Alcance de la cobertura de la seguridad social para los adultos mayores. Especial referencia a las jubilaciones y pensiones

Alcance de la cobertura de la seguridad social para los adultos mayores. Especial referencia a las jubilaciones y pensiones

Por Alexandra Biasutti


 
Abogada, Magister en Asesoramiento Jurídico de Empresas de la Universidad Austral, Magister en Dirección y Gestión de los Regímenes de la Seguridad Social de la Universidad Alcalå de Henares (España), Diplomada en Sistemas de Pensiones de la UNAM (México). Analista Principal en Seguridad Social de la Secretaría de Seguridad Social de la Nación.


-A A +A

La seguridad social es un instrumento de protecciĂłn del hombre contra las contingencias sociales, entendidas estas como eventualidades susceptibles de disminuir o suprimir la actividad o la capacidad de ganancia y/o de imponerle cargas econĂłmicas suplementarias. Se las califica como sociales porque respecto de ellas la sociedad asume su protecciĂłn, es decir que son satisfechas mediante la contribuciĂłn o colaboraciĂłn conjunta y recĂ­proca de todos los integrantes del cuerpo social.

El principio liberal, individualista, egoĂ­sta, de que cada cual debe soportar las consecuencias de sus propias contingencias, destruirĂ­a el derecho a la vida o condenarĂ­a a la miseria a la mayor parte de la poblaciĂłn del mundo.

Utilizando instrumentos y tĂ©cnicas de garantĂ­a, la seguridad social distribuye las cargas econĂłmicas entre el mayor nĂșmero de personas haciendo jugar el principio de la solidaridad lo mĂĄs extensamente posible.

En virtud de la solidaridad, el rico ayuda al pobre, el que mĂĄs tiene al que menos tiene; una generaciĂłn activa a otra ya pasiva, pero sin que en ningĂșn momento desaparezca la responsabilidad individual de cada uno.

A esta protecciĂłn que brinda la seguridad social tienen derecho los individuos, en la extensiĂłn, lĂ­mites y condiciones dispuestos por las normas de cada Estado.

En nuestro país se tutela a la vejez a través del otorgamiento de prestaciones dinerarias (jubilaciones y pensiones) y en especie (asistencia médico-sanitaria).

Las jubilaciones y pensiones, como parte del sistema de seguridad social, constituyen, junto con el trabajo, el ahorro y las redes de apoyo, principalmente familiares, una de las fuentes formales de seguridad econĂłmica de las personas mayores.

Contar con seguridad econĂłmica es imprescindible para disfrutar un envejecimiento en condiciones de dignidad e independencia. La capacidad de disponer de una cantidad de recursos econĂłmicos, regulares y suficientes en la vejez, es fundamental para garantizar una buena calidad de vida.

El objetivo principal de los programas o sistemas de jubilaciones y pensiones consiste en proteger a la población del riesgo de pérdida de ingresos en la vejez. La protección puede brindarse en el marco de un esquema contributivo (financiado principalmente con los aportes y contribuciones de trabajadores y empleadores) o no contributivo (financiado con impuestos o rentas generales estatales).

En los sistemas contributivos, el fundamento o razón de ser de la protección se basa en el derecho al descanso, merecido por la aportación a la actividad productiva realizada durante un largo período de tiempo. Se establece como una contraprestación en razón de los años de productividad y de servicio.

La prestación que otorga nuestro sistema contributivo es la “jubilación”, la cual se configura como la suma ahorrada durante el período de actividad y detraída, con carácter obligatorio, para ser dedicada al descanso de la persona que ha entrado en el período de vejez.

La jubilación es el cumplimiento del débito que tiene la sociedad hacia el jubilado que fue protagonista del progreso social en su åmbito y en su época; que consiste en hacer gozar de un jubileo, luego de haber transcurrido una vida de trabajo.

En nuestra legislación nacional, para tener derecho a la jubilación se deben reunir dos requisitos en forma concurrente: tener cumplidos 60 años de edad en el caso de las mujeres y 65 años en el caso de los hombres, y que se hayan prestado servicios y efectuado aportes y contribuciones al sistema por un período no inferior a 30 años.
Es necesario aclarar que la jubilaciĂłn no implica el retiro del beneficiario del mercado de trabajo. En el Sistema Integrado Previsional Argentino no se requiere el cese laboral para poder entrar en el goce de la jubilaciĂłn.

