Crisis y oportunidad: la integración en la Unasur

Crisis y oportunidad: la integración en la Unasur

Por Jorge Notaro


 
Investigador del Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Coordinador del Taller de Economía Nacional y Popular, programa del Centro Artiguista de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CADESYC) y la Fundación Vivian Trías


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Frente al recrudecimiento de la crisis internacional, los países miembros de la Unasur deben fortalecer el proceso de integración, aumentando el comercio interregional y la demanda interna en cada país. El desafío es hacerlo resolviendo las diferencias políticas y las asimetrías económicas.

Hace un año, en Voces número 4, se analizaba con optimismo y esperanzas el nacimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Los acuerdos de la reunión de presidentes en Buenos Aires en el mes de agosto del presente año confirman esas valoraciones. La crisis internacional tuvo como respuesta un conjunto de acuerdos de cooperación sin precedentes y su implementación contribuirá a construir un futuro más autónomo para las economías de la región.

El contexto: una crisis en varios capítulos

En el momento de cerrar este artículo, la Eurozona respira, el Parlamento griego aprobó el programa de ajustes exigido como contrapartida de las medidas de apoyo. El G20 finalizó su reunión con una declaración con aspectos casi autocríticos.

La situación de las economías de la región seguirá siendo mala pero no peor, los pronósticos de crecimiento se ajustan a la baja y se controlará que Italia cumpla el compromiso de ajuste para reducir la relación deuda-PBI.

La crisis empezó en 2008 en los Estados Unidos, cuando un número creciente de familias no pudieron pagar las cuotas de las hipotecas sobre sus casas. Eran familias que siempre tuvieron una baja capacidad de endeudamiento, pero algunos bancos y numerosos comisionistas los exhortaron a endeudarse.

En julio de 2011 el problema estuvo en los gobiernos. En los Estados Unidos el Poder Ejecutivo precisó una autorización del Parlamento para aumentar sus deudas. En la Unión Europea, Irlanda, Portugal, España, Grecia e Italia quedaron al borde de la incapacidad de pagos y precisaron importantes apoyos financieros.

En las últimas semanas la atención se centró en la posibilidad de que Grecia cayera en incapacidad de pago de las deudas del gobierno, de algunos bancos y de algunas empresas. Es sólo la punta del iceberg que es el riesgo de quiebra de varios bancos europeos, principalmente alemanes, que son los principales acreedores.

Las nuevas medidas de apoyo a Grecia aprobadas a fines de octubre incluyeron tres aspectos:
a) Una quita voluntaria de los bancos acreedores a la deuda griega del 50 por ciento.
b) La capitalización del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) que pasa de 440.000 millones de euros a 1.300.000 millones (1.3 billones).
c) La recapitalización de los bancos europeos con 146.000 millones de dólares para que puedan absorber las pérdidas derivadas de la quita de la deuda griega.
La incertidumbre se desplazó hacia la deuda pública italiana, la implementación por parte del gobierno de las medidas de contracción de demanda y su eficacia para mejorar el resultado fiscal y reducir la deuda. El gobierno italiano será sometido a un cuidadoso seguimiento por el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE).
Todas estas medidas no les devolvieron la tranquilidad a los bancos ni a los inversionistas y el viernes 4 de octubre, en las principales bolsas de valores, las cotizaciones de las acciones volvieron a caer.

Los principales cambios en la situación internacional

Se puede hablar de la decadencia económica de los Estados Unidos y la Unión Europea, con problemas financieros y políticas de contracción de la demanda que producen enlentecimiento del crecimiento o recesión, aumento del desempleo y movilización popular en contra de las medidas.

China se encamina a ser la economía de mayor magnitud del mundo. Es el principal acreedor de los Estados Unidos y las dos terceras partes de sus reservas, 3.200 billones de dólares, están en esa moneda y continúan aumentando. La devaluación del dólar reduce el poder de compra de sus reservas, pero si deja de comprar bonos de Estados Unidos, exportará y crecerá menos.

