Estado post-desarrollista

Estado post-desarrollista

Por Cristina Zurbriggen

El Estado en América latina debe tener un papel más activo y estratégico para solucionar el problema de la desigualdad. La inversión en innovación, educación, salud y capacitación laboral es la clave para lograr el bienestar social en un contexto globalizado.
 
Doctora en Ciencias Pol√≠ticas por la Universidad Eberhard-Karls de T√ľbingen, Alemania. Profesora de Historia y Licenciada en Sociolog√≠a de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Rep√ļblica (Uruguay). Es docente e investigadora en el Instituto de Ciencia Pol√≠tica, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Rep√ļblica (Uruguay). Directora del Proyecto Flacso-Uruguay.


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América latina crece pero no integra; en este escenario, conviene preguntarse sobre las paradojas del crecimiento económico de la región y aprovechar las experiencias exitosas de otras latitudes, aunque no las podamos importar, pero sí examinar la base social y político/institucional del consenso en torno al rol del Estado en los procesos de desarrollo.

En los √ļltimos treinta a√Īos los pa√≠ses n√≥rdicos, al igual que los llamados ‚Äútigres‚ÄĚ del este asi√°tico, lograron consolidar una estrategia de desarrollo que les permiti√≥ transformar su estructura productiva, transitando de econom√≠as agrarias a pr√≥speras econom√≠as industrializadas y con integraci√≥n social. Por el contrario, Am√©rica latina no fue capaz de responder a las demandas del nuevo paradigma tecnol√≥gico, ni revertir los problemas de desigualdad social. En este escenario, cobra relevancia identificar y analizar las posibles causas de las trayectorias divergentes. En particular, resulta importante considerar c√≥mo determinados pa√≠ses lograron definir una estrategia de inserci√≥n internacional en la nueva econom√≠a del conocimiento, su relaci√≥n con las capacidades estatales, el rol de las pol√≠ticas p√ļblicas y la dimensi√≥n pol√≠tica de dicho proceso.

Con tal fin, en primer lugar, es relevante analizar los nuevos debates en torno al papel del Estado en el siglo XXI. En segundo lugar se esbozan algunas prácticas para entender cómo y por qué ciertos países han logrado responder a los desafíos del nuevo milenio, especialmente los casos de los países nórdicos (Finlandia) y del sudeste asiático (Corea). En tercer lugar, se sugieren las lecciones que debemos considerar si queremos construir una nueva teoría y práctica del Estado en América latina para alcanzar sociedades más innovadoras e integradas.

¬ŅPor qu√© la innovaci√≥n es importante para el desarrollo?

La historia reciente es bastante concluyente. Los países que han alcanzado mayores tasas de crecimiento son los que más innovan. Se trata de países donde la correlación entre crecimiento de largo plazo y procesos de innovación es muy alta.

En estos pa√≠ses, la inversi√≥n en I+D, la pol√≠ticas de innovaci√≥n y educaci√≥n se verifican como los factores centrales del buen desempe√Īo alcanzado. Como muestra el gr√°fico 1, la relaci√≥n entre inversi√≥n en I&D como proporci√≥n del PBI per c√°pita es m√°s alta en aquellos pa√≠ses que por un per√≠odo razonablemente largo de tiempo han tenido pol√≠ticas de apoyo a la innovaci√≥n que se traduce, entre otras cosas, en fuertes y sostenidas inversiones en I&D.

Como se√Īala Peter Evans en su reciente art√≠culo ‚Äú¬ŅCu√°l es el rol del Estado desarrollista en el siglo XXI?‚ÄĚ, la evidencia emp√≠rica y las nuevas teor√≠as del desarrollo sugieren que el desarrollo en el siglo XXI depender√° de la generaci√≥n de activos intangibles (ideas, habilidades y redes). Los datos muestran que los rendimientos diferenciales de crecimiento y productividad en el presente siglo est√°n impulsados principalmente por los cambios en el acervo de ideas y la informaci√≥n, as√≠ como por la capacidad de las personas que se aprovechan de ellos (es decir, los niveles de educaci√≥n y de formaci√≥n).