Por eso no es exacto hablar de “retirados” o de “pasivos” cuando hacemos referencia a personas jubiladas. La jubilaciĂłn ha dejado de ser el reverso de la relaciĂłn laboral (el no-trabajo) y por ello es que las modernas tendencias de polĂ­tica de empleo a nivel mundial permiten al jubilado trabajar, tal como acontece en nuestro paĂ­s, en donde puede desempeñarse tanto en relaciĂłn de dependencia como en forma autĂłnoma.

En los sistemas asistenciales o no contributivos, las condiciones de adquisiciĂłn de las prestaciones estĂĄn desvinculadas de la trayectoria laboral. Por ello, la protecciĂłn que brinda la seguridad social no se centra en el derecho al descanso sino en la situaciĂłn de necesidad social producida por la vejez, en cuanto generadora de una paulatina reducciĂłn de las facultades fĂ­sicas o psĂ­quicas de las personas, que les impide continuar en el trabajo y, por lo tanto, procurarse los ingresos para su subsistencia.

Las pensiones no contributivas estån diseñadas para fijar un piso o nivel mínimo de ingresos, reduciendo los niveles de pobreza entre los adultos mayores, e indirectamente en el resto de la población.

La prestaciĂłn que otorga nuestro sistema no contributivo es la “pensiĂłn por vejez”, y estĂĄ destinada a las personas de 70 años de edad o mĂĄs, que se encuentren en situaciĂłn de vulnerabilidad social, sin bienes, ingresos o recursos que permitan su sustento.

El desempeño de un sistema de seguridad social puede medirse con diferentes parĂĄmetros, uno de los cuales es la tasa de cobertura. Este indicador muestra la proporciĂłn de la poblaciĂłn mayor (60/65 años) que recibe algĂșn tipo de beneficio previsional.

Al respecto, los economistas Bosch, Melguizo y Pagés dan cuenta de que en la actualidad, en América latina, sólo el 40% de los adultos mayores goza de un beneficio previsional de caråcter contributivo y el 20% tiene un beneficio de caråcter no contributivo. El resto de los adultos mayores debe continuar trabajando o pasar a depender de la ayuda de su entorno familiar.

En los sistemas de caråcter contributivo, el desempeño del mercado de trabajo juega un rol central a la hora de analizar la cobertura. Situaciones de alto desempleo o un alto grado de informalidad impedirån que las personas puedan cumplir con los años de aportes necesarios para acceder a los beneficios.

Dado que la región tiene poca capacidad para generar empleo formal, se verifica lo que se denomina “la paradoja de la protección”, en el sentido de que los grupos menos vulnerables (trabajadores formales con buenos ingresos) son los que acceden a más y mejores prestaciones.

En nuestro paĂ­s, a causa de alto desempleo, elevada informalidad y endurecimiento de las condiciones de acceso a los beneficios, muchos adultos mayores habĂ­an quedado fuera del sistema.

A través del Plan de Inclusión Previsional se permitió a los adultos mayores en edad de jubilarse, que no cumplieran con el requisito de las contribuciones necesarias, acceder al beneficio de la jubilación mediante facilidades de pago para el descuento mensual de una parte de su haber previsional hasta completar las cotizaciones requeridas. Así se incrementó la cobertura de los adultos mayores, incorporando al sistema contributivo a 2.565.000 nuevos beneficiarios.

SegĂșn datos recientes de la ANSeS, hoy, el 95,1% de las personas mayores en edad de jubilarse estĂĄn cubiertas por el sistema previsional.

Esta situación llevó a la disminución de la demanda de pensiones no contributivas a la vejez y al pasaje de quienes las percibían al régimen contributivo.
No obstante, queda un sector residual sin cobertura, puesto que las prestaciones del sistema no contributivo no son universales, sino que tienen un alcance limitado a situaciones de extrema necesidad.

