“Organización para avanzar”




Diálogos políticos / Darío Díaz Peréz

Del otro lado del mostrador de lo que llama el “antipueblo”, el dirigente bonaerense explica cómo construye el progresismo kirchnerista a nivel municipal, en el marco de una visión del país.

El intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, es uno de los referentes oficialistas del conurbano que encarna planteos progresistas muy alejados de la tradicional imagen que se tiene de los intendentes peronistas. En conversación con Voces en el Fénix destacó los avances del kirchnerismo y planteó de seguir “empoderando” a los sectores populares. Además, reconoció las “deudas pendientes” en cuanto a la redistribución de la riqueza así como las herencias del neoliberalismo aún presentes en los partidos mayoritarios.

–¿Hay una disputa de dos modelos?

–Tal vez sea demasiado ampuloso decir que hay dos modelos acabados, lo que siempre hubo es dos intenciones. Hay que tener en cuenta el devenir del tiempo, las crisis y las terribles pérdidas de valores humanos. Contamos en nuestro debe con una pieza fundamental: los 30 mil desaparecidos de la Argentina. Con dolor, nos enorgullecemos de pertenecer al mismo espacio, que hayamos estado defendiendo las mismas ideas, aun con variantes de partidos políticos. Los nombro porque esto muestra que siempre hubo dos valores en pugna. Viene del fondo de la historia esta posibilidad de que haya dos instancias que se están peleando y que cada una de ellas pretende llevar adelante la constitución de un modelo. Lo que llamamos antipueblo, corporaciones: todas las variables de dominación están en el otro lado del mostrador.

–¿El Gobierno encarna un modelo contrario al antipueblo?

–Este gobierno plantea la construcción de un modelo. El objetivo central del sector al cual pertenecemos es el empoderamiento de los sectores populares, lo que lleva tiempo y hechos concretos que le van quitando la capacidad de destrucción al antipueblo. Hay medidas que demuestran que hay una línea común, un eje central que nos está guiando. En esa línea nos falta un paso adelante que tiene que ver con la profundización de todo esto. Hay un montón de deudas, venimos de la ultratumba. El tema central es la justa distribución de la riqueza, a lo que hay que agregarle la parte política. Estamos empezando. Tenemos por delante que tomar una serie de acciones que tienden a consolidar de verdad a los sectores mayoritarios, populares, nacionales, al mercado interno y la industria nacional. Estos son los objetivos básicos para fortalecer.

–¿Por qué cree que el país creció pero la justa redistribución de la riqueza sigue siendo una materia pendiente?

–Acepto y asumo que no es toda la distribución que queremos. Los sectores de capacidad de concentración económica más duros están todavía fuertes, tienen sus esquemas intactos. De a poco vamos arañándolos, sacando a estos sectores que se consideraban intocables. Se demostró que de este lado está la vocación, la conciencia, la convicción y la capacidad de organización para avanzar. Lo que hicimos es empezar a organizarnos y a crear algo que era muy difícil: crear masa crítica, consenso y opinión pública. No es tan fácil como creíamos al principio, cuando Néstor Kirchner asumió. El 70 por ciento de adhesión tenía un costo, tenía duración, no era un cheque en blanco permanente. Del otro lado de la cancha hay otro jugador que pone algunas reglas que no son las que queremos. Por ejemplo, esta primera etapa del kirchnerismo, así es como la tomo, es para generar primero autonomía, actitud crítica, capacidad de organización, intención de atravesar distintos sectores que ni siquiera tenemos que estar en una misma fuerza política: acá conviven peronistas, cristianos, marxistas. Eso tiene mucho valor para generar poder. En cuanto a la redistribución de la riqueza, es muy importante lo que se hizo pero nos falta muchísimo.

–¿Cómo ven la posibilidad de construir consensos con fuerzas que no son oficialistas?

–En lo local estamos llevando adelante algunas iniciativas de las que me enorgullezco. No hay nadie en los sectores progresistas que vaya a ser tan tonto como para poner en riesgo el avance popular del conjunto. Y si es tan tonto, es porque no es progresista. Dicen que el mundo es redondo, por eso hay algunos que ya se pegaron la vuelta por la izquierda y aparecieron por el otro lado. A nivel local mucho no vemos esa actitud. Tenemos trabajo común con otros sectores. Abrí el municipio fuertemente a distintas organizaciones que ni provienen del peronismo ni son peronistas ni están con el Gobierno. Estamos compartiendo trabajos en conjunto: cooperativas, empresas recuperadas, sectores que se constituyeron como organizaciones sociales que no tienen un origen ni adhieren al kirchnerismo ni se suman y que están inclusive en la demanda. Nosotros en Lanús los tenemos totalmente incorporados a actividades productivas. Esto nos hizo sentir que estamos en un mismo barco y que no es tan difícil cuando está en riesgo una decisión superadora. No va ser tan difícil que nos acompañen aún con el voto. Y lo digo con la responsabilidad de no decirles que me tienen que votar a mí, pero estoy seguro de que ante una eventualidad donde se ponga en riesgo todo lo que se avanzó, con todas estas compañeras y compañeros vamos a estar forjando un espacio común. Habrá que generar más base de consenso, ceder, como se hace en política, pero no tengo ninguna duda: vamos a estar juntos. Quien no esté con nosotros, es porque está en otra.

