Encuentros a oscuras

Encuentros a oscuras

Por Alejandro Vagnenkos

La incorporación del lenguaje audiovisual pone en cuestión la hegemonía de la cultura letrada sobre la que se asentó la escuela desde sus comienzos. En las aulas, con los alumnos y los docentes, se propone aquí pensar al cine como motor de debates y movilizador de emociones y procesos creativos, antes que como simple representación de lo real.
 
Licenciado en Ciencias de la Comunicaci√≥n Social de la UBA, diplomado en Gesti√≥n de las Instituciones Educativas de FLACSO. Realizador integral de cine y televisi√≥n. Profesor en UNAHUR. Dise√Ī√≥ y coordin√≥ los proyectos ‚ÄúArchivo F√≠lmico Pedag√≥gico, J√≥venes y Escuelas‚ÄĚ y el libro ‚ÄúPresente - Retratos de la educaci√≥n argentina‚ÄĚ para el Ministerio de Educaci√≥n de la Naci√≥n


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Una fr√≠a ma√Īana de julio, antes de comenzar una charla sobre el cine en la escuela para equipos directivos, se me acerca un hombre de aproximadamente 55 a√Īos, alto, flaco, canoso, recordaba sus gestos, me extiende la mano y se presenta: ‚Äú¬ŅC√≥mo te va, Alejandro? Soy Carlos, el dire de la escuela 21 de Recoleta (hab√≠a trabajado en ese barrio de la Capital Federal hac√≠a m√°s de diez a√Īos). ¬ŅTe acord√°s de m√≠?‚ÄĚ. Lo recordaba, un hombre muy serio, poco amable, con una visi√≥n muy estructurada de la escuela, de aquellos directores abonados a la nostalgia de un ‚Äútiempo pasado que fue mejor‚ÄĚ, poco permeable a la lectura de los textos que formaban parte de la capacitaci√≥n que participaba, y a poder pensarse de otra forma en la escuela. Intercambiamos un apret√≥n de manos y me cuenta: ‚Äú¬ŅTe acord√°s de la pel√≠cula coreana que nos hiciste ver hace unos a√Īos? (se refer√≠a a un film coreano estrenado en el 2003, llamado Camino a casa, de la directora Lee Jeong-hyang)‚ĶMe provoc√≥ mucha angustia, es m√°s, mi mujer me mand√≥ a hacer terapia‚ÄĚ, se r√≠e... ‚ÄúDespu√©s de un tiempo me di cuenta de que la angustia que me provoc√≥ esa peli ten√≠a que ver con la relaci√≥n con mi madre, una mujer que me cri√≥ en el campo como pudo. Desde que me vine hace 23 a√Īos a laburar a la ciudad, siempre me cost√≥ much√≠simo relacionarme con ella‚Ķ Cada tanto volv√≠a, pero no me pod√≠a conectar y lo hab√≠a dado por natural o mejor dicho por perdida esa relaci√≥n. Pero algo me paso despu√©s de ver la peli y el debate que se arm√≥ con los colegas, y te lo quer√≠a agradecer. Pude armar otra historia con ella en estos √ļltimos a√Īos de vida, no sab√©s lo que disfruto hoy de su compa√Ī√≠a, cada d√≠a fui recuperando el tiempo perdido y te lo debo a vos y a la pel√≠cula‚Ķ Ah, y de paso te cuento que tambi√©n pude repensar mis propias pr√°cticas en la escuela, je, je‚Ķ tambi√©n te lo debo‚ÄĚ. Fin de la historia o principio de la misma.

