“Podemos terminar con el hambre”




Diálogos políticos / Liliana Parada

La diputada nacional por Proyecto Sur planteó la necesidad de un ingreso universal y de alcanzar la soberanía alimentaria.

Liliana Parada fue una de las que más se enfrentó – como legisladora – a las políticas de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. En una entrevista con Voces en el Fénix, la diputada nacional por Proyecto Sur profundizó sobre la necesidad de organizar “desde las bases” una alternativa política distinta al gobierno y a la oposición conservadora.

-El gobierno plantea que ellos representan un modelo inclusivo y que la oposición es lo contrario.

-La verdad es que no son dos modelos tan antagónicos como quieren hacerlo aparecer. Obviamente que el gobierno de Cristina Fernández no tiene la misma posición conservadora que tienen otros. Pero convengamos que en algunos asuntos se llevan muy bien y no hay un oficialismo y una oposición. Esto se puede ver en el debate por el 82 por ciento móvil, que es una de las acciones que está en toda campaña de gobierno de una fuerza que se llame progresista. Nosotros propiciamos como forma de financiamiento, para no desfinanciar el Estado, que se restituyan las contribuciones patronales. Nos encontramos que tanto la oposición conservadora como el oficialismo bastardearon nuestro proyecto y no estuvieron de acuerdo. Ninguna de las dos partes le quiere poner ningún tipo de restricción a las grandes empresas. Queremos ser muy claros: hay muchas buenas medidas de parte del gobierno y vamos a acompañarlos como lo hemos hecho con la ley de medios y con la estatización de las AFJP. Pero el modelo productivo del país aún no ha cambiado. La matriz del modelo económico, sigue vivito y coleando. En este sentido, no vemos esas dos fuerzas antagónicas que estén expresadas precisamente en oficialismo y oposición.

-¿Qué dicen cuando la oposición los acusa de hacerle el juego al kirchnerismo y en el oficialismo dicen que le hacen el juego a la derecha?

-Tenemos que tratar por todos los medios de hacer entender a la población cuál es nuestra mirada de esta situación. Es difícil porque no controlamos medios, ni oficialistas ni de los contrarios al oficialismo. Toman nuestra palabra cuando les conviene a unos o a otros. Esto es algo que tiene que ver con la coherencia de nuestro trabajo. Trabajamos un grupo de gente que podemos dar cuenta de toda nuestra trayectoria. Y que en esta trayectoria, en nuestras conductas y en nuestras posiciones, hay una doctrina. Esta es la doctrina que abrazamos. Es la que levantamos. Obviamente, aggiornandola a la coyuntura, pero sin cambiar de principios que hacen que hoy estemos en este movimiento que se llama Proyecto Sur y desde el cual pretendemos cambiar la matriz del modelo productivo del Estado. Nosotros queremos cambiar el Estado. Por eso también estamos enrolados en el proceso de la Constituyente social. Entendemos que sino, se sigue administrando el mismo tipo de Estado. Pensamos recrear todas las fuerzas vivas, trabajar con todas las organizaciones sociales, no desde el poder constituido sino desde un poder constituyente nuevo, Queremos cambiar este modelo de Estado liberal para organizarnos y tener un Estado para todos y todas.

-¿Qué continuidades y rupturas observan en el modelo político actual con el neoliberalismo?

-La continuidad con el neoliberalismo es prácticamente en todos los puntos que no han sido tocados. En cuanto a las entidades financieras, se siguen protegiendo las operaciones bursátiles, con las que se enriquecen los que más tienen, incluso el matrimonio presidencial que no paga el impuesto a las ganancias. Respecto al tema de la extracción de los recursos naturales y la mega minería, las riquezas salen a mera declaración jurada y no dejan nada acá de lo que tendrían que dejar. Aparte de que la explotación es en contra del medio ambiente. Esto fue avalado en su momento por Néstor Kirchner cuando era gobernador de Santa Cruz y aceptó la provincialización con el Pacto de Olivos. Luego hay medidas que son paliativos que uno no puede criticar, como lo es el ingreso a la niñez. Lo que sí criticamos es la malversación que se hace de los términos: hablan de universal cuando es una medida focalizada. Todavía no terminan de dar la vuelta de rosca para terminar con el asistencialismo y el clientelismo. Luego está el tema de las retenciones, que son un paliativo. Lo que debe haber es un plan agrario realmente con una reforma agraria donde se priorice la distribución de la riqueza, con la que se llenan la boca de un lado y del otro. Pero todavía hay hambre en la Argentina. Una de cada cinco personas está en una situación de emergencia. No está resuelto el tema ni con 8 años de lo que se llama un gobierno progresista. Hay cosas que se han encaminado pero que no rompen con la matriz, no termina de ser un cambio profundamente relevante.

-Para muchos este gobierno representa el mal menor.

-No creemos en seguir apostándole al posibilismo que ha sido lo que nos ha enterrado, con eso de siempre elegir el menos malo y nunca jugarnos a fondo. Ojo, entiendo a la sociedad, sobretodo cuando nos ponen esta situación binaria, de ‘no tirar’ el voto. Los une el espanto, no el amor. Y votan desde ese lado. Por este camino estamos como estamos. Siempre de caos en caos, sin salir realmente. Tenemos que plantearnos una vida más buena para todos, un buen vivir, en vez de sólo plantearnos llegar a fin de mes. Tenemos un país que produce para alimentarnos a todos: hay que terminar con el hambre en serio. La verdad es que podemos. Pudimos en algún momento. Apostamos a que se puede nuevamente volver al Estado de bienestar. Están dadas las condiciones sociopolíticas y geopolíticas para que este cambio sea posible en la Argentina.

