“No queremos resignarnos”




Diálogos políticos / Eduardo Macaluse

El diputado de centro izquierda señala aciertos y límites del actual gobierno a la hora de revertir la inequitativa distribución de la riqueza y la depredación de los recursos naturales. Cómo ir más allá de los discursos.

El presidente bloque de diputados de Solidaridad e Igualdad por la Unidad Popular, el docente Eduardo Macaluse, conversó con Voces en el Fénix en su despacho del Anexo del Congreso y planteó la necesidad de construir una tercera alternativa a la que plantean el Gobierno y la oposición de derecha.

–¿En qué medida el Gobierno y la oposición representan modelos enfrentados?

–No creo que haya dos modelos confrontando. En la oposición hay más de un paradigma. Incluso hay grupos de oposición que tampoco se sabe claramente qué es lo que se plantean y donde en general los posicionamientos son en refacción a las posturas del Gobierno, más que en sostener un modelo alternativo. Y desde el Gobierno hay medidas que apuntarían a cierto modelo que podemos acompañar, como lo referido al papel del Estado como árbitro en la economía. Esto sucede más en los discursos que en los hechos. Muchas decisiones gubernamentales son contradictorias, tanto en el discurso social como en el económico. Hay cuestiones básicas que este gobierno no ha tomado nunca. En algunos casos, lo ha tomado en el discurso, en otros casos ha avanzado un poco más. Y nosotros, cuando avanzó más, acompañamos. Pero no creo que haya dos modelos en pugna, como sí los hay en Bolivia, Venezuela y Ecuador, por citar claramente casos donde se ven dos fracciones con modelos diferentes. En la Argentina están muy mezcladas las cosas. En el Gobierno se ve gente as la que podríamos acompañar, pero se la ve al lado de gente que expresa un modelo reaccionario y que además llevó adelante el modelo de los ’90. Y en la oposición también. No hay una pugna de modelos, lo que hay es pugna electoral. En general, los partidos se van acomodando más al mercado electoral que a la pelea por un modelo determinado.

–¿Qué rupturas y continuidades con la política de los ’90 considera que existen en el actual gobierno?

–La continuidad que hay es la inequitativa distribución de la riqueza. El tema de la deuda. Este gobierno tiene un discurso más combativo, más cercano a lo soberano, pero tiene una práctica de ser el gobierno que más ha pagado al Fondo Monetario Internacional. Y hoy está claro que el FMI viene a revisar qué se está haciendo. De todas formas no es exactamente el modelo de los ’90. A veces se desprecia lo discursivo como si fuese algo que no sirviera, pero yo creo que lo discursivo es un avance. Hay un planteo de ruptura desde lo discursivo, referido a las cosas en las que hay continuidad en los hechos, como la depredación de los recursos naturales, el tema energético y la dependencia y la falta de políticas claras al respecto, además de la concentración económica. Pero a la vez, es un paso adelante que en el discurso no defienden eso, sino que intentan contrarrestarlo. A veces hay hechos que van en ese sentido, y muchos otros que no. Hechos que van es ese sentido son por ejemplo la estatización de los aportes jubilatorios. Eso nos parece un paso adelante en lo estructural que tomó este gobierno y que nosotros respaldamos. Es una medida positiva que reivindica el papel solidario de la previsión social y del Estado como organismo regulador, en una distribución equitativa de los ingresos. Capturaron una porción enorme de dinero y la sacaron de la mano de los bancos. Nos parece una medida de ruptura con los ’90. La política internacional tiene muchos aspectos que compartimos, así como el discurso del Estado de no reprimir los conflictos sociales y la Ley de Medios. Pero esto no fue acompañado con otras medidas similares.

–¿Qué otras medidas propondrían en ese sentido?