En consecuencia, en una econom√≠a basada en bits (‚Äúbits-driven‚ÄĚ), en activos intangibles, la disyunci√≥n entre la l√≥gica del mercado y la l√≥gica del desarrollo es cada vez m√°s evidente. Las ideas se generan en las cabezas humanas y la expansi√≥n de la capacidad humana es parte integrante de la aceleraci√≥n del crecimiento en el stock de ideas. Sin embargo, para un inversor privado, la inversi√≥n en capital humano es mucho m√°s riesgosa que invertir en m√°quinas como lo hac√≠a el siglo pasado, dado que no puede tener control total sobre √©l. Por ello es cada vez m√°s importante el papel de las instituciones p√ļblicas en expandir las capacidades humanas, a trav√©s de los servicios de educaci√≥n y salud. Al mismo tiempo, los Estados deben encontrar maneras de resistir a la l√≥gica tradicional de la econom√≠a pol√≠tica, que les empuja a sobreproteger y controlar los monopolios de las existencias de las ideas, restringiendo el acceso y la utilizaci√≥n y reduciendo as√≠ el crecimiento y el bienestar.

Por lo tanto, la innovación tiende un valor estratégico en cualquier esquema o modelo de desarrollo. Sin embargo, en un escenario de alta incertidumbre, de rápidas transformaciones, la respuesta es básicamente la exploración y el aprendizaje.

¬ŅQu√© Estado se necesita en el siglo XXI?

Si el escenario actual es efectivamente el descrito ‚Äďesto es, es casi imprescindible innovar porque genera desarrollo sobre todo en el contexto actual de alta incertidumbre sobre qu√© hacer y c√≥mo hacerlo‚Äď, las preguntas que surgen son: ¬Ņc√≥mo se movilizan esos procesos de innovaci√≥n?, ¬Ņqu√© tipo de Estado se necesita?, ¬Ņqu√© pol√≠ticas son necesarias?

La evidencia de Am√©rica latina muestra que el Consenso de Washington fracas√≥, pero es importante resaltar un aspecto usualmente no examinado en los diagn√≥sticos. El Consenso fracas√≥, como se√Īala Lengyel en el libro presentado en la reciente cumbre presidencial, por muchas de las razones que siempre se mencionan, pero adem√°s fracas√≥ porque su receta era: ‚ÄúPara desarrollarnos, lo que necesitamos es un set, un conjunto de pol√≠ticas e instituciones que son fijas y b√°sicamente las mismas en todos lados: derecho de propiedad, clima de inversiones, la famosa seguridad jur√≠dica; tribunales que hagan cumplir los derechos de propiedad cuando estos son violados, etc.‚ÄĚ. Es decir, la idea de desarrollo estaba asociada a la idea de una dotaci√≥n institucional que era igual en todo contexto y en todo tiempo.

La evidencia emp√≠rica demuestra, sin embargo, que muchos pa√≠ses que no siguieron estas reglas de alinear sus instituciones a esa receta crecieron significativamente, como Corea y Finlandia. Por ello en las actuales discusiones se plantea la idea de que no hay ‚Äúuna talla para todos‚ÄĚ, y se subraya que no existe una pol√≠tica o un modelo que llevar√° al progreso econ√≥mico en todos los pa√≠ses, en todo momento. Los nuevos enfoques de desarrollo subrayan la idea de que las pol√≠ticas deben ser construidas a trav√©s de la experimentaci√≥n y adaptadas a las necesidades de determinados sectores y regiones, variando dentro de cada naci√≥n.

¬ŅQu√© se puede aprender de rol ‚Äúexperimental‚ÄĚ del Estado en los pa√≠ses n√≥rdicos?

Desde 1990, los pa√≠ses n√≥rdicos han superado no s√≥lo a los pa√≠ses de Europa continental, sino tambi√©n a los modelos del Reino Unido y los Estados Unidos. En el Foro Econ√≥mico Mundial de 2011 los pa√≠ses n√≥rdicos ocupan cinco de las nueve posiciones superiores. Entre los pa√≠ses de la Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y el Desarrollo Econ√≥mico (OCDE), estas naciones muestran super√°vit en sus cuentas p√ļblicas y balanzas de pagos as√≠ como la m√°s baja deuda p√ļblica. En el mismo a√Īo Noruega, Suecia y Finlandia aparecen como los pa√≠ses de menor riesgo financiero para invertir, seguidos por Holanda y Dinamarca.
Asimismo, los países nórdicos han alcanzado en la OCDE los mejores niveles de PBI con bajas tasas de desempleo, menos horas de trabajo por habitante y una significativa tasa de participación de la mujer en la fuerza de trabajo. Uno de los logros más importantes ha sido reducir la tasa de desempleo sin la introducción de una estructura dual del mercado de trabajo como en los Estados Unidos. Esto también se refleja en los coeficientes más bajos de desigualdad (de 22 a 24) entre los países de la Unión Europea.

