“Pareciera que los pobres no tenemos derecho a vivir en la ciudad”




Voces de los movimientos sociales - Villa 20

Voces en el Fénix visitó la Villa 20, en el sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, para dialogar con los vecinos sobre la situación habitacional y la toma del Parque Indoamericano, lindera a este barrio.

Viviana García

Está cargo del Comedor 21 de Septiembre y es referente barrial del Frente Popular Darío Santillán en la Villa 20. Dialogamos con ella en el local de la organización, donde todas las noches comen alrededor de 100 chicos. A sólo unos metros de allí asesinaron a Bernardo Salguerio, víctima de la represión que se produjo luego de la toma del Parque Indoamericano.

“Desde el año ’86 que vivo acá en el barrio, en Villa 20. Cuando vinimos por primera vez tomamos este lugar donde estamos ahora, que era un pantano. Mi marido había edificado una casita y la montada nos la tiró. Después de la cuarta vez que sucedió lo mismo, nos quedamos. Aquí tuve a mis cinco hijos. Hace nueve años que estoy en una organización, soy piquetera. Lucho en el barrio para mejorarlo. La necesidad que hay ahora es de vivienda. Todos los meses vienen de Paraguay, Bolivia, Perú, también de Brasil, Chile. Y todos tienen la necesidad de vivienda. Muchos tienen hijos que nacieron acá, como yo, que soy hija de paraguayos. Acá hay piecitas que se alquilan, pero no todos tienen trabajo y apenas tienen para subsistir. Son habitaciones de 3 metros por 2, que cuestan entre 400 y 500 pesos mensuales. Ahí meten la cama y la cocina. Así viven familias con muchos chicos, hacinados. Y si no lo pueden pagar, viven en lo de un pariente.

Tengo dos hijos que ya tienen su familia, todos nacieron acá. Necesitan un lugar donde vivir. Y fueron a la toma. Todos los vecinos de la Villa 20 que fueron a tomar son inquilinos. Nosotros reclamamos para que se hagan las 1.600 viviendas que dice la ley, la 1770, que dice que la villa se tiene que urbanizar. Y tienen que sacar el cementerio de autos de la Policía Federal, que está pegado a nuestro barrio y contamina a los chicos con plomo en la sangre. Pero nunca hacen nada.

El martes 7 de diciembre la policía disparó balas de goma y de plomo. Y no sólo en el Parque Indoamericano, sino acá adentro del barrio, donde mataron a Bernardo Salguerio. Y en la parte de Los Piletones la policía asesinó a una compañera, Rosemary Churapuña. Estos fueron los dos primeros muertos, después los barrabravas asesinaron a Emiliano Canevari. Acá en la villa dispararon gases adentro de las casas. Después la gente volvió a entrar y el martes 15 dijeron que si no salíamos, a la madrugada iba a entrar la Gendarmería y nos sacaba, que había que censarse, firmar un papel y salir pacíficamente. Se comprometieron a solucionar los problemas de la gente en 120 días. El 15 de abril se cumplen esos cuatro meses de la promesa de vivienda para la gente. Quedamos como al principio, sin vivienda ni nada. Sólo promesas, nada más, como siempre. Tampoco se resolvió lo de los compañeros fallecidos.

Hay que aclarar algo cuando se habla del ‘Parque Indoamericano’: esto no era un parque, era una quema, acá venían los camiones y dejaban escombros y basura. ¿A quién le beneficia este lugar tan grande? Ahora lo enrejaron. No es un parque, es un predio vacío.

No tomamos tierras por gusto. Sería bueno poder pagar los servicios, pero con una cuota social, a la medida de lo que nos entra en el bolsillo. Es obvio que somos un barrio carenciado. Queremos pagar los impuestos, en la medida de lo que podamos pagar, somos pobres. Si pudiéramos, no estaríamos viviendo acá en la villa, hacinados uno al lado del otro.

