Equidad distributiva y autoritarismo

Equidad distributiva y autoritarismo

Por Ernesto Gantman

Si bien el sentido com√ļn nos puede llevar a pensar que los reg√≠menes autoritarios son m√°s desiguales que los reg√≠menes democr√°ticos, esto no siempre es as√≠. Las pol√≠ticas econ√≥micas y sociales que se apliquen tienen un rol central en el resultado. A continuaci√≥n, un ejercicio que muestra la complejidad de esta relaci√≥n.
 
Mag√≠ster Scientiarum en Administraci√≥n P√ļblica (UBA) y Doctor de la Universidad de Buenos Aires


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Una de las funciones centrales del Estado es paliar las desigualdades existentes entre los ciudadanos o, en un contexto ut√≥pico, eliminarlas completamente. Gran parte del esfuerzo de la actividad de la burocracia estatal est√°, supuestamente, dirigido a tal efecto. El incremento del conocimiento en las llamadas policy sciences nos llevar√≠a a pensar que se han realizado avances en el sentido de consolidar sociedades m√°s equitativas, entendiendo por tales aquellas en las cuales esfuerzos personales relativamente similares son recompensados de manera similar, evitando as√≠ que el esfuerzo (trabajo) de unos tenga contraprestaciones miserables, mientras que el esfuerzo de otros sea retribuido con ingresos superlativos. Es interesante se√Īalar que, incluso en sociedades econ√≥micamente avanzadas, el patr√≥n que gobierna las relaciones esfuerzo/capacidades personales/retribuci√≥n no parece estrictamente estar regido por criterios de equidad, en la medida en que en muchos pa√≠ses desarrollados se constituyen en lo que algunos autores definen como ‚Äúwinner-take-all societies‚ÄĚ.

Por otra parte, el concepto de equidad distributiva se complementa con la noci√≥n de protecci√≥n a quienes por situaciones fuera de su control (invalidez, edad avanzada) no puedan contribuir activamente a la creaci√≥n de riqueza econ√≥mica ‚Äďprotecci√≥n que tradicionalmente se entiende como una tarea esencial del Estado, aunque en la pr√°ctica puede llevarse adelante con una importante dosis de protagonismo por parte de la sociedad civil‚Äď. La consideraci√≥n de la evoluci√≥n de la equidad distributiva excede el marco del presente trabajo, cuyo objetivo es ciertamente modesto, apuntando estrictamente a reflexionar sobre la evidencia emp√≠rica acerca de la vinculaci√≥n entre caracter√≠sticas de los reg√≠menes pol√≠ticos de los pa√≠ses y su nivel de igualdad distributiva. Cabe aclarar que utilizaremos como sin√≥nimos las t√©rminos equidad e igualdad distributiva, como suele verse en la literatura en la que las expresiones ‚Äúincome equality‚ÄĚ e ‚Äúincome fairness‚ÄĚ se usan muchas veces en forma intercambiable.

Como surge de lo expresado precedentemente, nuestra atenci√≥n al analizar el tema de la equidad se focalizar√° en los aspectos atinentes a la distribuci√≥n de los ingresos, aunque cabe se√Īalar que la abundante literatura sobre la problem√°tica de la funci√≥n social del Estado, que atiende cuestiones sobre problemas √≠ntimamente relacionados como la reducci√≥n de la pobreza, la justicia social, etc., ha desarrollado diversos indicadores que procuran captar el grado de desigualdad econ√≥mica entre los ciudadanos como la desigualdad en el patrimonio, el consumo, etc. Sin embargo, creemos que el tema fundamental de la equidad tiene que ver con la relaci√≥n esfuerzo/recompensa, que a nivel agregado se mide m√°s acertadamente a trav√©s de los indicadores sobre desigualdad del ingreso.

Siendo la equidad distributiva un valor social muy apreciado, es importante analizar qué factores contribuyen a la consolidación de sociedades más justas en materia de distribución de las recompensas económicas. En este sentido, resulta de especial interés comparar los patrones de distribución del ingreso de los ciudadanos con el tipo de régimen político.

