Condicionantes supranacionales de la salud colectiva argentina

Condicionantes supranacionales de la salud colectiva argentina

Por José Carlos Escudero

La enfermedad en el hombre es multicausal, con tramas a veces muy complejas de interrelación, y la lucha por mejorarla suele ser muy desigual. En una visión de largo plazo, cuando se está configurando un nuevo perfil epidemiológico mundial, es hora de pensar en soluciones estructurales, que tiendan a una salud desmercantilizada.
 
Médico sanitarista y sociólogo. Prof. titular UNLU y UNLP


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Decir que algo ‚Äúcondiciona‚ÄĚ se aproxima a decir que algo ‚Äúcausa‚ÄĚ, y la causaci√≥n de las enfermedades que afectan/matan a los homo sapiens suele abrir una disputa pol√≠tico/ideol√≥gica. Quienes defienden una causalidad de la salud colectiva exclusivamente biol√≥gica, tataranietos reduccionistas de Robert Koch, son tan dogm√°ticos como quienes defienden una causaci√≥n exclusivamente pol√≠tico/social, tataranietos igualmente reduccionistas del conciudadano y contempor√°neo de Koch, Rudolf Virchow. Las causaciones psicol√≥gico/culturales de la salud colectiva han sido poco trabajadas, quiz√° debido a que el punto de mira y actividad de quienes las enfatizan se centran casi exclusivamente en los individuos, no en los colectivos humanos. Todos piensan poco o nada en causalidades que provienen del mundo natural: fen√≥menos meteorol√≥gicos extremos, erupciones volc√°nicas, terremotos o tsunamis, cuya causa/condicionante es la termodin√°mica o la din√°mica de placas del planeta; o en un improbable pero no imposible aerolito que provenga del espacio exterior, como el que extingui√≥ a los dinosaurios y dej√≥ espacio para que los mam√≠feros nos convirti√©ramos en hegem√≥nicos.

De hecho, la enfermedad en el homo sapiens es multicausal, con tramas a veces complej√≠simas de interrelaci√≥n; y la lucha por mejorarla suele incluir la toma de medidas que se obtienen de √°reas de causalidad que no son necesariamente las que postulan los diferentes ide√≥logos fundamentalistas del tema. Por ejemplo, no se puede impedir que las placas terrestres colisionen, pero s√≠ se pueden tomar medidas para reducir su da√Īo, como la construcci√≥n de casas antis√≠smicas, alertas tempranas de tsunamis, etc. A continuaci√≥n se har√° una enumeraci√≥n de √°reas que afectan la salud colectiva argentina y que provienen de fuera de nuestras fronteras.

La biosfera del planeta Tierra

Compartimos con otras formas de vida una biosfera. Nuestro pa√≠s siempre ha recibido enfermedades provenientes de otros, en un proceso al que ha ayudado la actual rapidez de viajes internacionales. Pero en la biosfera est√°n ocurriendo tambi√©n fen√≥menos nuevos, que son perjudiciales para nuestra salud, y cuya extrapolaci√≥n asusta. El m√°s importante es el calentamiento planetario. Consecuencia del consumo de combustibles f√≥siles por una industrializaci√≥n que ha sido bienvenida casi un√°nimemente, se ha generado un aumento de temperatura planetaria que hace que, cada a√Īo, se superen las marcas hist√≥ricas, y que genera da√Īos de variada √≠ndole, cuyo mayor impacto se traduce en mayor frecuencia de fen√≥menos atmosf√©ricos extremos: huracanes, sequ√≠as, inundaciones, y mayor impacto de cada uno de ellos. Los pa√≠ses mas responsables de esto son Estados Unidos (contaminaci√≥n por habitante) y China (monto total de contaminaci√≥n).

El planeta está perdiendo biodiversidad, lo que aumenta su vulnerabilidad ecológica. La revolución agrícola, que llevó al sedentarismo, comenzó masivamente este proceso, y la manipulación genética de la agricultura es un muy alarmante desarrollo contemporáneo.

