Ciudad y complejidad

Ciudad y complejidad

Por Olaf Jovanovich

Las ciudades son sistemas complejos. No se pueden definir ni conocerlas por sus partes. Cada subsistema o componente considerado por separado no nos dice nada sobre la ciudad como totalidad. Para cambiarlas entonces es necesario también cambiar la red de relaciones que la componen. Sólo así serå posible crear una ciudad democråtica, segura, sustentable y socialmente justa.
 
Arquitecto UNLP. Docente UNLP. Miembro de los equipos tĂ©cnicos de la SubsecretarĂ­a de PlanificaciĂłn territorial de la inversiĂłn pĂșblica del Ministerio de PlanificaciĂłn Federal de la NaciĂłn.


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“Un puzzle de madera no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto... No son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen”.

(George Perec)

Vivir en las ciudades es, sin lugar a dudas, vivir dentro de grandes sistemas complejos. Esto significa que nuestra vida estĂĄ atada a las leyes y dinĂĄmicas que los construyen como tales. Entonces: ÂżquĂ© es un Sistema Complejo? El tĂ©rmino “sistema” designa a “todo conjunto organizado que tiene propiedades, como totalidad, que no resultan aditivamente de las propiedades de los elementos constituyentes”, en otras palabras el sistema como totalidad tiene caracterĂ­sticas que no se encuentran en las partes o subsistemas. El “todo” tiene caracterĂ­sticas innovadoras. Por otro lado, la palabra “complejo” viene de complexus, que significa “lo que estĂĄ tejido en conjunto”, en este sentido el tĂ©rmino se aleja de ser un sinĂłnimo de “complicado” o “difĂ­cil”, para hacer referencia a lo que estĂĄ interrelacionado, entrelazado.

Estas definiciones nos conducen directamente a una cuestiĂłn importante: los sistemas complejos, las ciudades, no son una “cosa”, no estĂĄn constituidos como una unidad sustancial (no son un sustantivo, ni una suma de ellos), sino que se construyen como una unidad relacional; la cual estĂĄ regida, regulada, fomentada, sustentada, ordenada, articulada, por las relaciones “de y entre” las distintas dimensiones, partes o subsistemas que la conforman. En contraposiciĂłn a la idea clĂĄsica positivista de las ciencias, aquĂ­ nos encontramos parados frente a una idea que le da un peso relativo al sustantivo, al objeto como resultado primero y Ășltimo de las ciudades. AsĂ­, la producciĂłn de urbanidad, de ciudad, no sĂłlo es la producciĂłn de estos objetos (viviendas, escuelas, hospitales, etc.), sino que tambiĂ©n es la producciĂłn, determinaciĂłn y regulaciĂłn de las relaciones entre ellos. En otras palabras, la ciudad no sĂłlo es la construcciĂłn fĂ­sica de edificios funcionales, sino que tambiĂ©n es una red de relaciones que producen urbanidad.

Como una analogĂ­a podemos ver en palabras de Italo Calvino el siguiente diĂĄlogo entre Marco Polo y el emperador Kublai Kan, en el libro Ciudades invisibles.

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
–¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? –pregunta Kublai Kan.
–El puente no estĂĄ sostenido por esta piedra o por aquĂ©lla –responde Marco–, sino por la lĂ­nea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
–¿Por quĂ© me hablas de las piedras? Es sĂłlo el arco lo que me importa.
Polo responde:
–Sin piedras no hay arco.

La línea del arco “emerge” de la relación entre las piedras, constituyendo finalmente el puente. Con las mismas piedras, podría no haber puente. En las ciudades, con las mismas partes, muchas veces no producimos urbanidad.

Aquí vivimos, en estos sistemas complejos, y es también aquí donde nos encontramos y nos preguntamos: ¿cómo pensar, analizar y accionar sobre los hechos que muchas veces marcan y determinan la vida en las ciudades? ¿Cuål es el marco donde pensar el antes y después de estos acontecimientos? ¿Qué herramientas nos dan los sistemas complejos para comprender los sucesos urbanos?

Vamos a hacer un ensayo:

Las inundaciones en la Argentina suelen ocurrir tanto en escenarios rurales como urbanos. La Ciudad AutĂłnoma de Buenos Aires sufriĂł varias en la Ășltima dĂ©cada. La Ășltima, de abril del 2013, fue significativa y no sĂłlo afectĂł la ciudad, sino tambiĂ©n aquejĂł a varias localidades, entre ellas a la capital provincial: La Plata. En CABA murieron 8 personas y en La Plata la lista oficial de muertos es de 89, pero se investigan alrededor de 300 muertes.

