Ejes articuladores en el campo de la salud

Ejes articuladores en el campo de la salud

Por Mario Testa

Una entrevista apasionante con uno de los principales pensadores de nuestro país. Reflexiones sobre el campo de la salud, pero también sobre la inseguridad como tema de la agenda sanitaria, sobre la organización de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto, y hasta el tiempo y el sentido de la vida. De lo particular a lo general, ida y vuelta en una charla profunda sin desperdicios.

Entrevista realizada y compartida por IDEPSALUD - ATEARGENTINA por medios electrónicos en noviembre de 2013 y publicada en la sección LABRADORES DE LA SALUD POPULAR de www.atesociosanitario.com.ar

 
M√©dico. Ex Decano de la Facultad de Medicina. Especialista en Pensamiento y Planificaci√≥n Estrat√©gica en Salud. Docente del Departamento de Salud Colectiva y Profesor Titular de la Maestr√≠a en Epidemiolog√≠a, Gesti√≥n y Pol√≠ticas de Salud de la Universidad Nacional de Lan√ļs. Doctor Honoris Causa por la Universidad Federal de Bah√≠a, Brasil. Distinguido por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires como Personalidad Destacada de la Ciencia.


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1. Buenas y malas preguntas

Me parece que uno de los principales problemas que enfrenta el campo de la salud es que la tem√°tica general de la salud no est√° en la agenda del Estado (ni del nacional ni de la provincia de Buenos Aires, ni de la CABA, y tampoco de los otros Estados provinciales).

Y eso no es s√≥lo responsabilidad de los respectivos gobiernos (aunque tienen mucho que ver con eso) sino tambi√©n de todos/as nosotros/as, que no hemos sabido o no hemos podido (y en algunos casos tal vez no hemos querido) hacernos cargo del asunto. Voy a desglosar la cuesti√≥n. ‚ÄúNo hemos sabido‚ÄĚ quiere decir que muchos de nosotros ignoramos cu√°l es la manera como se logra introducir un tema en la agenda del Estado. Creer que eso es una decisi√≥n del gobierno es equivocarse fiero respecto del qui√©n, el c√≥mo, el cu√°ndo y el porqu√©. Algo dije en mi art√≠culo ‚ÄúDecidir en salud‚ÄĚ publicado en < i>Salud Colectiva. Repito la an√©cdota de Roosevelt cuando una delegaci√≥n de la AFL-CIO fue a pedirle que tomara una determinada medida y les respondi√≥: ¬°obl√≠guenme! Hay toda una concepci√≥n acerca de la sociedad, el gobierno y la pol√≠tica detr√°s de esa respuesta.

‚ÄúNo hemos podido‚ÄĚ quiere decir que no logramos crear las condiciones para hacer posible ingresar un tema en la agenda del Estado. Y la condici√≥n (necesaria y suficiente dec√≠amos en otra √©poca) es que estemos constituidos como sujetos sociales (en mi definici√≥n sujeto social es el que adquiere la capacidad de incorporar un tema en la dichosa agenda, lo que no significa que ese tema se apruebe tal como lo proponemos ‚Äúnosotros‚ÄĚ, quienquiera que ese nosotros signifique).

De manera que aqu√≠ la ‚Äúbuena pregunta‚ÄĚ es: ¬Ņc√≥mo se constituye un sujeto social? Algo acerca de esto he escrito en alguno de mis trabajos que tratan el tema del sujeto. Pero la clave fundamental es que no existe ninguna posibilidad de constituci√≥n de sujetos transformadores sin la existencia de contradicciones y conflictos que se resuelven utiliz√°ndolas creativamente, como lo demuestran las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

‚ÄúNo hemos querido‚ÄĚ es una autoacusaci√≥n de que transamos la defensa de la salud por otros intereses que en alg√ļn momento juzgamos prioritarios. Y me parece que este ‚Äúmotivo porque‚ÄĚ es el que ha intervenido para que el tema salud no se encuentre en la agenda del Estado nacional, desplazado por intereses de tipo pol√≠tico.
En los otros casos (provincias y CABA) habría que hilar más fino ya que puede haber una multiplicidad de motivos para explicar cada situación particular.

En cuanto a la coyuntura hist√≥rica, me parece que estamos realmente en una situaci√≥n excepcional, no porque enfrentemos un cambio estructural (en el sentido de un cambio revolucionario en la estructura de clases de nuestra naci√≥n ‚Äďla desaparici√≥n de la burgues√≠a y el triunfo del proletariado‚Äď para decirlo en t√©rminos un tanto cl√°sicos y no menos obsoletos) sino porque hemos comenzado a formularnos las preguntas pertinentes a los problemas del desarrollo en lugar de atenernos a la inopia y el aburrimiento del pensamiento √ļnico.

Las preguntas que nos estamos formulando (algunas/os de nosotras/os) son las mismas que quienes fueron mis maestros/as en estos temas nos propon√≠an muchos a√Īos atr√°s (algo as√≠ como 50): ¬ŅKeynes o Friedman? ¬ŅOferta o demanda? ¬ŅMercado interno o externo? ¬ŅPresidente del Banco Central o ministro de Econom√≠a? ¬ŅUso de reservas para pago de deuda externa e inversiones productivas o acumulaci√≥n para mantener el valor de la moneda? ¬ŅPa√≠ses desarrollados o integraci√≥n latinoamericana? ¬ŅFinanciamiento externo o vivir con lo nuestro? ¬ŅImpuestos directos o indirectos? ¬ŅPara qui√©nes desarrollo?

Todas estas preguntas y muchas otras de este tenor están hoy en la primera página de los diarios y habrá que agregar más que en aquella época ni siquiera se nos ocurrían pero que han tomado una fuerza, producto de las luchas de muchas y muchos: la inclusión de los excluidos, la igualdad de género, los derechos de todo tipo, comenzando con los derechos humanos, en que nuestro país ha tomado una posición que nos honra.
Las transformaciones culturales impensables unos pocos a√Īos atr√°s: es casi incre√≠ble pero ha renacido la noci√≥n de Patria, no como le gusta a la Sociedad Rural, sino como lo expres√≥ el pueblo en la calle durante el fenomenal festejo del Bicentenario, donde no me averg√ľenza decir que acompa√Ī√© cantando la Marcha de San Lorenzo con l√°grimas en los ojos.

Todo esto me lleva a una conclusi√≥n que no todos comparten, ni much√≠simo menos: creo que los tres √ļltimos gobiernos nacionales (el de N√©stor y los dos de Cristina) son los mejores de nuestra historia. Y esto nos lleva a la buena pregunta: ¬Ņc√≥mo seguimos y profundizamos?

2. El campo problem√°tico de la salud

Creo que en mis trabajos he dado respuestas (siempre parciales) a estas cuestiones acerca de espacio, tiempo y poder, que voy a intentar sintetizar aquí.

En primer lugar, creo que estas tres categorías son lo que yo llamo categorías analíticas, es decir, aquellas que son aptas para explicar lo que ocurre en la realidad y que surgen de un proceso de abstracción a partir de la observación de esa realidad (algo así como reconocer que lo que significan esos términos existe sin que yo me tome la molestia de pensarlos, están ahí, aunque en el caso actual eso es más perceptible con las dos primeras que con la tercera).

El espacio es una de las categor√≠as b√°sicas de la epidemiolog√≠a, como nos lo demostr√≥ John Snow hace m√°s de 150 a√Īos en su muy famoso estudio sobre la epidemia de c√≥lera en Londres. Pero prefiero plantearlo refiri√©ndome a una fotograf√≠a de la NASA sobre el cielo nocturno. En esa foto se ve todo el mundo de noche (como es obvio es una composici√≥n ya que nunca es de noche simult√°neamente en todo el mundo) y lo que se ve son las enormes diferencias de iluminaci√≥n en distintas partes del vasto mundo. Y esto me record√≥ que en las clases de geograf√≠a econ√≥mica que curs√© alguna vez, la docente (una francesa de muy bien ver pero no tan buen oler, creo recordar) explicaba la diferencia que exist√≠a (y existe) entre inversores residentes y no residentes, ya que los primeros pretend√≠an que las ganancias que generaban fueran reinvertidas (en parte al menos) en el lugar donde resid√≠an ya que eso mejoraba su calidad de vida. En cambio en las zonas productivas con empresarios ausentes, la imagen era la evidencia de que eso no ocurr√≠a. Cualquier reflexi√≥n sobre nuestro territorio da para ponerse a llorar.

El otro aspecto del espacio es el que se refiere a las econom√≠as regionales, cuya consideraci√≥n es, tal vez, la √ļnica manera de revertir el fen√≥meno de la cabeza de Goliat, que asola a los pa√≠ses de nuestro continente como lo puede confirmar la foto mencionada ut supra. Y una an√©cdota para se√Īalar c√≥mo a veces erramos fiero el trancazo: cuando Per√≥n nacionaliz√≥ los ferrocarriles, hasta entonces en manos de los ingleses, el interventor ‚Äďmilitar‚Äď nombrado al frente de la nueva administraci√≥n orden√≥ destruir los registros donde constaba el origen y destino geogr√°fico y la cantidad de cada bien que se transportaba por esa v√≠a, con el argumento de que eso era de inter√©s para los ingleses pero no para los argentinos, con lo que se perdi√≥ la posibilidad de construir una matriz de insumo producto interregional que es un instrumento clave para una mejor distribuci√≥n de la producci√≥n en el territorio.