Si la primera tiene pocos cr√≠ticos, ya que con ella aument√≥ mucho la ‚Äúcapacidad de carga‚ÄĚ planetaria y, a m√°s largo plazo, baj√≥ su morbimortalidad, la segunda, cada vez m√°s criticada, se caracteriza por producir forrajes, sin consumo directo para los homo sapiens‚Ķ una p√©sima decisi√≥n si el objetivo es alimentar humanos y no el aumentar los beneficios del capitalismo volcado a la alimentaci√≥n.

Condicionantes supranacionales en la historia argentina para explicar nuestra salud colectiva actual

En cierto momento iniciático en nuestra salud colectiva lo supranacional fue ineludible: un territorio vacío de población humana fue poblándose por sucesivas invasiones de homo sapiens que cruzaron caminando el estrecho de Bering aprovechando glaciaciones y el descenso de los mares, y poblaron toda América, desde Groenlandia hasta el Cabo de Hornos. Todo nuestro territorio fue así poblado por cazadores recolectores, que en algunas áreas se convirtieron en domesticadores de plantas y animales.

Solamente se puede conjeturar su nivel de salud. Pese a la insuficiencia de registros y testimonios, es casi seguro que nuestros habitantes originarios sufrieron, como todos los dem√°s de Am√©rica, una cat√°strofe demogr√°fica luego de sus primeros contactos con las enfermedades de los invasores europeos y sus esclavos africanos, que proven√≠an de sociedades con muchas generaciones de sedentarismo, y, por ende, con un perfil epidemiol√≥gico y de niveles de inmunidad colectiva mucho m√°s sofisticados. Es posible que, tras el colapso inicial, nuestros pueblos originarios hayan obtenido un peque√Īo beneficio secundario: el aumento de biomasa que, en todo nuestro territorio, produjeron los grandes mam√≠feros que acompa√Īaron a los invasores: vacas, caballos, ovejas, cerdos.

Tras la independencia de Espa√Īa, la Argentina se integr√≥ muy r√°pida y eficazmente a una econom√≠a-mundo hegemonizada por Gran Breta√Īa, reduciendo as√≠ sus m√°rgenes de autonom√≠a nacional y abriendo toda su sociedad, incluyendo su salud, a condicionantes supranacionales de toda √≠ndole, aunque Gran Breta√Īa haya sido suplantada hoy por el capitalismo globalizado hegemonizado por Estados Unidos. La primera deuda externa ‚Äďmecanismo de beneficio del capital supranacional y limitador de la autonom√≠a del pa√≠s‚Äď se contrat√≥ en 1824.

Una sucesi√≥n de ‚Äúlimpiezas √©tnicas‚ÄĚ que culminaron en la ‚ÄúConquista del Desierto‚ÄĚ y la ‚Äúdel Chaco‚ÄĚ a fines del siglo XIX, permiti√≥ el uso capitalista a nivel internacional de centenares de miles de kil√≥metros cuadrados, que luego produjeron, con menos esfuerzo que en casi ninguna otra parte del mundo, alimentos para este. Los millones de inmigrantes europeos convocados como mano de obra de nuestro proyecto de naci√≥n dependiente trajeron a nuestro pa√≠s pautas de fecundidad bajas, y recibieron empleo pleno, alimentos baratos y, entre muchas otras cosas, un sistema de instrucci√≥n p√ļblica que era superior al de los pa√≠ses de los que la gran mayor√≠a de ellos proven√≠a (Italia, Espa√Īa, Rusia, el Imperio Otomano). Los perdedores de todo esto fueron ‚Äúgentes sin historia‚ÄĚ: las provincias del centro y el noroeste, los ya mencionados habitantes originarios. Las pol√≠ticas de Estado a nivel nacional con respecto a salud en la Argentina casi no exist√≠an, excepto un control de salud en los puertos, eficaz para disuadir a nuestros importadores de que tuvieran que imponer cuarentenas. Excepciones positivas a este laissez faire sanitario fueron unos pocos sistemas de salud municipales, ciertas campa√Īas nacionales contra algunas enfermedades (TBC), y la construcci√≥n de hospitales federales para ‚Äúdementes‚ÄĚ.