Los bancos europeos, principalmente alemanes y franceses, están en riesgo de quebrar por tener una gran cantidad de deuda del gobierno, los bancos y las empresas griegas e italianas, sufren también una fuga de depósitos que se dirigen a otros destinos más seguros. La incertidumbre genera alta volatilidad en tres aspectos: i) los principales índices accionarios en las bolsas mundiales; ii) los precios de las commodities, y iii) las cotizaciones de las monedas.

América latina empezó el año con crecimiento de la actividad económica y mejoras en el empleo y los salarios, que fueron mayores en los países sudamericanos según el informe de junio de 2011 de CEPAL-OIT sobre la Coyuntura Laboral. Los impactos de la crisis fueron peores para los países con mayor comercio con los Estados Unidos en primer término y con la UE en segundo: en México, Centroamérica y Chile el PIB cayó más y el desempleo tuvo mayor aumento. Algunos países de la región contribuyeron a una reactivación más rápida aumentando el gasto del gobierno en obras públicas, en planes de empleo de emergencia, en estímulos a empresas con dificultades o en programas sociales.

Según dicho informe se observa una mayor preocupación que durante situaciones críticas de años anteriores por mantener el empleo y los ingresos de la población. Las medidas aspiraron a aumentar la demanda interna y a evitar que la crisis golpeara sobre todo a los hogares de bajos ingresos. Además cayeron los altos precios de alimentos y combustibles, con lo cual, a diferencia también de experiencias pasadas, la inflación bajó en el contexto de la crisis.

En los próximos meses el impacto en las economías de América del Sur se sentirá en un menor ritmo de crecimiento de sus exportaciones, tanto en las dirigidas a la Unión Europea y los Estados Unidos como en las destinadas a los países que tenían en estos mercados un destino importante de sus exportaciones y reducirán también su ritmo de crecimiento, como China e India. Al mismo tiempo es probable que el flujo de capitales se mantenga o aumente, como destino de los depósitos que fugan de la inseguridad de los bancos europeos y como opción para los fondos que compraban deuda pública de gobiernos europeos que ha perdido seguridad según las calificadoras de riesgo.

Las nuevas oportunidades

En la reunión de presidentes en Buenos Aires en el mes de agosto de 2011 se lograron importantes acuerdos y el compromiso de implementarlos en 60 días: promover el aumento del intercambio comercial intrarregional; utilizar las monedas de los países de la región sustituyendo al dólar en el comercio; la integración de las cadenas de valor y la generación de puestos de trabajo de mejor calidad en todos los países.

La próxima reunión extraordinaria del Consejo Suramericano de Economía y Finanzas tiene el propósito de analizar la posibilidad de una caída del nivel de actividad económica y del comercio mundial, evaluar cuál seria el impacto sobre la región y promover medidas de los países miembros para enfrentarlo y los avances de los grupos de trabajo que fueron constituidos.

Se destacan cuatro líneas de trabajo:
a) Movilizar las reservas internacionales, la posibilidad de expansión del Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) para potenciarlo como instrumento de toda la región. El fortalecimiento del FLAR para préstamos de corto plazo a países con dificultades de pagos externos o problemas en el mercado cambiario daría a la región mayor independencia del Fondo Monetario Internacional y evitaría las políticas recesivas y antipopulares que este exige, como está ocurriendo actualmente en España, Grecia e Italia.
b) Impulsar el uso de monedas de la región para el intercambio intrarregional como incentivo para profundizar la integración y analizar el Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE) u otros sistemas de compensación y unidad de cuenta regional. Diseñar mecanismos de financiamiento del comercio atendiendo a las asimetrías.
c) Incentivar el comercio intrarregional considerando las asimetrías para confluir hacia la complementación socioproductiva sobre las bases de la cooperación, el aprovechamiento de las capacidades y potencialidades así como el uso sustentable de los recursos naturales y la generación de empleo. Para los países del sur de América latina una gran oportunidad es el aumento del valor de sus recursos naturales en un momento de gran incertidumbre sobre el valor de monedas y acciones así como de agotamiento de la compra de deuda de países de la zona del euro. Es deseable una integración que vaya más allá del intercambio comercial y se instale en las cadenas productivas, promoviendo la sustitución de la competencia por la cooperación.
d) Acelerar el lanzamiento del Banco del Sur. En septiembre, la Argentina fue el cuarto país en ratificar el convenio de creación del banco y se sumó a Venezuela, Ecuador y Bolivia. La Argentina, Brasil y Venezuela serán los que aporten la mayor parte de los recursos, dos mil millones cada uno en cinco años. En octubre el proyecto ingresó al Parlamento en Uruguay. Este banco dará a los países de la región mayor independencia del Banco Mundial y del BID, accediendo a préstamos sin las condiciones que estas instituciones imponen.