Los interrogantes que se plantean son cómo y por qué estos países han tenido avances significativos en su desarrollo económico y social y qué se puede aprender de ello.

Un ejemplo claro es Finlandia que pas√≥, en treinta a√Īos, de ser una de las econom√≠as menos intensivas en tecnolog√≠a en la OCDE, basada en la producci√≥n de madera y metal, a ser un l√≠der mundial en comunicaciones inal√°mbricas y producci√≥n intensiva de conocimientos. En este proceso es importante resaltar la capacidad estrat√©gica y de coordinaci√≥n de m√°s alto nivel que ha desarrollado el gobierno finland√©s. La experimentaci√≥n y los ajustes flexibles est√°n presentes en el Estado finland√©s, un Estado que aprende. Se destaca la relevancia de la capacidad estrat√©gica y prospectiva, orientada a la construcci√≥n de una visi√≥n de futuro y mecanismos de consensos entre los actores clave de la sociedad (gobierno, sector productivo y academia), lo que ayuda a la coordinaci√≥n de pol√≠ticas y responder a los cambios y al dise√Īo de nuevas pol√≠ticas. Todo ello refuerza un enfoque sist√©mico de formulaci√≥n de pol√≠ticas, basado en la idea de simultaneidad no secuencial de las distintas etapas del proceso de innovaci√≥n.

Es destacable del proceso, tanto en Finlandia como en el resto de los países nórdicos, el haber sido capaz no sólo de crecer, sino también de alcanzar altos niveles de integración social en un contexto globalizado. En estos países se ha hecho compatible una economía competitiva y tecnológicamente avanzada, con un fuerte Estado de bienestar, en un sistema democrático.

Diversos autores sugieren que los pa√≠ses n√≥rdicos pudieron mantener el bienestar social al lograr dise√Īar pol√≠ticas sociales orientadas a compartir riesgos, dando relevancia a las pol√≠ticas activas de empleo y la formaci√≥n profesional continua con el fin de desarrollar habilidades b√°sicas que permitan a las personas insertarse en un mercado laboral en permanente transformaci√≥n. Estas pol√≠ticas no afectaban √ļnicamente la redistribuci√≥n de la riqueza sino que desempe√Īan un importante papel productivo.

La palabra ‚Äúflexiseguridad‚ÄĚ caracteriza a estos pa√≠ses al dise√Īar pol√≠ticas de bienestar capaces de responder a una realidad compleja, es decir, la combinaci√≥n de mercados laborales flexibles y la seguridad individual y social. Es as√≠ que el Estado de bienestar se desarrolla sobre la base de a) una seguridad social s√≥lida y disposiciones generales de bienestar; b) pol√≠ticas educativas activas, y c) un mercado laboral altamente m√≥vil, donde los actores sociales (sindicatos y asociaciones de empresarios) son los actores clave con un alto grado de responsabilidad para la competitividad y la sostenibilidad social.

El Estado desarrollista asi√°tico. ¬ŅUn Estado flexible?

El este asi√°tico fue una de las regiones m√°s din√°micas de la econom√≠a mundial en el siglo XX y comienzos del siglo XXI. Los r√°pidos logros econ√≥micos y sociales se expresan en las altas tasas de crecimiento. En la d√©cada de los ‚Äô50 el ingreso per c√°pita de estos pa√≠ses alcanzaba tan s√≥lo la cifra de 500 d√≥lares; en los a√Īos ‚Äô90 se elev√≥ a 3.500 d√≥lares. Por su parte, los niveles de desigualdad son menores que en Am√©rica latina, con √≠ndices de Gini menores a 35 (Corea del Sur con 31 y Taiw√°n con 32, seg√ļn datos del Banco Mundial de 2008).