‚ÄúUs√°bamos‚ÄĚ (t√©rmino muy ‚Äúusado‚ÄĚ en educaci√≥n) Camino a casa para debatir el rol de la tecnolog√≠a en las aulas. A√Īo 2004, los celulares y tantos otros dispositivos tecnol√≥gicos comenzaban a formar parte de nuestra cotidianeidad y, por supuesto, de la escuela, y Camino a casa nos ayudaba a pensar en esa relaci√≥n entre generaciones. Pero a Carlos poco le import√≥ el ‚Äúuso‚ÄĚ que le intent√°bamos dar. Fue por otros caminos: modific√≥ su relaci√≥n con su madre, pero seguramente podemos inferir que tambi√©n lo hizo con los docentes que lo acompa√Īaron en su gesti√≥n y con los alumnos que iban a su escuela, o por lo menos me gusta la idea de que algo as√≠ haya sucedido‚ĶAntes de irse, me mir√≥ y dijo: ‚ÄúSiempre usaste arito vos, te queda bien‚ÄĚ. Carlos miraba diferente‚Ķ
Alain Bergala (cr√≠tico, ensayista y director de cine franc√©s), en su libro La hip√≥tesis sobre el cine, dice: ‚ÄúEn el cine, los encuentros importantes a menudo son los de las pel√≠culas que van un poco por delante de la conciencia que tenemos de nosotros mismos y de nuestra relaci√≥n con la vida. En el momento del encuentro, uno se contenta con recoger el enigma con asombro y acusar su golpe, su poder de conmoci√≥n. El tiempo de la elucidaci√≥n vendr√° despu√©s y podr√° durar veinte a√Īos, treinta, o toda una vida. La pel√≠cula trabaja en sordina, su onda de expansi√≥n se extiende lentamente‚ÄĚ. Carlos y yo sabemos que es as√≠‚Ķ

Trabajar con el lenguaje audiovisual en la escuela es una propuesta que implica correr riesgos, estar abiertos a que ocurra algo del orden de lo inesperado: desde los contenidos de los films hasta los cambios en los horarios y los m√≥dulos de las materias, pasando por la distribuci√≥n de los espacios y la decisi√≥n sobre d√≥nde mirar una pel√≠cula, la disposici√≥n de las sillas en una sala, o por la pregunta sobre qui√©nes son los docentes ‚Äúautorizados‚ÄĚ para pasar un film y c√≥mo elegimos la pel√≠cula ‚Äúapropiada‚ÄĚ para este o aquel grupo de estudiantes y qu√© hacemos con aquello que sucede (o no) cuando termina la proyecci√≥n. Tiempos, espacios y habitantes de la escuela son interpelados, y ello se convierte en una oportunidad para ampliar la experiencia escolar cotidiana.

Pensar en el cine como nuestro aliado, en la escuela como √°mbito de producci√≥n y de confrontaci√≥n de pensamiento, de debate; trabajar con aquello que nos provoca emoci√≥n. En una conferencia que dict√≥ en nuestro pa√≠s, el fil√≥sofo Philippe Meirieu se refer√≠a al trabajo espec√≠ficamente pedag√≥gico en estos t√©rminos: ‚ÄúCreo en la capacidad de conmover que tienen los relatos, esa conmoci√≥n de las personas implica poner en movimiento, no someter. Poner en movimiento es exactamente lo que significa la palabra ‚Äėemoci√≥n‚Äô. La emoci√≥n no es detener a la gente donde est√°, sino poner en movimiento a la gente para permitirle ir hacia otro lugar. La funci√≥n de conmover, de conmoci√≥n del relato, que tiene la historia tambi√©n, es lo que hace al poder emancipador de los saberes. Debemos asumir entonces ese papel de la emoci√≥n: que la emoci√≥n ponga el pensamiento en movimiento‚ÄĚ.

En un cuento de John Berger (pintor, ensayista, narrador y novelista), John encuentra a su madre sentada en una plaza de Lisboa. Ella lleva muerta m√°s de diez a√Īos‚Ķ Caminan juntos recordando im√°genes de infancia: los viajes en tranv√≠a, el cine‚Ķ La madre le pregunta si prest√≥ atenci√≥n al elevador de la torre de Santa Justa. El elevador no va realmente a ning√ļn sitio. Sube a la gente all√≠ arriba y vuelve a bajar despu√©s de haber contemplado la vista desde la plataforma: ‚ÄúPues f√≠jate, John, que las pel√≠culas hacen lo mismo, te suben a alg√ļn sitio y luego te devuelven al lugar en que estabas; por eso, entre otras cosas, llora la gente en el cine‚ÄĚ. Siguiendo a Berger podemos pensar al cine como un viaje que emprendemos, pero siempre con otros, y luego cada uno podr√° contar qu√© viaje hizo. En la cercan√≠a distante que produce, el cine nos permite sacar a pasear la mirada respecto de nosotros mismos: conversar con los fantasmas, con las propias inquietudes y preguntas, ver el propio lugar desde cierta extranjer√≠a.

Desde esta idea de “viaje “propongo partir para pensar las propuestas de incorporación del cine en la escuela secundaria, para luego crear espacios de debate con los jóvenes, frente a temas, situaciones y personajes que el cine nos devela.