La Argentina comenz√≥ a tener elecciones sin fraude en la segunda d√©cada del siglo XX. El ganador fue el partido radical, con importantes pol√≠ticas en el sector educaci√≥n y muy pocas en el sector salud. En 1930, el primero de una serie de golpes de Estado c√≠vico-militares antidemocr√°ticos derrib√≥ al radicalismo, que permaneci√≥ proscripto, por decreto o por fraude, los siguientes 16 a√Īos. El gobierno fraudulento que lo sucedi√≥ aument√≥ de muchas formas nuestra dependencia de Gran Breta√Īa.

En el a√Īo 1946 una inesperada victoria electoral de la coalici√≥n que Juan Domingo Per√≥n hab√≠a armado inici√≥ un escenario nuevo. La Argentina rompi√≥ lazos de dependencia: eliminaci√≥n de la deuda externa, industrializaci√≥n sustitutiva de importaciones, y se sum√≥ a los pocos pa√≠ses que, dentro del capitalismo, pon√≠an en pr√°ctica pol√≠ticas p√ļblicas bien financiadas para asegurar el acceso a la salud como un derecho. Para intentar explicar este viraje es √ļtil analizar qui√©nes votaron al peronismo en 1946: los cat√≥licos ‚Äďlos antecedentes ideol√≥gicos de Per√≥n y Carrillo, su ministro de salud, eran cat√≥lico-sociales‚Äď, pero tambi√©n gran parte de los socialistas y muchos afiliados a los sindicatos comunistas, cuando esos partidos se sumaron a la coalici√≥n conservadora que enfrent√≥ a Per√≥n. La obra de Carrillo, todav√≠a subestimada hoy, nos dio en pocos a√Īos el mejor sistema de salud colectiva de Am√©rica latina.

El derrocamiento de Per√≥n en 1955 y la proscripci√≥n del peronismo los siguientes 18 a√Īos fueron el primer pelda√Īo de una escalera descendente. La Argentina se sum√≥ al FMI y al BM. La Organizaci√≥n Panamericana de la Salud, r√°pidamente convocada por los golpistas, aconsej√≥ que el sistema de salud deber√≠a descentralizarse, la primera de una serie de sugerencias de pol√≠tica de salud debilitadoras del Estado.

En las √ļltimas d√©cadas, en un mundo cada vez m√°s globalizado y con una crisis que sigue creciendo, el capitalismo empez√≥ a tomar a la salud colectiva como elemento central para su acumulaci√≥n econ√≥mica, a la vez que los pa√≠ses sujetos a recetas neoliberales aumentan las diferencias entre ricos y pobres y reducen el gasto en la salud no mercantil. En nuestro pa√≠s el parteaguas para el protagonismo de esta tendencia lo dio el golpe c√≠vico-militar de 1976 y sus acompa√Īantes de genocidio, destrucci√≥n de conquistas hist√≥ricas, desindustrializaci√≥n y endeudamiento. Bajo este paraguas aparecieron inn√ļmeras pol√≠ticas sociales y de salud, cristalizadas en inn√ļmeros documentos, pr√©stamos e imposiciones originados en el Banco Mundial, la Organizaci√≥n Mundial de Comercio y otras agencias de Naciones Unidas. En ellos se proponen pol√≠ticas que se alejan de la universalidad de una salud desmercantilizada. La Argentina fue un ejemplo extremo de neoliberalismo antisocial, pero los dem√°s pa√≠ses de Am√©rica latina sufrieron versiones moderadas de esta tendencia. Son pocos los que se opusieron frontalmente a esto: Cuba, tras el derrocamiento de su tirano USA Friendly, y en paralelo a sobrevivir a 50 a√Īos de bloqueo; y Venezuela con Hugo Ch√°vez. Lo supranacional a nivel mundial, coartando la soberan√≠a de los pa√≠ses en salud y en otras √°reas, nunca ha sido tan fuerte como ahora. Hay algunos signos optimistas actuales en nuestro pa√≠s: su desendeudamiento internacional, la aparici√≥n de exitosas pol√≠ticas de justicia social e integraci√≥n, que indirectamente mejoraron la salud colectiva, y un muy alto y creciente debate en la cultura nacional sobre hechos pol√≠tico/sociales que hasta hace pocos a√Īos permanec√≠an ocultos.

