El miedo a la vejez

El miedo a la vejez

Por Daniel L. Mingorance


 
Licenciado en Psicolog├şa, UBA. Magister en Gesti├│n de Servicios de Gerontolog├şa, U.ISALUD. Profesor e Investigador de la U. de M.M. Profesor de Aspectos Psicol├│gicos del Envejecimiento en la Maestr├şa en Gesti├│n de Servicios de Gerontolog├şa, U.ISALUD


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Una de las formas de investigar el miedo a la vejez es analizando sus aspectos sociales y subjetivos en el contexto de los estereotipos sobre la vejez y el viejismo como concepto que engloba los prejuicios hacia las personas mayores por el solo hecho de su edad cronol├│gica.

El viejismo

Definido como el conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a los adultos mayores exclusivamente en funci├│n de su edad, el viejismo (ageism) fue desarrollado inicialmente por Robert Butler en la d├ęcada de 1970.

El estudio sobre el viejismo ha sido introducido en la Argentina por el psicoanalista y geriatra Leopoldo Salvarezza, quien lo ha definido como ÔÇťel prejuicio y la discriminaci├│n consecuente que se lleva a cabo contra los viejosÔÇŁ.

Butler ha planteado que ÔÇťel viejismo, el prejuicio de un grupo contra otro, se aplica principalmente al prejuicio de la gente joven hacia la gente vieja. Subyace en el viejismo el espantoso miedo y pavor a envejecer, y por lo tanto el deseo de distanciarnos de las personas mayores que constituyen un retrato posible de nosotros mismos en el futuro. Vemos a los j├│venes temiendo a envejecer y a los viejos envidiando a la juventud. El viejismo no s├│lo disminuye la condici├│n de las personas mayores, sino la de todas las personas en su conjunto. Por ├║ltimo, por detr├ís del viejismo encontramos un narcisismo corrosivo, la incapacidad de aceptar nuestro destino futuro. Estamos enamorados de nosotros mismos j├│venesÔÇŁ.

En su trabajo Viejismo y discriminaci├│n, Thomas McGowan explica que en las culturas en las cuales este prejuicio tiene lugar, el envejecimiento avanzado es definido negativamente y se encuentra en la base de la devaluaci├│n del estatus social de las personas mayores. Este proceso de devaluaci├│n puede tomar la forma de una discriminaci├│n interpersonal (micro) o institucional (macro). Para la discriminaci├│n institucional se encuentran ejemplos en la discriminaci├│n laboral, la estereotipia en los medios de comunicaci├│n, la segregaci├│n intergeneracional, evitaci├│n de contacto y la existencia de un trato interpersonal condescendiente o abusivo.

Seg├║n su contenido, los prejuicios y estereotipos sobre el envejecimiento pueden agruparse en tres conjuntos principales:

* Contenido negativo: identifican a la vejez como una etapa de enfermedad, de soledad o involuci├│n.

* Contenido positivo o idealizante: entienden a la vejez como una edad dorada y se excluyen las p├ęrdidas naturales que acontecen en este per├şodo de la vida.

* Prejuicios confusionales: se considera que llegar a viejo es sin├│nimo de retorno a la ni├▒ez o de promover a la vejez como una eterna juventud, dificultando la comprensi├│n de las caracter├şsticas propias de la etapa.

La creencia de que las personas de edad más avanzada son sujetos incapaces de contribuir a la sociedad, y que consecuentemente son miembros prescindibles de la comunidad, prevalecen.

Estas actitudes surgen del miedo de las generaciones j├│venes a su propio envejecimiento y su rechazo a enfrentar los retos econ├│micos y sociales relacionados con el incremento de la poblaci├│n de mayor edad dentro de la estructura poblacional.

La existencia de un prejuicio activo, no basado en hechos, sino en el desconocimiento y la deformaci├│n de las potencialidades de las personas mayores en la sociedad actual, constituye el primer paso hacia la discriminaci├│n real de las personas. Esto es peor a├║n cuando la propia persona vieja los acepta y los incorpora a su visi├│n personal.

La intersecci├│n del prejuicio hacia la vejez con la modernizaci├│n trae como resultado lo que McGowan ha denominado una ÔÇťdislocaci├│n social de los viejosÔÇŁ, es decir, un proceso en el cual los roles existentes hasta el momento se pierden y el estatus social decrece como resultado de cambios en la organizaci├│n de las instituciones sociales.

La dislocaci├│n social restringe la participaci├│n de las personas mayores en el manejo de la actividad social al redefinir sus roles sociales y econ├│micos. Esto se manifiesta a trav├ęs de la discriminaci├│n existente en el mercado laboral y de la segregaci├│n por edad en las relaciones sociales. Al decrecer el acceso a las fuentes de trabajo se les niega a las personas mayores el rol de trabajador y, por consiguiente, los merecidos ingresos, beneficios personales, sociales y econ├│micos de tales roles.