–Sin embargo, en otros distritos donde gobierna el kirchnerismo no se produce la misma situación y las puertas no están abiertas para los movimientos sociales.

–No lo desconozco. No me considero más lúcido que nadie. Vengo con la misma experiencia que otros. La mayoría de los que estamos ocupando espacios públicos pertenecemos a una generación, la del ’70, si bien todavía quedan algunos importantes de la generación del ’60. Nosotros hemos atravesado con cierta lógica, hemos sido los damnificados de la historia y en los distintos partidos políticos. Es verdad que hay algún grado de desconfianza, mutuo. A los sectores de la ortodoxia partidaria les hicieron creer con el neoliberalismo que más que las organizaciones lo importante eran los partidos políticos. Nos quisieron entretener diciendo que con eso le dábamos contenido a la democracia. Después descubrimos que cuando más pretendíamos llenar el partido político más estábamos vaciando la democracia. Porque así no se disputa poder, el poder se disputa como se está disputando ahora: en las calles, en los centros de producción, en lo que vemos todos los días que es tocarles realmente el poder omnímodo a las corporaciones económicas. Esas son decisiones políticas. Es verdad que en algunos lugares no se ha logrado confluir: me parece que sí se está dando en el último tiempo. Hay una mayor avidez. Lo percibo en esos históricos dirigentes políticos. A mí me toca convivir con la mayoría de los que provienen del peronismo. Se empiezan a dar cuenta de que tenemos que confluir de todos lados. El adversario, para no ponerle el nombre de enemigo y hacer algo violento, está más claro que nunca. Sería casi reaccionario no darse cuenta de que hay que abrir fuertemente el espacio para que los sectores que no se sentían involucrados en el peronismo hoy encuentren un espacio superador, en el que tenemos que estar sí o sí. Yo confío que de verdad en este tiempo que viene se va a empezar a dar esta apertura.

–¿Qué continuidades del neoliberalismo están presentes pese a todos los cambios?

–Cuando nos metimos en política entendimos que la construcción de la política y el poder popular no se hace con la partidocracia. Juan Domingo Perón decía que no hay que enamorarse del partido político porque lo que vale es el movimiento. Hubo muchos políticos que se compraron lo del partido. Creo que ese es un concepto neoliberal, del demoliberalismo burgués: comprar un partido político y enclaustrarse ahí adentro, creer que ahí se consolida la democracia. Ese es un rasgo del neoliberalismo: la imposibilidad de construir asociaciones mayores. Respetamos los partidos políticos, por la democracia, la Constitución y las elecciones. Es necesario el cumplimiento por supuesto de la parte legal e institucional. Pero el avance popular no se ha logrado a partir de los partidos políticos. Perón lo hizo a partir de ese gran movimiento que rompió y atravesó todas las estructuras.

–¿Qué consideración hace sobre el rol de las corporaciones mineras?

–El neoliberalismo echó raíces. Ni se fueron, ni están descansando, ni están durmiendo la siesta. Están atentos, alertas y vigilantes para ver en qué pueden quebrarnos. Intentan infiltrar y aprovechar las grietas que presentan estructuras como las nuestras, los partidos políticos mayoritarios o los espacios oficialistas. Es una deuda pendiente el salto a la unidad de concepción, que podamos pensar lo mismo en Tierra del Fuego que en La Quiaca. No existe la posibilidad de adoctrinar con el látigo. La democracia y la libertad nos exigen un aprendizaje constante. Tenemos rémoras del pasado, no las vamos a negar. Pertenezco un sector que alguna vez lo tuvo a Carlos Menem en el medio. En nombre de la defensa popular terminamos incluidos en la Internacional neoliberal. Esto demuestra a las claras que el neoliberalismo no se fue de las estructuras partidarias. De a poco, con una persistencia en los objetivos grandes, se está avanzando. Es muchísimo. A cada paso que damos vamos haciendo acciones. Nos juntamos, debatimos. Con la gran cantidad de compañeros que nos juntamos a debatir, siempre escucho que comentan cómo se te abre la cabeza con la militancia. Los militantes se van constituyendo en cuadros políticos. La formación de cuadros políticos es una deuda de la democracia.

–¿El progresismo no tiene respuestas para la llamada “inseguridad”?