El capitalismo del siglo XXI y la salud colectiva

El factor supranacional que más afecta a la sociedad y la salud colectiva argentina es el actual capitalismo financiero globalizado. El capitalismo se creó explotando a una enorme masa de trabajadores, y creando mercancías para vender, algunas de la cuales ayudaban a mejorar la salud colectiva: barcos, canales y ferrocarriles para repartir alimento, saneamiento ambiental y domiciliario, inmunizaciones, los primeros fármacos, la asepsia... En este capitalismo la explotación coincidía con una oferta de empleo cuasi universal, y un lento pero persistente aumento del poder de compra de los salarios.

Desde aproximadamente los a√Īos sesenta del siglo XX el capitalismo mut√≥ de ‚Äúproductivista‚ÄĚ a ‚Äúespeculador‚ÄĚ: se volc√≥ crecientemente a la b√ļsqueda de beneficio financiero. La desvinculaci√≥n del d√≥lar de Estados Unidos con el oro, la creaci√≥n de euro y petrod√≥lares, el endeudamiento planificado de pa√≠ses, una cantidad creciente de burbujas especulativas en muchas √°reas, en general una disociaci√≥n creciente entre los montos de dinero a cargo del mundo financiero y la capacidad productiva del planeta, fueron hitos de este proceso, todo esto en un contexto de creciente desempleo y precarizaci√≥n del trabajo. Para el capitalismo es an√≥malo que un bien tan deseado como la salud pueda ser satisfecho (si las medidas que se toman son sensatas) gastando tan poco dinero, lo cual deja muy poco margen para la obtenci√≥n de beneficios. Cuba es el mejor ejemplo mundial de poco gasto en salud y excelentes resultados, en una sociedad donde las premisas capitalistas, por supuesto, no se cumplen, y que resultan en un modelo sanitario inaplicable en ning√ļn pa√≠s capitalista. Por √ļltimo, la salud sensata debe ser conducida por el Estado en su doble papel de regulador y prestador de servicios, no por una sumatoria de ONGs. Esta salud debe ser participativa y contenedora, y al capitalismo ninguna de estas cosas le conviene.

Un estudio de caso revela lo mucho que han cambiado las cosas en unas pocas d√©cadas. Cuando el Partido Laborista brit√°nico gan√≥ imprevistamente la elecci√≥n de 1945, llev√≥ a la pr√°ctica un sistema nacional de salud estatal, unificado, declaradamente igualitario, financiado por Rentas Generales y con profesionales que en su mayor√≠a trabajaban a sueldo. Es orgullo para la Argentina observar que esto fue planteado antes de la haza√Īa Per√≥n-Carrillo, pero que los argentinos pusimos nuestra opci√≥n en funcionamiento dos a√Īos antes que los brit√°nicos. Un ejemplo de lo que el mundo ha cambiado desde entonces es que la mayor oposici√≥n al socialismo sanitario brit√°nico provino de los m√©dicos. En la segunda mayor plaza financiera del mundo, en el pa√≠s que hab√≠a dado al mundo la Revoluci√≥n Industrial, no se opusieron ni los bancos, ni las bolsas, ni la industria farmac√©utica, ni la de tecnolog√≠a sanitaria, ni los prestadores privados de salud.