Los dĂ­as 1, 2 y 3 de abril de 2013 lloviĂł, y mucho, las infraestructuras no alcanzaron. ÂżAlcanzan? ÂżEs un problema cuantitativo? ÂżExisten infraestructuras que “alcancen” para los que viven en zonas inundables, en la vera de los arroyos, en bañados? ÂżSon las infraestructuras las que tienen que alcanzar, o se deben modificar las relaciones que construyen un tipo de urbanidad determinado? ÂżLa necesidad de infraestructura es siempre absoluta e indiscriminada, se necesitan siempre, todas, en todos los lugares, en todas las circunstancias?

DĂ­as despuĂ©s del suceso muchos plantearon que las infraestructuras no estaban preparadas para tanta agua, que la lluvia extraordinaria, atĂ­pica, inesperada, habĂ­a sido la culpable mĂĄxima. Pero resulta que, por definiciĂłn, no se puede estar preparado para lo inesperado. AdemĂĄs, las ciudades, como cualquier sistema complejo, son productoras de sucesos inesperados. Entonces cabrĂ­a preguntarse: Âżpor quĂ© el debate se dio en tĂ©rminos cuantitativos? ÂżEs una cuestiĂłn de adiciĂłn de infraestructura? Si hubieran llovido 300 mm en vez de 400 mm, ÂżhabrĂ­a muerto menos gente? ÂżEso nos basta? ÂżEs una cuestiĂłn de nĂșmeros, de caños, de bocas de tormenta, etc.?

De la mitologĂ­a griega proviene la leyenda del “Lecho de Procusto”. Esta historia cuenta cĂłmo Procusto, dueño de una posada, alojaba a los viajeros en una cama bastante especial. Si el visitante era mĂĄs largo que el lecho, simplemente, le serruchaba los pies o las piernas para que se amoldara a la longitud de la cama y, por el contrario, si el viajero era mĂĄs pequeño, le estiraba las extremidades para equipararla con ella. Esta fĂĄbula cuenta de manera muy simple la forma de pensar que tienen muchas personas: la simplificaciĂłn de la realidad a una idea previa, en otras palabras, la sencilla y rudimentaria simplificaciĂłn de la realidad (cabe aclarar que la suerte de Procusto fue sometida a su mismo procedimiento, forzado a acostarse en su propio lecho, una vez capturado por Teseo).

Buscar la causa de lo que sucediĂł en la ciudad de Buenos Aires o en La Plata en abril del 2013 en uno solo de los procesos que se dieron simultĂĄneamente (la lluvia, o la falta de infraestructura, o la negligencia, o cualquier otro tomado en cuenta de manera aislada) es simple y llanamente acostarnos en el Lecho de Procusto.

La lluvia no asesinĂł a nadie. La ciudad, sĂ­. Los procesos que se dieron en abril fueron muchos y relacionados entre sĂ­. Cada uno de ellos no fue una foto estĂĄtica sino que fue el proceder de actores, accionares y decisiones tomadas a lo largo de una lĂ­nea temporal. Estos procesos, de diferente Ă­ndole, se encontraron en un punto exacto, posible de definir, de reconstruir, de comprender. Tan exacto, tan real y concreto que produjo muertes. La inundaciĂłn fue un punto de una red de procesos dinĂĄmicos que tuvo un resultado concreto y responsabilidades concretas.

Entonces, haciendo una analogĂ­a con la cita del comienzo de este artĂ­culo, a las ciudades no podemos conocerlas ni definirlas por sus partes. Ni por el soporte fĂ­sico, ni por el (sub)sistema polĂ­tico, ni por el (sub)sistema econĂłmico, ni por el (sub)sistema de salud, ya que considerados por separado no nos dicen nada sobre la ciudad como totalidad. Lo que implica que tampoco se pueda explicar desde las partes, desde los subsistemas, sucesos o hechos que se producen en torno a la ciudad como totalidad.

Cuando hablamos de ciudades seguras, sustentables, eficientes, estamos hablando de esta totalidad como unidad, donde la parte pierde su sentido individual. Por ello no existen economĂ­as seguras, sistemas de salud seguros, o ambientes seguros en ciudades inseguras. La ciudad determina, sobre sus piezas (subsistemas), restricciones e incrementos de sus propias caracterĂ­sticas como partes. En otras palabras, y contraintuitivamente, la ciudad es mĂĄs y a su vez menos que la suma de sus partes. La producciĂłn de urbanidad limita y potencia calidades de las partes, de las piezas.