1) Breve historia, personal, sobre la relación entre el sistema educativo y el cine

Entré al sistema educativo en 1970 y egresé en el 1996 como licenciado en Ciencias de la Comunicación Social. No recuerdo haber visto jamás una película en la escuela, solo dos en la universidad. Miraba bastante televisión, series y películas todos los días varias horas, iba al cine todos los fines de semana y luego, con la incorporación de la videocasetera en mi hogar, incrementé ese consumo.

Dos pel√≠culas, en 26 a√Īos dentro del denominado sistema educativo. Decenas, cientos, me atrever√≠a a decir miles de pel√≠culas por fuera, algo habr√© aprendido en ese tiempo que llamamos ‚Äútiempo libre‚ÄĚ pero, como dice la ni√Īa protagonista del film Stella (dirigido por SylvieVerheyde), ‚Äúhay algo de lo que me doy cuenta‚Ķ Quiz√° no tengo el conocimiento necesario‚Ķ Pero s√© de f√ļtbol‚Ķ s√© jugar al flipper‚Ķ s√© las reglas del billar‚Ķ s√© de naipes‚Ķ S√© qui√©n es sincero y qui√©n miente. S√© c√≥mo se hacen los ni√Īos. S√© de sexo. En lo dem√°s soy p√©sima‚ÄĚ. ‚ÄúLo dem√°s‚ÄĚ, para Stella, es lo que intentan ense√Īarle en la escuela. Pongo en duda que la cuesti√≥n haya tenido que ver solo con los aspectos tecnol√≥gicos que no estaban ‚Äúal alcance de la mano‚ÄĚ (que claramente hoy nos benefician). Me parece m√°s interesante poder discutir el ‚Äúvalor‚ÄĚ que le otorg√°bamos a todo aquello que pertenec√≠a al mundo fuera de los muros escolares y que representaba una amenaza para el formato escolar. La cultura letrada sobre la que se fund√≥ la escuela excluy√≥ durante muchos a√Īos los productos audiovisuales de la cultura de masas, acusando peligros morales para los j√≥venes e identificando amenazas para las funciones tradicionales de la escuela.

S√≠ recuerdo muy bien la primera vez que llev√© una pel√≠cula al aula. Comenc√© a dar clase en 1992, en 5¬ļ a√Īo de una escuela secundaria. Llev√© Brazil (de Terry Gilliam). La materia se llamaba ‚ÄúTeor√≠a de la comunicaci√≥n‚ÄĚ; no recuerdo los motivos precisos por los que eleg√≠ esa pel√≠cula, pero funcion√≥. Era una peli que ‚Äďcre√≠a y deseaba‚Äď iba a entretener a mis alumnos, un film ‚Äúfuturista‚ÄĚ del que luego √≠bamos a poder discutir y debatir sobre el presente, el pasado y el futuro de la sociedad, de las nuevas tecnolog√≠as del trabajo, de la est√©tica, del consumo. Me hubiera encantando tener a mano alg√ļn recurso did√°ctico; no lo ten√≠a, lo fui inventando sobre la marcha.

En el presente nadie duda de que el cine es un dispositivo √ļnico y maravilloso para trabajar con los alumnos en el aula, el tema sin lugar a dudas pasa por el ¬Ņc√≥mo? Solo debemos trabajar con films en la escuela porque la √©poca as√≠ lo determina. ‚ÄúVivimos en la era de la imagen‚ÄĚ, se escucha por all√≠; ‚Äúpasemos una pel√≠cula que eso a los pibes los entretiene‚ÄĚ; ‚Äúsi es corta mejor, sino se aburren, se dispersan‚ÄĚ. Tambi√©n: ‚ÄúHola, Alejandro, vos que sab√©s de cine‚Ķ estoy dando la cosecha del algod√≥n en Estados Unidos. ¬ŅTen√©s alguna pel√≠cula para recomendarme?‚ÄĚ. Otra profe me para en un pasillo y dice: ‚ÄúChe, ¬Ņten√©s algo de bullying?‚ÄĚ.