En cuanto al espacio en relaci√≥n con la salud, es de sobra conocida la desigualdad existente tanto en las condiciones en que se desenvuelven los problemas (la distribuci√≥n espacial de las enfermedades, que se refleja en los mapas epidemiol√≥gicos como el producido por un equipo del Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lan√ļs para todo el pa√≠s) como en la distribuci√≥n de los recursos (lo cual es en parte necesario, siempre que se conforme como un sistema de salud, con niveles de complejidad, referencia y contrarreferencia y todas las condiciones que los sanitaristas conocen a la perfecci√≥n pero que es raro ver funcionando como debiera). Y de nuevo una digresi√≥n para se√Īalar que en muchas ocasiones se producen errores interpretativos por desconocimiento de los determinantes y condicionantes de los problemas, que con frecuencia se expresa por la inversi√≥n de las variables dependientes e independientes (para decirlo en t√©rminos tradicionales).

Ejemplo: a las mujeres en las zonas rurales perif√©ricas ¬Ņse les mueren muchos hijos porque tienen muchos hijos o tienen muchos hijos porque se les mueren muchos hijos? Si se piensa que en esas zonas los hijos numerosos son fuerza de trabajo, la respuesta surge por s√≠ sola, contraria a lo que piensa la gente ‚Äúbienpensante‚ÄĚ (o sea de derecha).

El tiempo es, junto con el espacio, la otra característica apriorística (en mi nomenclatura analítica) kantiana que abre la posibilidad de la explicación a los fenómenos de la sociedad. Pero hay que diferenciar: los tiempos técnicos no son analíticos sino operativos y pueden ser (de hecho lo han sido) considerados mediante algoritmos altamente formalizados (programas PERT, CPM y otros), lo que quiere decir que esos tiempos deben ser respetados para lograr que se alcancen los objetivos planteados. Estos tiempos técnicos se basan en lo que se tarda en hacer alguna cosa definida, y son los que están implicados en lo que llamo lógica de programación, a la que dedico la segunda parte de mi libro Pensamiento estratégico y lógica de programación.

En cuanto a los tiempos políticos, son los que corresponden a las categorías analíticas y, en consecuencia, a las relaciones estratégicas del campo de salud (y de cualquier otro); relaciones que crean o destruyen poder entre los distintos grupos que lo disputan.

Pero aquí hay que diferenciar los plazos en que ejercen su acción las propuestas que se formulan o se ejecutan, ya que no es lo mismo (no genera el mismo efecto) el anuncio de una medida que su ejecución y puesta en marcha.

Creo que los tiempos políticos son otra fuente de errores cuando no se entiende el dinamismo que implican (se toma la película como fotografía), lo que lleva a calificar como voluntaristas ciertas acciones porque no es posible realizarlas ahora, pero eso no significa que no sea posible realizarlas después, una vez creadas las famosas condiciones necesarias para ello. De eso se trata la política. En la tercera parte de mi Pensamiento estratégico y lógica de programación incluyo una reflexión más extensa sobre el voluntarismo.

En cuanto al poder debo reconocer que es la idea más importante de toda mi obra, desde que la identifiqué como la categoría analítica central de mi pensamiento. Y esto amerita alguna consideración, en cuanto al proceso que lleva a identificarla. Digo que esto ocurre como una iluminación, es decir, como algo que se aparece no en base a un razonamiento lógico (deductivo, inductivo o abductivo) sino como una revelación (a la manera pascaliana de la revelación religiosa) que ilumina interpretativamente un campo de conocimiento (el ¡eureka! de Arquímedes). Es decir, no hay algoritmo para la identificación de las categorías analíticas. Pero una vez recibido este regalo de los dioses comienza el pensamiento a desarrollar sus consecuencias.

Sintetizo: definición de política (en mi caso a través de un proceso abductivo): si Pinochet hace extensión de cobertura y Fidel Castro también, la Organización Mundial de la Salud no puede definir la extensión de cobertura como una política. Algo anda mal. Entonces utilizo el saber recién adquirido y defino política como propuesta de distribución de poder.

A su vez, poder lo trato seg√ļn diferentes puntos de vista para extraer todas las posibles consecuencias de su utilizaci√≥n: mirarlo como capacidad, como relaci√≥n, como cotidiano, como hist√≥rico, como individual o como societal, como de corto, mediano o largo plazo, es decir, en su relaci√≥n con el tiempo, como institucional o extrainstitucional, como central o perif√©rico, como saber o como pr√°ctica y muchos etc√©teras.

Muchas de estas consideraciones se encuentran explicitadas en la primera parte de mi Pensamiento estratégico y lógica de programación.

Para resumir, diría que el espacio del campo de la salud y los tiempos técnicos de sus procesos generan el significado del campo (lo que se puede hacer con él, diría Piaget), en tanto que los tiempos políticos son constructores de sentido a través del manejo del poder. La forma explícita de su articulación se encuentra en los diagnósticos de salud, en especial la síntesis diagnóstica en la tercera parte de mi libro reiteradamente citado.

3. ¬ŅQui√©n, c√≥mo, por qu√© y para qu√© nos organizamos?

La pregunta que me hicieron es si tienen vigencia hoy estas preguntas. La voy a entender como una pregunta retórica, ya que la respuesta es obvia. Por supuesto que tienen vigencia, pero voy a abundar en la misma ya que para eso se hacen las preguntas retóricas.

En alguno de mis trabajos hablo del sujeto organizado o caótico y su presencia en varios niveles de la vida social: el individual, el comunitario, el institucional, el político y el estatal. Las preguntas iniciales se aplican de manera selectiva a cada uno de esos niveles, es decir que el quién, el cómo, el porqué y el para qué difieren en cada caso.

El organizador del individuo es √©l mismo, a trav√©s del uso positivo de sus propias contradicciones y conflictos (este tema est√° tratado en mi libro Saber en salud), el porqu√© y el para qu√© habr√° que revisar a Freud, pero supongo que alcanza con mencionar la pulsi√≥n er√≥tica y el intento de escapar a la neurosis y la psicosis (el bombardeo camuflado con vapores de consumo e indiferencia). Pero como referencia personal puedo recordar mi ‚Äúmotivo porque‚ÄĚ en las reuniones en casa de mis abuelos paternos los domingos despu√©s de los ravioles, cuando mi pap√° y mis t√≠os varones (las mujeres no hac√≠an esas cosas, lavaban los platos) jugaban a las cartas (calabrecela, tresiete, cinqu√≠n) y despu√©s cantaban ‚ÄúLa Internacional‚ÄĚ o ‚ÄúHijo del Pueblo‚ÄĚ (no asustarse, eran socialistas de Am√©rico Ghioldi) y terminaban diciendo que en tal o cual oportunidad no se hab√≠a podido hacer la revoluci√≥n porque no estaban dadas las condiciones.

Desde entonces las estoy buscando. En el siguiente nivel, mejor expresado como masa que comunidad, el organizador viene de afuera. En el libro Per√≥n o muerte, de Eliseo Ver√≥n (defensor de Clar√≠n, ¬°o tempora, o mores!) y Silvia Sigal, los autores hacen un sesudo an√°lisis de los discursos de Per√≥n y se√Īalan que era el que ven√≠a de afuera (primero del Ej√©rcito, despu√©s de Espa√Īa) para organizar a las masas que iban a conformar su base de apoyo, el resto (¬Ņc√≥mo?) es historia conocida.

Para las instituciones creo que la mejor identificaci√≥n del elemento organizador (yo diferencio instituci√≥n de organizaci√≥n, en uno de mis trabajos hablo de instituciones con ‚Äúalma‚ÄĚ) es la que hace Ren√© Lourau en El an√°lisis institucional, donde llama analizador a alguien de la instituci√≥n que la desaf√≠a mediante una cr√≠tica que la provoca y la obliga a hablar de s√≠ misma, y a partir de all√≠ se transforma.

Cuando una instituci√≥n se transforma en una organizaci√≥n (con el compromiso y la responsabilidad que implica) entonces adquiere plenamente lo que se ha dado en llamar ‚Äúcalidad institucional‚ÄĚ, tan tra√≠da y llevada en nuestro pa√≠s en estos tiempos, sin especificar nunca de qu√© se trata la tal calidad.

Por fin, en los dos √ļltimos niveles, pol√≠tica y Estado, no existen organizadores internos, externos o analizadores, sino que el paso del votante al militante, o del ciudadano al decisor, requiere el paso previo en algunos de los otros niveles.

Vuelvo a insistir: no hay procesos transformadores sin sujetos organizados en todos los niveles mencionados.

4. La inseguridad como tema de la agenda sanitaria

En su libro A√Īo 1000, a√Īo 2000. La huella de nuestros miedos, Georges Duby nos cuenta que a lo largo de esos diez siglos algunos de nuestros miedos han permanecido intactos. Cita la miseria, el miedo al otro, el miedo a las epidemias, el miedo a la violencia y el miedo al m√°s all√° como los que permanecen hoy como ayer, aunque con algunas caracter√≠sticas cambiadas. Tal vez sea redundante hablar al mismo tiempo de epidemias y violencia, ya que esta puede ser considerada dentro de aquellas siendo un fen√≥meno mundial, por lo que puede ser considerada una pandemia prolongada en el tiempo. Por lo tanto la seguridad, esto es la prevenci√≥n de la violencia en cualquiera de sus formas, es un tema de salud, s√≥lo que no siempre forma parte de la agenda sanitaria. De modo que, volviendo al principio, la buena pregunta en este momento es: ¬Ņc√≥mo se construye la agenda sanitaria? Pero antes de intentar responder a esa pregunta es menester aclarar el tema de agenda, cosa que ya hemos hecho, en parte. La insistencia se corresponde con enfatizar todo lo posible la enorme e insoslayable importancia de esta cuesti√≥n, ya que puede afirmarse sin temor a la equivocaci√≥n (por otra parte me he equivocado tantas veces en mi vida que ya no me preocupo por eso) que si un tema no est√° en la agenda no existe. Bueno, en realidad s√≠ existe pero no tiene importancia.