–El tema no es sólo desalojar a la banca y al mercado como los hacedores del futuro en la Argentina, sino qué papel se reserva el Estado, cuál sería la planificación y cuáles serían los acuerdos de Estado. Habría que avanzar hacia un modelo que para la Argentina no está lo suficientemente claro. Por ahí lo están discutiendo en el Gobierno, pero no se está discutiendo en términos generales con el conjunto de la sociedad. Hay que promover el desarrollo de las provincias, sobre todo de las más postergadas. Tiene que haber una fuerte promoción. No es solamente decirlo: tiene que haber una inversión muy fuerte, en infraestructura y también en planes de desarrollo local. Algunas de las ideas que se plantean en los planes de las cooperativas, que son muy precarios y muy incipientes, pueden empujar el vector hacia ese lugar. Esto tiene que ver con volcar recursos del Estado hacia las provincias y las regiones más postergadas para que puedan desarrollar su economía, agregándole valor a la producción primaria de esas regiones. Tenemos que pensar cómo articular las regiones del norte con el corredor Pacífico-Atlántico. Esto lo está articulando estratégicamente el mercado y no los Estados nacionales. Es necesario impulsar y profundizar esta medida que el Gobierno tomó, que nos parece buena, de las asignaciones universales y que deberían ser universales en serio. Y deberían ser más transparentes. Deberían recibirlas todos. Los que más necesitan tienen menos posibilidades de cumplir con los requisitos administrativos y no lo están recibiendo. Hay que trabajar sobre una reforma tributaria para hacer un régimen tributario más progresivo, justo, equitativo. Precisamos un régimen de coparticipación que trabaje sobre los planes de desarrollo local y que no signifique solamente volcar dinero, sino que se haga con un sentido y una articulación, de manera tal que si uno financia para que determinada rama de la producción se desarrolle, después haya garantía de que esa producción pueda ser exportada o vendida localmente. Si no muchas veces los planes se agotan en sí mismos por falta de previsión de futuro. Hay que trabajar con pequeñas y medianas empresas, mejorar el sistema crediticio, hacer más accesibles los requisitos para el pequeño y mediano empresario, dar oportunidades de desarrollo a este tipo de empresas. Muchas veces, los gobiernos de las provincias, municipios y nacional, trabajan más para una inversión de empresas concentradas, que en ese momento puede impactar sobre mayor mano de obra, pero que en términos de futuro no permite un desarrollo más armónico, más igualitario. Hay municipios que tienen un buen trabajo alrededor de este tema. Lo que no tienen son recursos. Hay otros municipios donde no tienen trabajado el tema, otros donde es muy precario y otros donde ni siquiera se piensa como estrategia. Y el Estado nacional no ayuda a articular los esfuerzos dispares que hacen los municipios. En el tema del desarrollo local, la clave son los municipios. Habría que trabajar mucho. Eso significa invertir mucho en recursos humanos y en recursos materiales. Esto hoy no lo estamos viendo en la Argentina. No se hace de un día para el otro. Implica una tarea de planificación para que esto tenga sentido y utilidad. Habría que modificar también el régimen de promoción industrial, que hoy en general es más favorecer negocios de amigos que una tarea seria para los pueblos que tienen los recursos más precarios. Otra cuestión básica es el tema de la salud: es probablemente de las peores cosas que ha llevado adelante el Gobierno. Han tenido ministros que sabían mucho, ministros que sabían menos, y ministros que no saben nada, pero las políticas de la salud no han sido como la que Argentina tuvo con el radicalismo en los ’60 con Arturo Oñativia o Ramón Carrillo en los ’40. Hay que tomar el tema de la salud en cuanto al desarrollo del país en la producción estatal de medicamentos, reactivos y vacunas, la regulación y el control de la comercialización de los medicamentos que prohíben las grandes empresas. Un medicamento en la Argentina vale tres veces más que en España, descontando los costos de flete. Un sistema de salud centrado en la atención primaria de la salud. Es decir que los efectores públicos busquen preservar la salud de la población más que activarse sólo cuando la persona está enferma y llega hasta un lugar de atención. Es el Estado el que tiene que llegar al barrio y desempeñar tareas de bienestar público que son las que preservan la salud.

–Desde el oficialismo dicen que a la izquierda de ellos no hay nadie con política de poder real o que esto es lo máximo que la sociedad tolera.

–Ese es un discurso de resignación. También en los ’80 decían: “Esto es lo máximo que podemos hacer, a la izquierda de nosotros no hay nadie y si nos vamos nosotros se cae la democracia”. Entonces, había que empezar a privatizar, pensar en sueldos limitados y bancarse un montón de cosas. En lo ’90 también, decían: “El mundo cambió, más que esto no se puede hacer”. El mensaje era “hay que resignarse”. Pero el discurso era “hay que modernizarse, estar a tono con lo que está pasando en todos los países”. Y ahora también. Reivindico muchas cosas que hace este gobierno y tuvimos el buen tino de acompañarlas. Porque si es bueno para el país y para sus ciudadanos, hay que acompañar aunque electoralmente se pierdan votos. Ahora, ¿por qué tenemos que resignarnos a que los trabajadores de los hospitales estén precarizados y por lo tanto no haya una buena atención de los efectores públicos de la salud? ¿Por qué acostumbrarnos y decir que no se puede cambiar el régimen impositivo en la Argentina? No queremos resignarnos. Y así como estamos dispuestos a acompañar al Gobierno en el camino hacia una sociedad más justa, también estamos dispuestos a reclamarle por todos los pasos que no se animen o quieren dar. Es necesaria una discusión franca para ver si hay pasos que no se pueden dar: tampoco se puede plantear una sociedad más justa en el aire, tiene que plantearse sobre bases sólidas. No es bueno reclamar lo que no se puede hacer. Eso implica una discusión más profunda que la discusión burda de decir que es blanco o negro y que si uno apoya al Gobierno es porque se vendió o si uno reclama una medida social le está haciendo el juego a la derecha. Plantear que los jubilados tienen que ganar más pasa a ser parte de una política de la derecha. Es ridículo. Tiene que ser una discusión seria, argumental. No basta con el eslogan. Ni al Gobierno le basta con el eslogan de que la derecha lo quiere voltear para justificar determinadas medidas que toman, ni a la oposición le alcanza con el eslogan de plantear la corrupción en el Gobierno, que existe. La mayoría de los grupos de la oposición no da muestras de que pueda hacer una cosa mejor: es una ventaja con la que el Gobierno juega. Eso uno no se lo puede achacar al Gobierno. Se les tiene que achacar a los que tienen la responsabilidad de plantear una opción superadora.