La salud capitalista de hoy ten√≠a, a mediados del siglo XX, un desarrollo embrionario. Hoy, los silenciosos de 1945 son los m√°s importantes grupos de presi√≥n para que sus reglas y beneficios se impongan en la salud. Hoy, los sistemas estatales europeos est√°n en creciente desfinanciaci√≥n. Cuando sus coberturas disminuyen, cuando los ricos de todos estos pa√≠ses est√°n contratando seguros privados de salud, cuando el desarrollo de medicamentos para lucrar y no para dar salud es dominante, el recuerdo del desarrollo de esos sistemas de la mano del Estado de Bienestar parece un sue√Īo irreal.

En la salud colectiva el capitalismo ha encontrado hoy un √°rea central de acumulaci√≥n econ√≥mica, algo as√≠ como lo fue el desarrollo de los ferrocarriles en la segunda mitad del siglo XIX, pero vendiendo ahora unas mercanc√≠as que, a diferencia de las locomotoras de entonces, son defectuosas o innecesariamente costosas, como ciertos medicamentos, ciertos m√©todos de diagn√≥stico y tratamiento, ciertas estrategias de prevenci√≥n o atenci√≥n de enfermedades. Si puede vender sin limitaciones estas ‚Äúopciones capitalistas aunque no sensatas‚ÄĚ la salud es hoy para el capitalismo la garant√≠a de una ganancia superior a la existente en otras √°reas de la econom√≠a, con un tipo y forma de gasto del que es muy dif√≠cil de evaluar/monitorear/regular con eficacia; la posibilidad de estimular a trav√©s de los medios que controla ‚Äďcasi todos‚Äď la demanda de mercanc√≠as capitalistas. Ante la gran importancia que se da a la salud por parte de la poblaci√≥n, el capitalismo tiene la posibilidad de hacer ‚Äúterrorismo epidemiol√≥gico‚ÄĚ, estimulando el miedo a epidemias que no existen o se exageran; teniendo la posibilidad de desestabilizar a gobiernos antineoliberales diciendo que est√°n da√Īando a la salud colectiva; por √ļltimo distribuyendo d√°divas entre quienes pueden facilitar todo esto: a profesionales, especialmente m√©dicos, a funcionarios, legisladores, partidos pol√≠ticos.

La tendencia de ofrecer una salud cada vez más conveniente al capitalismo, por ineficiente o injusta que esta sea, es creciente en todo el mundo. El gasto en salud (privado o encauzado por lo privado) aumenta, especialmente en medicamentos, que es el más fácilmente reducible/racionalizable si la correlación política de fuerzas en los diferentes países fuera mas favorable a la justicia social.

El capitalismo actual ha desarrollado dos tipos de instituciones novedosas. Una son los ‚Äúpara√≠sos fiscales‚ÄĚ, donde la poblaci√≥n m√°s rica del mundo puede depositar an√≥nimamente sus fortunas, obtener intereses de esta inversi√≥n y no pagar impuestos en ning√ļn lado, ni en el pa√≠s de origen del dinero ni el para√≠so. Est√°n situados en pa√≠ses (Andorra, Liechtenstein), regiones de pa√≠ses (el estado de Delaware, en Estados Unidos), muchos de ellos son regiones, dependencias o enclaves militares de Gran Breta√Īa (la Isla de Man, Islas Caim√°n, Bermuda, Gibraltar). A comienzos del siglo XXI en los para√≠sos estaba depositado la mitad del stock mundial de dinero, el 20% de los fondos externos de los bancos y un tercio de los fondos de las personas m√°s ricas del mundo. El monto de dinero depositado en los para√≠sos se triplic√≥ entre 2005 y 2010.

Se calcula que los ricos de Brasil tienen all√≠ dep√≥sitos por 520.000 millones de d√≥lares, los de M√©xico 417.000 millones, los de Venezuela 406.000 millones y los de Argentina 399.000 millones. Si pudi√©ramos cobrar impuestos a estos miles de millones, podr√≠amos financiar un excelente sistema estatal de salud en estos pa√≠ses latinoamericanos, y evitar√≠amos todos los a√Īos la muerte de algunas centenas de miles de sus ciudadanos.