Creo que la respuesta está contenida en la segunda pregunta formulada en el punto 4 de los ejes articuladores, es decir, en los aportes que puede hacer el pensamiento estratégico en esa materia, ya que es mediante el mismo como se puede afrontar la cuestión de la constitución de los sujetos sociales y son estos los que introducirán el tema en la agenda de debate del Estado que corresponde. Pienso que las soluciones a los tipos de violencia mencionados (estructural, simbólica, institucional, cotidiana) son de muy diversa índole ya que van desde la modificación de la estratificación social, pasando por el cambio cultural (estético, ético, religioso, ideológico, comunicativo, legislativo), la organización de las instituciones (como se describe más arriba) y la modificación de comportamientos individuales.

Nada de esto es sencillo, como lo muestran los sucesivos fracasos de las propuestas que periódicamente surgen en todos estos terrenos.

Pero no todo est√° perdido, porque en todos estos terrenos se han logrado avances, temporarios a veces, m√°s duraderos en otros casos, como se puede verificar en las batallas de g√©nero protagonizadas por las mujeres (y tambi√©n muchos hombres), que sin duda han puesto en la agenda la cuesti√≥n del femicidio y tambi√©n la del aborto, o el ‚Äúdestape‚ÄĚ (con el significado de sacar a la luz) respecto de la homosexualidad, con sus secuelas como el matrimonio igualitario y la adopci√≥n por parejas del mismo sexo, todas ellas cuestiones impensables hace s√≥lo una d√©cada o poco m√°s. Y est√° claro que muchos casos de violencia estructural ya no se la llevan tan f√°cil frente a las marchas del silencio, los ‚Äúescraches‚ÄĚ u otras formas de protesta y reclamo, como se puede comprobar con nombres y apellidos en todo el pa√≠s. Y esto es altamente significativo por otra raz√≥n, que afecta a uno de los aspectos m√°s importantes del funcionamiento social, como es el aproximarse a formas de democracia directa, es decir a que la poblaci√≥n ya no ‚Äúdelibera ni gobierna sino por medio de sus representantes‚ÄĚ (Ra√ļl Alfons√≠n et al dixit) sino que frente a estas cuestiones que la afectan profundamente delibera (nos falta el ‚Äúy gobierna‚ÄĚ) de manera directa. Lo cual tiene en correlato (en el que no vamos a entrar) otra cuesti√≥n en apariencia alejada como es el caso de las empresas vaciadas por sus due√Īos y recuperadas por sus trabajadores.

5. El espacio p√ļblico y el espacio personal

Hace unos d√≠as son√≥ el timbre de mi casa y al atender a la puerta un hombre de aspecto distinguido y bien vestido me pregunt√≥ si yo era el propietario de esta casa. Ante mi respuesta afirmativa me dijo si no estaba interesado en venderla (no es la primera vez que me sucede; mi casa es muy vieja ‚Äďcasi tanto como yo‚Äď y est√° en el barrio de Recoleta) y mi respuesta fue que yo quer√≠a morirme en esta casa, ante lo que dijo que no ten√≠a argumentos para aducir a su favor pero ‚Äďmirando al edificio‚Äď coment√≥: ¬°qu√© desperdicio de capital!

Relato esta conversaci√≥n porque me parece que simboliza perfectamente bien la relaci√≥n entre el espacio p√ļblico y el espacio personal, en cuanto hay una doble visi√≥n de para qu√© sirve el espacio urbano. Por un lado est√° la visi√≥n ‚Äúmacriana‚ÄĚ que visualiza el espacio urbano como un lugar para hacer negocios, obviamente compartida por el se√Īor del cuento (que no es un cuento), en tanto que por otra parte existe una visi√≥n que comparte la idea de que el espacio urbano sirve tanto para la producci√≥n como para la reproducci√≥n, y que hay una permanente disputa en torno a estos dos usos posibles. Esta disputa ‚Äúes cruel y es mucha‚ÄĚ y en la actualidad constituye uno de los terrenos donde se manifiesta con m√°s crudeza la clase dominante que, a mi juicio, ha pasado a estar constituida mayoritariamente por lo que los gringos llaman ‚Äúurban developers‚ÄĚ (ante cualquier duda consultar a Macri sobre este asunto).

Creo que en este terreno, como en muchos otros, lo m√°s importante para tomar una posici√≥n es conocer el problema, comenzando por entender la din√°mica que liga las nociones de producci√≥n y reproducci√≥n que sintetizo a continuaci√≥n: en la fase productiva del ciclo econ√≥mico se producen los bienes y servicios que se utilizan ‚Äďconsumo mediante‚Äď en la reproducci√≥n de la poblaci√≥n, pero tambi√©n se producen objetos que no se consumen sino que cumplen una funci√≥n reproductiva al formar parte de nuevo capital (las m√°quinas herramientas por ejemplo). A su vez, en la fase reproductiva hay una funci√≥n productiva de sujetos o, lo que es lo mismo, productora de sentido y tambi√©n una funci√≥n reproductora de sujetos trabajadores que son quienes continuar√°n el ciclo en la fase productiva. En esta explicaci√≥n, la producci√≥n de sentido como funci√≥n productiva de la fase reproductiva no interesa a la ideolog√≠a del capitalismo (la vigencia insolente de la mirada globalizadora) y no es necesaria para su funcionamiento. Esa funci√≥n s√≥lo puede realizarse en el espacio p√ļblico que es el espacio de construcci√≥n de la historia; sin ella la vida no tiene sentido. Cuando estas ideas se hacen carne en nosotros, est√°n dadas las condiciones ¬°por fin! para que emerjan los sujetos que pueden trascender los espacios individuales y los n√ļcleos de reconocimientos corporativos sectoriales para dar lugar a miradas y acciones que integren a los otros, los distintos o los que el sistema deja por fuera.

6. Crítica a los positivismos

Esta es fácil. El principal mérito es la introducción del rigor en la reflexión. La principal crítica es la introducción del rigor en la reflexión con exclusión de todo lo demás.

Voy a recurrir a tres autores muy queridos por m√≠ en mi apoyo: Juan Samaja escribi√≥ El lado oscuro de la raz√≥n, donde nuestro brillante epistem√≥logo introduce la necesidad de ese ‚Äúlado oscuro‚ÄĚ para que la ciencia ‚Äďep√≠tome de racionalidad‚Äď exprese su m√°xima capacidad creativa. Por su parte, Le√≥n Rozitchner, en su √ļltimo libro Materialismo enso√Īado (sic) argumenta que la lengua que hablamos no es la lengua materna sino la paterna, con su total carga de racionalidad positivista, pero que tambi√©n preexiste una lengua materna, aunque sin palabras sino con besos, abrazos, caricias y cuidados, componentes b√°sicos para el desarrollo infantil (y el no tan infantil tambi√©n agregar√≠a yo).

Por fin, este argumento tiene una inesperada confirmaci√≥n en su tambi√©n √ļltimo (por ahora) libro de Marcelino Cereijido, Hacia una teor√≠a general sobre los hijos de puta, donde el muy distinguido cient√≠fico relata la historia de un gobernante de aquellos (Frederick II, del Sacro Imperio Romano Germ√°nico) que teorizaba que el lenguaje era de aparici√≥n espont√°nea durante el desarrollo infantil y para comprobarlo orden√≥ a un grupo de mujeres madres recientes que aislaran a sus hijos con prohibici√≥n absoluta de tocarlos, hablarles, etc. Se murieron todos y as√≠ qued√≥ confirmado ese caso de hijoputez en la historia. Por estas razones me gusta completar la definici√≥n de ‚Äúhombre nuevo‚ÄĚ del comandante Ernesto ‚ÄúChe‚ÄĚ Guevara como ‚Äúhombre que hace lo que dice y dice lo que piensa‚ÄĚ con ‚Äúpiensa lo que siente‚ÄĚ.

Ocurre con este tema algo similar a lo del ac√°pite anterior: si se privilegia en t√©rminos absolutos el significado sobre el sentido entramos en problemas que en general son generadores de prolongadas y confusas discusiones que no llegan a buen puerto, aunque a veces tienen consecuencias pr√°cticas. En nuestro caso, el de la salud, la consecuencia ha sido la introducci√≥n de la medicina de la evidencia que simplemente niega o descarta el poder curativo de la palabra para centrarse s√≥lo en las demostraciones rigurosas de los hechos emp√≠ricos. Borra as√≠ de un plumazo a Freud y al materialismo enso√Īado entreg√°ndonos en brazos del sue√Īo de la raz√≥n que, como es de sobra conocido, produce monstruos.

7. El nudo borromeo

En alguna oportunidad de los a√Īos pasados hice leer a mis alumnos mi texto Ense√Īar medicina. Uno de esos alumnos era un docente de la Facultad de Medicina de la UBA y jefe de servicio en el Hospital Garrahan y cuando tuvo la oportunidad le cont√≥ a Hugo Spinelli (no a m√≠) que a medida que le√≠a se iba enojando conmigo, hasta que se dio cuenta de que en realidad con quien estaba enojado era con √©l porque ¬Ņc√≥mo no hab√≠a pensado √©l eso que le√≠a si √©l ense√Īaba medicina?