–¿Cómo se puede generar una fuerza para instalar esa opción superadora?

–Tiene que haber una fuerza alternativa que no se organice detrás de los dos grandes partidos nacionales que en los últimos años han tenido responsabilidades enormes en la crisis argentina. Los partidos de alternativa surgen como una opción y terminan siempre enredándose en las internas de los dos partidos mayoritarios. Hay que evitar esa opción y construir por afuera. Pero no va a suceder sólo si reclamamos el lugar de la novedad: eso es efímero si no se demuestra a lo largo del tiempo que se tiene un programa, un conjunto de ideas, coherencia para llevarlas adelante, y además la inteligencia de apoyar las cosas que los partidos que gobiernan puedan estar haciendo bien. Es decir, solamente puede crecer la opción alternativa si tiene un lugar positivo en la política y no el lugar de la destrucción y la negatividad de lo que hacen los otros partidos. Eso es muy difícil. Las campañas electorales son de brocha gorda, se dice que se hizo todo mal y se critica todo, pero a veces hay que saber reconocer cosas que estuvieron bien hechas. Entonces estas fuerzas alternativas no tienen que tener un lugar de reacción y de estar siempre en contra. Tener la inteligencia y la habilidad de saber apoyar cuando corresponda apoyar las medidas del Gobierno, sin que eso signifique subordinarse a la estrategia que este gobierno tiene, porque eso lleva a terminar apoyando y justificando lo que se está haciendo en minería, recursos energéticos y naturales, con la deuda externa: es decir, el saqueo. Hay que pararse en un lugar propio. Ser claro en decir no a muchas cosas y claro y hábil para decir sí, sin que eso signifique subordinarse a políticas que fijan otros con otros intereses.

–¿Es posible romper con el modelo de saqueo?

–Hay que trabajar mucho fundamentalmente dentro de la sociedad, si esto no lo asume el conjunto va a ser muy difícil que lo asuma un gobierno, por más lúcido que sea. Por eso hay que trabajar muchísimo, esta opción de alternativa política no es sólo un partido o un grupo de partidos. Tiene que ser una tarea intensa, de ida y vuelta, respetuosa de la autonomía, con organizaciones sociales que expresan las necesidades de la sociedad. Dentro de esas organizaciones están los grupos ambientalistas. La idea es articular todos los reclamos. No se frena un modelo de acumulación de la noche a la mañana porque se nos caería encima. El viento de cola de la economía mundial está dado para un modelo extractivista basado en la producción primaria y en la exportación de cuatro o cinco productos. Esa es una posición endeble, lo sabemos por historia. Hoy está a donde se pueda mirar en el horizonte, mientras China e India sigan demandando probablemente no tengamos un problema con ese modelo. Pero hemos visto muchísimas veces que puedan suceder cosas impredecibles y cuando suceden estas crisis lo peor que puede pasar es tener pocas barajas en la mano, lo que sucede si se basan todos los ingresos en pocos productos con poco valor agregado. Se podría aprovechar esta situación internacional favorable para discutir un modelo de mediano plazo e ir haciendo que las áreas más rentables favorezcan el desarrollo de las áreas que hoy son menos rentables pero que son estratégicas.

Plan Fénix

“Valoro mucho el esfuerzo enorme que se hace en el Plan Fénix. Lo valoro por varias cosas: en el medio de los peores momentos de los ’90 surge una ventana y entra algo de luz. Muchas de las cosas que reclamábamos desde las organizaciones sociales fueron respaldadas académicamente por intelectuales y académicos, que desde los ámbitos más respetados dijeron que era posible hacer lo que estábamos reclamando, explicaron el porqué se podía hacer y demostraron cómo. Eso era emparentar las luchas sociales con luchas académicas que a veces se dieron en los sótanos. Era la primera vez en mucho tiempo que la universidad daba algún tipo de respuesta a las luchas sociales y políticas, a las necesidades de la gente, porque muchas de las últimas generaciones de intelectuales habían estado enfrascadas dentro de luchas académicas dentro de las paredes a las universidades. El Plan Fénix genera un insumo importante para debatir propuestas, para todos los sectores políticos. Tienen la inteligencia de no embanderarse detrás de un partido político, de un dirigente o un grupo. Al ser un ámbito plural pudieron proveer a quien quisiera materiales para poder trabajar en ideas y proyectos del país. Es muy bueno, muy valioso lo que se hace desde el Plan Fénix. Es muy complejo poder articular las contribuciones de tanta gente con tanta capacidad. Y en estos años lo pudieron hacer.”

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