“La integración latinoamericana es irreversible”




Diálogos políticos / Patricia Vaca Narvaja

La dirigente oficialista destacó la importancia de profundizar las relaciones con todos los países que están al sur del Río Bravo y el modelo instalado en la Argentina a partir de 2003.

A pocos días de asumir como embajadora en México, Patricia Vaca Narvaja, diputada cordobesa por el Frente para la Victoria, dialogó con el director de Voces en el Fénix, Abraham Leonardo Gak. La dirigente peronista, de larga tradición militante, explicó cómo evalúa la realidad política argentina en el marco latinoamericano.

–¿Piensa que la discusión que atraviesa el país es entre oficialismo y oposición o lo que se está discutiendo es entre dos modelos?

–Hay una pugna entre dos modelos de país absolutamente antagónicos. Esta discusión se ha puesto de muchísimo relieve en este proceso iniciado en 2003 y sobre todo ahora, a partir de la profundización de las medidas de fondo que ha venido tomando Cristina. Esto ha permitido que muchos tengan que blanquear su posición y su proyecto de país. Ya no hay manera de buscar discusiones formales, los temas son de fondo. Lo que se discute es si queremos tener un país con independencia de los organismos multilaterales; un Estado con fuerte intervención, que sea árbitro de los abusos de los sectores dominantes sobre los sectores más vulnerables; un Estado que garantice la distribución de la riqueza como debe ser y volver a tener como en alguna época ese famoso cincuenta y cincuenta entre empresarios y trabajadores. Se discute si queremos un modelo de país agroexportador o queremos un país con un desarrollo productivo de capital industrial, equilibrado, con un mercado interno. Los distintos sectores políticos y económicos tienen que definir, y lo están haciendo, no tienen otro remedio, de qué lado se encuentran. Es muy clara la situación. No hay que dramatizar. Debe resolverse esa discusión en democracia, es necesario de que tengamos la capacidad y responsabilidad de convocar y conducir este proceso.

–Me parece que es muy importante lograr consensos con los sectores progresistas, que a veces no están en el Gobierno. Hay ejemplos como la ley nacional de educación, la Ley de Medios o el matrimonio homosexual. Pero a veces se discuten problemas que no son tan centrales como los presentan, como la inflación. ¿Qué consideración hace al respecto?

–La inflación es tomada como caballito de batalla por los sectores que son los que históricamente han producido esa puja distributiva vía aumento de precios. Son los sectores de los mercados concentrados, económicos y financieros. Tienen su representación mediática. Utilizan ese elemento para cuestionar en realidad las políticas de fuerte intervención que está teniendo el Estado en muchos aspectos. Por supuesto que falta muchísimo para lograr el ir a fondo. El objetivo central es una mejor distribución de la riqueza.

–Ese es el problema central.

–Es cierto, ese es el problema de fondo. En ese sentido creo que hay que trabajar para lograr esos cambios tan profundos. Es necesario tener una correlación de fuerzas políticas y sociales que los pueda respaldar y sostener. Yo soy peronista. Lo he sido siempre. Pero con el peronismo solo no alcanza. Entonces ahí sí es necesaria la búsqueda de consensos, de acuerdos y la construcción colectiva con todos los sectores nacionales y populares, como me gusta decir a mí. Es un camino que hay que transitar. Es necesario que todos tengamos en cuenta, aun los sectores de izquierda, cuál es la contradicción principal. ¿Qué es lo más importante? ¿El posicionamiento particular de un sector o el destino de la Argentina en términos de lograr esa distribución de la riqueza? Si todos se hicieran esa pregunta no habría algunos sectores que fueron funcionales o que tomaron decisiones coincidiendo con quienes no quieren que se avance en esa distribución. Otro problema es cómo logramos el desarrollo productivo industrial, cómo fortalecer al sector pyme. Tenemos que trabajar en la reforma impositiva, darles un tratamiento distinto a las pymes que a las grandes corporaciones, empresas y sectores financieros. Precisamos avanzar en la desconcentración económica de los mercados. Tiene que haber un fuerte mecanismo que posibilite el acceso al crédito de los pequeños y medianos empresarios para que haya mayor competencia entre quienes ofrecen servicios. Está pendiente la ley de reforma financiera. Eso va a ser una discusión importante, que ya han planteado Martín Sabbatella y Carlos Heller. En el sentido de avanzar en las modificaciones, también tenemos que pensar de qué manera trabajamos fuertemente en la inclusión social de toda una generación de jóvenes que no tuvo realmente una posibilidad de incorporarse a la educación como corresponde. Con la asignación universal, los padres tienen que demostrar que sus hijos van a la escuela, pero necesitamos luego capacitación laboral para estos chicos. Son políticas de fondo para que ese modelo que todos estamos defendiendo y construyendo tenga las bases tan firmes, tan sólidas, que le cueste muchísimo a cualquiera que intente modificarlo. Además, el modelo tiene que estar sustentado en la sociedad. Empresarios, sindicatos, organizaciones sociales, centros de estudiantes, tienen que hacer muy propio el modelo para poder seguir defendiéndolo a lo largo del tiempo.

–A la hora de esbozar una critica, le podría señalar que ahora es más difícil instalar temas como la reforma financiera. ¿No le parece que se podría haber hecho antes, cuando el Gobierno tenia la fuerza para hacerlo?