En términos generales, el éxito de estos países se vincula a la capacidad estratégica de los Estados, su fuerte vinculación con el sector empresarial, así como la matriz de políticas macroeconómicas, comerciales, industriales y educativas implementadas por los gobiernos. Ha-Joon Chang en su análisis sobre la experiencia desarrollista asiática argumenta asimismo que el éxito estuvo también asociado al desarrollo de políticas realistas (selección de sectores prioritarios en función del mercado internacional y de las capacidades tecnológicas locales) y flexibles (los decisores de políticas fueron capaces de reconocer errores y redireccionar las políticas).

Taiw√°n es un ejemplo de estos pa√≠ses que logr√≥ transformar su estructura productiva desarrollando una industria de alta tecnolog√≠a en el √°rea de la inform√°tica, al mismo tiempo que logr√≥ mejorar la inclusi√≥n social. En este proceso fue central el papel desempe√Īado por el Departamento de Desarrollo Industrial (DDI), en el Ministerio de Asuntos Econ√≥micos, responsable de la pol√≠tica industrial. Dichas pol√≠ticas industriales, insertas en un plan estrat√©gico de desarrollo, se centraron en subsidiar iniciativas privadas innovadoras, regular las licencias tecnol√≥gicas y controlar las inversiones extranjeras directas. El √©xito se explica no s√≥lo por disponer de una burocracia capacitada y un conjunto de instrumentos clave, sino tambi√©n por elegir ‚Äúuna pr√°ctica de gobernar el mercado‚ÄĚ caracterizada por fuertes redes de articulaci√≥n p√ļblico-privadas.

El rol experimental del gobierno se expresa en la flexibilidad del Estado para adaptarse a los cambios del entorno. Hacia 1995 el Directorio de Planificaci√≥n Econ√≥mica, agencia piloto desde comienzos de los a√Īos ‚Äô60, fue abolido, y el mercado de capital se abri√≥ para los pr√©stamos extranjeros y las empresas de servicio financiero extranjeras. Esta flexibilidad del gobierno se manifiesta tambi√©n en la nueva estrategia, creando nuevos organismos e instituciones, para desarrollar el sector de biotecnolog√≠a. Con tal fin se crearon parques cient√≠ficos, como el de Hsinchu (HSP) e instituciones de investigaci√≥n, tales como el ITRI.

Las características distintivas de esta estrategia de política difieren de las anteriores, dado que el impulso proviene del gobierno, con una importante inversión en parques científicos y la utilización de una variedad de fondos de capital riesgo nacionales. También se ha dado un cambio sustancial en las rutinas y objetivos de la colaboración en la investigación. Se pasa de un proceso de innovación basado en la importación de tecnología del extranjero a la creación de su propia capacidad nacional de innovación. Asimismo, la preocupación por la propiedad intelectual, la regulación de la fabricación, la comercialización y la distribución se convierten en aspectos centrales.

Otro ejemplo de la flexibilidad de los Estados para responder a las demandas del nuevo contexto internacional es Corea con la liberalizaci√≥n de las telecomunicaciones. En este pa√≠s una √ļnica empresa del gobierno suministraba los servicios de telecomunicaciones. En la d√©cada de los noventa los avances tecnol√≥gicos en telecomunicaciones m√≥viles digitales y la presi√≥n de Estados Unidos a trav√©s de la Organizaci√≥n Mundial del Comercio (OMC) obligaron a este pa√≠s a privatizar y liberar el sector. Sin embargo, la liberalizaci√≥n fue gradual y conducida por el Estado en relaci√≥n con los objetivos de desarrollo nacional.

El gobierno reconoci√≥ que las telecomunicaciones ser√≠an un ‚Äúsector l√≠der‚ÄĚ a escala mundial en las siguientes d√©cadas y que Corea ten√≠a que mantener una fuerte presencia de las empresas coreanas. Primero, comenz√≥ el proceso creando otra empresa p√ļblica para competir con la primera, privatiz√°ndolas luego; despu√©s invit√≥ a unas pocas empresas coreanas a que solicitaran las licencias; luego invit√≥ a algunas empresas extranjeras de telecomunicaciones a entrar como socios minoritarios en las empresas coreanas (para as√≠ obtener la tecnolog√≠a), y solamente entonces permiti√≥ que algunas empresas totalmente extranjeras compitieran, bajo condiciones que restring√≠an sus posibles proveedores de equipos y sus est√°ndares en tecnolog√≠a, pautados en ambos casos por el gobierno.