Caracterizaremos a este √ļltimo en t√©rminos del continuo entre autoritarismo y democracia, advirtiendo por cierto que dicho continuo es inevitablemente una simplificaci√≥n te√≥rica que parte de abstracciones. Ya a mediados del siglo pasado, la ciencia pol√≠tica advert√≠a las dificultades de este ejercicio, indicando algunos autores que los casos nacionales se encontraban t√≠picamente a bastante distancia de los extremos. Evidentemente, el establecimiento de un criterio para medir el grado de autoritarismo de un gobierno (o, para el caso, el nivel de democracia) no est√° exento de controversias, que vamos a obviar a los efectos del presente trabajo. Un criterio de operacionalizaci√≥n de las caracter√≠sticas de un r√©gimen pol√≠tico bastante difundido en ciencia pol√≠tica es tomar ‚Äúdemocracia‚ÄĚ y ‚Äúautoritarismo‚ÄĚ como escalas separadas, abandonando directamente la idea de los opuestos polares. As√≠ se aplica, por ejemplo, en uno de los trabajos de elaboraci√≥n de indicadores m√°s usado con fines comparativos por los cientistas pol√≠ticos, el proyecto Polity IV.

Dejando entonces de lado dificultades de operacionalización, podemos plantear nuestras expectativas iniciales respecto de la relación entre equidad distributiva y autoritarismo. Lo primero que viene a la mente como hipótesis casi natural es la existencia de una relación inversamente proporcional entre autoritarismo y equidad: a mayor autoritarismo, menor equidad distributiva. En principio, esto se deriva de una característica básica del autoritarismo, que incluso resulta independiente de las distintas formulaciones que en teoría política se han elaborado sobre el tema. El autoritarismo es, esencialmente, una concentración de poder político, concentración que carece de las restricciones propias de un gobierno democrático. En la medida en que la concentración de poder político se traduce en concentración de poder económico a favor de la elite dominante, el nivel de desigualdad en la distribución de riqueza se incrementa. En efecto, cuando existen varias elites que compiten por el poder y se reemplazan en el ejercicio del mismo, como ocurre típicamente en un régimen democrático, el grado de concentración del poder político es menor y, presumiblemente, también lo sería el grado de concentración del poder económico.

Adem√°s, los distintos grupos que compiten por el poder se ven obligados a hacer concesiones a un n√ļmero mayor de clientelas, lo cual tambi√©n contribuye a difundir recursos econ√≥micos. Todo esto deber√≠a reflejarse en una distribuci√≥n menos ‚Äúconcentrada‚ÄĚ de la riqueza y, por lo tanto, en mayor equidad distributiva (uno de los indicadores m√°s utilizados para evaluar la distribuci√≥n del ingreso, el √ćndice de Gini, es esencialmente una medida de concentraci√≥n).

Sin embargo, puede argumentarse que la perspectiva anterior es demasiado maquiavelista. No creemos que existan autoritarismos buenos, pero la ciencia política comparada sugiere que revoluciones sociales que buscan liberar al pueblo de condiciones oprobiosas y opresivas degeneran a veces en órdenes autoritarios. En concreto, el reemplazo de un autoritarismo por otro no es una circunstancia inusual en el desarrollo de las sociedades.

Asumiendo por un momento que la autocracia reemplazante tiene gobernantes m√°s honestos y sensibles a las necesidades del pueblo que la autocracia reemplazada, se podr√≠a plantear, al menos en teor√≠a, la existencia de distintos grados de equidad distributiva con similares niveles de autocracia. Obviamente, una autocracia podr√≠a gozar de mayor legitimidad que otra. Y es necesario puntualizar que las autocracias tambi√©n buscan la legitimaci√≥n popular, de modo que pueden lograr, al menos en alg√ļn momento de su per√≠odo de gobierno, mejoras en la distribuci√≥n del ingreso. La autocracia que llev√≥ adelante el programa mejor organizado y m√°s sistem√°tico de eliminaci√≥n racial, el nazismo, tambi√©n implement√≥ una forma particular, y perversa, de Estado de bienestar dirigido a su clientela espec√≠fica, como se documenta en el reciente trabajo de Aly G√∂tz, Hitler‚Äôs Beneficiaries: Plunder, Racial War, and the Nazi Welfare State. En otro contexto y con modalidades diferentes, el fascismo italiano tambi√©n implement√≥ pol√≠ticas que procuraban mejorar la distribuci√≥n del ingreso. Por lo tanto, si bien cabr√≠a esperar la existencia de un v√≠nculo negativo entre autoritarismo y equidad distributiva, es necesario tambi√©n precisar que, dada la complejidad de las variables intervinientes en el proceso de distribuci√≥n nacional del ingreso, la idea de reducir el fen√≥meno a una simple relaci√≥n bivariable es un tanto ingenua.

