Acerca del cooperativismo de trabajo en la Argentina

Acerca del cooperativismo de trabajo en la Argentina

Por Mirta Vuotto

Un recorrido a trav├ęs de la historia del cooperativismo, desde sus or├şgenes en Francia a mediados del siglo XIX, hasta su desarrollo en nuestro pa├şs durante el siglo XX. El estallido del 2001 y sus consecuencias en el mundo de las cooperativas. Una caracterizaci├│n de los tipos organizacionales.
 
Centro de Estudios de Sociolog├şa del Trabajo ÔÇô FCE ÔÇô UBA


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Las cooperativas de trabajo, o cooperativas de producci├│n, existen en las econom├şas occidentales desde los or├şgenes del sistema fabril y su historia refleja un encuentro del pensamiento con la acci├│n. El trabajo asociado concebido por Saint-Simon ocup├│ el lugar del principio de competencia entre los trabajadores, constituyendo una de las fuentes de la concepci├│n asociacionista dominante en el pensamiento franc├ęs posterior, sustentada por el cooperativismo de producci├│n. Las referencias a su origen se vinculan tanto a los pensadores del socialismo ut├│pico como a los socialistas republicanos, ambos interesados por la condici├│n obrera, en un mundo industrial en pleno cambio, donde se produce de manera gradual el tr├ínsito de la industria dom├ęstica a la manufacturera y el trabajo adquiere una centralidad que nunca hab├şa tenido anteriormente. Para esos pensadores cobr├│ especial importancia el tema de la organizaci├│n del trabajo y la reflexi├│n sobre el deterioro producido en las condiciones de trabajo y de vida de los asalariados, que se manifestaba como la demostraci├│n evidente de los efectos de la mercantilizaci├│n de la fuerza de trabajo.

En ese contexto y debido a que result├│ intolerable la contradicci├│n entre la libertad pol├ştica y la servidumbre econ├│mica, fueron formulados de manera sistem├ítica los principios del cooperativismo de producci├│n difundidos por Philippe Buchez hacia fines de 1831 en el Journal des Sciences Morales et Politiques. Al exponer el plan completo de una asociaci├│n obrera, concebida como el medio para mejorar la condici├│n de los asalariados urbanos, su propuesta precedi├│ en m├ís de una d├ęcada el programa de los Pioneros de Rochdale, en cuyo estatuto de 1844 estas asociaciones aparecieron contempladas.

La evoluci├│n del cooperativismo de trabajo

De acuerdo con diversas fuentes, la primera cooperativa de trabajo argentina, ÔÇťLa Edilicia de PergaminoÔÇŁ, fue fundada por doce obreros de la construcci├│n en 1928. La cooperativa asociaba en 1950 a m├ís de 170 trabajadores de todos los gremios de la construcci├│n y era propietaria de una f├íbrica de ladrillos y de mosaicos, dedic├índose a la realizaci├│n de obras p├║blicas y privadas de gran magnitud.

Hasta 1950, las 100 cooperativas de trabajo registradas, apenas representaron el 3,9 por ciento del total de entidades cooperativas y su desarrollo inicial se produjo especialmente en coyunturas de estancamiento de la creaci├│n de empleo formal. Aunque no existen datos desagregados sobre el tipo de actividades que estas cooperativas realizaban, estudios de fines de la d├ęcada de los ÔÇÖ40 indican que 62 eran cooperativas de transporte automotor que contaban con 2.483 asociados. En el desarrollo incipiente del cooperativismo de trabajo, la prestaci├│n de servicios p├║blicos constituy├│ uno de los factores facilitadores de sus actividades, al igual que la industria de la construcci├│n.

Durante casi una d├ęcada, la pol├ştica de gobierno peronista, caracterizada por un fuerte impulso a la participaci├│n del Estado en la direcci├│n y regulaci├│n de la econom├şa, estimul├│ la constituci├│n de nuevas cooperativas facilitando distintos medios para su estabilizaci├│n y desarrollo.