Lo que ocurre es que somos (los trabajadores de salud y los docentes que nos forman) un nudo borromeo trucho, es decir, tenemos uno de los aros cortado y por ah√≠ se escapan los otros dos. La formaci√≥n del m√©dico es ‚Äďcomo se dice habitualmente para este y otros temas‚Äď demasiado seria para dejarla en manos de m√©dicos, pero es de imaginarse la que se armar√≠a si se dejara ‚Äďque es lo que corresponde‚Äď en manos de alg√ļn humanista de por ah√≠. No quiero ni pensarlo. Al fin y al cabo, yo dej√© la medicina ¬°gracias a dios! (en quien no creo) porque como he contado muchas veces, no ten√≠a vocaci√≥n (o capacidades) ni para santo ni para demonio, √ļnicas alternativas posibles para ejercer la profesi√≥n. O sea que se trata de una profesi√≥n imposible (de integraci√≥n rec√≠proca entre ideolog√≠a, t√©cnica e implicaci√≥n).

En consecuencia, como el nudo se corta por lo más delgado, sacamos la implicación y lo que podemos de ideología (aunque no mucho) y nos quedamos con la técnica (y una ideología de mierda).

8. Organización y repetición

A lo largo de mi vida me toc√≥, como a todo el mundo, conocer varias instituciones (dif√≠cil concebir una vida que no transcurra dentro de esos aparatos) y algunas de ellas fueron muy educativas para m√≠, aunque ninguna cuyo prop√≥sito declarado era la educaci√≥n formal en los niveles primario, secundario o universitario. Cumpl√≠ con todas sus formalidades pero en ning√ļn caso percib√≠ esas instituciones como ‚Äúinstigantes‚ÄĚ (dir√≠a alguno de mis amigos brasile√Īos). Tampoco el (los) hospital(es) donde trabaj√© una vez graduado (salvo la guardia del Fiorito que es otra historia por su condici√≥n de espacio de militancia). La formaci√≥n real provino de actividades extracurriculares en la familia, el club de barrio, la participaci√≥n en el movimiento estudiantil. Despu√©s fue el primer exilio (por razones econ√≥micas ya que hab√≠a abandonado la medicina asistencial y otros labaritos/changas) y ah√≠ s√≠: el CENDES fue un lugar de aprendizaje y estudio (nunca le√≠ tanto en mi vida, casi un libro por d√≠a, domingos y feriados incluidos), pero tambi√©n la amistad y la fiesta eran componentes que tuvieron un impacto fuerte en m√≠ (eso del sentido, ¬Ņviste?). Creo que esa es la ra√≠z que me ense√Ī√≥ a diferenciar instituci√≥n de organizaci√≥n. Y despu√©s fue el trabajo en OPS (casi un a√Īo en Washington y tres en Chile) donde entend√≠ un principio b√°sico de las instituciones: el doble comando t√©cnico pol√≠tico de las mismas (desde Washington bajaban las √≥rdenes pol√≠ticas (en muchos casos originadas en el edificio de enfrente que era el Departamento de Estado de USA o directamente de la Casa Blanca, despu√©s del Banco Mundial o algo as√≠) y en los pa√≠ses nosotros nos encarg√°bamos de poner en marcha los programas. Algo m√°s tarde, viendo la pel√≠cula El Padrino, me di cuenta de que ese principio es el mismo de la mafia con sede central en Sicilia y las ‚Äúfamilias‚ÄĚ como ejecutores ‚Äút√©cnicos‚ÄĚ. Cualquier similitud entre asesinos y funcionarios no es mera coincidencia (como es f√°cil de comprobar con las acciones y recomendaciones del FMI).

Cuando regresé al país después de mi primer exilio recalé en la Facultad de Medicina por obra y gracia de Rodolfo Puiggrós (estoy leyendo ahora su libro La época de Mariano Moreno, de una lucidez asombrosa) y en ese momento desarrollamos una actividad que fue enormemente enriquecedora para lo que vendría después.

Todos los d√≠as nos reun√≠amos el equipo de conducci√≥n de la facultad (unas veinte personas) y se presentaban todos los problemas en sus aspectos t√©cnicos, pol√≠ticos, ideol√≥gicos y de recursos y organizaci√≥n. La decisi√≥n era por consenso o por desempate del decano y se asignaba la responsabilidad a uno de los implicados con cuenta al decano. Ese ‚Äúmodelo‚ÄĚ sirvi√≥ para reformular muchas cosas en los a√Īos siguientes.

Después fue el nuevo exilio, ahora por razones políticas y el comienzo de otra historia.

Desde Venezuela, donde transcurri√≥ mi segundo exilio, trab√© una relaci√≥n muy estrecha con Brasil, adonde concurr√≠a todos los a√Īos para dictar cursos, principalmente en la Escola Nacional de Sa√ļde sita en la Fundaci√≥n Oswaldo Cruz (Fiocruz), pero tambi√©n en Campinas, San Pablo, Rio Grande do Sul y Salvador de Bahia. Lo m√°s importante de este per√≠odo ocurr√≠a en la Fiocruz, donde se desarrollaban todos los a√Īos congresos en los que el debate principal (no expl√≠cito pero perceptible para cualquier observador con sensibilidad suficiente) era sobre el compromiso de los funcionarios que formaban parte de la instituci√≥n. Y eso la transformaba en una organizaci√≥n, de lo que hablar√© m√°s adelante.

En base a estas experiencias trataré de dar respuestas, con gran temor a equivocarme, a la pregunta de si todas las organizaciones guardan una tendencia tanática al encierro dentro de sus límites y de sus integrantes.

No dudo de que por lo menos en algunos casos esto es así, es decir que la tendencia tanática es real.

Durante mi primer per√≠odo en CENDES, que he calificado como uno de los m√°s formativos de mi vida, hubo un momento de crisis y agitaci√≥n en el que todo se cuestionaba. En aquel momento yo era director de estudios (o algo as√≠) y escrib√≠ en el bolet√≠n interno del instituto una nota que se llamaba ‚ÄúOtra vez viajando a Ithaca o C√≥mo hacer para que mis t√≠as tuvieran raz√≥n‚ÄĚ, que reproduje parcialmente en la presentaci√≥n del libro autobiogr√°fico de Mario Hamilton Vida de sanitarista; ah√≠ relato brevemente la odisea de Ulises y termino diciendo: Ulises pudo terminar su viaje, ¬Ņpodremos hacerlo nosotros?

Creo que esa tendencia tan√°tica de CENDES se ha acentuado porque cuando era el momento de recibir el apoyo merecido por su indudable contribuci√≥n al desarrollo venezolano, la mayor√≠a de sus trabajadores se manifestaron masivamente contra el l√≠der de la revoluci√≥n bolivariana, llegando uno de sus dirigentes a calificarlo como ‚Äúf√ľhrer de Sabaneta‚ÄĚ (lugar de nacimiento del comandante Ch√°vez).

Pero no estoy seguro de que todas las organizaciones participen de esa tendencia, nunca la percibí en el caso de la Fiocruz. Claro que me estoy refiriendo a instituciones que son también organizaciones. De todos modos, creo que esa tendencia no existe en las instituciones (no organizadas) sino que, por el contrario, tratan de sobrevivir aunque hayan perdido todo propósito o toda misión. Y tal vez la mejor caracterización de las diferencias entre institución y organización es la descripción de una organización que hace Fernando Flores como una red de conversaciones. En una organización sus miembros conversan, en una institución sus funcionarios intercambian providencias en expedientes.

9. El camino de situaciones duales a situaciones tri√°dicas

Una vez, hace mucho tiempo (estaba en Chile, adonde no voy hace d√©cadas) alguien me cont√≥ que otra persona hab√≠a estado especulando sobre c√≥mo hac√≠an el amor distintas parejas de nuestra amistad. Y yo le contest√© sin vacilar: ‚ÄúEso lo dijo fulana‚ÄĚ. ¬ŅC√≥mo lo sabes?, fue su respuesta, y la m√≠a; ‚ÄúPorque eso es conocer a la gente‚ÄĚ.

Tambi√©n en otra ocasi√≥n, esta vez en una clase en CENDES, un compa√Īero se entreten√≠a en medio de una discusi√≥n general acerca de no me acuerdo qu√© (tal vez fuera sobre qu√© hacer con las reservas del Banco Central) diciendo ‚Äúahora fulano/a va a decir tal o cual cosa‚ÄĚ, y acertaba casi siempre. Yo no dir√≠a que esto es anticipar o disciplinar a la gente.

En mi libro Saber en salud est√° el esquema de las relaciones entre las ciencias (f√°cticas y sociales) y la vida cotidiana. Esta √ļltima comienza con uno de esos pasajes de superaci√≥n de etapas previas especulares (religiosas o ce√Īidas a creencias r√≠gidas) que en mi caso van de los mitos a las religiones y de ah√≠ a la historia (y vuelta a empezar), y cada uno de esos componentes es una ra√≠z de la ideolog√≠a que ayuda a conformar. Son, podr√≠amos decir, determinantes indeterminados.

A pesar de que no creo que ning√ļn esquema pueda representar fielmente a la realidad, s√≠ creo que un esquema flexible y din√°mico (o con circularidad sist√©mica si se prefiere) puede ayudar a entender esos procesos. Una de las cuestiones que se derivan del esquema mencionado son las transformaciones recurrentes del sujeto (lo cual no figura en el esquema pero s√≠ en el texto que lo acompa√Īa), que van del sujeto de la vida al sujeto epist√©mico, al sujeto evaluador, al sujeto militante social y por fin de regreso al sujeto de la vida, ahora transformado por esos sucesivos pasajes que tambi√©n implican un cambio en el lenguaje utilizado (coloquial, cient√≠fico, ret√≥rico, pol√≠tico).