El pasaje a la situaci├│n de jubilado, en la medida que implica una considerable merma en los recursos econ├│micos disponibles, no alcanza a operar como un paliativo verdaderamente digno ante la circunstancia de quedar excluido del circuito productivo y termina empujando a la situaci├│n de pobreza a un sector preocupantemente numeroso de los jubilados.

Cabe preguntarse qui├ęnes podr├şan no tener miedo a quedar en esa condici├│n en una cultura que cada vez tiene mayor adherencia a la ├ętica de la productividad y que juzga a sus integrantes en base a su rendimiento econ├│mico y su disponibilidad de recursos para el consumo.

El viejismo condiciona la existencia de distintas formas de violencias, especialmente en el ├ímbito institucional. Por ejemplo, la limitaci├│n directa o indirecta de servicios, como en el ├írea de salud, donde ciertas pr├ícticas m├ędicas no est├ín disponibles a partir de determinada edad. Los mitos sobre la vejez influyen desde la oferta de pol├şticas p├║blicas hasta su exclusi├│n de los medios de comunicaci├│n, la educaci├│n, y en la desvalorizaci├│n de su aporte a la sociedad.

El viejismo positivo, como toda idealizaci├│n, consiste en una generalizaci├│n abusiva que impide el conocimiento de las reales caracter├şsticas interindividuales de los sujetos viejos. Se basa en una visi├│n ben├ęvola o indulgente de sus capacidades y tiende a sobrevalorar los aspectos virtuosos que s├ş poseen algunos sujetos y lo generaliza a todos los integrantes de este grupo de edad. Los estereotipos que m├ís com├║nmente forman esta clase de prejuicio son aquellos que atribuyen sabidur├şa y una ganancia de provechosa capitalizaci├│n de la experiencia por la sola acumulaci├│n de a├▒os por parte de las personas a medida que envejecen.

Evoluci├│n hist├│rica del viejismo

Desde los albores de la especie humana las condiciones de vida han sido m├ís desfavorables para aquellos que no fueron los m├ís aptos para desenvolverse en un medio adverso. Siguiendo una matriz darwiniana, en per├şodos en los cuales el acceso a los alimentos y el abrigo fueron m├ís limitados, el destino de la especie se inclin├│ r├ípidamente hacia la supervivencia del m├ís fuerte. En ├ępocas de escasez, la provisi├│n y el cuidado a los d├ębiles, incluidos los ancianos, fue una carga. En cambio, en los per├şodos de abundancia y en las sociedades que tuvieron mayor grado de organizaci├│n, la protecci├│n de los mayores fue m├ís extendida.

La orientaci├│n de la investigaci├│n sobre el origen hist├│rico de los prejuicios hacia los mayores fue desarrollada por Konrad Lorentz en su trabajo sobre la presencia de componentes etol├│gicos en la enemistad entre generaciones. La misma tiene mucho en com├║n con la que puede observarse entre dos grupos ├ętnicos hostiles.

La diferenciaci├│n cultural que se encuentra entre diferentes grupos ├ętnicos es un proceso normal e incluso deseable, debido a que cierto grado de aislamiento respecto de los grupos vecinos puede funcionar como una ventaja para el desarrollo cultural. Sin embargo, posee un aspecto negativo muy peligroso: puede ser causa de guerra. Lorentz escrib├şa en 1972: ÔÇťLa cohesi├│n de grupo efectuada por la estima com├║n hacia normas sociales y ritos espec├şficos del grupo se halla combinada inseparablemente con el desprecio e incluso el odio hacia el grupo rival comparableÔÇŁ. Si la divergencia del desarrollo cultural entre dos grupos ha ido demasiado lejos, conduce a la horrible consecuencia de que uno de los mismos no considere al otro como del todo humano.

Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, con el nacimiento de la sociedad de mercado burguesa, los mayores perdieron los roles econ├│micos tradicionales, a partir de ello se sentaron las bases materiales para su devaluaci├│n social y cultural.

A partir de ese momento, la caracterizaci├│n cultural que se hac├şa de las personas viejas cambi├│ de favorable a desfavorable. La extensi├│n de las actitudes viejistas coincide con la r├ípida expansi├│n industrial y econ├│mica y favoreci├│ a los intereses de los propietarios de los medios de producci├│n interesados en tener una fuerza de trabajo maleable constituida por trabajadores j├│venes mal pagos. La emergencia de actitudes contra las personas mayores fue de naturaleza ideol├│gica para legitimar la discriminaci├│n en el mercado laboral.