Queda claro que los paraísos existen por la complicidad de los gobiernos y las clases políticas de los países centrales, que podrían eliminar a estos islotes de corrupción en poco tiempo. Cuando decimos que esta es la era del capitalismo financiero, pensemos un poco en la traición de movimientos políticos en los países centrales que hasta hace algunas décadas defendían la justicia social en sus países.

La segunda instituci√≥n novedosa son los ‚Äúfondos buitre‚ÄĚ: un √°rea del capitalismo mundial tan integrada a √©l como los para√≠sos, y cuya influencia en la judicatura y el sistema pol√≠tico de los Estados Unidos es evidente. Si los buitres doblegaran a la Argentina (recordemos que buena parte de nuestros pol√≠ticos han dicho que debe pag√°rseles), el dinero para una salud desmercantilizada y para las dem√°s pol√≠ticas sociales disminuir√≠a significativamente.

Condicionantes nacionales que interact√ļan con los internacionales en la salud colectiva argentina

Todos los elementos del capitalismo financiero supranacional tienen contrapartidas en la Argentina, y estos se han configurado como fuertes grupos de presi√≥n. Su acceso a los medios es, de lejos, el mayor. Interact√ļan con elementos similares en pa√≠ses centrales, con organismos internacionales de cr√©dito, con gobiernos de pa√≠ses. Hay dos grupos de presi√≥n que pueden individualizarse especialmente. Son ‚Äúlos devaluadores‚ÄĚ y ‚Äúlos endeudadores‚ÄĚ. Los primeros tratan de reducir el valor del peso argentino. Si se toma una decisi√≥n de devaluar (t√©cnicamente sencilla) los beneficios de quienes exportan aumentan, mientras que el costo dom√©stico de los productos aumentar√° tambi√©n, lo cual supone entre muchos otros el costo de los alimentos. Los ‚Äúendeudadores‚ÄĚ tratan que la Argentina se endeude internacionalmente, pidiendo pr√©stamos que devengar√°n comisiones para ellos y cuyas condiciones de negociaci√≥n siempre se traducen en ajustes recesivos para la poblaci√≥n.

Reflexiones finales

En una visi√≥n de largo plazo, se est√° configurando un nuevo perfil epidemiol√≥gico mundial, correspondiente al ciclo de ‚Äúlarga duraci√≥n‚ÄĚ de la globalizaci√≥n financiera. La salud mental colectiva sufre porque las viejas certezas y seguridades que daba el Estado de Bienestar (seguridad de conseguir empleo estable, de conocer fechas y montos de futuras jubilaciones, pron√≥sticos favorables sobre el futuro que encontrar√°n los hijos, etc.) son reemplazadas por incertidumbre en todos estos campos. Varios pa√≠ses europeos tienen hoy un desempleo juvenil de m√°s del 50%, y la mayor parte de los nuevos empleos que se ofrecen son precarios. En todo el Primer Mundo aumentan las diferencias entre pobres y ricos y aumenta la pobreza de los primeros. Este deterioro de la materialidad, m√°s la creciente dificultad de recibir atenci√≥n de salud aumentan la prevalencia de decenas de enfermedades som√°ticas. La Argentina es una admirable excepci√≥n a este deprimente escenario internacional, como lo son un pu√Īado de otros pa√≠ses, pero las presiones para desarmar a estos malos ejemplos de √©xito por seguir un modelo diferente van a mantenerse y quiz√°s a agudizarse.

A esta sensación de precariedad ante el devenir histórico se suman otras precariedades, a nivel individual y familiar. El capitalismo financiero ha estimulado los consumos a través del crédito fácil. Esto le da beneficio económico, pero tiene un subproducto político: enmascara el empobrecimiento de la población. Muchos países centrales tienen hoy deudas internas que superan a sus PBI. Esto genera zozobra individual y familiar, pero también genera disciplinamiento y sumisión política, incapacidad de reaccionar ante una situación crecientemente intolerable.

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