Esta doble condiciĂłn sistĂ©mica de “emergencia” y “restricciĂłn” hace de la unidad un “Todo” con caracterĂ­sticas propias, nuevas, Ășnicas en cierto sentido, donde la “emergencia” innovadora es tan verdadera como las restricciones. Emergencia en el sentido de caracterĂ­stica de la ciudad que no existe en las partes, no es distributiva, “emerge” de la relaciĂłn entre las partes, pero no existe en ellas. RestricciĂłn en el mismo sentido, limitaciones puestas sobre las partes por las condiciones del “todo ciudad”.

Así es que, en algunas ciudades, las relaciones entre el mercado inmobiliario, las instituciones, el territorio, los fenómenos sociales, etc., generan ciudades seguras, regulando y articulando fenómenos y procesos de distinta índole, cantidad y calidad; y en otras generan ciudades excluyentes, inseguras, que son funcionales solamente a un estrato social, lo que produce como cualidad “emergente” una profunda segregación socio-espacial, entre otras patologías urbanas que conocemos.

¿Cómo funciona la ciudad, cómo se estabiliza para conseguir mantenerse en funcionamiento? En los sistemas complejos, en las ciudades, no existe la condición de equilibrio estático, sino que existen condiciones de estabilidad dinámica, estados estacionarios, donde el sistema se mantiene dentro de ciertos parámetros sin perder la estructura que lo organiza. Esta estabilidad temporal implica cambios constantes, regulaciones dinámicas que mantienen el orden establecido entre el sistema y sus condiciones de bordes (sus límites). Cuando alguno de los parámetros o de las relaciones que estructuran el sistema sobrepasa cierto umbral, el sistema se reestructura y se reorganiza, conformando un nuevo orden, adquiriendo una nueva estructura; ergo, “emergen” nuevas cualidades y nuevas restricciones, y desaparecen las viejas características.

Por ejemplo, si a una pequeña ciudad compacta le inyectamos una cantidad importante de gente, digamos que por un nuevo yacimiento de petrĂłleo, y sobrepasamos el umbral de la capacidad de recepciĂłn que tenĂ­a esa ciudad, el “Sistema Ciudad” modificarĂĄ su relaciĂłn con el territorio, y probablemente perderĂĄ su caracterĂ­stica de compacidad para comenzar procesos difusos de ocupaciĂłn del suelo. La estructura general se modifica y se construye un nuevo orden funcional, una nueva estructura. Los umbrales que el orden antiguo poseĂ­a fueron sobrepasados y se generĂł un nuevo proceso de reorganizaciĂłn, con todo lo que esto incluye; en este ejemplo, desde los desplazamientos de la nueva ciudad difusa, hasta los nuevos y mĂĄs abultados costos para producir ciudad servida de infraestructura. El umbral marca el lĂ­mite funcional del sistema bajo las caracterĂ­sticas que posee. Si se sobrepasa el umbral, es necesario para el sistema reordenar, reestructurar para retomar la estabilidad y volver a funcionar.

El conocimiento de estos procesos de estabilidad en los sistemas complejos nos permite tener una herramienta importante en el estudio de los procesos urbanos territoriales; sirve, entre otras cosas, para verificar la idea o hipĂłtesis sobre el funcionamiento de estructuras urbanas o urbanas territoriales.

En el caso que nos atañe podrĂ­amos hacer el siguiente ejercicio: se creĂ­a que La Plata tenĂ­a determinadas caracterĂ­sticas como ciudad, las cuales, como venimos exponiendo, emergen de las relaciones entre el soporte fĂ­sico, los fenĂłmenos econĂłmicos, el sistema que estructura los fenĂłmenos sociales, etc. Cuando se produjo la inundaciĂłn creĂ­mos, o por lo menos yo, sin dudarlo, que se habĂ­an traspasado muchos de los parĂĄmetros lĂ­mite, como por ejemplo: el umbral de ciudad “segura”, muriĂł gente; el de ciudad “sostenible”, muchos perdieron todo, incluso la misma ciudad en su rol de capital econĂłmico de un Estado; el umbral “de baja vulnerabilidad”, muchos enfermaron y quedaron expuestos por mucho tiempo a enfermedades. Y asĂ­ podrĂ­amos seguir enumerando umbrales que la inundaciĂłn creĂ­amos que rompiĂł.

Ahora, si pensamos que la ciudad no estaba preparada para ese terrible hecho, que ocurriĂł lo que Nassin Taleb llama “Un Cisne Negro” y que los parĂĄmetros de tolerancia eran mucho menores, me pregunto: Âżpor quĂ© las relaciones estructurales que existen entre las partes de la ciudad no se modificaron? ÂżPor quĂ© las lĂłgicas de ocupaciĂłn –que son parte de la relaciĂłn entre el sustento fĂ­sico, los fenĂłmenos sociales, econĂłmicos y jurĂ­dicos– no se modificaron un ĂĄpice? ÂżPor quĂ© se hizo hincapiĂ© solamente en una cuestiĂłn cuantitativa de infraestructura sin modificar las relaciones que hacen de esas infraestructuras una necesidad real dentro de una lĂłgica de sustentabilidad humana y no econĂłmica?