Varios de estos pedidos genuinos, sinceros y respetuosos me convocan a pensar c√≥mo ‚Äúusamos‚ÄĚ el cine en la escuela. El cine entendido como mera representaci√≥n de lo real: as√≠ matamos la esencia del trabajo con el cine en la escuela, antes de que ingrese al aula. Queremos pel√≠culas ‚Äúeducativas‚ÄĚ o queremos pel√≠culas que nos ayuden a educar.
Han pasado casi 35 a√Īos de mi primera experiencia con el film Brazil y sigue siendo una pel√≠cula que utilizo en distintos espacios. Como dice el gran director de cine franc√©s Jean Luc Godard: ‚ÄúSon los espectadores quienes completan los films‚ÄĚ. Luego de cada encuentro desarmo las pautas para pensar y debatir el film y armo otras nuevas.

2) Los docentes como multiplicadores

¬ŅUna instituci√≥n como la Educaci√≥n nacional puede hacerse cargo del arte (y del cine) como un bloque de alteridad? ¬ŅCorresponde a la escuela hacer este trabajo? ¬ŅEst√° bien situada para hacerlo? La escuela, tal como funciona, no est√° hecha para este trabajo, pero al mismo tiempo hoy en d√≠a es, para la gran mayor√≠a de los ni√Īos, el √ļnico lugar donde este encuentro con el arte puede producirse. As√≠, pues, est√° obligada a hacerlo, aun a riesgo de que tambaleen un poco sus h√°bitos y su mentalidad, pues para la mayor√≠a de los ni√Īos, la sociedad ya no propone m√°s que mercanc√≠as culturales de r√°pido consumo, r√°pida caducidad y socialmente obligatorias. Si el encuentro con el cine no se produce en la escuela, hay muchos ni√Īos para quienes es muy probable que no se produzca jam√°s.

Alain Bergala, La hipótesis del cine

Antes de ingresar con el cine a la escuela, debemos sin dudas comenzar por ‚Äúconvencer‚ÄĚ, ‚Äúpersuadir‚ÄĚ a los docentes. ¬ŅHay posibilidades de poder transmitir algo que no se conoce, que no se disfruta, ni en el √°mbito p√ļblico ni en el privado? La pregunta sobre el consumo cultural de los docentes es una pregunta dif√≠cil, que incomoda, pero v√°lida a la hora de pensar la utilizaci√≥n de un artefacto cultural como lo es el cine en la escuela.

Casi siempre cuando llego apagan la luz, cierran las ventanas, oscurecen la sala y me miran‚ĶComo me han ense√Īado los muy buenos amigos y amigas pedagogos y pedagogas (y no lo digo en broma), antes de pasar la pel√≠cula debemos ‚Äúenmarcarla‚ÄĚ, ‚Äújustificar‚ÄĚ de alguna forma porqu√© vamos a ‚Äútrabajar‚ÄĚ con esta pel√≠cula. Los rostros me dicen lo contrario: ‚ÄúDale, pon√© la peli, despu√©s charlamos‚ÄĚ. Intuyo que lo queremos ‚Äúenmarcar‚ÄĚ poco importa, nos piden a gritos ‚Äúdejame entrar‚ÄĚ en ese mundo que tra√©s en un VHS hace a√Īos, luego en un DVD y hoy en un pendrive. Lo intento pero no lo logro. Antes de pasar una peli me tomo mis quince minutos explicando el porqu√© de la elecci√≥n, datos del director, referencias de pel√≠culas anteriores, referencia bibliogr√°fica‚Ķ Pocos escuchan, se acomodan, se preparan unos mates, se relajan los cuerpos, pero la luz la apago yo.

Una docente de Roque P√©rez (provincia de Buenos Aires), luego ver la peli Stella, ya sobre el cierre del debate, pide la palabra y dice: ‚ÄúMe di cuenta de que, sin quererlo, humillo a varios de mis alumnos. Creo que debo cambiar mis pr√°cticas‚Ä̂Ķ Tarea cumplida.

Otro de los temas a pensar es qui√©nes son los autorizados a pasar una pel√≠cula en la escuela, como si existiera un saber ‚Äúexperto‚ÄĚ necesario a la hora de analizar un film. Lamento decir (a pesar de tener menos trabajo) que esto no es as√≠; cualquier docente que est√© dispuesto a trabajar con las emociones, las sensaciones y los humores que despierta una buena pel√≠cula habr√° triunfado en su tarea y para eso s√≠ que est√°n preparados los docentes.