Sin pretensiones de rigor acad√©mico, no obstante, lo que sigue es un mero ejercicio emp√≠rico para explorar la relaci√≥n antedicha. Se impone, naturalmente, la necesidad de un an√°lisis multivariado para abordar un problema de esta naturaleza, cuya relevancia sin embargo no podemos menos que destacar. Admitidas las limitaciones del caso, una elemental aproximaci√≥n descriptiva es un paso necesario como abordaje inicial del tema. Para ello, utilizaremos una muestra compuesta por pa√≠ses de ingresos medios o bajos o del ex bloque sovi√©tico sobre los cuales hemos obtenidos datos respecto a (1) aspectos pol√≠ticos del r√©gimen (nivel de democracia, nivel de autoritarismo y un valor conjunto que surge de la diferencia entre ambos, esto √ļltimo simplemente a los efectos de representar en una sola dimensi√≥n anal√≠tica el continuo democracia-autoritarismo) y (2) la distribuci√≥n del ingreso (√≠ndice de Gini).

Hemos optado por excluir los pa√≠ses m√°s desarrollados porque tienen reg√≠menes democr√°ticos ya consolidados y, en general, un Estado de bienestar avanzado que ha logrado asegurar un buen nivel de equidad distributiva. Los pa√≠ses considerados en el an√°lisis son los siguientes: Albania, Argentina, Armenia, Azerbaij√°n, Bangladesh, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Burkina Faso, Burundi, But√°n, Camboya, Camer√ļn, Rep√ļblica Centroafricana, Chile, China, Colombia, Congo (Rep.), Congo (Rep. Dem.), Costa Rica, Croacia, Rep√ļblica Dominicana, Ecuador, Egipto, El Salvador, Eslovaquia, Etiop√≠a, Fiji, Filipinas, Gab√≥n, Georgia, Ghana, Guatemala, Guinea, Honduras, Hungr√≠a, India, Indonesia, Ir√°n, Jordania, Kazajist√°n, Kenya, Kirguist√°n, Laos, Latvia, Liberia, Lituania, Macedonia, Madagascar, Malawi, Malasia, Mal√≠, Marruecos, Mauritania, M√©xico, Moldavia, Mongolia, Montenegro, Mozambique, Nicaragua, N√≠ger, Pakist√°n, Panam√°. Paraguay, Per√ļ, Polonia, Qatar, Rumania, Rusia, Ruanda, Senegal, Serbia, Sud√°frica, Sri Lanka, Sud√°n, Tayikist√°n, Tanzania, Tailandia, Togo, T√ļnez, Turqu√≠a, Uganda, Ucrania, Uruguay, Venezuela, Vietnam, Yemen, Zambia.

Los valores corresponden al a√Īo 2009 para todas las variables, aunque en el caso del √≠ndice de Gini para algunos pa√≠ses se tomaron los datos m√°s recientes si dicho a√Īo no estaba disponible. Esto √ļltimo no altera la validez de los resultados, ya que la serie anual de dicho indicador exhibe poca variabilidad en lapsos estrechos de tiempo. Para el √≠ndice de Gini, la fuente fue la base de World Development Indicators del Banco Mundial, disponible en http://data.worldbank.org/data-catalog/world-development-indicators, mientras que las variables sobre el r√©gimen pol√≠tico se obtuvieron de la base de datos del Proyecto Polity IV, disponible en http://www.systemicpeace.org/inscr/p4v2010.xls.

En el proyecto Polity IV, la dimensi√≥n del nivel de democracia analiza tres aspectos distintivos de los sistemas pol√≠ticos de los pa√≠ses: (a) el nivel de competitividad de la participaci√≥n pol√≠tica, (b) la apertura y competitividad en el reclutamiento y selecci√≥n de cargos ejecutivos, y (c) las restricciones sobre la discrecionalidad del poder ejecutivo. Estos componentes se combinan en un √ļnico indicador con 11 valores de 0 a 10, correspondiendo los mayores valores a un sistema pol√≠tico m√°s democr√°tico. El nivel de autoritarismo se analiza a partir de otras dimensiones. La esencia de la autocracia es la restricci√≥n del disenso y la existencia de l√≠mites a la competencia pol√≠tica. Al igual que en el caso del nivel de democracia, el concepto de competitividad pol√≠tica adquiere relevancia central, pero es analizado a partir de otros indicadores que codifican de manera diferente las caracter√≠sticas tanto del acceso a nombramientos en el poder ejecutivo como al tipo de regulaci√≥n de la actividad pol√≠tica. El resultado es un indicador de 11 valores similar al anterior. Si bien se trata de analizar caracter√≠sticas distintas en ambas escalas, suele utilizarse un indicador combinado para caracterizar al sistema pol√≠tico que surge de restar al indicador de democracia el valor correspondiente al de autoritarismo. Este indicador compuesto denominado polity2 var√≠a, en consecuencia, entre un rango de -10 (autoritarismo pleno) a 10 (democracia plena). El √≠ndice de Gini que mide la desigualdad en la distribuci√≥n del ingreso oscila entre valores de 1 (total desigualdad) y 0 (total igualdad).

