De la escuela a la universidad

De la escuela a la universidad

Por Ariel Zysman

La obligatoriedad de la educaci├│n secundaria y la masificaci├│n del acceso a la universidad han incrementado la tensi├│n entre las instituciones de ambos niveles. Esto obliga a un replanteo de los v├şnculos y a un trabajo conjunto que garantice el derecho a la educaci├│n superior. ┬┐C├│mo lograr el pasaje de un nivel a otro y brindar el acompa├▒amiento necesario?
 
Subsecretario de Asuntos Acad├ęmicos de la Facultad de Filosof├şa y Letras (UBA). Docente de Historia de la Educaci├│n Argentina y Latinoamericana (FFyL-UBA)


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La educaci├│n superior en nuestro pa├şs se ha visto profundamente modificada en los ├║ltimos veinte a├▒os. La proliferaci├│n de universidades, mayormente privadas hasta la reciente creaci├│n de nueve universidades nacionales, junto con la diversificaci├│n de carreras t├ęcnicas ha complejizado el escenario de los estudios profesionales.

Por un lado, la multiplicaci├│n de las propuestas acad├ęmicas y el crecimiento sin planificaci├│n de lo que podr├şamos denominar el subsistema de educaci├│n superior con un alto grado de dispersi├│n, solapamiento y a su vez desarticulaci├│n entre instituciones y carreras. Por otro, la complejidad presentada al futuro estudiante que se ve frente al dilema de la elecci├│n de carrera. En tercer lugar, una complejidad que se agrega a partir de la sanci├│n de la Ley de Educaci├│n Nacional: la obligatoriedad de la escuela secundaria y el derecho a la educaci├│n superior cuyo resultado esperado es, entre otros, justamente el crecimiento de ciudadanos con t├ştulos de educaci├│n superior.

Vamos a dejar de lado el primer problema complejo sobre el subsistema de educaci├│n superior, sobre el que s├│lo haremos menci├│n a la necesidad de continuar y profundizar el debate y los acuerdos para alcanzar una imperiosamente necesaria reforma de la Ley de Educaci├│n Superior, para centrarnos en el problema de los sujetos que transitan de la escuela secundaria a la educaci├│n superior.

Viejas rispideces

La relaci├│n entre escuela secundaria y universidad siempre ha sido dif├şcil. Durante mucho tiempo la ├║nica manifestaci├│n p├║blica de esta relaci├│n se produc├şa, y todav├şa se reproduce, cuando algunas carreras, facultades o universidades publican los resultados de sus cursos de ingreso dejando tendales de aspirantes sin lugar para cursar. Esto, que se reproduce fundamentalmente en las carreras tradicionales como medicina, pone en los diarios los aspectos m├ís negativos de la relaci├│n: las universidades responsabilizan a la escuela secundaria por la mala formaci├│n de los estudiantes, y la secundaria critica los cursos de ingreso donde se exigen contenidos que no son propios de la escuela secundaria, sino de la universidad.

En otras palabras, ÔÇťse tiran la pelotaÔÇŁ sin tomar la parte de responsabilidad que le compete a cada nivel. Esta escena de deslinde de responsabilidades se produjo durante todo este tiempo en el marco de una escuela secundaria no obligatoria. Hasta el 2006, el paso de la secundaria a la universidad era responsabilidad casi exclusiva del estudiante y su familia. Los n├║meros de deserci├│n y desgranamiento en los cursos de ingreso o el CBC de la Universidad de Buenos Aires dan clara muestra de esta situaci├│n: estudiantes que intentan durante un tiempo sobrevivir en los primeros a├▒os del nivel superior hasta que desisten; y esta escena se produce tanto en el nivel t├ęcnico superior como en la formaci├│n docente o las carreras universitarias.

La sanci├│n de la Ley de Educaci├│n Nacional (LEN) modific├│ dos cuestiones de importancia en esta direcci├│n: en primer lugar estableci├│ la obligatoriedad de la educaci├│n secundaria. Esta situaci├│n que a├║n resulta muy dif├şcil de alcanzar pone en tensi├│n el car├ícter selectivo del nivel, pero tambi├ęn ejerce presi├│n sobre el nivel superior a mediano plazo. En segundo lugar, la LEN produjo un cambio en el discurso educativo, afianzando su car├ícter de derecho en todos sus niveles, incluido el superior. En esta direcci├│n puede considerarse la creaci├│n de nuevas universidades nacionales, muchas de ellas radicadas en el conurbano bonaerense en donde se convierten en la primera posibilidad de estudios superiores para la comunidad local, generando altas expectativas al respecto.