En los inicios de la gerontolog├şa se consider├│ al envejecimiento como un problema social, no porque las personas mayores fueran discriminadas, sino porque este sector aparec├şa demandando de manera creciente a la sociedad y a los gobiernos el cuidado de su salud, alojamiento y otros servicios sociales, al mismo tiempo que crec├şa la competencia intergeneracional en el campo laboral. La poblaci├│n vieja era un problema porque demandaba recursos y la provisi├│n de servicios en un amplio espectro de la sociedad, algunos de ellos indeseables para aquellos que estaban en condiciones de controlar el poder.

Viejismo impl├şcito

Muchas de las manifestaciones del prejuicio contra las personas viejas no son conscientes o no son reconocidas como expresiones del mismo por sus portadores. En las personas que se presenta de esta forma, el prejuicio suele estar mucho m├ís tenazmente defendido, a diferencia de los dem├ís prejuicios en los cuales no hay nada que temer porque no es posible que cambie el color de su piel, ni es probable que cambie de sexo si as├ş no lo desea. En el caso del viejismo, si el tiempo transcurre, como planteaba Salvarezza, ÔÇťtodos los prejuiciosos llegar├ín a ser v├şctimas de su propio prejuicioÔÇŁ. Por el hecho de desconocerlo no dejar├ín de tener un severo y negativo efecto para su salud.

Esta modalidad del prejuicio lleva a los integrantes de las generaciones j├│venes a ver a las personas viejas como diferentes a s├ş mismos, a desconocerlos como seres humanos con igualdad de derechos, y dificulta el adecuado proceso identificatorio que les permitir├şa llegar sin temores a esa etapa de su vida.

Según las investigadoras Becca Levy y Mahzarin Banaji, deben señalarse dos aspectos que hacen más insidiosos los efectos del viejismo.

El primero es que puede operar sin ser advertido, controlado y sin la intenci├│n de provocar da├▒o de manera consciente. El viejismo tiende a ser naturalizado.

El segundo aspecto es que todos los seres humanos, en diferentes grados, se encuentran implicados en la pr├íctica del viejismo impl├şcito. Los procesos y comportamientos mentales que demuestran sensibilidad por la edad se producen autom├íticamente en los pensamientos cotidianos, sentimientos, juzgamientos y decisiones de la gente com├║n.

Los acad├ęmicos que estudian el envejecimiento deben mantenerse alerta sobre las formas en que sus propias creencias y suposiciones acerca del proceso de envejecimiento gu├şan cada una de las etapas de investigaci├│n, desde la generaci├│n de hip├│tesis hasta la interpretaci├│n de resultados.

Los estereotipos adjudicados a las personas que han llegado a la vejez producen un sinn├║mero de efectos sobre el desempe├▒o en las actividades cotidianas y sobre el nivel de autoestima de la persona.

Por ejemplo, en investigaciones sobre el funcionamiento de la memoria, la influencia de los estereotipos hacia el envejecimiento fue hallada en los m├ís viejos, pero no en los participantes j├│venes. Esto suele traer como consecuencia que las personas mayores desconf├şen de su capacidad mn├ęmica y se inclinen por desentenderse de tareas que impliquen alg├║n esfuerzo que la incluya. En algunos casos, ocasiona que cesan en el desarrollo de estrategias para optimizar su capacidad cognitiva. Puede generarse una expectativa ansiosa de que los otros detecten sus fallos de memoria. Esta misma expectativa produce una divisi├│n en la concentraci├│n de su funci├│n atencional y, justamente, trae como consecuencia el cumplimiento del fallo mn├ęmico tan temido.

Constituci├│n personal del viejismo

Los prejuicios o estereotipos se conforman en los seres humanos a partir de aportes proporcionados por un diverso y complejo arco de elementos. Algunos son generados desde los medios de comunicaci├│n, las pol├şticas p├║blicas, el sistema educativo, por supuesto, la transmisi├│n intergeneracional.

Los prejuicios contra la vejez, como otros prejuicios o creencias, son adquiridos en etapas infantiles a trav├ęs del proceso identificatorio y luego se van asentando en la personalidad mediante su racionalizaci├│n a lo largo de la vida. La identificaci├│n con las conductas, pensamientos u otros significantes prejuiciosos es incorporada al n├║cleo primitivo del desarrollo de la identidad, se asimila en sinton├şa al yo del sujeto. Debido a ello, no forma parte del pensamiento racional, ni es sometido a revisi├│n cr├ştica. Se restringe a generar una respuesta emocional directa ante la presencia del est├şmulo que la dispara.

El origen de este proceso identificatorio pasa a ser reprimido en el inconsciente y a los sujetos impregnados de prejuicios les resulta dif├şcil o imposible reconocer el alto grado de determinaci├│n que tiene sobre sus pensamientos o acciones.