Quienquiera haya participado en alguna investigaci√≥n cient√≠fica sabe del desprendimiento de los sentimientos habituales de la vida cotidiana cuando se entra al laboratorio o a la reflexi√≥n o el an√°lisis de la data cient√≠fica. Y tambi√©n est√°n los ejemplos hist√≥ricos (Ram√≥n y Cajal observando cortes de cerebro en su laboratorio mientras en la habitaci√≥n vecina su hijo agonizaba). O el chiste del profesor que se encuentra con un alumno en el pasillo y despu√©s de conversar un momento le pregunta: ‚ÄúCuando nos encontramos, ¬Ņyo iba o ven√≠a?‚ÄĚ, y ante la respuesta confirma: ‚ÄúEntonces ya almorc√©‚ÄĚ.

Pero a ver si entiendo bien la pregunta, ya que una cosa es decir en qué momento preciso va a ocurrir una transformación y otra es una cierta imprecisión respecto no sólo del momento sino y sobre todo de la causa de la misma. Alain Badiou nos ha ilustrado sobre la importancia que tiene el acontecimiento en el desencadenamiento de situaciones de cambio más o menos radical (el 17 de octubre de 1945, la muerte de Kirchner).
Pienso que sentarse a esperar ‚Äúacontecimientos‚ÄĚ como esos para avanzar en la historia es algo frustrante.
Si a esto se llama anticipar o disciplinar al sujeto prefiero ser algo pretencioso.

10. Principio de coherencia

Cada vez que cuento c√≥mo empec√© con este cuento de la planificaci√≥n, cuento que mi encuentro inicial con el que despu√©s consider√© mi maestro (el chileno Jorge Ahumada) se hizo durante una fiesta de a√Īo nuevo el 31 de diciembre de 1960 y que inmediatamente nos ca√≠mos mutuamente bien porque a los dos nos gustaban (mucho) el vino y las mujeres (que me siguen gustando aunque de ellas no me acuerdo bien por qu√©). Adem√°s me encantar√≠a pasear en mi yate por el Mediterr√°neo, pero‚Ķ De manera que nada de desprendimiento de las cosas terrenales sino m√°s bien todo lo contrario.

En cuanto a mi capacidad para analizar lo que estaba ocurriendo, recuerdo, por ejemplo, que vot√© por Fernando de la R√ļa para presidente y que posteriormente hice campa√Īa (de baja intensidad pero campa√Īa al fin) por la inicial Elisa Carri√≥ a quien tambi√©n vot√© en su momento, de modo que por este lado tampoco. Y mejor no hablar de lo que debe ocurrir en una sociedad porque temo que las consecuencias ser√≠an peor que un tsunami en Jap√≥n.

De manera que de c√≠nico no llego ni a la c. Entonces la buena pregunta, para volver a volver al comienzo, ser√≠a: ¬Ņpor qu√© corno se me considera como se me considera? Tal vez la repuesta sea precisamente por el principio (que yo llamo postulado) de coherencia, formulado inicialmente durante una investigaci√≥n en Venezuela sobre lo que llam√°bamos (fue un trabajo de equipo) ‚ÄúEstructura de poder en el sector salud‚ÄĚ que nunca fue publicado y sus m√°s de setecientas p√°ginas condenadas a un merecido olvido, aunque el postulado sobrevivi√≥ y tuvo buena acogida por parte de algunos serios investigadores como la economista cubano venezolana Lourdes Yero, quien lo llamaba ‚ÄúTesta‚Äôs coherence principle‚ÄĚ (porque dicho en ingl√©s es m√°s cient√≠fico) y lo ense√Īaba en sus clases.

También se popularizó en Brasil, donde varios trabajadores de salud lo utilizaron para analizar situaciones locales produciendo informes muy interesantes. Lo que hace aparecer una contradicción entre mi baja capacidad analítica y mi capacidad para producir instrumentos que facilitan la capacidad analítica de otros trabajadores. Cosas que pasan.

11. Peque√Īo mundo, gran mundo

Cada vez m√°s peque√Īo para m√≠, que ya casi no salgo de mi casa donde est√° lleno de pasado (libros, cuadros, recuerdos, fotos, papeles que inundan todo, m√ļsicas alguna vez o√≠das, flores en el jard√≠n que Asia mantiene en la terraza, y siempre Asia) y con muy poco futuro (acostumbro decir que s√≥lo me falta un tr√°mite importante que realizar, pero que alguien me va a tener que ayudar para terminarlo). Este es mi (actual) peque√Īo mundo que entiendo, quiero, extra√Īo cuando por alguna circunstancia salgo de √©l, donde los sillones tienen la forma de mi cuerpo y la ropa es como una segunda piel.

S√© que hay por ah√≠ un gran mundo que alguna vez so√Ī√© con conocer; cuando era adolescente estaba suscripto a la revista inglesa New Stateman and Nations (con gran informaci√≥n sobre √Āfrica, muy dif√≠cil de conseguir en otros medios) donde escrib√≠an personajes como Bernard Shaw, Winston Churchill, Perry Anderson, Edward Thompson, Isaac Deutscher, Edmund Wilson, Gilbert Keith Chesterton y tantos otros, donde las pol√©micas eran de un nivel insuperable; recuerdo una en que se discut√≠a si la educaci√≥n ten√≠a que ser humanista o t√©cnica y que cada semana cambiaba (yo) de opini√≥n porque me convenc√≠an los argumentos del articulista de turno. Pero despu√©s crec√≠ y ahora me entero de que Amira Osman Hamed fue detenida en Sud√°n porque se neg√≥ a cubrir su cabello. El castigo puede llegar a que la flagelen con 40 latigazos, pero esa noticia, atroz si las hay, no llega a conmoverme como s√≠ me conmueve el sufrimiento de Susana Trimarco. ¬ŅQu√© significa esto? ¬ŅUna p√©rdida de sensibilidad? Tal vez, pero no lo creo.

Lo que sí creo es que lo que llamamos gran mundo es diferente para cada uno de nosotros.

Si miramos las cosas que el gran Carlos Marx escribi√≥ sobre Am√©rica latina (para un peri√≥dico de Estados Unidos) veremos que trat√≥ a Sim√≥n Bol√≠var como un aventurero y algunas otras barbaridades por el estilo como se√Īal√≥ en su momento Jos√© Aric√≥. En mi caso, yo me defino como ‚Äúnacionalista de Am√©rica latina‚ÄĚ y por eso hablo de nosotros los argentinos, nosotros los brasile√Īos, nosotros los uruguayos, nosotros los venezolanos y as√≠ siguiendo.

Ese es mi gran mundo, en el que pienso, desde el que pienso, por el que estoy dispuesto a quebrar algunas lanzas.

Y respecto de esto √ļltimo destaco la palabra subrayada en el p√°rrafo anterior, ya que m√°s que responder a s√≠ las personas que impactan un mundo perdurable en los otros est√°n atentos al mundo social y al gran tiempo, la ¬°otra vez! buena pregunta es: ¬Ņdesde d√≥nde se piensa lo que se piensa? Porque si no es desde aqu√≠, entonces caemos en la trampa de la dependencia cultural, que es la peor de estos tiempos tramposos.

12. Tiempos técnicos y tiempos políticos

Sobre este tema podría explayarme largamente porque escribí un libro intentando aclarar sus relaciones. En Pensamiento estratégico y lógica de programación la primera parte se refiere a los tiempos políticos y la segunda a los tiempos técnicos, que se juntan en la tercera parte para tratar de dar respuestas a los conflictos que se generan entre ellos.

Voy a exagerar definiendo a los tiempos técnicos como absolutos; no lo son, pero en algunos casos casi, con lo cual quiero decir que se definen como problemas simples bien definidos. Los tiempos políticos, en cambio, son sin duda complejos y mal definidos, con la cual la compatibilización entre ambos es imposible. Para decirlo de otra manera: hay que respetar los tiempos técnicos y manejar los tiempos políticos.

Si esto es así (y mi opinión es que lo es) hay lo que Thomas Khun llamaría una inconmensurabilidad entre ambos: no están en el mismo universo del discurso por lo que no puede haber un conflicto inevitable ni recurrente entre ellos. Corren por carriles separados.

Hay m√°s. Habr√≠a que aclarar qu√© significa intereses pol√≠ticos secundarios o coyunturales, porque creo que lo que es secundario para algunos es principal para otros. Viene a cuento otro cuento (que no lo es, pero tanto da): la discusi√≥n es entre dos mujeres que hablan de lo que preocupa a sus respectivos maridos y llegan a la conclusi√≥n de que sus temas son muy superiores a los suyos: ellos hablan de las posibilidades de otra guerra mundial, del descongelamiento de los polos, del hambre y el sida en √Āfrica, de la sobrepoblaci√≥n mundial, del futuro de la humanidad, de la exploraci√≥n espacial por la posibilidad de descubrir otros planetas habitados; en cambio nosotras nos ocupamos de la comida, el lavado de la ropa, el cuidado de los chicos, en fin‚Ķ

Recuerdo el a√Īo 1973. El gran Rolando Garc√≠a dirig√≠a en aquella √©poca una ‚Äďno s√© c√≥mo llamarla‚Äď agrupaci√≥n, rejunte tal vez, que llamaba ‚Äúequipos pol√≠tico t√©cnicos‚ÄĚ y que estaba destinada a preparar temas para tratar de influenciar al peronismo de la √©poca (porque el peronismo es epocal, ¬Ņvio?) haciendo planes que orientaran las decisiones del l√≠der en la direcci√≥n correcta (es decir, la que nos gustaba a nosotros). Preparamos entonces un plan de salud (entre Mario Hamilton y yo, m√°s alg√ļn otro cuyo nombre se me escapa) y ah√≠ propon√≠amos algo as√≠ como el control poblacional ‚Äďcomunitario dir√≠amos hoy‚Äď sobre los hospitales, conformando comit√©s de trato, de higiene, de cocina y no s√© cu√°ntas cosas m√°s cuya intenci√≥n era aproximarse un poquito a eso que se conoce como democracia directa.

