“Un diálogo constante”




Nuevas formas de construir saber en los barrios

El Bachillerato Popular Roca Negra es un establecimiento educativo ubicado en Camino General Belgrano y Méndez, Monte Chingolo, Lanús, al sur del conurbano bonaerense, donde la desindustrialización de los ’90 dejó sus huellas palpables aún. Medio centenar de jóvenes y adultos completan sus estudios secundarios y obtienen su título en el marco de una institución creada por una organización social que en el mismo predio desarrolla talleres productivos, cooperativas autogestivas y mercados populares. La docente Adriana Pascielli, una de las referentes, explicó la experiencia, que surgió desde el movimiento de trabajadores desocupados de Lanús.

–¿Cómo nacieron los bachilleratos?

–Los bachilleratos populares nacen entre 2002 y 2004, en las empresas recuperadas, básicamente en la Fábrica IMPA y en la imprenta Chilavert y las empresas del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. Esto fue impulsado por una cooperativa de educadores populares. Luego, de a poco se fueron incorporando distintas organizaciones sociales.

–¿Qué objetivo se plantean?

–El objetivo de los bachilleratos es darles la educación secundaria a los que quedan excluidos. Al principio fue en las fábricas recuperadas, luego la experiencia se extendió a los territorios, a todos los vecinos de los barrios que en general no pueden acceder a una educación para adultos. Nosotros tenemos la especificidad de entender el proceso de educación dentro del marco de la educación popular, donde tratamos de que el educando sea parte del proceso de su propia escuela.

–¿Qué reclamos vienen haciendo?

–La lucha que nos estamos dando es para que el Estado nos reconozca a todos los bachilleratos. La pelea que siempre se dio es por los títulos. Es decir que aquellos estudiantes que atraviesen los bachilleratos populares, cuando se reciban, puedan tener su título. El mismo título que pueden obtener en cualquier otra escuela para adultos que puede ofrecer el Estado. A partir de esta lucha se fue consiguiendo primero que se aprobara la oficialización en la provincia de Buenos Aires Y luego en la ciudad de de Buenos Aires. Sin embargo, no fue para todos los bachilleratos.

–¿Perciben salario?

–En este momento estamos todos trabajando sin cobrar el sueldo. Pero entendemos que nos tienen que pagar, porque es un trabajo. Lo hacemos como militantes, en estos momentos, pero con la perspectiva de que nos reconozcan el trabajo. El Estado tiene que reconocernos. Si no, estamos cubriendo una falencia que es del Estado. Y no tiene que ser así. Para nosotros, este es nuestro trabajo. Y nuestro trabajo es tan valioso como el de cualquier docente. Esa es la pelea que estamos dando, así como para que nos provean de todo lo que se necesita de infraestructura y para el mejoramiento de los lugares donde funcionamos. Tenemos los mismos problemas de cualquier escuela pública en el país.

–¿Cómo funcionan?

–Todas las cosas las decidimos en asamblea. Se hacen asambleas ejecutivas y de debate dentro del bachillerato. Las integran los estudiantes y los profesores. Se trata de ver los problemas que hay, cómo solucionarlos, y además, qué necesidades podemos resolver construyendo en común. Otra cosa que hacemos en común es el mejoramiento del espacio.

–¿Qué les gustaría recalcar de la experiencia?

–La característica principal que tiene un bachillerato popular es que desde la educación popular entendemos que no hay jerarquías. No creemos en una educación donde hay uno que sabe y otro que recibe ese saber. No nos parece que el docente tenga que iluminar al alumno, sino que se trata de ir construyendo, en un diálogo constante, el saber.

See video