La profundización de la integración tendrá que superar dos dificultades, las diferencias políticas y las asimetrías económicas.

Adaptando las categorías construidas por Alain Touraine para analizar las relaciones entre capital y trabajo, podemos clasificar a los países de América del Sur en cuatro grupos. Por una parte la Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela, como casos de “asociación conflictiva”, con gobiernos que asumen el conflicto sin descartar la cooperación, con las organizaciones empresariales, los organismos internacionales de crédito, los medios de comunicación o el gobierno de los Estados Unidos. Otra situación es la de Chile y Colombia, que se podría considerar de “asociación sometida” en la medida en que los gobiernos no asumen el conflicto en ninguno de los aspectos señalados. Un tercer grupo integrado por Brasil y Uruguay, en una situación intermedia en la que predomina el objetivo de minimizar el conflicto. Finalmente, Paraguay y Perú como incógnitas, el primero por las inestables relaciones de poder en el sistema político y el segundo por el reciente cambio de gobierno.

Las asimetrías son múltiples, la magnitud de la economía de Brasil medida por el PBI es varias veces la de la Argentina, que a su vez es varias veces la del Uruguay, que es mayor que la de Paraguay. Pero Brasil tiene un PBI por habitante menor que la Argentina y Uruguay y mayor número de personas pobres, por lo que no puede tener el papel que tuvieron Alemania y Francia en la Unión Europea transfiriendo recursos para promover la integración de países de menor desarrollo relativo. Pero podemos esperar de Brasil una política exterior realista e inteligente, generando espacios para el crecimiento de las economías de menor magnitud.

Estas diferencias se reflejan en las políticas macroeconómicas, en particular cambiarias y arancelarias, así como en los tratados de libre comercio y de protección de inversiones que derivan en diferentes tratamientos al capital extranjero.

Las tareas pendientes

Los principales riesgos de los impactos de la crisis requieren coordinar medidas complementarias:
a) La volatilidad de los flujos internacionales de capital hace necesario desestimular el ingreso de capitales especulativos de corto plazo; seleccionar las actividades en las que se permitirán inversiones extranjeras; regular la repatriación del capital y la transferencia de utilidades de las inversiones directas; acelerar la creación de las instituciones financieras regionales; acordar el intercambio de información fiscal para perseguir la fuga de capitales y el lavado de activos.
En la recién finalizada cumbre del G20 estuvo presente el debate sobre la creación de un impuesto al movimiento internacional de capitales para desestimular la especulación pero no se logró consenso. También estuvo presente la preocupación por el combate a los paraísos fiscales, que tampoco logró consenso. Alemania y Francia promueven ambas medidas y la Argentina las apoyó, pero los Estados Unidos e Inglaterra se oponen.
b) La recesión en los países de mayor desarrollo tendrá impactos en las exportaciones y el nivel de actividad. Estos impactos negativos serán mayores si continúa la devaluación del dólar como resultado de la inyección de 447.000 millones de dólares propuesto por Obama al Congreso. Se requieren medidas para fortalecer el comercio interregional y aumentar la protección con el resto del mundo; aumentar la demanda interna en cada país para que aumente en la región; proteger el mercado regional con medidas antidumping y aumentar el Arancel Externo Común en el Mercosur.
c) El papel de China puede ser muy importante. Para el Banco del Sur sería una fuente de recursos de bajo costo teniendo en cuenta el nivel de las tasas de interés y a China le daría la oportunidad de colocar sus excedentes en monedas diferentes al dólar que se devalúa. Los países de América del Sur podrían también renegociar el intercambio comercial, dado que actualmente la región exporta casi exclusivamente materias primas e importa bienes con alta tecnología.
d) El Consejo de Economía de la Unasur tendrá dificultades para lograr consensos. A las diferencias ideológicas y a las asimetrías se agrega que muchas veces los funcionarios que participan (ministros, presidentes de bancos centrales) mantienen su ideología neoliberal y no entienden, o no comparten, el proyecto político.