Mientras escrib√≠a este art√≠culo, dando clases en una universidad para un grupo de profes que est√°n estudiando la licenciatura en educaci√≥n, cerramos la clase diez minutos pasadas las diez de la noche. Emprendo el regreso a mi hogar, veo a cuatro de ellos en el estacionamiento y me dicen: ‚ÄúProfe, nos vamos a comer una pizza y a seguir discutiendo la peli, no nos ponemos de acuerdo y la vamos a seguir ahora‚ÄĚ. Vimos juntos La gran seducci√≥n (un film canadiense del director Jean-Fran√ßois Pouliot), la discutimos, les brind√© algunas consignas para poder pensarla, logramos pocos acuerdos, la siguen en una pizzer√≠a, seguramente luego por alguna red social y el d√≠a de ma√Īana en la escuela, espero y deseo que as√≠ sea. Llego a mi casa, pasadas las once, abro correos y veo un mail de la docente que me acompa√Ī√≥ ayer con esta misma pel√≠cula en otra comisi√≥n:

Quería comentar que me pareció muy buena la clase de hoy, y muy enriquecedora la película La gran seducción. Pero quería aclarar por el foro, ya que en clase no pude terminar la idea, el tema que salió en discusión sobre el sentido de pertenencia de los estudiantes con la escuela...
Desde mi punto de vista existió un sentido de pertenencia en un pasado, en el contexto de la ley 1420. Donde el sistema educativo tenía un objetivo claro, alfabetizar a la población.
¬ŅEn ese momento, qui√©n no quer√≠a aprender a leer y a escribir?
A mi parecer, fue una estrategia clave de seducción para llevar a cabo ese sentido de pertenencia.
Entiendo, tambi√©n, que la idea de alfabetizar y universalizar un lenguaje llev√≥ a tensiones. Pero leyendo aquel contexto, con la idea sarmientina de ‚ÄúCivilizaci√≥n o Barbarie‚ÄĚ, se entiende que los pueblos al sentirse discriminados, excluidos y odiados por la sociedad, quisieron sentirse y comenzar a ser parte de la misma.
¬ŅLa escuela de hoy, seduce? ¬ŅPor qu√©? ¬ŅC√≥mo seduce/seducir√≠a? ¬ŅQu√© transformaciones se dar√≠an en una escuela donde su comunidad educativa tiene un fuerte sentido de pertenencia con ella? ¬ŅQu√© herramientas tenemos, como docentes, para llevar eso a cabo?

Me imagino que luego del debate en la pizzer√≠a se arm√≥ un grupo de profes que se replante√≥ sus pr√°cticas profesionales y organiz√≥ en la escuela un ciclo de pel√≠culas y conferencias para abordar temas que a los j√≥venes les preocupaban, y a partir del ciclo de cine entra a jugar su espacio la literatura, la novela hace su irrupci√≥n en la escuela, los alumnos consumen films y novelas, conocen el mundo a trav√©s de estas historias‚Ķ Aunque seguramente encontrar una pizzer√≠a abierta en Hurlingham a esa hora habr√° sido pr√°cticamente imposible y luego de cinco cuadras de caminar juntos, desestimaron la idea y cada uno haya seguido su camino, a la escuela ma√Īana se entra muy temprano, ‚Äúhay que madrugar‚ÄĚ dijo Luis y no dej√≥ escapar el primer bondi que vio pasar.

3) Pol√≠ticas p√ļblicas

Recibo este mail:

Deseo compartir lo que nos sucedió cuando llegó el Archivo Fílmico al cole. Al principio las películas estuvieron guardadas en su respectiva caja, pero de a poquito nos fuimos animando a utilizarlas. Mucho más cuando inicié este taller, el que me permitió charlar en la sala de profesores con los otros colegas cada una de las pelis que íbamos viendo juntos aquí.
Antes que llegara el Archivo, en las horas libres los chicos llevaban películas para ver y la propuesta fue que en lugar de ver esas pelis primero viesen y analizasen cada una de las 36.
Para una cuestión de organización habilitamos una grilla con el nombre de las pelis y columnas para cada curso en el que se hiciese una X por cada película ya vista. Esta hoja estaba guardada junto a las películas y la consigna final era que en un afiche se dejara un mensaje luego de haber trabajado con las fichas. Habilitamos para eso una pared para exponerlos. Fue sumamente enriquecedor porque en algunos casos hasta complementaban con dibujos o grafitis.