Ambas cuestiones implican necesariamente una revisi├│n de las pr├ícticas en cada nivel y la relaci├│n entre ambos; la articulaci├│n aparece como un tema a problematizar. En este sentido, resulta indispensable desarrollar nuevas estrategias para acompa├▒ar el tr├ínsito de un nivel a otro; pero ┬┐cu├índo comienza ese tr├ínsito? ┬┐Cu├índo deben elegir qu├ę estudiar? ┬┐Qu├ę herramientas proveen la escuela secundaria y las universidades para acercar a los alumnos a la posibilidad de continuar los estudios? ┬┐C├│mo reciben y acompa├▒an a los ingresantes las instituciones del nivel superior?
Estas preguntas, a modo de introducci├│n al tema, pretenden complejizar la relaci├│n y presentar este proceso como un problema pedag├│gico que s├│lo es posible abordar en la interrelaci├│n escuela secundaria-universidad, ya que para hacer efectivo el derecho a la educaci├│n superior no alcanza con el t├ştulo del secundario y la elecci├│n de una carrera, m├íxime cuando en muchos casos se trata de primeras generaciones de estudiantes universitarios.

Estudiar en la universidad

Lo que para muchos j├│venes puede resultar familiar, en amplios sectores de la poblaci├│n resulta ajeno. En el imaginario familiar no hay espacio para preguntarse por la posibilidad de continuar estudiando, ya sea porque no se dispone del tiempo-dinero (j├│venes que por su situaci├│n econ├│mica consideran que no pueden darse el lujo de estudiar, o que no podr├ín estudiar y trabajar) o porque no consideran que estudiar una carrera sea ÔÇťpara ellosÔÇŁ. En muchos casos, ese habitus inculcado surte el efecto de profec├şa autocumplida y la posibilidad de inscribirse siquiera para probar suerte no aparece.

No obstante es preciso destacar que, aun en aquellos sectores donde estudiar una carrera s├ş aparece como horizonte o proyecto, tampoco este imaginario cultural y familiar alcanza para atravesar el pasaje (y la carrera) con ├ęxito. Como mencion├íramos anteriormente, los n├║meros de deserci├│n y desgranamiento en los ingresos y primeros a├▒os de la universidad muestran hasta qu├ę punto todos los alumnos secundarios son sujetos que requieren de una mejor articulaci├│n del sistema para lograr un tr├ínsito fruct├şfero.

Por estos motivos, considerar el pasaje de un nivel a otro no es solamente acompa├▒ar la elecci├│n espec├şfica de una carrera universitaria; se trata de construir la oportunidad de que las ÔÇťnuevasÔÇŁ primeras generaciones de estudiantes universitarios ÔÇôy las no tan nuevasÔÇô encuentren en la universidad un escenario posible de habitar en el corto y mediano plazo.

En segundo lugar, estudiar en la universidad muchas veces se torna inasible: el relato de profesores, la charla con estudiantes universitarios o profesionales de diversas carreras, e incluso las tan mentadas visitas a las universidades no alcanzan para que los alumnos secundarios puedan darle forma a la idea. Entre las pr├ícticas de la escuela secundaria, es preciso modificar el v├şnculo de trabajo que se establece con instituciones de nivel superior.

Esto implica replantearse el momento que usualmente se considera oportuno para comenzar con la ÔÇťorientaci├│n vocacionalÔÇŁ y en este sentido, el ├║ltimo a├▒o resulta tarde. En la medida en que la escuela construya diversos proyectos de trabajo junto con universidades o institutos superiores (uso compartido de laboratorios, bibliotecas, proyectos interinstitucionales, etc.), estas ├║ltimas pueden ser percibidas como instituciones cercanas y pasibles de ser habitadas. En otras palabras, un tr├ínsito fluido entre instituciones puede permitirles a los alumnos ÔÇťperderle el miedoÔÇŁ e incluso desarrollar mejores elecciones vocacionales.

En tercer lugar, y m├ís all├í de la orientaci├│n a los estudiantes respecto de sus motivaciones, intereses y habilidades y sus proyecciones ocupacionales, acompa├▒ar en el pasaje a los alumnos implica necesariamente un trabajo con todos los docentes ya que el trabajo de ÔÇťpreparaci├│nÔÇŁ de los alumnos hacia la educaci├│n superior no puede ser solamente responsabilidad de los tutores, preceptores y orientadores. Para ello es posible involucrar al conjunto de docentes a partir de diversas estrategias que los interpelen en su tarea cotidiana. La actualizaci├│n disciplinar y pedag├│gica que suponen los nuevos dise├▒os curriculares as├ş como la constante actualizaci├│n generalmente muy solicitada por los docentes del nivel secundario abren puertas para tender algunos puentes precisos. No se trata de universidades ofertando programas de capacitaci├│n, sino de celebrar convenios de trabajo entre instituciones para desarrollar mejores proyectos de ense├▒anza que achiquen las brechas entre los contenidos que la escuela secundaria debe proporcionar y aquellos que la universidad considera que deben poseer los alumnos ideales que espera, pero nunca llegan. Los nuevos formatos pedag├│gicos que se proponen para la escuela secundaria en las resoluciones del Consejo Federal (84/09 y 93/09) habilitan la planificaci├│n de instancias diversas como seminarios o jornadas en las que es posible articular la ense├▒anza entre niveles en los ├║ltimos a├▒os del ciclo superior.