Al mismo tiempo, se desarroll√≥ una asociaci√≥n p√ļblica-privada para desarrollar la tecnolog√≠a de transmisi√≥n digital para el C√≥digo de Divisi√≥n de Acceso M√ļltiple, considerando que las empresas de telecomunicaciones extranjeras no vender√≠an la tecnolog√≠a de avanzada a los coreanos. El Ministerio de Industria y Comercio form√≥ una red con el gobierno con el patrocinio del Instituto de Investigaci√≥n en Telecomunicaciones y Electr√≥nica, relacionado con la antigua compa√Ī√≠a de telecomunicaciones p√ļblica y un n√ļmero de f√°bricas privadas coreanas. Gran parte de los fondos para esta red vienen de la venta de acciones de las empresas p√ļblicas privatizadas. Lo recaudado tambi√©n se us√≥ para subsidiar la respuesta a la demanda de los servicios de telecomunicaciones, incluyendo el acceso a Internet, lo que hace un c√≠rculo virtuoso entre el suministro y la demanda. Los resultados fueron muy buenos convirti√©ndose Corea en un importante jugador en el √°rea y con la penetraci√≥n de banda ancha m√°s alta en el mundo.

Estos ejemplos ilustran que el r√°pido desarrollo alcanzado por los pa√≠ses asi√°ticos se debi√≥ en gran parte al papel estrat√©gico del Estado, un Estado enraizado y flexible adapt√°ndose a las transformaciones del contexto internacional, donde las redes de articulaci√≥n p√ļblico-privado jugaron un papel importante en estas adaptaciones y al mismo tiempo se convierten en un elemento de legitimaci√≥n pol√≠tica, generando consenso social.

Sin embargo, no fue s√≥lo la pol√≠tica econ√≥mica sino tambi√©n el papel de la pol√≠tica social que se institucionaliz√≥ con el fin de ser capaz de desempe√Īar un papel en la estrategia global de desarrollo econ√≥mico. Los autores Hort y Kuhnle en diversas publicaciones muestran que los pa√≠ses asi√°ticos pusieron en marcha programas de seguridad y de bienestar social como instrumentos de pol√≠tica para el desarrollo econ√≥mico. El rasgo m√°s distintivo de las pol√≠ticas es que desalientan la dependencia del Estado, promueven fuentes privadas de bienestar y canalizan recursos de la seguridad social hacia las inversiones en infraestructura.
Estos Estados han sido tipificados como ‚ÄúEstados productivos de bienestar‚ÄĚ o ‚ÄúEstados desarrollistas de bienestar‚ÄĚ. Kwon distingue entre el tipo de ‚ÄúEstados de bienestar desarrollista inclusivo‚ÄĚ, propio de Corea y Taiw√°n, y el ‚Äúbienestar desarrollista selectivo‚ÄĚ de Singapur y Hong Kong. El primero es m√°s inclusivo socialmente, protege a la mayor√≠a de la poblaci√≥n y se apoya en programas predominantemente universales. El segundo restringe la protecci√≥n social a los trabajadores del mercado formal del trabajo y focaliza las acciones asistenciales tan s√≥lo en los segmentos m√°s pobres de la poblaci√≥n.

Lo importante es que las políticas han cambiado en función de las transformaciones productivas. Así el tránsito producido por el pasaje de una política económica de crecimiento extensivo, basado en mano de obra barata, a la competitividad económica basada en la alta productividad, provocó nuevas definiciones de políticas sociales. El énfasis es puesto más sobre la protección de la capacidad de trabajo que en la seguridad laboral de los trabajadores, como ocurre también en los países nórdicos.

¬ŅCu√°les son las ense√Īanzas m√°s relevantes?

El r√°pido crecimiento de estos pa√≠ses asi√°ticos es explicado por el rol desempe√Īado por el Estado desarrollista, en que el Estado actu√≥ no s√≥lo como agente central de la planificaci√≥n estrat√©gica del desarrollo. Este Estado fue particularmente favorecido por una burocracia aut√≥noma y enraizada en una densa red de instituciones que le permiti√≥ vincularse al sector privado (consejos deliberativos, grupos de estudios de pol√≠ticas, etc.). Estos espacios proveyeron de relevante informaci√≥n y un aprendizaje interactivo para la elaboraci√≥n e implementaci√≥n de pol√≠ticas.