El ritmo de creaci├│n de cooperativas de trabajo hasta mediados de 1970 muestra una lenta evoluci├│n y su crecimiento hasta 1990 es resultante de las condiciones de un contexto de serias dificultades estructurales en el mercado de trabajo.

Mientras que entre 1980 y 1990 el profundo deterioro de la econom├şa gener├│ en el mercado laboral agudos procesos de desocupaci├│n, informalidad y precarizaci├│n, el n├║mero de cooperativas creadas con respecto a la d├ęcada anterior se multiplic├│ por casi 1,8 y la expansi├│n continu├│ durante los a├▒os ÔÇÖ90 para alcanzar a partir de 2000 un crecimiento como no hab├şa tenido lugar hasta entonces.

Al comparar la evoluci├│n del empleo y la creaci├│n de cooperativas de trabajo entre 1980 y 2000, tomando en cuenta el retraso en la creaci├│n de puestos de trabajo en el sector formal debido al irregular crecimiento econ├│mico, se debe se├▒alar la marcada disparidad e incluso el car├ícter inverso de las tendencias prevalecientes en la econom├şa nacional y la din├ímica del sector cooperativo.

Sin embargo dicha tendencia no necesariamente expresa un desempe├▒o sostenido por parte de las cooperativas de trabajo durante los a├▒os considerados, ya que la cifra de entidades registradas por el Instituto Nacional de Asociativismo y Econom├şa Social (INAES) ÔÇôantes de realizarse el reempadronamiento de cooperativas y mutuales en 2005ÔÇô se encuentra sobreestimada debido al n├║mero de las que permanecieron inactivas o se disolvieron.

A partir del a├▒o 2000 y hasta el presente se pueden diferenciar dos escenarios: el de la crisis que sigui├│ a la convertibilidad, en el que se inscribe el fen├│meno de las empresas recuperadas, y el de comienzos de 2003 en que se implementan programas sociales que contemplan al cooperativismo de trabajo como herramienta eficaz para favorecer la creaci├│n de empleo y estimular la participaci├│n colectiva.

En el primer escenario se inscriben las experiencias de recuperaci├│n de empresas, que revistieron distinto grado de conflictividad y cuya resoluci├│n fue diversa. El primer antecedente tuvo lugar en 1998, aunque casi la mitad de las empresas recuperadas existentes surgi├│ y se consolid├│ con posterioridad al a├▒o 2000. La crisis institucional de diciembre de 2001 potenci├│ un conjunto de acciones colectivas novedosas, relacionadas con la problem├ítica laboral, que permiti├│ vincular lo cotidiano a lo pol├ştico y favorecer el desarrollo de una mayor conciencia sobre los derechos del trabajador.

En dichas experiencias actuaron como desencadenantes del conflicto y al mismo tiempo como motivo de la recuperaci├│n el incumplimiento de las obligaciones contractuales por parte del empresario, o el abandono total de la empresa por parte de sus propietarios. La secuencia previa del proceso de toma se correspondi├│ con situaciones irregulares de distinta naturaleza que se reprodujeron en la mayor├şa de las empresas que fueron recuperadas. De acuerdo con un relevamiento reciente (Facultad de Filosof├şa y Letras, UBA, 2010) se estima en 205 el total de las empresas recuperadas que ocupan actualmente un total de 9.362 trabajadores y en las que m├ís del 95 por ciento est├í constituida como cooperativa de trabajo.

Las experiencias de recuperación de empresas permiten valorizar un fenómeno cuya expresión más destacada no radica en su relevancia como hecho económico, sino en su posibilidad de conferir sentido a las prácticas sociales que cuestionaron el ejercicio del derecho de propiedad y posibilitaron la articulación de distintos niveles de reclamos, entre los cuales el más importante fue la defensa de la fuente de trabajo.