No sorteaba la disfunción, como dice la pregunta, pero todavía sigo creyendo que era un avance respecto de la incalificable situación actual. Tiempo después, conversando con un italiano cuyo nombre se me ha perdido pero que era amigo de Giovanni Berlinguer (por lo que supongo era un comunista italiano), me contó que habían creado tribunales para hacer juicios a los médicos/as que maltrataban a los pacientes en los hospitales. Pensé que era una coincidencia afortunada y que andábamos por el buen camino.

13. El alma institucional

El neurofisi√≥logo australiano y Premio Nobel de fisiolog√≠a y medicina sir John Carew Eccles afirm√≥ en una conferencia en una universidad inglesa que Dios insuflaba el alma en el feto despu√©s de la divisi√≥n del √≥vulo fecundado pues de hacerlo antes pod√≠a ocurrir (si se desarrollaban gemelos id√©nticos) que dos personas tuvieran una sola alma (cito de memoria porque no tengo el libro ‚ÄďLa psique humana, editorial Labor‚Äď a la mano, pero aseguro que dice eso).

En mi caso la idea de ‚Äúalma institucional‚ÄĚ no nace de esa manera sino como consecuencia de un trabajo encargado por la Fundaci√≥n Oswaldo Cruz para examinar los aspectos sociales de esa instituci√≥n. Produje un informe publicado con el t√≠tulo de ‚ÄúAn√°lisis de instituciones hipercomplejas‚ÄĚ, en el que uno de sus cap√≠tulos se llama ‚ÄúMarco te√≥rico para la creaci√≥n del alma institucional‚ÄĚ. Cuando lo present√© en una reuni√≥n del personal superior de la fundaci√≥n pens√© que se iban a re√≠r de ese t√≠tulo pero para mi sorpresa nadie se ri√≥. Ah√≠ me di cuenta de que ellos sab√≠an que esa instituci√≥n ten√≠a alma.
En efecto, la idea remite a un ideal (el contribuir al desarrollo de la salud del pueblo ‚Äďbrasile√Īo en primer lugar, pero tambi√©n de los otros pa√≠ses de Am√©rica latina‚Äď) y al mismo tiempo un sentimiento (de identidad) colectivo de los trabajadores, que yo hab√≠a percibido a lo largo de varias asambleas que todos los a√Īos se hac√≠an para discutir problemas de la instituci√≥n y fortalecer el compromiso y los lazos de solidaridad que era f√°cil percibir entre sus trabajadores.

Ya habl√©, en este mismo texto, de la diferencia entre instituci√≥n y organizaci√≥n, ahora se√Īalo la similitud de instituci√≥n organizada e instituci√≥n con alma, donde la red de di√°logos internos que seg√ļn Fernando Flores caracteriza a las instituciones se desarrolla en su m√°xima expresi√≥n. Y esto es lo que garantiza y consolida lo que en nuestro pa√≠s se ha dado en llamar calidad institucional. De modo que creo que ser√≠a de buena pr√°ctica la b√ļsqueda de esa situaci√≥n, lo que no significa un riesgo para otras experiencias sino, tal vez, un est√≠mulo para avanzar en esa direcci√≥n. Los buenos ejemplos nunca est√°n de m√°s.

14. Los liderazgos

Paul Samuelson, Premio Nobel de Econom√≠a (me encanta citar a premios Nobel, si sigo as√≠ voy a citar a Barack Obama), dec√≠a que hab√≠a cuatro tipos de pa√≠ses: los desarrollados, los no desarrollados, Jap√≥n y Argentina (el a√Īo que yo nac√≠ el gran campe√≥n Shorton se pag√≥ en el remate de la benem√©rita SRA 125.000 pesos y el d√≥lar se cambiaba a 2,20 pesos de la √©poca). No sorprende el asombro que muestra esa opini√≥n, cuando Jap√≥n cre√≥ una de las industrias sider√ļrgicas m√°s importantes del mundo sin tener en su territorio ni carb√≥n ni hierro, los dos insumos fundamentales y que por su volumen y peso la teor√≠a econ√≥mica (de la que Samuelson era en ese momento un referente imprescindible) dec√≠a que determinaban la localizaci√≥n de la industria a la que abastec√≠an (por el costo de su transporte). Lo que vuelve a poner en cuesti√≥n aquello de lo que se puede y lo que no se puede. De modo que la t√©cnica (y una √©tica pol√≠tica que relaciona estrechamente a cada japon√©s con el emperador, que es el representante directo de dios) es definitoria de la hegemon√≠a en ese caso.

¬ŅQu√© pasa en nuestro pa√≠s? Recorriendo algo la historia de nuestra actividad universitaria, pienso que hemos atravesado (otra vez los atravesamientos) por lo menos tres fases del acontecer universitario: un momento inicial en que la universidad estaba regida por la idea del desarrollo de las fuerzas productivas (el liderazgo en ese momento ten√≠a su epicentro en la Facultad de Ciencias F√≠sicas y Matem√°ticas de la UBA y una larga lista de nombres avala esa identidad; para citar s√≥lo algunos que fueron mis amigos: Rolando Garc√≠a, Manuel Sadosky, Oscar Varsavsky y Boris Spivacow). Recuerdo que en aquel entonces el ingeniero Humberto Ciancaglini estaba desarrollando materiales y l√≥gicas para la construcci√≥n de una computadora.

En aquel momento se desencaden√≥ una feroz batalla entre la laica y la libre, es decir, entre la universidad p√ļblica y la universidad privada, protagonizada por los hermanos Arturo Frondizi, presidente de la Naci√≥n, y Risieri Frondizi, rector de la UBA, quien lleg√≥ a decir: ‚ÄúHay quienes tienen la conciencia moral de vacaciones‚ÄĚ, en referencia a su hermano.

Perdimos, la consecuencia fue que el eje de la actividad universitaria pasara a ser, en lugar de ocuparse de las fuerzas productivas, lo que podía ayudar al desarrollo del país, a fortalecer las relaciones sociales de producción, lo que garantizaba la tranquilidad social dependiente.

Hay un despu√©s, en el que la universidad no se ocupa ni de una cosa ni de otra (ni de las fuerzas productivas ni de las relaciones sociales de producci√≥n) sino de mantener a los j√≥venes fuera de las calles y formarlos profesionalmente acentuando el individualismo y la insolidaridad que atraviesa los a√Īos terribles de la dictadura asesina y del menemismo.

Hoy, la t√©cnica me parece que ha recuperado algo del ‚Äúestatus‚ÄĚ perdido, a partir de la definici√≥n pol√≠tica de querer reindustrializar al pa√≠s, de un ministerio de industrias activo, de un ministerio de tecnolog√≠a con recursos y con apelaci√≥n a la poblaci√≥n (Tecn√≥polis), en fin, de una serie de actividades que ‚Äďme parece‚Äď apuntan en esa direcci√≥n.

En cuanto a la pol√≠tica no me cabe duda de que se ha recuperado de una manera que en alg√ļn momento parec√≠a impensable y que merece una reflexi√≥n en profundidad, porque es uno de los temas m√°s polemizados por la oposici√≥n medi√°tica, que revela lo que ‚Äďa mi juicio‚Äď es uno de los errores (para ser generoso) fundamentales de esa oposici√≥n.

La Argentina est√° dividida (todos hemos visto esa estupidez de Argen Tina y sus m√ļltiples variantes). ¬ŅC√≥mo es posible pensar que en cualquier sociedad no existan contradicciones o conflictos? ¬ŅQui√©n conoce alguna sociedad en la historia sin intereses contrastantes? ¬ŅCu√°l es la explicaci√≥n del desarrollo social en base al consenso? ¬ŅConsenso de qui√©nes? Quiero verla a Amalita de Fortabat en La Matanza dialogando con los vecinos.

Enter√©monos de una vez, la pol√≠tica es conflicto y bienvenido sea, ya que no hay otra manera de avanzar. Existe un paralelismo entre lo que estoy diciendo y la formulaci√≥n que hace Jean Piaget respecto del desarrollo infantil, que √©l observ√≥ en sus propios hijos: su teor√≠a habla de que el desarrollo se hace a partir de lo que llama desequilibraci√≥n y reequilibraci√≥n, que consiste en que el infante tiene una estructura innata (el reflejo chupador) por el que cuando le ponen algo en la boca chupa. Afortunadamente lo que le ponen en la boca es un pez√≥n y as√≠ se alimenta y crece. Pero si la madre en lugar de poner su pez√≥n en la boca le coloca la cabeza sobre el pecho, lo desequilibra y desencadena un proceso de b√ļsqueda hasta encontrar el pez√≥n, etc. El infante se transforma, ya no es s√≥lo chupador, ahora es buscador chupador.

No hay crecimiento sin conflicto.

Claro que el conflicto puede terminar mal, como planteo en mi libro Pensar en salud cuando hablo de ‚Äúusos de contradicciones y conflictos‚ÄĚ. El identificar cu√°l es la condici√≥n de la resoluci√≥n virtuosa es una tarea pendiente. Se escuchan ideas.

Nos queda la ética, fundamento de la existencia de la desacreditación de cualquier gobierno que no nos guste. El robo por parte de los funcionarios y la corrupción son moneda corriente de la oposición en cualquier país del mundo. La traición a los principios y valores de todos y cada uno de los políticos corre por vías paralelas. Esto es lo que siempre se dice, otra cosa es demostrarlo. A veces es verdad, otras es propaganda malintencionada. Pero ya lo sabemos: la mujer del César no sólo debe ser honesta sino parecerlo.