Mirando desde el Uruguay

El Uruguay tiene dos grandes deudas éticas con los países vecinos y una limitación operativa que debe corregir si aspira a participar en la profundización de la integración.

En primer lugar, se presta para el lavado del dinero proveniente de la defraudación de impuestos, la corrupción y el delito. Es imperioso firmar los acuerdos de intercambio de información tributaria, inmobiliaria y de depósitos bancarios con los países de la región.

El primer perjudicado es el Uruguay: cuando se comprobaron estafas realizadas por banqueros uruguayos, si estos acuerdos hubieran estado vigentes, se habría podido perseguir los bienes de los delincuentes en los países vecinos y reducir las pérdidas de los depositantes.

En segundo lugar, se presta como trampolín para las exportaciones de China. Algunos empresarios radicados en el país han logrado el apoyo del gobierno para importar tela, cortarla y coserle los bordes para intentar exportarla como frazadas. Lo mismo ocurre con los kits de bicicletas o automóviles, que no cumplen con los requisitos de las normas de origen. Es necesario que el gobierno uruguayo asuma un mayor compromiso con las normas de origen.

La limitación operativa está en la concepción liberal de la integración que tienen varios de los funcionarios encargados de las negociaciones, a pesar de que el presidente Mujica ha manifestado que no quiere una integración “fenicia”. Estos funcionarios consideran que el Mercosur fracasó y no reconocen que el fracaso fue de la concepción liberal del proceso, que esperaba que eliminando aranceles los mercados reasignaran los recursos para un uso más eficiente. Sus argumentos se fortalecen cuando Brasil utiliza trabas paraarancelarias o desde la Argentina las empresas con negocios en el puerto de Buenos Aires dificultan el dragado del canal Martín García.

El Uruguay debería apoyar el aumento del Arancel Externo Común, acompañar el ritmo de devaluación de Brasil y preparar sus propuestas para la próxima reunión. Para que no aumenten las ganancias extraordinarias del capital instalado en el complejo agroindustrial de exportación es imprescindible aplicar detracciones, lo que al mismo tiempo contribuye a reducir el impacto en el aumento de los precios de los alimentos.
La importancia y la complejidad de las negociaciones requieren que la representación de Uruguay tenga integrantes con un enfoque político de la integración como el del presidente Mujica que ha señalado en múltiples ocasiones su aspiración de una integración económica, social, política y cultural.

No es coherente que los mismos funcionarios que promovieron el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos se encarguen ahora de un proyecto que tiene entre sus objetivos lograr una mayor autonomía económica regional, que adopta como instrumento las negociaciones políticas sin esperar que la integración resulte de la acción de los mercados y que en ambos aspectos, objetivo e instrumento, subordina la economía a la política.

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Artículos de este número

Carlos Alonso Bedoya
Unasur, integración y crisis internacional. La hora de mirar para adentro
André BojikianCalixtre - Pedro Silva Barros
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