Profec├şa autogenerada

Los estereotipos tienden a operar para protegerse o proteger al propio grupo. Los prejuicios contrarios al envejecimiento protegen a aquellos que no son viejos. Las personas jóvenes son las beneficiarias de los estereotipos negativos del envejecimiento y, en la medida que reflejan las necesidades de los miembros más jóvenes de la sociedad, les permiten permanecer de ese modo hasta llegar a la vejez.

La continuidad de la exposici├│n y la activa reproducci├│n durante largo tiempo de los estereotipos contra la vejez tiende a caer sobre los propios actores que, pasados los a├▒os, inevitablemente envejecen. Consecuentemente pasan a verse incluidos dentro del grupo de edad que ellos mismos apreciaban de manera negativa. Se observa entonces el cumplimiento de una profec├şa autogenerada.

Salvarezza señalaba en 1987 que en la medida que la conducta viejista resulta eficaz en su propósito discriminatorio contra los mayores, al mismo tiempo reniega el aspecto autodestructivo que tiene sobre el mismo sujeto. Este efecto aparecerá a posteriori y muchas veces sin que sea entendida la relación existente entre el padecimiento de ese momento y la propia actitud discriminatoria.

La conducta social que consiste en la discriminaci├│n de las personas viejas es el resultado de la masiva proyecci├│n sobre ellas de la intensa angustia persecutoria generada por el propio envejecimiento personal.

Recomendaciones para la reducci├│n de prejuicios

Para la reducci├│n de los prejuicios hacia la vejez y el miedo asociado a esta etapa vital existen diversas estrategias no excluyentes entre s├ş.

La exposici├│n a estereotipos positivos sobre las personas mayores podr├şa ser beneficiosa y limitar los estereotipos negativos. El estudio de la historia de la humanidad muestra que la reducci├│n de la discriminaci├│n se ha alcanzado a trav├ęs del reconocimiento social y la acci├│n pol├ştica. Las mejoras en los derechos civiles de diversos grupos aminorados como las poblaciones afroamericanas y los movimientos feministas fueron lideradas mayormente por miembros de los propios grupos marginados.

En el caso que estamos estudiando, seg├║n lo encontrado por Levy y Banaji, la tarea puede ser m├ís dif├şcil de cumplir porque, a diferencia de otros grupos, los viejos no son sus mejores abogados. Al menos con respecto a sus actitudes y estereotipos impl├şcitos.
Para la modificaci├│n del actual estado de situaci├│n se sugiere que las personas mayores deber├şan ser conscientes de las visiones negativas hacia su grupo dentro de la sociedad y desarrollar conscientemente una identidad de la vejez y de sus atributos positivos, utiliz├índolos para compensar los efectos generadores de debilidad que ocasiona el viejismo impl├şcito.

Resulta auspicioso apreciar un proceso de transici├│n existente en distintas ├íreas de nuestra sociedad que, en buena medida a partir de los baby boomers, ha podido cambiar los modelos que se hab├şan transmitido desde las generaciones anteriores en las cuales el modelo deficitario era predominante.

Los programas sociales intergeneracionales buscan el beneficio mutuo en la experiencia de contacto entre los mayores y los no-viejos tratando de involucrarlos directamente. Estos programas no solamente sirven para combatir las actitudes negativas sino tambi├ęn para recolocar a los viejos en roles sociales significativos. Esto provee a los m├ís j├│venes de la oportunidad de una experiencia de contacto intergeneracional que los ayuda a la pr├íctica de la interacci├│n con mayores y a desarrollar su conocimiento sobre el envejecimiento.

Con respecto a las situaciones de abuso y maltrato, tanto a nivel micro como sobre todo a nivel macro, es decir desde las grandes instituciones de la sociedad, en la medida que tengan la sanción correspondiente con la consecuente modificación hacia prácticas de buen trato, el devenir en una persona vieja podrá dejar de vislumbrarse como una situación temida.

Como ya se ha mencionado, tanto los portadores de los prejuicios contra la vejez de otros grupos de edad como las propias personas viejas no suelen ser conscientes de la eficacia de los estereotipos en sus actitudes. Desde la perspectiva psicoanal├ştica, en la medida que estos prejuicios no son gobernados por los procesos que rigen el funcionamiento consciente, los mismos no pueden ser considerados de manera cr├ştica. El pensamiento cr├ştico depende del proceso secundario que determina la l├│gica existente en los sectores Preconsciente y Consciente del sujeto. Los prejuicios son reprimidos hacia el Inconsciente y s├│lo en la medida que las creencias se vuelvan conscientes podr├ín ser abandonadas o modificadas.

El abandono de las creencias que tenemos sobre la vejez implica un duelo y no todos los sujetos están en condiciones de hacerlo. El duelo que se hace necesario implica la aceptación de nuestro propio proceso de envejecimiento.

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