Hace mucho que estoy acá y quiero vivir en un barrio lindo, que no se inunde y que tenga agua potable. Y poder pagar la luz y el agua, como cualquier persona con derecho a vivir en un lugar que esté bien. Queremos que el Estado se haga cargo del lugar y ponga las cloacas y el agua potable. En invierno se corta la luz. Ahora no tenemos agua, tenemos que esperar a la una de la mañana para juntar en tachos el agua para el día siguiente. Todos queremos tener buenas calles, que no tengamos que salir por una escalera. Estamos prácticamente en un pozo. Vivimos aislados.

Pareciera que nosotros los pobres no tenemos derecho a vivir en la ciudad. Pero no por vivir acá eso quiere decir que no tengamos los mismos derechos de los que viven afuera de la villa. Pero al Estado no le conviene mejorar las villas, porque es un negociado de los gobiernos, de Nación y Ciudad.”

Griselda Salguerio

Hermana de Bernardo Salguerio, asesinado en la Villa 20 en la represión policial. Nos recibió en el pasillo frente a la casita que alquila en la Manzana 30, en el borde del alambrado que separa al barrio del cementerio de autos.

“Por ahora, no obtuvimos nada de justicia. Quedó ahí. Queremos justicia. Eso es lo que pedimos toda sus familiares. Hablamos con la presidenta Cristina, ella dijo que todos los que estaban en esa represión trabajando se quedaban afuera del cargo, pero ninguno está preso. Ella nos dijo si queríamos llevar el cuerpo de Bernardo para Paraguay, pero lo enterramos en el cementerio de Flores porque mi mamá está acá, ¿para qué lo vamos a llevar a Paraguay? La Presidenta se comprometió a todo y nos trató bien, pero después no pasó nada.

Nosotros somos gente humilde. No sabemos adónde vamos a meternos, no conocemos a nadie. Mi mamá está enferma. Mi hermano vivía también con ella en una casita en Barracas. Hace siete años que vinimos de Caaguazú, porque en Paraguay, en todos lados, te matás trabajando pero no te pagan bien.
Bernardo también necesitaba una vivienda, si la toma se quedaba él iba a agarrar un terrenito. La necesidad es porque el alquiler es muy caro. Encima, las piezas que alquilan no son tan grandes y si tenés chicos es muy difícil conseguir. Y las piezas son con baño compartido y sólo te entra una sola cama.

¿Si tenés chicos cómo hacés? Nosotros pagamos 350 pesos de alquiler porque estamos hace mucho pero hay piezas que cuestan hasta 600 pesos. No hay nada barato. Por eso mi marido fue a tomar un terrenito.

Queremos conseguir vivienda. Hay muchos bolivianos, paraguayos, con hijos argentinos, con muchos chicos, que no tienen dónde vivir. Nos dijeron que en 120 días iba a haber respuesta, pero que yo sepa no hay nada, y hay mucha gente que necesita. La mayoría gana poco. Si pagás el alquiler, más la comida, y si tenés hijos y tenés que comprar leche y pañales, no te sobra.

Bernardo tenía 22 años, era carpintero, hacía muebles, sillas, mesas. Estaba trabajando en una carpintería en Barracas, por eso se había ido a vivir a lo de mi mamá, pero antes vivía conmigo, acá en Villa 20. Estuvo un año trabajando en Mendoza, en la cosecha de uva. Se accidentó en el trabajo y volvió a Buenos Aires. Se quería ir de vuelta, y mamá dijo que no. Él ayudaba a mi mamá, le daba todo lo que ganaba. Ahora ella se quedó desamparada. Estamos los otros hermanos, pero tenemos nuestras familias, Bernardo no tenía hijos.

Yo tengo tres hijas, nacieron acá. Una de mis hijas era su ahijada; cuando lo mataron, él la había ido a buscar. Lo mataron cuando estaba mirando un partido de fútbol. Entre los policías tapan todo. Pero vamos pedir justicia. Vamos a luchar.”

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