–Es una discusión de lo que está faltando, cuáles son los objetivos. La redistribución de la riqueza no es sólo una definición. Tenemos que ver qué modelo de país queremos en todas las áreas, en lo económico, político y social. ¿Cómo hacemos para ver por dónde empezamos? ¿Nos sentamos a una mesa a discutir todos un plan para la Argentina? Es difícil que logremos hoy sentar a todos para eso. Creo que tampoco es suficiente un plan agropecuario si no lo tenemos vinculado con qué modelo industrial y productivo queremos. Cada uno desde donde se encuentra tiene que ver cómo aporta a esa discusión más integral. A la reforma financiera la podríamos haber hecho porque teníamos la mayoría necesaria, pero hay que ver si en ese momento las prioridades estaban en otras acciones que para el Gobierno, que es quien conduce, tenían mayor urgencia. Lo importante es que se viene discutiendo y estamos frente a posibilidades. No tenemos y nunca tuvimos mayoría propia. Siempre logramos el quórum con consensos. Y hay sectores del radicalismo y de Proyecto Sur que supuestamente deberían coincidir con la reforma financiera e impositiva. Son temas que se van a discutir. Es una discusión de modelo integral, donde van confluyendo los distintos actores. Hay que construir esa discusión colectiva.

–¿Le parece posible construir esa discusión colectiva en este clima exasperado que reina en el Congreso?

–El Parlamento es un lugar, pero no es el único. Hay que construir la decisión política para que el Parlamento tenga que discutir estos proyectos. Entonces si lo hacemos con los empresarios, la CGT, las universidades, las organizaciones sociales, el Grupo Fénix... Hay que ir construyendo para que la presión por las reformas logre que el Parlamento discuta. No podemos esperar sentados. En el Congreso todo lo que se defina está muy teñido por los posicionamientos ante el 2011. La sociedad se tiene que articular y exigir.

–Considero que la Ley de Medios es fundamental. Es importante que empiece a funcionar con cierta rapidez.

–Lo importante es que estamos frente a una interpelación muy fuerte del discurso que ha venido de los medios. Se nota cómo la aparición de un programa como 678, que está hoy tan promocionado, más allá del contenido y de la forma, ha venido a interpelar a sectores que se creían los dueños de lo que se decía. Ahora tienen que explicar y decir de qué lado están.

–¿Cree que la integración latinoamericana abarcará más a México?

–En el marco de procesos políticos en distintos países de América latina donde hay fuerte representación de sectores nacionales y populares, hay una fuerte decisión política de avanzar en la integración. No es sólo una cuestión voluntarista. Son procesos conducidos en cada uno de los países que van en ese sentido. En este proyecto que se inició en la Argentina en 2003 no se puede dar marcha atrás con la integración, aunque quieran. Hay una fuerte decisión de seguir avanzando. El riesgo radica en la mayor o menor profundización. Pero la integración es irreversible. Hay riesgos de demora, pero en general los sectores políticos y económicos nacionales de cada uno de esos países saben que la posibilidad única de desarrollo es una integración regional en serio, si no van a estar sujetos a lo que ha sucedido: la individualidad de cada país no tiene posibilidades. Es importante la Unasur, hay que darle fortaleza, tomar acciones para consolidarla. La articulación política se refleja en las cuestiones económicas. México padeció la crisis financiera mundial fuertemente. Les tocó “por estar tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Han hecho como un “clic” en México de ver más al sur y de querer entenderse más con Latinoamérica. México es promotor de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), o sea una OEA sin Estados Unidos. Los mexicanos quieren tener más relación con el Mercosur. Ya tienen tratados de libre comercio con Uruguay y con Chile y un tratado de acuerdo económico con el Mercosur con miras a la integración total. Están buscando otros mecanismos económicos y también políticos. Tienen una dependencia muy fuerte con Estados Unidos. El 80 por ciento de su comercio es con ese país. Estornuda Estados Unidos y México tiembla. Para nosotros, es un país que sirve para hacer equilibrio con lo que es Brasil.

–El triunfo de Piñera en Chile podría complicar la integración.

–No es una cuestión que va a depender de la decisión personal de los presidentes, aun con Piñera y aun cambiando Brasil. Acá ha habido una construcción de más tiempo, de más años. El peligro es la posibilidad de una demora, no de una regresión. La discusión de la integración regional en términos de objetivos energéticos y económicos está bastante incorporada en muchos sectores políticos que hoy están transitando este camino.

–Desde su mirada comprometida con el actual gobierno, ¿qué aspectos le parece que podrían ser criticados en el oficialismo?

–El desafío que tiene el Gobierno es ahora el de profundizar aún más este proyecto político y lograr la distribución equitativa de la riqueza. Esa construcción debe ser colectiva. Eso significa revertir el déficit en la construcción política y en la coordinación y articulación con distintos sectores que no son solamente el propio Frente para la Victoria. Hay que construir consensos con todos los sectores nacionales y populares, tienen mucho para aportar, incluso propuestas mejores que las nuestras. Tenemos que consolidar el correlato político y social organizado de ese proyecto económico de distribución 50 y 50. Si somos capaces de hacerlo tendremos una Argentina totalmente diferente para los próximos años. Por eso soñamos y peleamos.

El rol del Plan Fénix

“Lo que hacen y representan es muy importante para todos los argentinos. Vienen poniendo la mira en el objetivo en construir un proyecto político y económico en la Argentina. Y la tarea que en ese sentido vienen haciendo, aunque parezca que es pequeña, ha logrado instalar la discusión de temas que antes no estaban. Tienen y han tenido la capacidad de instalar debates de fondo todas las veces que han aparecido con documentos y posturas. Esto les permite tener una mirada integral y cumplir con el rol de dar estos debates y discusiones de fondo, siempre en el marco de un modelo de país. Son el motor para que en algún momento esta discusión integral de modelo pueda darse no sólo en la teoría sino en los hechos. No hay manera de que construyamos con pocos. Tenemos que construirlo entre todos los que queremos una Argentina diferente.”

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