En nuestro pa√≠s han proliferado caudalosamente las acusaciones sin ning√ļn fundamento, en las que se ha especializado el periodista Jorge Lanata, con casos tan escandalosos como el del vicepresidente Amado Boudou, de quien se dijo que hab√≠a viajado a Uruguay con bolsas se supone cargadas de billetes (o d√≥lares, euros, barras de oro o diamantes, tanto da), en el mismo momento que recib√≠a en el Congreso de la Naci√≥n al ex presidente de Brasil Luiz In√°cio Lula da Silva. Pero no importa, la consigna es clara: mientan que algo queda.

Tampoco tengo dudas de que debe haber funcionarios corruptos, ¬Ņqu√© gobierno est√° libre de ello?, pero no en la forma generalizada que afirman los grandes medios y buena parte de la oposici√≥n.

En síntesis, creo que la construcción política actual del liderazgo kirchnerista en nuestro país es una mezcla virtuosa de componentes técnicos, políticos y éticos que van en camino de transformar nuestra sociedad en algo más vivible que lo experimentado hasta ahora.

15. El dolor de hoy es parte de la felicidad de entonces

Me impresionó mucho esa frase que dice Anthony Hopkins en la película Tierra de sombras, y más todavía cuando supe que el relato se basa en hechos reales. La utilizo con frecuencia para mostrar la continuidad de la vida (el presente es el futuro del pasado y el pasado del futuro, dice Walter Benjamin), y también para mostrar cómo la muerte no es lo otro de la vida sino parte de la misma.

En una oportunidad a una colega se le ocurri√≥ preguntar a un grupo de alumnos qu√© animal les gustar√≠a ser; pulularon √°guilas, leones, algunos caballos y sorpresivamente hasta un chivo (obviamente un brasile√Īo nordestino). Despu√©s, al margen del p√ļblico me lo pregunt√≥ a m√≠ luego de confesar que ella era de las √°guilas y yo dije que prefer√≠a ser un animal social: una hormiga o una abeja, para sentir que lo importante era el trabajo colectivo y solidario. Sigo pensando as√≠, por eso mi √ļltimo libro est√° dedicado ‚Äúa los otros que soy‚ÄĚ y ese es el sentimiento que m√°s me emociona, sentir el afecto de muchas personas que me quieren.

Por eso, al despedirme alguna vez de Venezuela alguien me pregunt√≥ ¬Ņqu√© te llev√°s de aqu√≠?
Le contesté: quise a alguna gente y alguna gente me quiso.

La contrapartida es que muchos y muchas que quise y me quisieron ya no est√°n (geogr√°fica o definitivamente). Casi no me queda ning√ļn amigo de mi edad. El amor que no encuentra el sost√©n del encuentro y el abrazo se va diluyendo lentamente hasta perderse en una tierra de sombras.

16. Guerra de trincheras y asalto al poder

Elaboré este tema, siguiendo obviamente las ideas de Gramsci, en la primera parte de mi libro Pensamiento estratégico y lógica de programación y una de las cuestiones que enfatizo allí es la diferencia entre episodio histórico e historia. El episodio histórico es un hecho descontextualizado y por lo tanto contribuye eficazmente a producir errores interpretativos (mira la fotografía, no la película).

Cuando hablamos de guerra de trincheras y asalto al poder, al nombrar de esa manera las cosas de la historia aparecen (es decir presentan una apariencia) como si fueran cuestiones separadas, excluyentes y aun opuestas.

En el texto citado en el p√°rrafo anterior intent√© describir esto como formando parte una de otro, es decir que hay continuidad y alternancia entre ambos ‚Äúepisodios‚ÄĚ.

Por otra parte la historia real (de este pa√≠s y de cualquier otro) muestra c√≥mo ante cualquier avance que ponga en riesgo la estructura de poder vigente, la derecha no vacila en utilizar todos los recursos de fuerza que puede movilizar para detenerlo, aun cuando ese avance se haya realizado respetando las reglas del juego ‚Äúdemocr√°tico‚ÄĚ (¬Ņhace falta poner ejemplos?, si s√≠: bombardeo de Plaza de Mayo el a√Īo 1955 y Chile 1971).

Sin llegar tan lejos, en la tercera parte de mi libro citado se habla de cómo se piensa que hay que consolidar un programa de cambios; se dan dos alternativas: si el avance no cambia la estructura de poder entonces la oposición que puede levantar (por razones circunstanciales, no de fondo) es negociable y el avance se consolida mediante su institucionalización; de lo contrario, es decir, si el cambio (por ejemplo de la organización sectorial de salud) afecta la estructura de poder de la sociedad, entonces no se puede negociar y hay que derrotar a un adversario (no necesariamente mediante la violencia), para lo que hay que generar una base social de apoyo al proyecto transformador. Y tampoco alcanza con la institucionalización, hay que mantener activa esa base social porque de lo contrario el avance se revierte a las primeras de cambio.

Se demostr√≥ con la reforma italiana como lo relata el libro de Giovanni Berlinguer Gli anni difficili della riforma sanitaria y tambi√©n el caso de Brasil con la reforma constitucional de 1988: ‚ÄúArt. 196. Asa√ļde √© direito de todos e dever do Estado, garantido mediante pol√≠ticas sociais e econ√īmicas que visem √† redu√ß√£o do risco de doen√ßa e de outros agravos e ao acesso universal e igualit√°rio √† sa√ß√Ķes e servi√ßos para sua promo√ß√£o, prote√ß√£o e recupera√ß√£o‚ÄĚ. En ambos casos, una vez realizada la reforma y aprobada la Constituci√≥n, se desmantelaron los grupos que la hab√≠an apoyado y todo volvi√≥ a la situaci√≥n previa. No se asalt√≥ el poder, ni factual ni metaf√≥ricamente, y la consecuencia fue que se generaron condiciones para la vuelta a lo mismo.

17. Sobre lo inevitable de la guerra

Me parece que uno de nuestros deberes en cuanto intelectuales (en el significado gramsciano del t√©rmino) es examinar en forma reiterada si las respuestas dadas en alguna oportunidad a las preguntas que nos formulamos frente a determinadas situaciones hist√≥ricas, siguen siendo v√°lidas en otras circunstancias, o sea, otra vez el contexto. Por eso ser√≠a necesario examinar la situaci√≥n frente a la que Gramsci hizo la afirmaci√≥n del t√≠tulo de este p√°rrafo, aunque me parece que este punto es, en cierta forma, continuaci√≥n del anterior. Pero adem√°s la producci√≥n de Gramsci fue hecha en las circunstancias conocidas, preso en la c√°rcel de Mussolini, sin acceso a biblioteca ni archivos y sometido ‚Äďafirma Perry Anderson en su extraordinario Las antinomias de Antonio Gramsci‚Äď a la doble censura de sus carceleros y de sus compa√Īeros de la Internacional Comunista.

Una segunda consideraci√≥n tiene que ver con las connotaciones del t√©rmino ‚Äúcultura‚ÄĚ. Alguna vez escrib√≠ sobre el tema un peque√Īo texto donde diferenciaba ‚Äúcultura t√©cnica‚ÄĚ de ‚Äúcultura sin apellidos‚ÄĚ y defin√≠a la primera como la manera en que un pueblo se gana la vida y a la segunda como lo que se hace con la vida que uno se gana, para se√Īalar que la primera es relativamente f√°cil de modificar, en tanto que la segunda presenta dificultades en ocasiones insuperables (otra vez el tiempo como categor√≠a anal√≠tica).

Y esto crea contradicciones dentro mismo de la cultura que hacen más complejo el tema. Intenté mostrar algunas de esas complejidades en la primera parte de mi Pensamiento estratégico y lógica de programación, pero de cualquier modo, reconozco que para lograr algunos objetivos difíciles de alcanzar los cambios culturales son inevitables.

Tercer punto: ¬Ņcontribuir a la cultura ‚Äďsupongo que aqu√≠ nos referimos a la cultura con el segundo significado mencionado m√°s arriba‚Äď es un modo de practicar el pacifismo? Recurro a Hannah Arendt y su concepto de banalidad del mal, referido a una de las poblaciones reputadas m√°s cultas en la faz de la tierra: Alemania siglo XX. Los torturadores y asesinos que ‚Äútrabajaban‚ÄĚ en los campos de Auschwitz, Buchenwald y otras instalaciones por el estilo volv√≠an a sus casas a jugar con sus hijos a los que amaban como buenos padres (y madres), escuchaban los ‚Äúquator‚ÄĚ de Beethoven, las partitas de Bach, las √≥peras de Wagner y los quintetos de Mozart y ten√≠an la conciencia tranquila. Y para no ir tan lejos, estoy seguro de que el cura Von Wernich es un hombre culto, entonces dudo de que la cultura sin m√°s contribuya al pacifismo.

En cuanto a mis contribuciones, si alguna, no estoy muy seguro de en qu√© direcci√≥n van. En m√°s de una oportunidad alguno de mis jefes circunstanciales me pregunt√≥: ¬ŅMario, qu√© estamos haciendo?

18. Organizaciones de los trabajadores

En alguno de mis trabajos hablo de la organización de los trabajadores y digo que eso puede ocurrir como clase o como grupo, distinguiendo que en un caso se trata de una categoría analítica (clase) y en otro de un concepto operacional (grupo); también afirmo que para que una organización de trabajadores como clase participe en acciones o discusiones, tiene que hacerlo como grupo (por ejemplo cuando discute salarios).

A mi entender, la organización como clase explica y justifica su accionar (o, alternativamente, su política), en tanto que la organización como grupo habilita las formas de su comportamiento (o sea su estrategia).