Los adjetivos que mejor describen al Estado desarrollista asi√°tico son ‚Äúflexibilidad‚ÄĚ, ‚Äúgobierno en red‚ÄĚ y ‚Äúautonom√≠a enraizada‚ÄĚ. Estas experiencias sugieren que un Estado, para apoyar un desarrollo industrial en sectores de uso intensivo de tecnolog√≠a, debe cultivar una intensa interacci√≥n con la industria local. M√°s que planificaci√≥n a largo plazo, el Estado necesita de una estructura flexible que permita poner en pr√°ctica las diferentes pol√≠ticas y cambiar tan pronto como sea posible ante un cambio de las condiciones del contexto.

Recientemente, las discusiones m√°s relevantes provienen de los pa√≠ses n√≥rdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia) por haber logrado responder a los retos de la globalizaci√≥n, desarrollando un modelo social que est√° entre los primeros del mundo en niveles de riqueza, pero tambi√©n lo est√° en los niveles de igualdad social. Los adjetivos que describen al Estado n√≥rdico son la experimentaci√≥n, la innovaci√≥n abierta, las redes, la flexibilidad. Curiosamente, los nuevos estudios muestran que no es un Estado unitario ‚Äúcapitalismo de los pa√≠ses n√≥rdicos‚ÄĚ, y mucho menos un ‚Äúmodelo n√≥rdico‚ÄĚ del Estado del bienestar emergente. M√°s bien, cada uno de los pa√≠ses n√≥rdicos estudiados traza un camino distinto en sus esfuerzos en curso para proporcionar soluciones a la situaci√≥n social, pol√≠tica educativa, industrial y los problemas del mercado de trabajo generados por la globalizaci√≥n.

En este nuevo contexto, las nuevas concepciones del Estado de bienestar plantean que prosperidad econ√≥mica y seguridad social no tienen por qu√© ser antag√≥nicos o ideales mutuamente excluyentes. Diversos autores sugieren que tanto los pa√≠ses n√≥rdicos como los asi√°ticos pudieron mantener el bienestar social al lograr un dise√Īo de pol√≠ticas sociales articuladas con un patr√≥n de acumulaci√≥n basado en una econom√≠a del conocimiento en un contexto globalizado. La inversi√≥n en educaci√≥n superior, educaci√≥n continua, salud, capacitaci√≥n laboral y otros programas para obtener la reincorporaci√≥n de los desempleados al trabajo es m√°s que recuperada que a trav√©s de la reducci√≥n del gasto en prestaciones por desempleo y costos sociales.

Los desafíos pendientes para América latina

Am√©rica latina ha tenido una estrategia divergente. Si bien la regi√≥n ha crecido a una tasa media del 3,4% anual en los √ļltimos 20 a√Īos, desde una perspectiva de largo plazo, el crecimiento ha quedado rezagado con respecto a las econom√≠as emergentes y, por supuesto, de las desarrolladas. El ingreso anual promedio en 1960 en la regi√≥n era una cuarta parte del de Estados Unidos, mientras que en la actualidad es un sexto. En comparaci√≥n, varios pa√≠ses del sudeste asi√°tico que comenzaron m√°s atr√°s en la misma √©poca se encuentran cerca de ser calificados como pa√≠ses de altos ingresos.

La regi√≥n contin√ļa con su especializaci√≥n en productos primarios y manufacturas de bajo contenido tecnol√≥gico. En los a√Īos ‚Äô70, el 50% de PBI era explicado por los recursos naturales, treinta a√Īos despu√©s tales recursos componen el 51% del PBI. Los sectores intensivos en conocimiento aumentaron en dicho per√≠odo tan s√≥lo del 21% al 28%, mientras que en el sudeste asi√°tico representan el 60% del PBI. La inversi√≥n en I+D, si bien lleg√≥ al 0,62% del PBI en 2008, est√° lejos del rango de 1,5% a 3% usual en las naciones desarrolladas o en las econom√≠as emergentes de mayor crecimiento. En Finlandia y Corea dicha inversi√≥n alcanza el 3,6% del PBI.