As├ş, las consecuencias de la movilizaci├│n de los trabajadores y la canalizaci├│n de las demandas relativas al reinicio de la actividad asumida en forma autogestionada, incidieron en la sanci├│n de varias leyes que declararon de utilidad p├║blica y sujeta a expropiaci├│n u ocupaci├│n transitoria los inmuebles, maquinarias e instalaciones de diversas empresas para ser entregados a las cooperativas de trabajo conformadas por su personal, en algunos casos mediante donaci├│n y en otros con cargo oneroso. Aunque la din├ímica de funcionamiento cooperativo parecer├şa constituir uno de los factores de ├ęxito de estas experiencias, diversas restricciones han impedido en muchos casos revertir la situaci├│n precaria que caracteriz├│ la primera etapa de desarrollo de estas empresas y a├║n las enfrenta a permanentes desaf├şos. Sin pretender jerarquizar o separar en cada organizaci├│n sus objetivos sociales de los de ├şndole econ├│mica, conviene tener presente la importancia que los ├║ltimos revisten en el actual contexto, sin perder de vista que el principal impacto social de la organizaci├│n es el que ella posee sobre sus propios miembros.

As├ş, el principal desaf├şo radica en la capacidad de los trabajadores para articular en cada empresa las metas sociales que se obtienen por medio de actividades econ├│micas, combinando una l├│gica empresarial con la l├│gica solidaria prevaleciente, de manera tal que la propia cooperaci├│n funcione como vector de eficacia econ├│mica, produciendo efectos tangibles y beneficios reales, en comparaci├│n con la acci├│n individual y la cooperaci├│n t├ęcnica no solidaria.

Se ha se├▒alado que las limitaciones propias de estas organizaciones y los contrastes y contradicciones que en las d├ęcadas recientes se han manifestado en su desarrollo son ilustrativos de los desaf├şos relativos a la supervivencia del sector, es decir, el desempe├▒o econ├│mico y su funcionamiento democr├ítico.

De forma paralela a los cambios en el contexto econ├│mico, que desde comienzos de la d├ęcada de 1990 afectaron el desempe├▒o del cooperativismo de trabajo, se revelaron las limitaciones propias del conjunto de instituciones especializadas responsables de su apoyo y promoci├│n, en especial el organismo oficial que impuls├│ una matriculaci├│n de entidades cuya viabilidad y sustentabilidad fue escasa, del mismo modo que la debilidad y falta de especializaci├│n de las organizaciones de segundo grado que las representaron, la escasez de recursos para atender los requerimientos del sector por parte de las instituciones crediticias y distintas rigideces en cuanto al marco legal.

El segundo escenario, desde mediados de 2003 hasta el presente, corresponde a la implementaci├│n de pol├şticas p├║blicas de distinta naturaleza que contemplan la promoci├│n y el desarrollo de las cooperativas de trabajo por considerarlas un instrumento adecuado para la generaci├│n de empleo genuino: pol├şticas sectoriales orientadas al desarrollo y consolidaci├│n de empresas cooperativas, que reconocen el papel social del cooperativismo de trabajo y su contribuci├│n en materia de empleo; pol├şticas territoriales, que permiten el desarrollo de estas iniciativas sobre una base local, y pol├şticas gen├ęricas que abarcan todas las iniciativas asociativas sin precisar el sector de actividad y el territorio de pertenencia.

Del conjunto se destacan las iniciativas implementadas por el Ministerio de Desarrollo Social de la Naci├│n (MDS), tales como el Plan Nacional de Desarrollo Local y Econom├şa Social, los Proyectos Socioproductivos, el Programa de Inversi├│n Social y el Programa de Ingreso Social con Trabajo. Hasta mediados de marzo de 2011, en el marco de estos programas y de los vinculados al Ministerio de Planificaci├│n fueron creadas 7.315 cooperativas de trabajo. En su implementaci├│n, el Ministerio de Desarrollo Social acuerda con los entes ejecutores (municipios, provincias, federaciones y/o mutuales) a trav├ęs del INAES.