-¿Cómo piensan llegar a millones, llegar a las grandes mayorías, sin tener el aparato de los medios de comunicación?

-Es un trabajo incipiente. Estamos trabajando en cada localidad, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada barrio. Al Estado lo tenemos que construir entre todos. Este Estado dado no nos sirve, porque no caben todos y todas. Nosotros tenemos que pensar colectivamente en hacer un Estado para todos. Sino siempre va a haber un establishment, un neoliberalismo, un imperialismo que defina por nosotros porque hacen que vivamos con miedo. No hay que tener miedo. Se puede. Otros países lo han demostrado. Tenemos que estar enlazados y pensando en la Patria Grande, en un gran acuerdo latinoamericano.

-Cobrarle más impuestos a los que más tienen o frenar la mega minería y el monocultivo de soja generaría fuerte resistencia de los empresarios afectados...

-Por eso creemos que es tan importante trabajarlo desde abajo. Como está sucediendo en las provincias. Es un debate que se tiene que dar en las bases. Y se están dando. Estamos viendo realmente puebladas. Apostamos a dar los debates en todos lados, más allá de estar en la Cámara de Diputados. Debatir en cada frente, en cada lugar del Estado, hacer este planteo, desde las bases, desde cada pueblo, cada ciudad. Es fundamental trabajar con las organizaciones para fortalecer la base de sustentación de cualquier futuro gobierno que pretenda hacer este cambio como nosotros propiciamos. Y que sea un cambio profundo y no nada más la administración del mismo modelo.

-¿Cómo piensan que se puede terminar con el hambre?

-Para nosotros el tema de la soberanía alimentaria es fundamental. Y segundo, con el ingreso universal. Hasta que lleguemos a la soberanía alimentaria, que es un horizonte, no se nos escapa que en este momento, no es tan sencillo alcanzarla. En el interregno, tenemos que generar un ingreso realmente universal para toda la niñez y un ingreso para los adultos mayores, además del 82 por ciento móvil. Con eso se genera la primera base de sustentación. Para que a todos los lugares les llegue la línea mínima necesaria para poder comer. Con eso se termina con el hambre. Es la batalla que se viene dando desde la CTA y el Movimiento de los Chicos del Pueblo que durante años vienen planteando que con un ingreso universal de 300 pesos por niño terminamos con el hambre en la república Argentina.

-¿Por qué considera que el gobierno no toma una medida de este tipo?

-Porque para tomar una medida de este tipo, primero tendría que terminar con la idea de lo focalizado. Al gobierno le sirve las políticas focalizadas, donde la gente tenga que rendir carta de pobreza, carta de presentación, de manera tal que ellos son los que le otorgan la ayuda. Nosotros planteamos que el ingreso sea realmente universalizado, donde todos los hijos de ricos y pobres cobran ese ingreso. Los ricos lo devuelven a través del impuesto a las ganancias. Además, para llevar a reunir el dinero que se necesita, tendrían que hacer una reforma tributaria, con lo cual hay que tocarle el bolsillo a los más poderosos. Y esta es una decisión que este gobierno ni el anterior de Néstor Kirchner han tomado. Hasta ahora los que tienen más, siguen teniendo más. La distribución que se hizo mejoró la situación que venía del caos del 2001-2002, pero no terminamos con la pobreza y con la indigencia. Y lo que es peor, no logramos terminar con el hambre.

-¿Qué consideración hace la lucha de los estudiantes secundarios?

-La avalamos. Las luchas estudiantiles en la Ciudad están más que justificadas. Desde que está este gobierno de Mauricio Macri, no se ha hecho una sola escuela. Venimos viendo que todo lo que se hizo fue maquillaje de las escuelas. La verdad que era hora que los estudiantes se pongan de pie. Ya lo hicieron en relación a las becas. Lo primero que Macri hizo fue cortar el sistema de becas. Macri mostró en la primera hora su desprecio por los que menos tienen y por todo lo público. Representa las mismas políticas que planteó en su momento el menemismo. Esperamos que deje de ser sordo y se ponga a la altura de las circunstancias.

EL ROL DEL PLAN FÉNIX

Fue la primera respuesta coherente que tuvimos ante la crisis del 2001, que nos decía que se puede salir sin necesidad de practicar el ajuste permanente. Hasta ahora siguen teniendo un lugar de envergadura. Las personas que trabajan en el Plan Fénix, por ejemplo Norberto Barbeito, a quien acudimos siempre, nos parecen todas absolutamente potables. La verdad que es una mirada que termina con el posibilismo. Buscan los consensos y podemos tener un trabajo común, cosa que me parece que hay que propiciar, precisamente en un momento en el que nos ponen permanentemente en una guerra de dos partes.

Suscribo al pensamiento crítico. Todos tenemos que hacer un esfuerzo. Porque seguramente aún con nuestros opositores haya algún trabajo común. Y por su puesto, en el marco de una mirada que ciertamente habla de pensar un país para todos y todas.

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