(Relato de una docente de Escobar, provincia de Buenos Aires)

En el a√Īo 2013, desde el Ministerio de Educaci√≥n de la Naci√≥n pensamos en desarrollar una pol√≠tica p√ļblica de trabajo con el lenguaje audiovisual en la escuela secundaria. En los fundamentos de la propuesta dec√≠amos: ‚ÄúPoner a disposici√≥n de la comunidad educativa pel√≠culas que permitan la emergencia de otros modos de afectaci√≥n en el espacio escolar; la posibilidad de mantener la incertidumbre ante la mirada propia y la ajena, de vivenciar otras sensibilidades, de construir colectivamente reflexiones derivadas del acto de ver con otros‚ÄĚ.

Inscribimos la propuesta en una iniciativa que llamamos ‚ÄúPrograma Im√°genes, J√≥venes y Escuelas‚ÄĚ. El fin era desarrollar el trabajo pedag√≥gico con im√°genes en las comunidades educativas del pa√≠s, y consisti√≥ en la provisi√≥n de una colecci√≥n de pel√≠culas de alta calidad narrativa, expresiva y est√©tica. El Archivo F√≠lmico Pedag√≥gico ‚ÄúJ√≥venes y Escuelas‚ÄĚ puso a disposici√≥n de las 9.000 escuelas secundarias de gesti√≥n p√ļblica dos cinematecas id√©nticas con 36 pel√≠culas cada una, la primera para uso exclusivo dentro de la escuela y la otra para que los filmes circularan entre docentes y estudiantes, a fin de que pudieran compartirlos con sus familias y amigos. Las pel√≠culas incluidas eran de 16 nacionalidades diferentes, hab√≠an sido realizadas en el per√≠odo comprendido entre 1996 y 2013 y abordaban temas y problemas presentes transversalmente en las pol√≠ticas del Ministerio de Educaci√≥n de la Naci√≥n (la ampliaci√≥n de los derechos democr√°ticos; la consideraci√≥n de j√≥venes como sujetos de derecho; la educaci√≥n sexual integral; la memoria de nuestro pasado reciente; las nuevas tecnolog√≠as; las relaciones intergeneracionales).A esta colecci√≥n se le sum√≥, en el caso de los Institutos Superiores de Formaci√≥n Docente, un kit con 5 pel√≠culas m√°s (41 en total), que abordaban espec√≠ficamente problemas del rol docente en la √©poca contempor√°nea.
Junto a las dos cinematecas distribuidas en cada escuela secundaria de gesti√≥n p√ļblica, el archivo f√≠lmico pedag√≥gico incluy√≥ la entrega de tres libros con 36 fichas de autor sobre las pel√≠culas, escritas por especialistas y personalidades del campo cultural. Estos ensayos contribuyeron a explicitar el sentido de la inclusi√≥n de cada film en la colecci√≥n, tanto en relaci√≥n con la trama did√°ctica como con el contexto de transformaciones y retos que debe afrontar la escuela contempor√°nea.

La segunda línea de trabajo del Programa Imágenes, Jóvenes y Escuelas fue el ofrecimiento de instancias complementarias de formación docente respecto de las problemáticas de la imagen y la mirada.

El 30 de noviembre del 2015 Ariel Bensayag, un docente mendocino que trabajaba en el proyecto, me reenvía:
Estimados: Comparto con ustedes el relato audiovisual de Soledad ‚Äďque est√° participando del Taller de Experiencias‚Äď sobre la llegada de Archivo F√≠lmico a la Escuela de Educaci√≥n Secundaria N¬ļ 4, Ingeniero Maschwitz, Distrito Escobar.
Es a quien le pedimos las fotografías la semana pasada, tras su relato en el foro. Decidió contarlo de este modo: https://www.youtube.com/watch? v=j-oI2xAQxxw&feature=youtu.be">https://www.youtube.com/watch? v=j-oI2xAQxxw&feature=youtu.be
Otra caricia en estos d√≠as inciertos, tras el sue√Īo y el esfuerzo realizado, cierra el mail.

El camino est√° en marcha y en construcci√≥n, una pol√≠tica p√ļblica y de alcance nacional brindar√° la posibilidad de continuar desarrollando estrategias para la incorporaci√≥n del cine en la escuela. En esta pel√≠cula la √ļltima placa negra no dice ‚Äúfin‚ÄĚ, dice ‚Äúcontinuar√°‚Ķ‚ÄĚ

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