Utilizar cualquiera de estos tres indicadores no altera sustancialmente los resultados del análisis descriptivo que presentamos a continuación. De hecho, tomando el índice de Pearson, la correlación simple entre los indicadores del régimen político y el índice de Gini es muy débil. En el caso de indicador de nivel de democracia es de 0,14, mientras que la correlación es ligeramente superior al tomar el nivel de autoritarismo con 0,22 y apenas del 0,18 en el caso del indicador combinado polity2. Esto demuestra que es necesario un análisis multivariado para entender cabalmente cómo el tipo de régimen político afecta la equidad distributiva. Lo que puede apreciarse claramente a partir del gráfico de dispersión que se presenta más abajo es que el nivel de desigualdad distributiva no parece asociarse claramente con las características propias del régimen político de los países.

Para facilitar la interpretaci√≥n del gr√°fico, utilizamos el indicador polity2, que permite distinguir en valores negativos a los pa√≠ses con reg√≠menes predominantemente autoritarios y en valores positivos a los pa√≠ses m√°s democr√°ticos. Vemos as√≠ que pa√≠ses con gobiernos autoritarios como Bielorrusia muestran √≠ndices de Gini bastante favorables, 0,27. Con igual nivel de autoritarismo, China tiene un √≠ndice de Gini de 0,42. En el extremo opuesto, la Rep√ļblica Sudafricana tiene una democracia con un valor de 9 en la escala del polity2 y un √≠ndice de Gini de 0,63.

Obviamente, una limitación a este análisis tiene que ver con el grado de desarrollo de los países, el cual a su vez puede relacionarse con las capacidades técnicas y operativas de los institutos nacionales de estadística que recopilan información sobre el ingreso de los ciudadanos. Concretamente, es muy posible que algunos países midan mejor su estructura de distribución del ingreso y, consecuentemente, produzcan coeficiente de Gini que reflejen más adecuadamente su realidad social en esta materia.

El autoritarismo pol√≠tico en su expresi√≥n m√°s acabada es un r√©gimen opresivo. Es concebible pensar que ello se evidencia, entre otros aspectos, en un nivel muy deficiente de equidad distributiva. En su forma m√°s extrema, la lucha contra el autoritarismo es una lucha contra la opresi√≥n y a favor de la igualdad. Las motivaciones detr√°s de las revoluciones sociales tienen tanto que ver con reivindicaciones en materia de derechos humanos y derechos civiles como con aquellas de car√°cter econ√≥mico, pero indudablemente estas √ļltimas siempre est√°n presentes. Cabe preguntarse hasta qu√© punto las tensiones propias de la conjunci√≥n entre autoritarismo y ausencia de equidad distributiva se traduce en malestar social activo y, en casos extremos, en una revoluci√≥n pol√≠tica. Aunque pa√≠ses que atravesaron recientemente situaciones de cambio pol√≠tico radical, como es el caso de Egipto, no parec√≠an estar ubicados en las posiciones m√°s desfavorables de nuestro gr√°fico.

Dicho pa√≠s ten√≠a un gobierno predominantemente autoritario (con -3 en la escala del polity2), pero una situaci√≥n m√°s bien favorable en t√©rminos de equidad social con un √≠ndice de Gini de 0,31, un valor bastante inferior a la media de nuestra muestra (0,41) y bastante cercano al valor m√≠nimo de la misma (0,26). En definitiva, esto pone de manifiesto la complejidad de la relaci√≥n existente entre el tipo de r√©gimen pol√≠tico y la distribuci√≥n del ingreso. Las particularidades de esta √ļltima est√°n determinadas por una multiplicidad de factores complejos entre los cuales la √≠ndole de las pol√≠ticas econ√≥micas y sociales tiene un rol especialmente importante. La opci√≥n de pol√≠ticas p√ļblicas en tales aspectos es amplia para cualquier gobierno, por ello la performance en materia social de los mismos puede variar no s√≥lo de acuerdo al r√©gimen pol√≠tico que los caracteriza sino de los caminos de acci√≥n que eligen.

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