Otro anĂĄlisis importante desde el punto de vista de la cobertura es el de nivel de ingresos: no se trata Ășnicamente de que la mayor parte de la poblaciĂłn adulta mayor quede alcanzada por algĂșn beneficio, sino tambiĂ©n que este permita acceder a un nivel de vida digno.

La magnitud de los recursos definidos como necesarios para llevar una vejez digna no es fija ni absoluta, sino que depende tanto de las caracterĂ­sticas o situaciĂłn de las personas mayores (de la edad, del estado de salud, de los arreglos residenciales, de los patrones de consumo previo) como del nivel de desarrollo y los recursos con los que cuenta cada paĂ­s.

Sin perjuicio de ello, las prestaciones econĂłmicas de la seguridad social deben cubrir las necesidades de la persona mayor de manera lĂłgica e integral y asegurar esta cobertura en el tiempo.

En los sistemas contributivos, el monto de la prestaciĂłn se vincula con los ingresos que se obtuvieron a lo largo de la vida laboral, por ello debe guardar una proporciĂłn razonable con aquellos. Mientras que en los sistemas no contributivos su cuantĂ­a no estĂĄ relacionada con el trabajo, sino exclusivamente con una situaciĂłn de necesidad, por ello no existe un referente econĂłmico con respecto al cual calcular la cuantĂ­a de la prestaciĂłn, la que se caracteriza por su contenido mĂ­nimo y uniforme.

De todas formas, en el sistema contributivo se garantiza un mínimo de haber jubilatorio basado en el principio de amparo de la necesidad y también se establece un måximo o tope de haber que respondería al mismo criterio. Así, actualmente el haber mínimo es de $ 2.757 y el haber måximo es de $ 20.199.

Con el dictado de la Ley de Movilidad Jubilatoria, los jubilados comenzaron a recibir actualizaciones automĂĄticas de sus haberes, una en marzo y otra en septiembre. Desde marzo de 2009 hasta marzo de 2013, los aumentos acumulados alcanzaron un 213,8%, pero en el nuevo contexto inflacionario, dichos aumentos se diluyen.

SegĂșn un informe elaborado en octubre pasado por la DefensorĂ­a de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, la jubilaciĂłn mĂ­nima cubre la mitad de la canasta de los jubilados (que es una canasta especialmente elaborada sobre la base de las necesidades bĂĄsicas de la gente mayor). Y si bien el haber medio del sistema es de $ 4.804, se advierte que mĂĄs del 72,1% de los jubilados cobra el haber mĂ­nimo.

MĂĄs difĂ­cil es la situaciĂłn de quienes perciben una pensiĂłn no contributiva por vejez, ya que su monto es de apenas el 70% del haber mĂ­nimo jubilatorio ($ 1.929,90).

Como corolario podemos señalar que en la vejez se incrementan las probabilidades de experimentar un deterioro econĂłmico cuyo impacto puede poner en riesgo la supervivencia de las personas adultas mayores. AdemĂĄs de que la oportunidad de obtener ingresos dignos –ya sea por su trabajo o por su pensiĂłn o jubilaciĂłn– estĂĄ estrechamente ligada con su inclusiĂłn social. Por ello, la atenciĂłn de sus necesidades econĂłmicas es un punto muy importante a tener en cuenta para garantizar el bienestar de este sector de la poblaciĂłn.

No obstante, la protecciĂłn social de los adultos mayores no se debe limitar exclusivamente a los medios econĂłmicos, sino que debe abarcar otros tipos de recursos que posibiliten una vida independiente, autosuficiente y productiva.

Para ello, resulta cada vez mås preciso el desarrollo de una red suficiente de servicios sociales cuyas fórmulas y procedimientos pueden ser tantos cuantas atenciones se quieran prestar, desde las ayudas de alimentación, alojamiento, limpieza, guardería, promoción y entretenimiento del ocio, cuidados sanitarios, convivenciales, etcétera.

Para lograr la promociĂłn efectiva de un nivel de vida adecuado en la vejez, las prestaciones monetarias deben ser sĂłlo un componente de una estrategia de protecciĂłn social mĂĄs integral.

