sufre actualmente la región. El fortalecimiento de la integración regional permitiría asimismo crear las economías de escala requeridas para el desarrollo de un sector manufacturero en los diferentes países de América latina.
* Organización de comités de auditoría de la deuda a nivel regional que permitan la supervisión y vigilancia del manejo de los mecanismos de endeudamiento público. El objetivo de la auditoría es implementar un mecanismo para controlar en forma preventiva la socialización de las pérdidas del sector financiero asociadas en un escenario de pánico financiero regional e internacional.

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