Tampoco logra la región revertir los altos niveles de desigualdad. El 20% más rico tiene un ingreso promedio 14 veces mayor que el ingreso promedio del 20% más pobre, mientras que en países como Japón, Finlandia o Bélgica el 20% de la población perteneciente al quintil más alto tiene un ingreso promedio de entre cuatro y cinco veces el promedio del quintil más pobre. Por su parte, el índice de desigualdad en la región está por encima de 50, siendo por ejemplo 59,3 para Brasil y 44,6 para Uruguay, uno de los más bajos. En contraste, dicho índice es de 31,6 para Corea del Sur y 26,9 para Finlandia.

Por su parte, asistimos a una ‚Äútransformaci√≥n silenciosa‚ÄĚ del Estado, la cual cre√≥ un nuevo tipo de capacidades, orientadas a la ‚Äúcomoditizaci√≥n‚ÄĚ de la econom√≠a, al flujo de capitales externos, as√≠ como a la implementaci√≥n de pol√≠ticas sociales focalizadas para bajar los altos niveles de pobreza. Estas reformas inspiradas en el modelo neoliberal fortalecieron las capacidades institucionales para que los mercados funcionen, al mismo tiempo que debilitaron las capacidades estrat√©gicas de los Estados para lograr un desarrollo integrado, que apuesta a la nueva econom√≠a del conocimiento con integraci√≥n social.

Estos aprendizajes deber√≠an ser un punto de partida para iniciar un debate en Am√©rica latina sobre el rol del Estado en las estrategias de desarrollo, y debatir, como se√Īala Oscar Oszlak, sobre las fuertes tensiones no resueltas entre crecimiento, equidad y gobernabilidad, que son los tres componentes de la ecuaci√≥n capitalismo (en tanto modo de crecimiento econ√≥mico), social (en tanto modo de redistribuci√≥n equitativa del excedente) y democr√°tico (en tanto modo de gobernabilidad).

Por lo cual América latina debería generar un nuevo pacto social para lograr un crecimiento económico con equidad en democracia. Para ello sería relevante llegar a un consenso básico sobre una estrategia de desarrollo a seguir. La evidencia empírica muestra que un crecimiento basado en una economía en recursos naturales no integra. Por el contrario, la experiencia internacional muestra que los países que han basado su modelo de crecimiento en la innovación han logrado construir sociedades más igualitarias.

Sin embargo, los debates en la regi√≥n hasta el momento han sido limitados y se han centrado m√°s en la reforma administrativa del Estado (funcionarios capacitados, carreras burocr√°ticas, nuevos instrumentos de gesti√≥n, etc.), sin responder a otras preguntas centrales como: ¬Ņpara qu√© generar capacidades estatales?, ¬Ņqu√© modelo de desarrollo queremos? Asimismo, la mayor√≠a de los an√°lisis han sido m√°s bien compartimentados en segmentos sectoriales (pol√≠ticas econ√≥micas, sociales, etc.), o bien en efectos concretos positivos o negativos (crecimiento, pobreza, desigualdad).

Por lo cual se necesita un an√°lisis integrado de las pol√≠ticas p√ļblicas a desarrollar.

En consecuencia, para un mayor entendimiento del papel del Estado en la sociedad del conocimiento, hay que partir de una comprensión más sistémica del desarrollo, un papel más activo y estratégico del Estado, entendiendo la importancia de la desigualdad como límite al desarrollo para América latina y la centralidad del proceso político. En este sentido, no sólo cobra relevancia aprender de las nuevas políticas en innovación y las nuevas políticas sociales de los países de reciente industrialización, sino también de la importancia del proceso de toma de decisiones basado en la negociación y el diálogo, dado que la mayoría de las políticas se toman en contextos relativamente cerrados.

Con este foco m√°s amplio se pueden identificar los v√≠nculos entre pol√≠ticas p√ļblicas, instituciones del Estado, estrategias macroecon√≥micas y sociales y su contribuci√≥n en el fortalecimiento de un desarrollo equitativo y sostenible. Es posible realizar una lectura desde Am√©rica latina que apoya la idea de que algunos Estados est√°n experimentando con nuevos enfoques del desarrollo.