Entonces, estamos ante un dilema del que nos tenemos que hacer cargo. Si despuĂ©s de un hecho como el de abril del 2013 no cambiĂł ninguna relaciĂłn estructural, si lo Ășnico que cambiaron fueron cuestiones cuantitativas sobre partes especĂ­ficas de la ciudad, como por ejemplo la cantidad de reservorios, la cantidad de m2 de entubamiento de arroyos, etc., pero no cambiĂł la relaciĂłn de las lĂłgicas de ocupaciĂłn, no cambiaron las formas de tomar decisiones en torno a la ciudad y sus cĂłdigos, las relaciones entre norma y especulaciĂłn inmobiliaria, etc., estamos frente a una dolorosa verdad: el sistema ciudad de La Plata (tambiĂ©n, en menor medida el sistema CABA) sĂ­ estaba preparado para la inundaciĂłn, sĂ­ soporta que muera gente, dentro de las variables que maneja la estabilidad de su sistema estaba contemplada la catĂĄstrofe. Si la especulaciĂłn inmobiliaria puede seguir su curso sin modificar la relaciĂłn que tiene con la norma, con el territorio; si las decisiones urbanas pueden seguir siendo tomadas en contra de la sustentabilidad; si las lĂłgicas de ocupaciĂłn siguen construyendo desastres potenciales, la ciudad de La Plata sĂ­ estaba y estĂĄ preparada para todo esto. Los que no estaban ni estĂĄn preparados son los que perdieron su vida o la perderĂĄn en un prĂłximo hecho inesperado. La ciudad sigue su curso, estable; no hemos sobrepasado su umbral.

Piensen en la posibilidad cierta que existe de parar todas las obras de la ciudad (como se hizo en La Plata y no se pudo sostener mås de un mes), en la posibilidad de bajar la rentabilidad depredadora de muchas de las fuerzas económicas que influyen en nuestras ciudades, piensen en la posibilidad de poner en duda el derecho absoluto de la propiedad privada de la tierra. ¿Cuåntas relaciones deberíamos modificar para que se modifique el sistema? ¿Qué meteorito debería caer en nuestras ciudades para poder siquiera plantearlo?

Lo mås triste es que ese meteorito ya cayó y mató a mucha gente. Lamentablemente, ni una millonésima parte de las relaciones que se deberían modificar se modificaron, porque el meteorito estaba dentro de las expectativas posibles en la urbanidad que se creó, dentro del Sistema Ciudad.

La Plata sigue siendo la ciudad que puede dejar que la gente muera ahogada, pero no puede poner siquiera en duda la rentabilidad de los grandes grupos econĂłmicos. Esa es la ciudad que debemos cambiar, la ciudad nunca nos abrigĂł a todos y sigue sin abrigarnos, solamente nos tolera mientras le seamos Ăștiles; ahora pregunto, ÂżquĂ© hace falta para que la transformemos?

Si la discusiĂłn sigue manteniĂ©ndose en el cuĂĄnto, deberemos resignarnos a seguir hallando “el incluido y el excluido” de la historia, fĂĄbula que cada dĂ­a tiene menos de los primeros y mĂĄs de los segundos. Los cuĂĄntos no nos llevarĂĄn a una nueva ciudad, sino solamente a una ciudad con un poquito mĂĄs de tolerancia numĂ©rica, a aguantar unos milĂ­metros mĂĄs, pero los lĂ­mites siempre serĂĄn los mismos. Necesitamos cambiar la frontera, modificar la concepciĂłn de ciudad, y dentro de ella, la concepciĂłn de ciudadano, de profesional, de comerciante, de ganador y perdedor, de educaciĂłn, pero sobre todo de ciudad; y hacer una ciudad democrĂĄtica, segura, sustentable y socialmente justa.

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ArtĂ­culos de este nĂșmero

Miguel Grinberg
Ciudad actual: réquiem & alabanza
Leonardo FernĂĄndez
Buenos Aires y el problema de las inundaciones en un contexto pampeano, metropolitano y rioplatense
Pablo Bertinat
Ciudades y energĂ­a, una relaciĂłn compleja
Pablo Sessano
Pensar la ciudad desde la educaciĂłn ambiental
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Ciudad y complejidad
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