–El progresismo tiene una deuda en ese sentido. No hay que hacerse los tontos. Más allá de que los medios, formadores de opinión pública, instalen la sensación, la seguridad pública es el tema principal que le preocupa a la gente. Hay que darle tranquilidad a la gente porque ahí no están solamente los burgueses en riesgo. Hoy les preocupa esto a los vecinos más comunes, los más pobres. Dentro de las villas es uno de los reclamos más sentidos. Es doloroso el reclamo por la seguridad. Está cruzado por el problema de la droga, de los pibes en situaciones complejas. El progresismo se quedó corto. No podemos estar tan retrasados en este tema. Nos llenamos la boca hablando del tema de prevención, que es lo que más tenemos a mano, para decir que no queremos represión, ni judicializar la pobreza. Provenimos de la defensa de esos sectores. Y cuando aparecen estas voces donde se dice “con los militares estábamos mejor”, o que lo que falta es el servicio militar obligatorio, es porque está presente la concepción de una etapa militarizada de la sociedad, dictatorial. Yo creo que hay dirigentes que no se la sacaron de encima. Pero en la gente no cuadra eso. Hay que prevenir con la organización popular, trabajar por la promoción humana priorizando el trabajo y la inclusión para evitar los otros males. En el medio tenemos medios de comunicación que no son cualquier enemigo. Tienen armas mucho más poderosas. Los medios promueven la sensación de inseguridad de forma virulenta. En Lanús, han llegado hasta a convocar a manifestaciones.

–¿Qué opina de la regulación del delito que hace la policía?

–No tenemos jurisdicción sobre la policía. Sólo podemos hacer propuestas, llevarle al gobernador nuestras opiniones, contarles que tenemos el dato que en tal barrio pasa algo. Hasta allí podemos llegar. Una de las cosas que es muy importante, a la que hay que darle forma de verdad, es la presión social como método de control. Los históricos foros de seguridad que imaginó (el ex ministro de Seguridad bonaerense) León Arslanian se fueron muriendo por el cansancio de la población. Sin embargo, esa es la única forma que tenemos para ayudar a depurar una fuerza que no viene de buenas actividades. Todos sabemos que es una fuerza que tiene un poder muy fuerte. El portar armas, poder hacer una carátula, inscribir un expediente con un nombre determinado, le da a la policía mucho poder sobre un detenido: peden decidir sobre su futuro. Solamente el control social puede funcionar, lo otro termina enmarañándose en una cosa dudosa entre las corporaciones políticas y policiales.

–¿Cómo ve la disputa por el control del discurso?

–Antes todos les teníamos terror, pavura, a las notas de tapa de Clarín. Acá en Lanús había monopolio de Multicanal. Mi decisión fue que no iba a haber más monopolio. Éramos esclavos del precio y la calidad del servicio, no mejoraban nunca la tecnología. Cuando cambiamos eso, TN me empieza a “dar para que tenga”, comos decimos en la cancha. Ese es el mecanismo que tienen los canales, concretamente TN y América son adversarios absolutos, cada vez que pueden me matan. Es tan burdo lo que han hecho que yo creo que ya el boomerang está pegando la vuelta: les está jugando en contra. En la opinión pública, no toda, todavía tienen influencia, pero se le está pegando la vuelta y es una gracia divina que esté ocurriendo.

–Este proceso se puede ver también en distintos países de Latinoamérica.

–Sí, está claro que en todos lados hay un mecanismo dañino por parte de los medios. Lo están marcando los grandes líderes, lo están poniendo blanco sobre negro. Algunos ya lo han hecho, otros lo empiezan a plantear. Es la gran pelea, la de la voz, la identidad, de la defensa. Si realmente acá se va a escuchar solamente la voz de un sector, de CNN, que es la que pretende marcar la línea central de América, estamos perdidos. Lula ya lo planteó, Argentina ya tomó la iniciativa, Chávez ya lo viene haciendo. Es el último escondite que les queda a las corporaciones económicas en esta etapa de pseudodemocracia. A partir del Consenso de Washington, como no pueden más invadir países o convencer a las fuerzas armadas en su conjunto para que hagan un golpe, descubrieron que el valor de la opinión pública es lo más importante. Con la democracia y con la herramienta de manejar la opinión pública, que no es opinión crítica, están demostrando que pueden hacerse con el poder vestidos de demócratas. Pero las tapas de Clarín ya no voltean presidentes. Estamos preparados para qué va a ser lo nuevo. Algo va a nacer.

EL ROL DEL PLAN FÉNIX

“Fue una bocanada de oxígeno impresionante cuando los muchachos del Plan Fénix se largaron a hacerse visibles. Porque todos existían, pero cuando las voces están sueltas se dificulta que sean escuchadas. Hay que festejar seriamente esa vocación que tuvieron de juntarse y aparecer con fuerza y contundentemente entrar en el momento justo. El Plan Fénix es la semilla que cayó en un campo que estaba fertilizándose. En lo que seguramente ya estarán trabajando es en cómo hacer para profundizar las etapas que vienen. Los seguimos a través de los medios y siguen teniendo la misma vocación de siempre. Adherimos a sus ideas. Nos parece que es muy importante pensar con qué seguimos. Ese es el camino de grato futuro para los que pergeñaron el Plan Fénix. Los felicito por lo que hicieron.”

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