No obstante el inter├ęs manifiesto por parte del Estado en promover la creaci├│n de empleo recurriendo a la f├│rmula cooperativa, la principal limitaci├│n de las experiencias incluidas en el marco de los programas mencionados radica en su car├ícter dependiente e inducido, debido a que refuerza la centralidad de un actor principal (en este caso el MDS) frente a las cooperativas constituidas y en especial ante sus asociados, como tambi├ęn ante las autoridades locales, quienes esperan las decisiones y los recursos que provienen del sector p├║blico nacional considerando que este es el responsable principal del desempe├▒o de las cooperativas creadas.

El grado elevado de dependencia con respecto a las modalidades de contrataci├│n, y en algunos casos la arbitrariedad con que las cooperativas se constituyen, puede conducir a la existencia precaria e irregular de la forma organizacional adoptada. Por otra parte, a la dependencia econ├│mica se agrega ÔÇôen la pr├ícticaÔÇô una pol├ştica de Estado que puede concluir fomentando una mentalidad ÔÇťreceptora y pasivaÔÇŁ, que impide el desarrollo de acciones oportunas para garantizar la sostenibilidad a mediano plazo de los procesos asociativos.

Una tipolog├şa organizacional

La evoluci├│n del cooperativismo de trabajo, como resultante de las condiciones econ├│micas del contexto, la articulaci├│n de intereses representativos de sus asociados y otra partes interesadas, la respuesta diversa de las pol├şticas p├║blicas hacia el sector y los principales obst├ículos que impiden su desarrollo como f├│rmula empresarial, permite identificar las modalidades de empresa cooperativa prevalecientes en las ├║ltimas d├ęcadas. Las mismas van desde modelos empresariales defensivos y perif├ęricos, originados en crisis socioecon├│micas, hasta f├│rmulas socioempresariales respetuosas de los principios cooperativos que buscan impactar en el desarrollo local e incluyen iniciativas de colaboraci├│n p├║blico-privada en el sector servicios y pr├ícticas innovadoras en cuanto a la generaci├│n de empleo genuino.

Dichas modalidades tambi├ęn pueden ser apreciadas seg├║n el papel de los miembros de la empresa cooperativa, diferenciando su condici├│n de propietarios y trabajadores, de modo de asignar un peso diferencial a estos dos papeles en funci├│n de los derechos que involucran. Desde esta ├│ptica se pueden caracterizar cuatro tipos de organizaciones diferenciadas (Fig. 1) que indican las tendencias relativas a la creaci├│n de entidades y al desempe├▒o de las existentes.

Figura 1. Tipos de cooperativas de trabajo

El tipo I puede definirse como una modalidad organizacional netamente empresarial, en la que prevalece el derecho de propiedad por sobre los derechos de los asociados trabajadores. Este tipo corresponde a las cooperativas en cuyo desarrollo se ha privilegiado el desempe├▒o econ├│mico, se presta especial atenci├│n a las necesidades de capitalizaci├│n de la empresa y se prioriza la rentabilidad econ├│mico-financiera menoscabando aspectos socio-organizacionales. En este caso la aceptaci├│n de los principios cooperativos y el respeto de los estatutos cooperativos resultan una mera formalidad. En este tipo se encontrar├şan presentes algunos de los rasgos propios de emprendimientos din├ímicos desde el punto de vista econ├│mico, en especial debido a la experiencia laboral de los trabajadores concernidos, las redes de contactos delimitadas al mundo empresarial y el desarrollo de negocios basados en la diferenciaci├│n de productos/servicios.

En el tipo II, m├ís pr├│ximo a una situaci├│n de equilibrio entre los derechos de propiedad y los derechos de los trabajadores, se pueden situar las cooperativas con un grado de consolidaci├│n importante y en especial con adecuadas condiciones de capitalizaci├│n. Se trata de trayectorias auto-reforzantes y consolidadas en las que se afirman los rasgos de identidad con la econom├şa social y en cuyo desempe├▒o se alcanza el equilibrio cooperativo. Muchas de estas organizaciones son innovadoras en la gesti├│n de la producci├│n y en su mayor├şa brindan respuestas apropiadas a la evoluci├│n de sus realidades internas y a las exigencias de un mercado cada vez m├ís competitivo.