Las medidas econĂłmicas tĂ­picas de las jubilaciones o pensiones deben completarse e integrarse en un haz de medidas que multiplique la calidad de vida de sus beneficiarios y los acerque un poco mĂĄs a ese ideal de bienestar al que todos aspiramos.

<
>


DESCARGAR - VER
NÂș 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
NÂș 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
NÂș 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


DESCARGAR - VER
NÂș 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
NÂș 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
NÂș 56: ASIA


DESCARGAR - VER
NÂș 55: EconomĂ­a Internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
NÂș 53: NÂș 53


DESCARGAR - VER
NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
NÂș 51: Juventud


DESCARGAR - VER
NÂș 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
NÂș 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
NÂș 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
NÂș 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
NÂș 44: EE.UU. y AmĂ©rica Latina


DESCARGAR - VER
NÂș 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
NÂș 41: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 39: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 38: EconomĂŹa Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
NÂș 37: economĂ­a social


DESCARGAR - VER
NÂș 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
NÂș 35: CĂłrdoba


DESCARGAR - VER
NÂș 34: Control Social


DESCARGAR - VER
NÂș 33: EducaciĂłn Superior


DESCARGAR - VER
NÂș 32: GĂ©nero


DESCARGAR - VER
NÂș 31: 30 años de democracia


DESCARGAR - VER
NÂș 30: Justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 29: DesafĂ­os culturales


DESCARGAR - VER
NÂș 28: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 27: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 26: NÂș 26


DESCARGAR - VER
NÂș 25: pueblos indĂ­genas


DESCARGAR - VER
NÂș 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
NÂș 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
NÂș 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
NÂș 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
NÂș 20: AGUA


DESCARGAR - VER
NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


DESCARGAR - VER
NÂș 18: Estado II


DESCARGAR - VER
NÂș 17: Estado I


DESCARGAR - VER
NÂș 16: Industria


DESCARGAR - VER
NÂș 15: Seguridad democrĂĄtica


DESCARGAR - VER
NÂș 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
NÂș 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
NÂș 12: AgroganaderĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 10: EnergĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 9: Transporte


DESCARGAR - VER
NÂș 8: Ciencia y tecnologĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 7: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 6: Empleo


DESCARGAR - VER
NÂș 5: HĂĄbitat y vivienda


DESCARGAR - VER
NÂș 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
NÂș 3: EducaciĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 36
Una Sombra ya pronto serĂĄs

Tercera edad

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Federico PĂ©rgola
El anciano del siglo XXI: una mirada antropolĂłgica
José R. Jåuregui
Impacto del envejecimiento en el capital de salud
Alberto Bonetto
¿Por qué se envejece? Teorías actuales
LĂ­a Susana Daichman
Envejecimiento productivo y longevidad: un nuevo paradigma
Ricardo Iacub
Masculinidades en la vejez
Mónica Roqué
Un mundo envejecido es un mundo mejor
Romina Rubin
Impacto de los fĂĄrmacos en la personas mayores
Alexandra Biasutti
Alcance de la cobertura de la seguridad social para los adultos mayores. Especial referencia a las jubilaciones y pensiones
Margarita Murgieri
Controversias en la institucionalizaciĂłn de una persona adulta mayor
Graciela Zarebski
¿Qué nos indica la prospectiva gerontológica?
MarĂ­a Julieta Oddone
El desafío de la diversidad en el envejecimiento en América latina
Rosana G. Di Tullio Budassi
Aspectos legales del abuso y maltrato en la vejez
Laura C. Pezzano Pegorer
Reflexiones sobre el proceso de toma de decisiones en el ĂĄmbito de la salud. Directivas anticipadas, expectativas y repercusiones
Diego Bernardini
¿A quién le importa el envejecimiento de la población? Una visión regional para una respuesta local
Susana Ordano
La formaciĂłn en GerontologĂ­a como una polĂ­tica social
Solchi Lifac
Nosotros y la vejez
Daniel L. Mingorance
El miedo a la vejez
Sonia Arias Diego Bernardini
Retos econĂłmicos del envejecimiento
Leopoldo Salvarezza
El placer en la tercera edad. Validez de un impulso saludable

Newsletter