Democratizar el ingreso

As├ş como hemos mencionado algunas estrategias para comenzar a modificar las pr├ícticas habituales de cara a la elecci├│n vocacional, es importante comenzar por sostener un discurso democratizador acerca del ingreso de los estudiantes a la universidad. Lugares comunes como la mala preparaci├│n del secundario o no todos est├ín preparados para una carrera universitaria aparecen como frases de cabecera a la hora de explicar el fracaso de los nuevos ingresantes, incluso una forma de ÔÇťadvertirÔÇŁ al docente la dificultad de la tarea a la que se enfrentar├í. La sentencia es previa y pretende justificar en forma recurrente los resultados de los cursos de ingreso eliminatorios o filtros preacceso a las carreras.

Sobre la base del discurso academicista y meritocrático se pretende justificar el peine fino sobre los aspirantes, asumiendo que de ese modo permanecen aquellos que están en condiciones de hacer frente a los estudios superiores. En este sentido, la universidad pública está obligada a replantearse sus formas de acceso. La defensa del ingreso irrestricto es sólo una de las aristas del problema; acompañar a los estudiantes una vez ingresados es el segundo paso necesario para el sostenimiento de la cursada.

Desde esta perspectiva resulta interesante la reconfiguraci├│n del mapa que se produjo a partir de la creaci├│n de nuevas universidades nacionales. En muchos casos su creaci├│n vino a ratificar un trabajo que ya se ven├şa realizando a nivel local con sedes de otras universidades. En otros, la apertura produjo la necesidad de pensar c├│mo se incorporar├şan sujetos que hasta ese momento no hab├şan considerado la posibilidad de estudiar en la universidad. En el ├║ltimo tiempo es posible encontrar m├║ltiples experiencias que dan cuenta de novedosas formas de pensar este acompa├▒amiento en el ingreso: desde cursos niveladores pero no excluyentes, pasando por tutores acad├ęmicos en los primeros a├▒os, se han ido ensayando diversas acciones que permiten pensar el ingreso en clave de derecho y no como privilegio de aquellos que pueden solos. Y esto comienza a movilizar la pregunta en universidades de larga tradici├│n ya que la redistribuci├│n de la matr├şcula del nivel obliga a realizar an├ílisis que hasta hace poco tiempo no parec├şan necesarios.

Entre otras estrategias debe mencionarse tambi├ęn el trabajo territorial que estas nuevas universidades han ido desarrollando: en muchos casos se trata de un programa de articulaci├│n centrado en el v├şnculo con los alumnos a trav├ęs de sus instituciones, organizaciones, agrupaciones y lugares de referencia con una fuerte presencia de la universidad para fortalecer el arraigo territorial convirti├ęndolo en un lugar de referencia para los j├│venes, donde puedan acercarse a desarrollar actividades incluso antes del acceso a su carrera universitaria.

De este modo, la presencia de la universidad no se reduce a charlas informativas, indispensables para brindar a los j├│venes la informaci├│n necesaria sobre la universidad y sus carreras, sino que se abre para interpelar el imaginario colectivo del acceso privativo a la universidad destinada s├│lo a un grupo privilegiado, acercando la misma a la realidad de su contexto. En muchos casos el trabajo con organizaciones sociales resulta crucial para acercar a los j├│venes a la universidad.

En otros casos, la pregunta sobre el ingreso y la permanencia abre camino a una mirada introspectiva de las unidades acad├ęmicas para comprender qu├ę sucede con el alumnado, porque aun con los cursos, filtros y nivelaciones, en la Argentina el tiempo real de duraci├│n de una carrera universitaria es casi el doble del tiempo estipulado por los planes de estudio.

Nuevos desaf├şos para la escuela y la universidad

El tr├ínsito de la educaci├│n secundaria a la universidad ha estado siempre pregnado de dificultades y disputas. El concepto piramidal que configur├│ el sistema educativo del siglo XX viene mostrando sus l├şmites para hacer lugar a todos en clave del derecho a la educaci├│n.

Si bien uno de los objetivos de la educación secundaria es formar para la continuidad de los estudios superiores, su carácter actualmente obligatorio redunda en la responsabilidad institucional para que esa formación encuentre el camino de la posibilidad.

Por su parte, la masificaci├│n del acceso a la universidad y la creaci├│n de universidades en el conurbano bonaerense cuestionan el lugar de las universidades tradicionales, generan expectativas sobre el sistema de educaci├│n superior y desaf├şan a encontrar nuevas formas institucionales de acompa├▒amiento.

El eje principal de cualquier propuesta de articulaci├│n y orientaci├│n debe ser el estudiante, en pos de garantizar el verdadero acceso y sostenimiento de una carrera universitaria, sin perder de vista que el objetivo es siempre el desarrollo de sujetos aut├│nomos capaces de llevar adelante su recorrido universitario de manera independiente. Para lo cual es necesario no s├│lo que exista una universidad cerca, sino crear las condiciones de posibilidad.

Hoy, que los alumnos ingresen y puedan sostener sus estudios superiores hasta la graduaci├│n no es un privilegio sino un derecho. Repensar la universidad p├║blica y sus concepciones debe ser una tarea de todos aquellos que formamos parte de la educaci├│n superior.

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