De todos modos, no soy ni de lejos un experto ni un conocedor profundo del movimiento obrero argentino aunque he tenido algunos contactos, sobre todo con CTA antes de que afloraran sus conflictos internos. Me resulta dif√≠cil entonces responder una pregunta formulada sobre los trabajadores organizados porque me surgen dudas, ¬Ņa cu√°l o cu√°les de los ‚Äďcreo que cinco‚Äď grupos se refiere? E insisto en usar el t√©rmino ‚Äúgrupo‚ÄĚ porque pienso que ninguno de ellos est√° organizado en cuanto clase, en consecuencia mi respuesta tiende a ser negativa, o sea, no creo que ning√ļn grupo de trabajadores organizados en este momento se mueva como factor de cambios en el actual panorama de la salud y menos de la salud p√ļblica.

19. Sistemas integrados o desintegrados de salud

Varias de las cosas dichas hasta aqu√≠ (me refiero en este texto que estamos escribiendo leyendo) son pertinentes para contestar esta inquietud. Una primera respuesta franca es que sigo sosteniendo lo central de la propuesta SNIS, e incluso ir√≠a un poco m√°s all√° para postular un SUS o Sistema √önico de Salud. Y esto pone a mi posici√≥n en el terreno del voluntarismo, porque es obvio que no existe ni la m√°s m√≠nima posibilidad de plantear esa pol√≠tica hoy en la Argentina. Pero ya habl√© de voluntarismo y entonces acent√ļo el hoy de la frase anterior, convencido de que la propuesta de SUS podr√≠a llegar a ser el paso inicial de un camino largo y dif√≠cil pero, dir√≠a, necesario si queremos realmente una salud solidaria, equitativa e igualitaria.

El campo de la salud se encuentra, en efecto, enormemente fragmentado y todos los intentos de revertir esa situaci√≥n han chocado con resistencias feroces y han terminado por agravarla en lugar de resolverla. Pienso (y digo) que los sanitaristas somos el grupo profesional m√°s frustrado de Am√©rica latina porque sabemos a la perfecci√≥n lo que hay que hacer y jam√°s hemos podido hacerlo (ni siquiera de manera parcial, como era la propuesta del SNIS) en ning√ļn pa√≠s del continente salvo Cuba. Y cuando hablo de resistencia feroz es f√°cil demostrarlo: cuando en 1973 el ministro de Salud Dr. Domingo Liotta envi√≥ el proyecto a la Legislatura nacional, la CGT anunci√≥ que si ese proyecto se aprobaba declaraban una huelga general (¬°a Per√≥n!). Esa misma CGT declara permanentemente que promueve un modelo de organizaci√≥n asistencial solidario. Me parece que tengo un concepto algo distinto de la solidaridad.

No creo que sea posible modificar la organización asistencial sin el acuerdo de los trabajadores (todos, no sólo los de salud), para lo cual y tomando en cuenta lo que afirmo en el punto anterior (18) habría que comenzar introduciendo el tema en el debate interno de las organizaciones de trabajadores, para lo que no creo que ninguno de los grupos existentes tenga la más mínima vocación. Si alguna vez se logra hacerlo podremos seguir conversando. Hasta entonces tal vez se pueda discutir la cuestión en otras organizaciones políticas que no tengan intereses tan parciales respecto del tema (algo de eso hay en los CICs y otras organizaciones de base política). Ya lo dije: largo y difícil, pero no imposible.

20. Tiempo y sentido de la vida

Me gusta la f√≥rmula que utiliza el fenomen√≥logo Alfred Sch√ľtz cuando menciona los motivos ‚Äúporque‚ÄĚ y ‚Äúpara‚ÄĚ, el primero como individual, hist√≥rico e intransferible y el segundo como colectivo, dirigido al futuro y compartido. Creo que el primero nos prepara para la vida (para un cierto tipo de vida; es el que nos facilita las elecciones que hacemos) y el segundo el que le confiere sentido.

Muchas veces he contado (a esta altura no tengo m√°s remedio que repetirme, porque ya no me da el pinet para pensar cosas nuevas) que mi ‚Äúmotivo porque‚ÄĚ naci√≥ en las reuniones que se hac√≠an en la casa de mis abuelos paternos los domingos con la familia (era una familia ampliada) donde se discut√≠a pol√≠tica y se terminaba afirmando que no se hab√≠a podido hacer la revoluci√≥n (eran todos socialistas) porque no estaban dadas las condiciones (no estoy seguro de que las cosas fueran as√≠ en la realidad, pero son as√≠ en mi recuerdo). Y desde entonces deambulo con esa deuda en mi conciencia (¬Ņcu√°les son las condiciones que tienen que estar dadas para que se pueda hacer la revoluci√≥n? Creo que para responder a esa pregunta escrib√≠ los libros que escrib√≠).

En cuanto al sentido de mi vida es (lo dije antes) transformarme en hormiga (o abeja tal vez) y para eso me junt√© con los compa√Īeros (de este y otros pa√≠ses) y ver si podemos construir el hormiguero (o el panal) que necesitamos, como condici√≥n que tiene que estar dada, para hacer el Sistema √önico de Salud.

No, no creo que el saber de la muerte le dé el sentido a la vida.

21. Vidas brillantes

Siempre (y todav√≠a) la literatura: primero la literatura francesa sobre todo durante mi paso por el colegio secundario, luego la inglesa (mucho m√°s que la norteamericana) durante los a√Īos universitarios y de pronto lleg√≥ mi primera migraci√≥n hacia Venezuela; entonces para saber qu√© pa√≠s era ese le√≠ todo R√≥mulo Gallegos que pinta, como Balzac en la Com√©die Humaine, un amplio panorama de su pa√≠s (el paisaje urbano intelectual en Reinaldo Solar, el llano en Do√Īa B√°rbara, el campo petrolero en Pobre negro, la selva en Canaima, lo popular en Cantaclaro). Y eso me desencaden√≥ la lectura de los escritores de este continente, primero en castellano y despu√©s tambi√©n en el portugu√©s de Brasil. Y sigue. Y teatro, y poes√≠a, y seguramente morir√© repitiendo alg√ļn verso de mi admirado Garc√≠a Lorca: compadre quiero morir, decentemente en mi cama‚Ķ

La literatura filosófica, sociológica, económica y política comenzó en el primer exilio (antes había estudiado matemáticas, análisis y álgebra para ser más preciso) para no detenerse más.

Recorr√≠ con fervor militante los ocho vol√ļmenes de El Capital en la edici√≥n de Siglo XXI y luego el resto de la obra de Marx y junto a eso muchos autores de los que elegir√© un par por el enorme riesgo de injusticia (y olvido) que conlleva una selecci√≥n semejante: √Āgnes Heller, Jean Piaget, J√ľrgen Habermas, Ludovico Silva, Carlo Ginzburg, pero me detengo porque la lista completa ser√≠a interminable (creo que ya dije que durante meses, si no a√Īos, le√≠a casi un libro por d√≠a. Las razones de mi apego a estos autores es que cada uno de ellos me mostraba una manera diferente y apasionante de mirar el mundo (y por ah√≠ deb√≠an estar escondidas las condiciones de marras).

En cuanto a si me considero un referente en el campo de la salud latinoamericana no sabr√≠a c√≥mo responder, porque ¬Ņc√≥mo no ser indebidamente modesto sin aparecer como mand√°ndome la parte? o ¬Ņc√≥mo aceptar que lo soy cuando en realidad creo realmente que los referentes de la salud latinoamericana son el grupo de trabajadores/as de salud que nos hemos roto el culo en miles de reuniones, discusiones, trabajos publicados o no, investigaciones buenas, regulares o malas, cursos de docencia en varios niveles, manifestaciones callejeras, funciones ejecutivas (no en mi caso) o deliberativas (no en mi caso)?

Y lo mismo vale para la pregunta sobre la influencia en el accionar de muchos/as trabajadores/as de este campo problem√°tico. Tengo que decir tal vez, pero recuerdo que ante mis dudas y ambivalencias alguien en alg√ļn momento ya perdido de la memoria me dijo que yo hac√≠a del relativismo un absoluto. Pero claro, recordando que los militares de este pa√≠s dec√≠an que la duda es una jactancia de los intelectuales, me declaro definitivamente jactancioso.

22. Mensaje para los trabajadores argentinos

Y vamos de nuevo: creo que el mensaje está dado y si no es así, habrá que leer entrelíneas para encontrarlo.
Les mando un fuerte abrazo solidario.

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Salud

Art√≠culos de este n√ļmero

Horacio Barri
Prefacio
Gianni Tognoni
¬ŅLas muertes y enfermedades como expresi√≥n moderna del genocidio?
Howard Waitzkin
El componente histórico de la salud en el imperio
José Carlos Escudero
Condicionantes supranacionales de la salud colectiva argentina
Graciela Cohen y Florencia Cendali
Reflexiones sobre salud colectiva y justicia social
Héctor Seia
Salud mental es política. Esbozo para un debate
Osvaldo Saidón
Políticas de salud mental
Miryam K. de Gorban
Hablemos de soberanía alimentaria
Fernando Barri
Soja, ambiente y salud: debates pendientes en relación al actual modelo de desarrollo para el campo argentino
Javier Mignone y John Harold Gómez Vargas
Anas Wayuu, el éxito de una organización indígena de salud colombiana en medio de un sistema en crisis
Osvaldo Canelo y Analía Sampaoli
El camino de autonomía de las comunidades
Daniel Goll√°n
El camino hacia la transformación sanitaria. Una propuesta desde el campo nacional y popular
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La medicina social y los desafíos impostergables en Nuestra América
Mario Rovere
La producci√≥n p√ļblica de medicamentos en la Unasur; una mirada desde la salud internacional
Horacio Barri
¬ŅSalud leg√≠tima?
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Ejes articuladores en el campo de la salud

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