El tipo III corresponde a las organizaciones creadas por terceros para precarizar el trabajo, evadir costos sociales e impuestos y utilizar el esfuerzo del trabajador como variable de ajuste econ├│mico. Este tipo de cooperativas da lugar frecuentemente a actos y negocios simulados o a conductas fraudulentas y ha tenido trascendencia a partir de varios casos en que la jurisprudencia se expidi├│ priorizando la relaci├│n asociativa entre los asociados y la cooperativa.

Aunque la figura de la cooperativa de trabajo se presenta como una forma jur├şdica leg├ştima, se procede con fraude a las normas de la Ley de Contrato de Trabajo. Ya sea en la conformaci├│n de nuevas entidades, como en el caso de las existentes, el peso relativo de las cooperativas de este tipo indicar├şa, entre otras, una deficiente respuesta en materia de fiscalizaci├│n por parte de los entes p├║blicos que regulan el sector y el mercado de trabajo.

En el tipo IV se sit├║an las organizaciones en que los derechos del trabajador son preponderantes y se impone una l├│gica de acci├│n m├ís cercana a la de una acci├│n reivindicativa gremial. Este tipo, interesado en afirmar las dimensiones vinculadas a la naturaleza y contenido del trabajo, as├ş como al desarrollo de una pol├ştica igualitaria basada en la solidaridad, puede corresponder a las situaciones propias de la realidad organizacional de las empresas recuperadas.

Independientemente del tipo al que pertenezcan estas organizaciones y no obstante su acelerado crecimiento en el ├║ltimo quinquenio, las cooperativas de trabajo enfrentan un limitado acceso a las posibilidades de financiamiento, capacitaci├│n y mejora tecnol├│gica de sus empresas, acompa├▒ado en algunos casos por el d├ębil involucramiento de sus miembros en la defensa de sus derechos como asociados y propietarios y en la adhesi├│n a organismos de integraci├│n.

A modo de conclusi├│n

El breve recorrido sobre la evoluci├│n del cooperativismo de trabajo en la Argentina y la caracterizaci├│n de los tipos organizacionales ponen en evidencia las distintas restricciones que afectaron su desarrollo, as├ş como los desequilibrios que impiden frecuentemente la consolidaci├│n de proyectos colectivos aut├│nomos. Desde esta perspectiva, se debe subrayar que durante la d├ęcada de los ÔÇÖ90, la pol├ştica orientada al sector ocup├│ un lugar secundario en la definici├│n de la agenda p├║blica y estuvo permanentemente sometida a los vaivenes de la coyuntura pol├ştica, los cambios de estrategia econ├│mica y los conflictos entre distintos grupos de inter├ęs, traduci├ęndose en una gama de acciones de alcance limitado.

Por su parte, las pol├şticas implementadas desde 2003 y las modalidades adoptadas para la conformaci├│n de cooperativas de trabajo, aunque pretenden superar el alcance de los programas focalizados o las soluciones coyunturales al problema del desempleo, dif├şcilmente toman en cuenta el car├ícter aut├│nomo y las exigencias que plantean estas organizaciones para afrontar exitosamente sus principales desaf├şos y lograr un desempe├▒o y consolidaci├│n acorde con su naturaleza asociativa.

Al respecto es necesario se├▒alar que una pol├ştica eficaz deber├şa conjugar su estructura material (financiamiento, apoyos, costos) con una estructura sustantiva, de modo tal de contemplar la autonom├şa de estas entidades en consonancia con las demandas de los principales actores y sus intereses, sin perder de vista que las metas sociales se alcanzan en las cooperativas por medio de actividades econ├│micas y que su membres├şa resulta el lugar de encuentro de las funciones sociales y las econ├│micas. De este modo, la contribuci├│n del sector p├║blico al desarrollo de estas organizaciones se podr├í expresar a partir de actores e instituciones que acompa├▒en sus prop├│sitos, de forma tal que las vinculaciones que se establezcan entre esas partes dejen de ser coyunturales, limitadas o imprevistas.

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