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N¬ļ 68: Derechos Humanos


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N¬ļ 69: MERCOSUR


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N¬ļ 67: Relaciones Internacionales


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N¬ļ 66: La Educaci√≥n de la Primera Infancia


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N¬ļ 65: La Universidad como derecho


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N¬ļ 64: DEUDA EXTERNA


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N¬ļ 63: reforma de la justicia


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N¬ļ 62: La Secundaria como derecho


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N¬ļ 61: CULTURA


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N¬ļ 60: Extractivismo


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N¬ļ 59: La Responsabilizaci√≥n en la gesti√≥n p√ļblica


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N¬ļ 58: Deporte y Sociedad


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N¬ļ 57: √ĀFRICA


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N¬ļ 56: ASIA


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N¬ļ 55: Econom√≠a Internacional


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N¬ļ 54: Homenaje a Aldo Ferrer


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N¬ļ 53: N¬ļ 53


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N¬ļ 52: Las deudas de la Democracia I


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N¬ļ 51: Juventud


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N¬ļ 50: Un mundo en Guerra


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N¬ļ 49: Libertad de expresi√≥n


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N¬ļ 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


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N¬ļ 47: Problemas Urbanos


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N¬ļ 46: CyMAT


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N¬ļ 45: Sexualidades


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N¬ļ 44: EE.UU. y Am√©rica Latina


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N¬ļ 43: Desarrollo y Medio Ambiente


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N¬ļ 42: DROGAS


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N¬ļ 41: Salud


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N¬ļ 40: Internet y Nuevas Tecnolog√≠as


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N¬ļ 39: Internet y Nuevas Tecnolog√≠as


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N¬ļ 38: Econom√¨a Social y Solidaria


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N¬ļ 37: econom√≠a social


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N¬ļ 36: Tercera edad


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N¬ļ 35: C√≥rdoba


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N¬ļ 34: Control Social


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N¬ļ 33: Educaci√≥n Superior


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N¬ļ 32: G√©nero


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N¬ļ 31: 30 a√Īos de democracia


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N¬ļ 30: Justicia


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N¬ļ 29: Desaf√≠os culturales


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N¬ļ 28: Econom√≠as Regionales


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N¬ļ 27: Econom√≠as Regionales


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N¬ļ 26: N¬ļ 26


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N¬ļ 25: pueblos ind√≠genas


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N¬ļ 24: Ciencia y Poder


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N¬ļ 23: pobreza II


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N¬ļ 22: Pobreza


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N¬ļ 21: Migraciones


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N¬ļ 20: AGUA


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N¬ļ 19: Integraci√≥n Regional


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N¬ļ 18: Estado II


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N¬ļ 17: Estado I


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N¬ļ 16: Industria


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N¬ļ 15: Seguridad democr√°tica


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N¬ļ 14: Reforma fiscal II


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N¬ļ 13: Reforma fiscal I


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N¬ļ 12: Agroganader√≠a


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N¬ļ 11: Crisis financiera internacional


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N¬ļ 10: Energ√≠a


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N¬ļ 9: Transporte


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N¬ļ 8: Ciencia y tecnolog√≠a


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N¬ļ 7: Salud


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N¬ļ 6: Empleo


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N¬ļ 5: H√°bitat y vivienda


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N¬ļ 4: Argentina en el mundo


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N¬ļ 3: Educaci√≥n


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N¬ļ 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix N¬ļ 17
El Estado de las cosas

Estado I

Art√≠culos de este n√ļmero

Oscar Oszlak
La capilaridad social del rol del Estado
Ernesto Gantman
Equidad distributiva y autoritarismo
Cristina Zurbriggen
Estado post-desarrollista
Alejandro M. Estevez Susana C. Esper
Estado y ciudadanía fiscal
Horacio Cao
Pol√≠ticas p√ļblicas para el desarrollo provincial
Fernando Straface
Presidencia institucional y calidad de las políticas
Guillermo Schweinheim
Innovaci√≥n en pol√≠ticas p√ļblicas y administraci√≥n del Estado para el desarrollo con equidad
Isidoro Felcman Gustavo Blutman
Nuevos modelos de gesti√≥n p√ļblica y cultura organizacional
Mercedes Iacoviello Noemí Pulido
Representatividad, participaci√≥n y pol√≠tica: nuevo foco para el viejo debate sobre la funci√≥n p√ļblica en Am√©rica latina
Diego Pando
Hacia m√°s y mejor uso de las tecnolog√≠as de informaci√≥n para fortalecer la gesti√≥n p√ļblica
Ernesto Aldo Isuani
Los desafíos de la política social
Marta Oyhanarte
Acceso a la información: derecho fundamental para un desarrollo con equidad
Enrique Peruzzotti
Estado y rendición de cuentas: el derecho a un buen Estado

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